Prólogo de una geografía anarquista para la liberación

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por Camilo Reyes

introducción

Para estudiar y saber lo que es la geografía anarquista, es decir, intentar comprender los elementos constitutivos de lo que podríamos agrupar como una escuela o corriente anarquista del pensamiento dentro de la geografía [o del pensamiento geográfico dentro del anarquismo], indagaremos brevemente en el pensamiento de algunos de los principales impulsores del anarquismo internacional y de la idea, como son P. J. Proudhon, Mijaíl Bakunin, Piotr Kropotkin, Errico Malatesta, Elisée Reclus, Murray Bookchin, para explicar sus aportaciones particulares al desarrollo critico del pensamiento geográfico. Sin embargo, como el objetivo principal de este trabajo es investigar sobre las contemporáneas posibilidades de realización de esta perspectiva anarquista en la geografía, como de aportes a la disciplina geográfica. No debemos olvidar que el federalismo anarquista se reafirma sobre algunos conceptos que son claves para la geografía, lo que permite una articulación de contenidos: los conceptos de “localidad”, “región” y “comunidad”.

Pero este desarrollo nos llevara, inevitablemente, a confrontar una contradicción o antinomia encerrada en el concepto de la “geografía anarquista”, puesto que se nos plantea la cuestión de si esta puede ser comprendida como un subcampo disciplinar de la geografía, cuando sabemos que la idea anarquista y el objetivo dominante entre los anarquistas -del movimiento anarquista internacional a lo menos durante la segunda mitad del Siglo XIX y primera del XX-, fue la de lograr una transformación radical de la sociedad por medio de una revolución social o una rebelión popular que tuviera por base la organizaciones de los trabajadores y los campesinos. Y en este sentido, no se planteo nunca, evidentemente, el hecho de conformar una escuela geográfica de pensamiento: como tampoco lo fue una idea de conformar una escuela filosófica, ni científica, ni política, ni económica, ni antropológica, ni sociológica, ni psicológica, sino que quizás tomando fragmentos o elementos de todas ellas, los escritores anarquistas se abocaron a la construcción de un lenguaje científico más bien inmanente, como idea de totalidad, pues su modalidad consistió en lograr una organización de la sociedad que implicaría, necesariamente, un desarrollo y un avance en todos los campos espaciales y de investigación del ser humano, con sus relaciones en y con la naturaleza, en la superación de todos los elementos  burgueses del pensamiento científico, en un sentido esencialmente revolucionario y nuevo. También recordaremos aquí con necesaria justicia la existencia de toda una escuela anarquista que buscaba esa transformación por vía de la educación [a lo menos desde la creación del comité pro-enseñanza libertaria en 1898], en la que por ejemplo se cuentan personajes como Kropotkin, Reclus, Francisco Ferrer i Guardia, Ricardo Mella, entre otros, que realizaron aportes en variadas áreas dentro del campo humanista pedagógico, que implicaba grandes dominios científicos, y entre ellos, los del pensamiento geográfico.

Estos son los ejes que abordare para intentar clarificar esta problemática de la geografía anarquista: (1) contexto de las ideas geográficas dominantes; (2) autores del anarquismo y sus aportes a la geografía revolucionaria; y (3) posibilidades de realización de la perspectiva anarquista en la geografía contemporánea. Al final de esta investigación, espero poder concluir esta interrogante que he planteado, con alguna solución o construcción propositiva a la contradicción anteriormente explicitada. Sin más que decir, a modo de introducción, a continuación los dejo con el desarrollo de mi breve investigación preliminar para una geografía de la liberación.

