Anarquía primitiva en las sociedades tribales: estructura social, economica y pensamiento politico

por Camilo Reyes

Estructura social tribal

Previamente, para identificar y explicar satisfactoriamente la estructura social y económica en las sociedades tribales, debemos identificar primero a las sociedades sobre la que se aplicara el concepto de sociedad tribal, pues este concepto abarca desde pueblos dinámicos de cazadores y recolectores, hasta los primitivos estados agrarios, tales como los egipcios o los sumerios. Es importante destacar que “lo tribal” evoca cierta región cultural y geográfica del trópico. Estos pueblos se desarrollaron en distintas partes del mundo, sin embargo, comparten un patrón cultural sobresaliente: sus sociedades son sociedades segmentarias.

La tribu es un grupo de gentes de origen y costumbres comunes, en posesión y dominio de su territorio extensivo propio. En este sentido, una tribu difiere específicamente de una nación moderna [con una autoridad central soberana] tal como las conocemos: la tribu se constituye desde dentro, en segmentos comunitarios menores que se juntan en grupos de orden superior. Sin embargo, en sí carecen de casi toda institución independiente y permanente, ideada especialmente para su objeto, puesta por sobre el conjunto de la sociedad, tales como son las modernas instituciones económicas, políticas y religiosas. Quienes gobiernan estos aspectos de la vida tribal, son los mismos grupos de parentesco y locales, los sectores de linaje y de clan de la tribu, las familias y aldeas. Por ende, estos sectores, aparecen frente a nosotros, como versátiles organizaciones que tienen a cargo la totalidad de la vida social.

Su formación cultural es descentralizada estructuralmente a la vez que generalizada funcionalmente, por medio de la reciprocidad y la redistribución.

Tomando en cuenta los anteriores puntos, podemos decir que la estructura social de las sociedades tribales poseen una superestructura que se impone por sí misma, en la practica, sin necesidad de organismos educativos especializados para que la socialicen, y esta, se impone de modo completamente arbitrario sobre la familia caracterizando los vínculos de parentesco. No debemos perder de vista que, esencialmente una tribu es una constelación de comunidades y relaciones entre comunidades, por lo tanto, en su calidad de agrupación mayor de personas emparentadas, son los grupos de descendencia los que suministran el armazón sobre el cual nosotros podemos entender la estructura de la organización social tribal. Estos grupos de descendencia pueden encontrarse organizados matrilineal, patrilineal o cognaticamente, es decir, de un modo no unilineal. Otros grupos también pueden combinar funcionalmente, distintos grupos en sistemas de doble descendencia como los que mezclan organizaciones matrilineales y patrilineales.

A su vez, estos grupos pueden estar organizados en una localidad determinada o dispersos en un territorio especifico; pueden encontrarse más o menos jerarquizados en sus funciones sociales o ser igualitarios en su organización; además pueden organizar su sexualidad bajo reglas exógamas, endógamas o ágamas.

Como mencione anteriormente, quienes gobiernan los aspectos de la vida de las sociedades tribales, son los mismos grupos de parentesco y locales, es decir, los sectores de linaje organizados en el clan de la tribu (de las familias y aldeas), por lo tanto, es necesario explicar a continuación, en qué consiste esta organización social llamada clan. Marshall Sahlins explica esta forma de organización a partir del modelo del clan cónico de la organización caciquil. Esta organización es un grupo de descendencia común, jerarquizado y segmentario, que se establece a través de un código de régimen la ley del rango que recae en el decanato genealógico. Esta se dispone de la siguiente manera:

(1) Los individuos del mismo linaje (familiares y parientes) se encuentran separados gradualmente por su distancia respectiva con respecto al fundador del linaje.

(2) Ramas equivalentes de linaje, se hallan igualmente jerarquizadas según la posición de sus respectivos fundadores en la genealogía del clan.

(3) Siempre se da prioridad al hijo primogénito de entre los hijos primogénitos.

(4) los individuos organizados en ramas equivalentes, a su vez adscriben a un rango distinto al de otros miembros del clan, proporcionalmente a la distancia genealógica, en relación a la línea mayor de jerarquización y segmentarización que organiza la genealogía del clan.

Sahlins dice que por definición y principio, el clan cónico es patrilineal. Es decir, que la afiliación de las personas, se expresa en el lenguaje de la descendencia común, en línea paterna, especialmente en contextos de oposición a grupos similares y para distinguirlos de otros grupos. Sin embargo, el clan cónico es cognatico de hecho, aunque ideológicamente, en su lenguaje, sea patrilineal.

Los clanes cónicos no son típicamente, ni exógamos ni endógamos. Los jefes de los clanes suelen contraer matrimonio dentro del clan, con parientes cercanos.