Desarrollo 

Para desarrollar las problemáticas relacionadas con la geografía anarquista, necesariamente debemos contextualizar el plano dominante del campo disciplinar en que surge la critica anarquista. Lo primero es recordar que la geografía anarquista se desarrollo paralelamente a la consolidación de dos necesidades propias de la institucionalización de la disciplina geográfica durante la segunda mitad del Siglo XIX: (1) a partir del acercamiento de las Sociedades Geográficas europeas con respecto a los estamentos de poder estatal, para poner al servicio de estos últimos todo el conocimiento recabado en expediciones y exploraciones de América, África y Asia, de los inventarios sobre las regiones y paisajes conquistados, sobre la botánica y la zoología, la mineralogía, la climatología, la meteorología del lugar, etc., todo puesto al servicio del proyecto imperialista europeo; y (2) a partir del triunfo del positivismo [y del evolucionismo] como concepción filosófica del mundo y de la ciencia, su triunfo como el método científico: de razonamiento inductivo, de observación, de clasificaciones y comparaciones, para de estos datos sacar las conclusiones generales que permitirían descubrir las Leyes de la naturaleza, etc., como método esencial en las investigaciones geográficas.[1] Lo primero queda plenamente explicitado en una observación de Ratzel con referencia a la utilidad de la ciencia geográfica, en lo que denomina como una “acción sobre los pueblos”: “todo el que actúa sobre los pueblos debe sufrir también la acción de estos pueblos. Y estas relaciones comienzan ya en la misma preparación necesaria a tal fin, ya que para poder actuar sobre los pueblos se precisa antes conocerlos. Se necesita, por lo menos aprender su lengua y con la lengua su modo de pensar; pero además de ello es necesario adquirir el conocimiento de la situación geográfica y del clima, de las costumbres y de los usos de un pueblo con el que se quiere entrar en relación de intercambio. No estamos ya en los tiempos en que el mercader comerciaba por medio del intérprete (…). Sin dejarse desviar por las teorías, los comerciantes alemanes han comenzado, desde hace ya tiempo, lo que les dictaba el buen sentido: han comenzado a estudiar países y pueblos, y a aprender su lengua.”[2] En esta frase queda evidentemente reflejado, por un lado, el interés por los estudios geográficos por parte de los países colonizadores [siempre en función de intercambios comerciales, de la difusión de la producción industrial y cultural europea], y por otro, el carácter asumido por geógrafos con respecto a esta necesidad estatal, lo que nos lleva a considerar porque el método positivista era el que mejor se acoplaba a estas necesidades estamentales de poder. Estos rasgos nos permiten conocer, más o menos en general, lo que fue la postura “oficial” dentro de la disciplina geográfica por aquella época del Siglo XIX.

De estas orientaciones oficiales dentro de la geografía, que se corresponden con las posturas del estatismo europeo en general, se derivan las consecuencias del proyecto imperialista europeo en el mundo colonizado: del crecimiento capitalista y la expansión imperialista sobre los pueblos naturales podemos comprender la radical transformación territorial que implico el arrase material y cultural de los pueblos conquistados; desigualdad social, guerra, tenciones internacionales entre las potencias colonizadoras, precarias condiciones de vida del proletariado industrial en aumento, dentro de las centros urbanos [desmoralización, alcoholismo, enfermedades, hacinamiento, violencia, prostitución, desempleo, hambre y miseria], entre otros holocaustos. Por lo tanto me parece correcto situar el surgimiento del anarquismo y de la geografía anarquista, como una respuesta a este movimiento originado y potenciado a través de la expansión del sistema capitalista. Sin embargo, para poder desarrollar los elementos principales de la geografía oficial, a los cuales se oponía el movimiento anarquista, lo retratare por medio de uno de sus investigadores más importantes de la época, por medio de Friedrich Ratzel, para así ilustrar las consecuencias más radicales del pensamiento geográfico oficial despreciado por los anarquistas, y desnudar las implicaciones y justificaciones mas toxicas de estas teorías dominantes.

Ratzel; los orígenes de la guerra capitalista sobre el cuerpo de la tierra

Para explicar la oposición del anarquismo con respecto a la geografía oficial, quisiera apoyarme sobre una breve crítica del pensamiento de Ratzel [más específicamente con respecto a su Teoría de la concepción orgánica de la tierra], fiel representante del pensamiento oficial dentro de la disciplina geográfica, lo que nos permitirá comprender a grandes rasgos la oposición entre los enfoques de la geografía burguesa y la geografía anarquista.

Primero que todo, para comprender esta posición paradigmática de ciencia oficial geográfica, veremos el concepto de “concepción orgánica de la tierra” para luego plantear nuestras conjeturas a la concepción elevada por Ratzel, y nuestras razones para oponernos a tales teorías. Ratzel explicó su concepción de la siguiente forma: “La concepción de la Tierra que considera el elemento solido, liquido y aéreo, al igual que toda forma de vida que de ellos emane y en ellos florezca, como un todo inseparable, unido con la historia y por acciones reciprocas ininterrumpidas, yo la llamo una concepción orgánica de la Tierra y la contrapongo a la que separa  estas partes del globo terrestre, como si se encontraran accidentalmente reunidas y cree poder comprender la una sin las otras.”[3] La concepción de Ratzel implica la idea de totalidad, una idea nueva para la tradición geográfica que tendía a dividir los aspectos de la vida sobre la Tierra en diversos aspectos científicamente separados: lo solido separado de lo líquido y lo aéreo, y también separado de lo líquido separado de lo aéreo, etc. También esto implicaba la concepción de condiciones de vida generales que valían igualmente para los hombres, los animales y para las plantas. Aquí vemos claramente la influencia de la tradición evolucionista dentro de la disciplina geográfica avanzada por Ratzel. Recordemos que “el evolucionismo se convirtió en una síntesis explicativa de toda la realidad, una síntesis que permitía enlazar los conocimientos científicos particulares adquiridos inductivamente en las diferentes ciencias.”[4] Esto nos lleva evidentemente a una concepción ecológica de la realidad[5], que incluye al hombre en la evolución y en el mundo viviente de la naturaleza, convirtiendo a la geografía en una verdadera ciencia de las relaciones con el medio natural.

De la anterior influencia del evolucionismo es que surge la idea de una organización ecológica de la totalidad de la Tierra, y la preocupación de Ratzel por el estudio de las relaciones entre los organismos y el medio ambiente. Sin embargo, esta perspectiva ecológica, saludable a simple vista, implica el concepto de espacio vital o lebensraum, que establece una relación determinada entre espacio y población, los límites de la vida y las regiones de difusión de la vida. Esta idea quiere decir, y dice en sus consecuencias políticas, en la puesta en la práctica, que un Estado [como una población dispuesta en un espacio o región], solo puede asegurar su existencia y garantizarla cuando dispone de un espacio suficiente para atender a las necesidades de sí mismo y de su población. Debemos recordar aquí, que nos encontramos frente a un panorama de reconfiguración del mapa geopolítico europeo, tras la caída de la hegemonía francesa sobre Europa y el surgimiento del nuevo Estado Imperial Alemán (1871). Esto se explicaría dentro de la disciplina geográfica, por medio de Ratzel, en relación con la capacidad de acción de los hombres con respecto a la transformación de los espacios terrestres: “Las plantas han influido sobre las plantas, los animales sobre los animales, y ambos entre sí recíprocamente, pero ningún otro ser ha actuado en tal medida y tan constantemente y sobre tantos otros seres como el hombre, el cual por ello ha transformado profundamente la faz de la Tierra”.[6]