En cuanto al aspecto de la territorialidad del clan y su propia estratificación del espacio debemos decir que, los individuos de un mismo clan se pueden encontrar dispersos por un territorio. Sin embargo, allí donde existen cacicatos, estos se encuentran organizados por líneas segmentarias donde por lo general cada clan posee un infantado regional, es decir, un sector sobre el que se ejerce la autoridad suprema y a cuya cabeza se encuentra el jefe del clan. Las subdivisiones de los infantados regionales se encuentran asociados de un modo similar a ramas del clan y tienen a su frente a los jefes de linaje. De este modo, con este sistema de autoridad para regir los distritos, el clan cónico se nos presenta como un grupo de descendencia y como unidad de orden político. La tribu se encuentra integrada por uno o varios clanes, como los descritos anteriormente, distribuidos en una o varias jefaturas independientes.

Frente a esta forma de unidad de orden político del clan cónico, se puede contrastar la forma organizativa de otros pueblos tribales que poseen una organización algo distinta, los sistemas de linajes segmentarios. Sahlins explica que estos últimos frente a los primeros mencionados, aparecen como subdesarrollados políticamente. Esta forma de sistema de linajes se encuentra más arraigada en tribus segmentarias, más que en cacicatos. Aunque en cuanto a las líneas externas a las tribus, los sistemas segmentarios son similares a los clanes cónicos, en su interioridad son bastantes distintos: los sistemas de linaje segmentarios comprenden un régimen descentralizado e igualitario, en el que los segmentos de linaje no se encuentran jerarquizados, no existe ninguna organización permanente o jefatura por sobre el segmento mínimo autónomo. La superestructura de linaje solo pone en juego dinámicas superiores a estos segmentos mínimos cuando la coyuntura lo dispone (cuando, por ejemplo, se producen conflictos entre segmentos mínimos), constituyendo una verdadera red de alianzas, bajo un sistema de oposición complementaria. En este sentido es que la superestructura se impone por sí misma. Frente a un problema político entre grupos mínimos, se constituyen las alianzas desde los linajes mínimos a los grupos exteriores próximamente emparentados, y de este modo el conflicto se dirime entre linajes de orden superior involucrados por las alianzas extensivas. El sistema de linajes dispone que bajo ciertas configuraciones, un conflicto entre dos grupos mínimos no constituya la alianza superior. Otros puede que constituyan alianzas territoriales mínimas en sectores determinados del territorio tribal, mientras que determinados conflictos entre ciertos grupos pueden constituir e invocar el sistema de linajes superior. Todo esto se debe a la configuración territorial y al sistema de linaje y alianza estratificada en un territorio. Este mecanismo político de la oposición complementaria, posee la lógica de estimular el desplazamiento de la competencia hacia afuera, lejos de linajes hermanados, en busca del enemigo accesible más distante. De este modo los mejores enemigos que pueden tener estas sociedades son los extranjeros.

Economía tribal
En cuanto a la estructura económica, en primer lugar debemos decir que, en materia de producción, esta es una cuestión puramente domestica, por lo tanto, es la familia quien se encuentra involucrada directamente en el proceso productivo y en parte controla ese proceso. La producción económica se organiza y estructura según las necesidades familiares en primer término. En cuanto a esta producción domestica, las familias producen valores de uso directo para ellas mismas, pero además producen valores de cambio, excedentes para el intercambio con otras familias. Existe un carácter social del trabajo pues los individuos interactúan con otros miembros de otras familias, y ciertas tareas pueden ser emprendidas como linajes de orden superior. Como bien lo señala Sahlins, “forma familiar de producción no es sinónimo de producción familiar”. Existe una soberanía de los grupos domésticos en el dominio de la producción. Las familias son constituidas para la producción por medio de la división sexual del trabajo (única fuente de especialización en el trabajo).

Las familias se encuentran equiparadas para gobernar en conjunto la producción mediante la disponibilidad colectiva de las herramientas y las técnicas precisas (se cuenta con recursos específicos para diversas tareas sociales). Los procedimientos de producción son con frecuencia unitarios, de modo que un mismo sector interesado en un área de producción, puede realizar todo el trabajo, desde la extracción de la materia prima hasta el acabado final del producto. Los dueños de las tierras, los pastos y otras riquezas naturales son siempre en primer término, los linajes o pueblos completos, es decir, entidades colectivas. La familia productora goza tan solo del privilegio usufructuario, sobre la tierra que trabaja, pues se encuentra autorizada y facultada para actuar autónomamente, gracias a su acceso a los recursos que produce.

El mecanismo económico en las sociedades tribales se levanta, esencialmente, contra la formación de clases y contra la estratificación económica, cobrando la forma de un sistema de producción familiar autónomo, donde no existe posesión privilegiada de un grupo, de los medios de producción, ni una apropiación indebida de los productos.