Y he aquí el meollo de nuestra crítica, el hecho de que esta concepción ratzeliana ha sido usada con fines imperialistas como justificación biologizante de la vida, dirigida a la toma de espacios necesarios por parte de los estados militares capitalistas. Estamos frente a una concepción orgánica o biogeografica, ya no solo de la Tierra, sino también de las regiones y las poblaciones. Por esta razón sus preocupaciones estuvieron asociadas a los problemas de la difusión cultural y las migraciones. Pero debemos evidenciar que esta postura esconde un interés de clase, y justificamos nuestras palabras en el hecho de que estas preocupaciones, también fueron trascendentales para toda la burguesía alemana: “Punto esencial de sus concepciones geopolíticas es la teoría del espacio vital, en el que Ratzel usa decididamente de sus conocimientos biológicos, y en concreto de la biología darwiniana y de la ecología de Haeckel. Ratzel desarrollo esta teoría desde 1897, exponiéndola ampliamente en su Politischen Geogrephie (1903), y en Der Lebensraum. Eine biogeographische Studie (1901), así como, de una manera incidental, en las grandes obras del final de su vida como la segunda edición de la Anthropogeographie y Die Erde und das Leben. En el espacio vital ratzeliano encuentra también un eco <<cientifico>> el nacionalismo alemán, triunfante y expansivo a partir de 1870 por la política de Bismarck. (…) El concepto de espacio vital debe situarse en el pensamiento científico de Ratzel dentro de su concepción más general de la biogeografía, de la que ya hemos hablado. (…) En su estudio de la distribución espacial de los seres vivos Ratzel observa que <<entre el movimiento de la vida, que nunca reposa, y el espacio de la Tierra, cuyo tamaño no crece, existe un claro contraste: de este contraste se origina la lucha por el espacio>>.”[7]

He aquí por fin nuestra critica -desde el anarquismo-, que está compuesta de dos partes: (1) no es correcto realizar la analogía biologizante de que la tierra se puede concebir como un organismo; y (2) no es correcto realizar analogías biologizantes de las poblaciones o pueblos como organismos. Lo primero, no es correcto, pues la noción de organismo, si bien implica la identificación con un ser vivo, en el que se dan relaciones internas y externas, con intercambios de materia y energía de una forma más o menos ordenada, en el cual se desarrollan las funciones básicas de la vida, como la nutrición, la relación y la reproducción de sí, en el cual existe una relación estructural que perdura hasta la muerte del ser vivo, y esta definición puede ser aplica a la Tierra, manifestamos un profundo rechazo anarquista a la concepción de organismo pues esta tiende a expresar un sistema jerarquizado de órganos y funciones determinadas, de divisiones especiales con funciones determinadas, y la Tierra no puede ser concebida de esta forma, más que de un modo dogmatico y político que implica consideraciones analógicas tales como: “esta región es el corazón del mundo” [como en el caso de Mackinder y su Heartland, refiriéndose a Eurasia].[8] Esta idea implica una división del trabajo a nivel internacional [países centrales y países periféricos; economías dominantes y economías dependientes; etc.]. A todas luces es una idea injusta de la Tierra y de su cuerpo, pues cada parte o región de esta no merece un tratamiento especial por sobre las demás regiones, y la división del trabajo no debiese ser en beneficio de una región en desmedro de la miseria de otra región del cuerpo de la Tierra. Cuando un ser vivo se alimenta, no lo hace para alimentar solo su cerebro o su corazón y pudrir la mano o el ano. Lo hace en un sentido inmanente que reparte la energía necesaria a las partes del cuerpo que lo necesiten: si los músculos de las manos y los brazos se encuentran fatigadas por el arduo trabajo, el cuerpo distribuye la energía a la recuperación de estos, si la energía psíquica de la mente fue gastada en la consecución de una investigación el cuerpo distribuirá la energía necesaria para la recuperación del cerebro, etc. Pero aquí no se trata de establecer una nueva analogía biologizante, sino por el contrario, de comprender que la Tierra es más bien un cuerpo sin órganos jerarquizados, asi como tampoco lo es el cuerpo humano.

En segundo lugar, tampoco podemos considerar correcta la analogía biologizante de los pueblos y poblaciones. Ya Humberto Maturana ha dicho algo al respecto [en el Prefacio a la segunda edición del libro De maquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo], al considerar que Luhmann, el último sociólogo biologizante de las sociedades, que ocupo el concepto de autopoiesis para explicar los sistemas sociales, había mal utilizado su concepto biológico: los organismos autopoieticos, las células, órganos y organismos son sistemas cuya organización se definen en la dinámica de la realización de su organización por medio de una estructura molecular, mientras que en los sistemas sociales esta realización de las dinámicas estaría determinada,  no por una estructura molecular, sino mas bien por comunicaciones. Y el lenguaje es un sistema abierto a una variación continua de sus componentes y no constituye un sistema cerrado o clausurado estructuralmente, como lo conciben implícitamente las nociones biologizantes.[9] Los estados son más bien, el resultado de la aplicación de una axiomática general por sobre un conjunto de pueblos, diversos en muchos casos, que si pueden implicar por ejemplo, un metalenguaje o lengua dominante. Sin embargo, el lenguaje puede ser subvertido desde abajo, en los barrios y los pueblos. De hecho la experiencia nos señala que mas bien ocurre el proceso contrario al descrito por la normatividad del lenguaje: siempre se habla un lenguaje diferente en los barrios, distinto del formal, lo que nos lleva a sujetar la hipótesis de que los metalenguajes se encuentran en constante crisis y solo se mantienen por medio de la sujeción de su poder, es decir, por medios irracionales y distintos del propio dominio del lenguaje, por medio de poderes políticos.

De estas conclusiones preliminares, con respecto a la geografía burguesa, ya podemos comenzar con nuestro análisis de las ideas de la geografía anarquista.

 La geografía anarquista y sus exponentes clasicos

Básicamente, en mi interpretación, una geografía anarquista debiera corresponderse con una inversión radical de los postulados políticos tradicionales implícitos en la geografía. Lo esencial de la geografía burguesa es concebir un ordenamiento jerárquico de la naturaleza, de la superficie de la Tierra, de los pueblos en sus relaciones entre sí. Por lo tanto, lo esencial de una geografía anarquista debiese ser el concebir un ordenamiento no jerárquico de los elementos ya mencionadas para poder establecer una organización libre y espontanea de la naturaleza, de los pueblos sin necesidad de recurrir a estructuraciones jerárquicas de los territorios y de las gentes. En la geografía anarquista, todo dependería del ordenamiento más natural y espontaneo posible, de cooperación y la ayuda mutua, mientras que en el pensamiento de Ratzel, de acuerdo con la distribución espacial de los seres vivos, incluyendo los seres humanos, en el movimiento de la vida, se genera mas bien la lucha por el espacio. Para el anarquismo, el sistema capitalista es simplemente, la fiel repetición de lo mismo. No es el movimiento de la vida lo que genera la lucha por el espacio, sino por el contrario, la quietud, la esclavitud, la dominación y todo carácter estático de la vida. El movimiento por el contrario empujaría a la evolución y revolución de las condiciones sociales, como escribió Elisée Reclus: “la evolución es el movimiento infinito de cuanto existe, la transformación incesante del universo y de todas sus partes desde los orígenes eternos y durante el infinito del tiempo.” Sería mas bien la cristalización del Estado, con sus nuevos ídolos humanos y su derecho, la repetición humana más humana (pero no por eso menos opresiva) de la vieja expresión divina y despótica de Dios, lo que no permitiría el desarrollo, la evolución y revolución progresiva de la naturaleza. El Estado burgués no sería mas que el impulso de una revolución regresiva, la nueva forma jurídica que no permite el libre desenvolvimiento de la naturaleza sin las trabas de la autoridad. En este sentido el régimen moderno de la burguesía, no es mas que la rehabilitación del viejo régimen despótico por medio de nuevas condiciones de sedición. Por esto la mayoría de los escritores anarquistas siempre recalcaron la importancia de generar modelos alternativos al capitalismo para poder afrontar esta nueva forma opresiva superior que represento el surgimiento del capitalismo como fenómeno universal y mundial.

He aquí algunas de las aportaciones a la geografía según los modelos propuestos por los anarquistas clásicos: Proudhon, Bakunin y Kropotkin.