Según Sahlins, la organización de la producción en las sociedades tribales es de carácter anarquista primitiva: Una economía social atomizada en existencias hogareñas independientes, dispuestas para operar paralelamente entre sí y de forma no coordinada políticamente. Esto último quiere decir que, en este tipo de sociedades no existe una organización mayor para la centralización en el montaje de la producción, sino por el contrario, funciona en base a una interdependencia orgánica mínima y la cooperación a través del trabajo y su especialización también mínima.

En cuanto al intercambio de productos, suceden por medio de relaciones de reciprocidad, bajo tres formas distintas de reciprocidad [el intercambio de bienes, favores y trabajo]: reciprocidad generalizada, compensada y negativa. La generalizada es una forma de intercambio basada en la presunción de que la devolución ocurrirá a la larga; la compensada implica un intercambio directo y explicito (ideal) en cuanto a la satisfacción de las dos partes implicadas en el intercambio; mientras que la negativa implicaría naturalmente la falta de reciprocidad, el robo y la apropiación violenta de los bienes. Según estas tres formas, Sahlins dispone gradualmente en un esquema estos tipos de reciprocidad: (1°) la reciprocidad generalizada abarca desde la casa hasta todo el sector del pueblo, a través del sector de linaje; (2°) la reciprocidad compensada o equilibrada, comprende el sector tribal; y (3°) la reciprocidad negativa el sector intertribal.

Pensamiento político en las sociedades tribales y su expresión en el mundo inmaterial
El pensamiento político en las sociedades tribales, se caracteriza por expresar en su práctica política, una ausencia de dirigentes regidores de la existencia cotidiana y social, debido a que estas tribus se guiaban mas bien, por relaciones de reciprocidad que unían y separaban a un grupo de otro. Sin embargo, existían ciertos cabecillas sin ningún poder, pero con cierto liderazgo político en materias relacionadas con la capacidad de expulsar o exterminar cualquier alianza previsible de individuos o grupos insumisos. Ejemplos de este tipo de cabecillas y su liderazgo, los encontramos entre los esquimales y los !kung: Entre los esquimales, un grupo seguirá a un cazador destacado y atacara su opinión con respecto a la selección de cazadores, pero en todos los demás asuntos de la alianza, la opinión del líder no pesara más que la de cualquier otro hombre. Entre los !kung, cada banda tendrá lideres reconocidos, en su mayoría varones. Estos hombres toman la palabra con más frecuencia que los demás y con algo más de deferencia, pero no poseen ninguna autoridad explicita, y solo pueden usar su fuerza de persuasión y nunca dar órdenes.

Por ende un cabecilla debe ser respetado, y nunca temido, pues su función es mantener la paz y la conciliación antes de recurrir a la coerción. A partir de este hecho, Marvin Harris señala que ya no se puede volver a decir que nuestra especie, por una necesidad innata, tiende a formar grupos jerárquicos (falacia difundida por las escuelas realistas hobbesianas en filosofía política). Muy por el contrario, en estas sociedades tribales prevalecían el intercambio reciproco y los cabecillas eran igualitarios, es decir, ningún individuo, familia u otro grupo podía controlar el acceso a los ríos, lagos, playas, mares, plantas y animales, o al suelo y el subsuelo [la ausencia total de la propiedad privada de la tierra]. Entre bandas y pequeñas aldeas cazadoras y recolectoras, existía alguna forma de comunismo o anarquismo primitivo. Aquí nuevamente dejar muy en claro que, las personas sí poseían efectos personales tales como armas, ropa, vasijas, adornos, pero todas las demás llamadas “posesiones” adicionales y extensivas a las personales que ha creado el derecho burgués-moderno, por ejemplo, no existían como tal. Frente a la emergencia de abusadores, es decir, de individuos que intentan utilizar el sistema en provecho propio a costa de sus compañeros, individuos que toman sistemáticamente más de lo que daban a la tribu, y que permanecían apáticos y flojos, las sociedades igualitarias incorporaron en sí como pensamiento político, mecanismos de castigo para reprender estos comportamientos desviados o perversos, como por ejemplo, atribuyendo la muerte y el infortunio a la conspiración malévola de brujos. Según Harris, brujos y chamanes, durante sus trances adivinatorios se hacían eco de la opinión pública y lanzaban acusaciones contra los implicados. Los acusados, cuando eran estimados por sus compañeros, no debían temer a las acusaciones arrojadas, en cambio, cuando eran pendencieros y tacaños, agresivos e insolentes debían andarse con bastante cuidado.

En las siguientes líneas quisiera centrarme en ese mundo inmaterial original [lo mágico, imaginario y supernatural], irremediablemente entrelazado con el pensamiento político en las sociedades tribales e igualitarias primitivas.