P. J. Proudhon y el federalismo mutualista

Proudhon planteaba como base del anarquismo que todo gobierno tendía hacia la centralización y la subyugación de los individuos y de los grupos. Como fundador de la corriente moderna del anarquismo, creyó que todo Estado siempre hace leyes para ejercer la autoridad, y de este modo incorporar a los <<grupos naturales>> de personas en <<unidades antinaturales>>, por esta razón propone su sistema, en aras de eliminar el uso arbitrario del poder y sustituirlo por una organización más sensible a las necesidades elementales de los grupos naturales. De esto que considerara, entre las formas de organización humana, como la más importante, a las de carácter económico, que podríamos interpretar como naturales de la sociedad como de la comunidad: tanto el trabajo como el intercambio de bienes y servicios, fueron considerados por Proudhon como el verdadero núcleo de la existencia individual y colectiva[10] (y no por menos, consideró a la propiedad como el principio de la esclavitud, que afecta despóticamente como ley por sobre la organización natural del trabajo, avasallándolo con el patronaje, esclavizando el pensamiento, y con las relaciones de propiedad legal, determinar las formas de los intercambios de los productos producidos, así como también determinar lo producido, la distribución de la ganancia, y con ello las formas de consumo).

Proudhon propone que “la comunidad no se desarrolla a partir de estructuras políticas, sino a partir de vínculos sociales y económicos que la gente establece voluntariamente para los fines de la producción y del intercambio.”[11] La alternativa propuesta por Proudhon al sistema capitalista, es la de una nueva forma de organización económica que sirviera a los intereses sociales comunes. De este modo proponía que las comunidades se transformaran en asociaciones económicas, que establecerían acuerdos recíprocos para la provisión y el intercambio de las mercancías y los servicios esenciales, es decir, la forma económica y social del mutualismo.

Estos son los caracteres esenciales del mutualismo[12]:

(1) Autogestión obrera: existe el derecho de los individuos a disfrutar de la totalidad del valor resultante de su propio trabajo. El trabajo es algo creativo cuando surge a partir de las ideas de los trabajadores. Por lo tanto, el control obrero es necesario desde los niveles mas altos de la produccion, para asegurar una participación en los beneficios tangibles tanto como los intangibles y educativos desarrollados en el trabajo. Toda decisión con respecto a la asignación de las tareas laborales, la coordinación de las funciones y la distribución de la producción debían estar en manos de trabajadores elegidos no permanentes y sin una compensación especial. Proudhon fue el primer socialista en plantear un modelo serio y practico de organización obrera.

(2) Federaciones funcionales: para facilitar el intercambio de productos y de ideas Proudhon sugirió la necesidad de una federación funcional con respecto a las comunidades de intereses similares. De un lado esto significaba, federar en forma vertical toda la industria, y de otro, formar asociaciones de trabajadores con ocupaciones similares pero dentro de industrias y regiones diferentes con el fin de intercambiar nuevas ideas y talentos. Los servicios públicos no podían ser dirigidos por las asociaciones de trabajadores, sin embargo, otros servicios como el ferrocarril, la construcción y los suministros de agua debían estar planificados y realizados por estas asociaciones obreras y por los consejos municipales y de distritos.

(3) Federación geográfica: como complemento a las federaciones basadas en funciones económicas, tendría que crearse una federación geográfica de regiones. De este modo, la primera unidad geográfica seria la comunidad natural organizada en consejos comunales (formada por grupos de individuos que buscaran satisfacer necesidades locales comunes y dotarse de los servicios locales necesarios); luego las unidades locales se federarían desde la comunidad al cantón, a los niveles regional y nacional, con elecciones para contar con las personas encargadas de administrar cosas como la moneda y las medidas de intercambio. Cada gobierno local debería, de este modo, poder mantener su autonomía soberana y solo se federaría con otros gobiernos para la necesaria planificación conjunta, y esta asociación no constituiría ninguna forma de autoridad permanente.

Esta observación realizada por Myrna Breibart es de gran importancia para la geografia: “La confederación tendría menos funciones y menos poder a medida que las unidades se incrementaran en tamaño y en envergadura. Más aún, cada actividad en común implicaría la combinación únicamente de las comunidades y de la superficie mínimas requeridas para realizar la tarea.”[13] He aquí la mayor expresión de la diferencia entre la concepción burguesa de la geografía y la concepción libertaria: mientras la geografía burguesa hace recaer el poder en las organizaciones más grandes y generales de Estado, la anarquista lo hace en el extremo opuesto, en las organizaciones locales; mientras la geografía burguesa hace de las poblaciones y los pueblos ejércitos enemigos en lucha por la conquista de un espacio vital, la idea anarquista sugiere la combinación de las comunidades, en la ayuda mutua de los pueblos; y por último, mientras la geografía burguesa exige la transformación de los territorios para realizar las más grandes obras capitalistas e instaurar una división del trabajo a nivel internacional, que implican la destrucción de grandes territorios naturales, devastando a la naturaleza y a las masas avasalladlas para realizar la producción, la geografía anarquista propone la combinación necesaria y articulación de los territorios para realizar las tareas requeridas por las comunidades implicadas.

A continuación veremos esta antinomia entre geografía burguesa y anarquista, de la lucha de los pueblos o la solidaridad internacional, por medio de la concepción del anarquista Bakunin.

Mijaíl Bakunin, estatismo o anarquía

Para comprender la oposición del anarquismo al fascismo implícito en el concepto de Lebensraum [concepto que ha sido enaltecido y venerado por los más altos estadistas como Hitler, que en Mi lucha señala: “los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población”, o en la análoga doctrina del destino manifiesto que señala que Estados Unidos es una nación destinada a expandirse desde las costas del atlántico hasta el pacifico, pero que además ha sido utilizada como justificación para conquistas y adquisiciones territoriales, o la teoría de Heartland del geógrafo británico Sir Halford John Mackinder], estudiaremos brevemente una obra de Bakunin llamada Estatismo y anarquía[14], pues en mi opinión, esta obra ayuda comprender el rechazo del anarquismo de estas concepciones geopolíticas.

El libro trata principalmente, como bien lo señala su titulo, del dilema de la organización internacional de la anarquía versus la organización internacional del estatismo.   El tiempo histórico sobre el que se despliega este libro, comprende los 9 años siguientes a la creación de la AIT, desde 1864 hasta 1873, año en que fue escrito. Es importante destacar que Bakunin se centra en los siguientes tiempos históricos: (1) ya lo mencionamos y corresponde al tiempo histórico asociado al desarrollo de la AIT, aunque su decadencia empezó en 1872 [luego del V Congreso se produjo la fractura entre marxistas y bakunistas], su disolución formal no se oficializo hasta 1876. (2) La Guerra franco-prusiana [del 19 de junio de 1870 al 10 de mayo de 1871], con la consecuente constitución del Imperio Alemán [el 18 de enero de 1971]. Dentro de este tiempo histórico, en París Francia, se da también (3) el tiempo histórico de la Comuna de Paris [18 de marzo al 28 de mayo], la primera toma de poder de las clases proletarias en Europa [cuya realización se asocia a la influencia determinante de la AIT sobre la clase obrera francesa].

El espacio “histórico” en que se desarrolla principalmente el libro, es el de Paris y otras ciudades de Francia: “Los acontecimientos de 1870-71 lo han demostrado de maravilla. Es en todas las ciudades de Francia en las que el proletariado exigió el armamento de toda la población y la milicia para todos contra los alemanes; no hay ninguna duda de que habría realizado esa intención si no hubiese sido paralizado por una parte por el miedo vil y por la traición en masa de la mayoría de la clase burguesa que prefería mil veces la sumisión a los prusianos antes que dar armas al proletariado, y por otra, por la resistencia reaccionaria sistemática del “gobierno de la defensa nacional” en Paris y su provincia, una oposición de un dictador tan antinacional, del patriota Gambetta.” (…) “La insurrección de la Comuna de Paris contra la asamblea nacional de Versalles y contra el salvador de la patria -Thiers-, consumada por los obreros parisenses en presencia de las tropas alemanas que cercaban aun Paris, indica y, explica enteramente esa pasión única que agita hoy al proletariado francés para quien no existe ni debe existir en lo sucesivo otra causa y otra guerra que la causa y la guerra revolucionaria y social.” (pág. 25)