Lo primero que tenemos que decir, es que irremediablemente estas sociedades igualitarias, de igual modo padecen profundas tensiones y violencias de carácter simbólico extremo debido a ciertas luchas cuando no se han podido solucionar litigios o cuando una sociedad tribal se veía en situación de guerra con otra sociedad. Este mecanismo que en la práctica se encuentra dispuesto a contener cualquier intento de producción de un poder social (interior o exterior), o de personas poderosas con una suerte de poder proto-aristocratico, por sobre las comunidades tribales, encuentra su contraste ideológico en su imaginario político. Sus sociedades, en el sentido imaginario, están en guerras perpetuas consigo mismas bajo la distinción mágica de un mundo espiritual que permite la curación y de otro lado, un mundo espiritual que permite el desenvolvimiento de la enfermedad y la muerte. Todos los sistemas sociales se basan siempre en la búsqueda de diferentes formas de valor que empujan a la gente en diferentes direcciones. Y bueno, como estas sociedades tribales originales ponen un gran énfasis en la creación y mantenimiento del consenso comunal, su cultura e ideología termina siendo habitada por todo un mundo nocturno habitado de espíritus y espectros, monstruos, brujas y otras criaturas terroríficas, por contraposición al mundo espiritual de la luz y la energía productiva.

Estas sociedades, en la producción imaginaria de su cosmos, se hallan atormentadas por seres espectrales en guerra perpetua, como mundos espirituales dispuestos al modo de campos de batalla. En palabras del antropólogo libertario David Graeber, “es como si la labor incansable de lograr el consenso ocultara una violencia intrínseca constante, o quizás sería más apropiado decir que en la práctica es el proceso mediante el cual se calibra y se contiene esa violencia intrínseca. Y esta es precisamente la principal fuente de creatividad social, con todas sus contradicciones morales. Por lo tanto, la realidad ultima no la constituyen estos principios en conflicto ni estos impulsos contradictorios, sino el proceso regulador que media entre ellos.”[1]. Aquí algunos ejemplos planteados por el Graeber:

(1) Los Piaroa: crearon un dios malvado, un bufón caníbal bicéfalo, entre otros dioses predadores locos. Ellos creen que todas las muertes responden a asesinatos espirituales y que son provocadas por espíritus o comunidades mágicas determinadas. Por esto, los magos que entregan medicina repelen los ataques de estos dioses predadores. Dentro de la filosofía moral de los Piaroa se considera que la condición humana se encuentra atrapada entre un mundo de los sentidos y un mundo de las sensaciones. Por lo tanto, crecer significa controlar y canalizar dichos deseos a través de una atenta consideración a los demás, a la vez que cultivar el sentido del humor. El transgredir estas consideraciones puede ocasionar el ataque fulminante de comunidades espirituales a estos individuos transgresores.

(2) Los Tiv, una sociedad bastante igualitaria no encierra ni produce instituciones políticas mayores que el poblado, y de hecho, cualquier cosa que se asemejara un poco a una institución política se consideraba sospechosa per se, o para ser más precisos, rodeada de un aureola de horror oculto. Se cree que los hombres que obtienen poder lo hacen por medio del consumo de la sustancia de otros. Los mercados se encontraban protegidos por normas determinadas, consagradas en amuletos que encarnaban las enfermedades, cuya fuerza provenía desde la sangre y las partes del cuerpo humano. En este sentido, los emprendedores que lograban crearse una fama, riquezas o clientela, eran por definición considerados brujos. Sus corazones se encontraban cubiertos de una sustancia llamada tsav, que solo podía crecer si comían carne humana. Se dice además que existe una sociedad secreta de brujos que ponía trozos de carne humana en la comida de sus víctimas, por lo que estas personas se encontraban en situación de “deuda de carne” que les producía antojos antinaturales, que podían llegar a arrojarlos a comerse a toda su familia. Esta sociedad secreta se consideraba como el gobierno invisible del país. Por lo tanto, nos encontramos frente a una concepción del poder institucionalizado, como un poder maligno. De esto que cada nueva generación surgía un movimiento de caza de brujos para desenmascarar a los culpables y poder destruir cualquier estructura emergente de autoridad.

Por lo tanto, del contraste del pensamiento político tribal en la práctica (descentralización, autonomía, igualdad, libertad), con el pensamiento político representado simbólicamente en un mundo material, arroja una sorprendente relación ideológica inmaterial. El mundo inmaterial se encuentra numerosamente habitado por múltiples espíritus y seres malignos, en contraste con la simplicidad de su mundo material, en el cual buscan la mediación y el consenso mutuo. De un lado, el inmaterial, tumulto y guerra de espíritus; del otro, material, simplicidad y conciliación naturada.

[1] David Graeber, Fragmentos de antropología anarquista, pág. 22, Ediciones Crimental, Santiago, Junio 2012

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