Los hechos que Bakunin señala son los ya mencionados y relacionados con el aplastamiento de la Comuna de Paris por el ejército prusiano-alemán convertido en Imperio, con la complicidad de la burguesía francesa: “Entre los miembros del gobierno llamado de Defensa Nacional estaba, sin duda, uno de los que más contribuyeron al desarme de las defensa nacional y a la capitulación notoriamente pérfida de Paris, en manos del vencedor arrogante, insolente y despiadado. El príncipe de Bismarck se burlo de él y lo insulto ante el mundo. Y he ahí que ese Jules Favre, como enorgullecido de esa doble infamia –la suya y la de Francia traicionada, y quizá vendida por él-, movido al mismo tiempo por el deseo de entrar en la buena consideración del humillador, el gran canciller del victorioso imperio germánico, y por su odio profundo al proletariado, en general, y sobre todo al obrero parisense, helo ahí haciendo su aparición con una denuncia formal contra la Internacional. Los miembros de ésta que, en Francia, se encontraban a la cabeza de las masas obreras, intentaron suscitar una sublevación popular contra los explotadores, los gobernantes y los traidores del interior. Crimen terrible por el cual la Francia oficial o burguesa castigara con una severidad ejemplar a la Francia popular. (…) Por eso la primera palabra pronunciada por el gobierno francés al día siguiente de la derrota horrible y vergonzosa, ha sido la de la reacción mas abominable.” (pág. 8) He aquí que Bakunin destaca la “circular de Favre”, en la cual expresa el deseo de la burguesía nacional y la “civilización burguesa” de “prolongar su existencia malhechora apelando a todos los ídolos del pasado, destronados ya en otro tiempo por ella misma: Dios y la iglesia, el Papa y el derecho patriarcal, y, sobre todo, como mejor medio de salvación, el apoyo de la policía y la dictadura militar, aunque fuese prusiana, siempre que salve los hombres honestos de la terrible tempestad de la revolución social.” (págs. 8-9)

La burguesía internacional y anti-proletaria, comenzó a manifestar su agrado hacia la nueva hegemonía europea: “El señor Sagasta, el ministro de una hora, del rey de España de una hora, Amadeo, quiso, a su vez, agrandar al príncipe Bismarck e inmortalizo su nombre. También promovió una cruzada contra la Internacional.” (Pág. 9) Tres tipos de persecuciones contra la Internacional en Italia: (1) “como había de esperarlo, el Papa mismo pronuncio su condena. Lo hizo del modo mas original, mezclando en un mismo anatema a todos los miembros de la Internacional, los francmasones, los jacobinos, los racionalistas, los deístas y los católicos liberales. Según la definición del Papa, pertenecen a esa asociación reprobada todo el que no se someta ciegamente a su charlatanería inspirada por Dios. (2) El célebre revolucionario Giuseppe Mazzini “considero útil y necesario, en 1871, al día siguiente de la derrota de la Comuna de Paris, cuando los ejecutores feroces de los decretos feroces de Versalles fusilaban por millares a los comunistas desarmados, unir al anatema de la Iglesia católica y a las persecuciones policiales del Estado, su anatema propio, llamado patriótico y revolucionario, pero en el fondo absolutamente burgués y al mismo tiempo teológico. Creía  que su palabra bastaría para matar en Italia la menor simpatía hacia la Comuna de Paris y estrangular en germen las secciones internacionales que acababan de florecer.” (pag.10) Tuvo el efecto contrario. (3) “El gobierno italiano, por su parte, enemigo del Papa, pero mas aun de Mazzini, no durmió tampoco. (…) “Llego pronto a la conclusión que la propaganda de los principios de la revolución social en medio de una población excitada, llevada por el mismo a un grado extremo de pobreza y de opresión, se volvía todavía mas peligrosa que todas las agitaciones y empresas políticas de Mazzini.

En este libro aparece como un hecho, el inminente florecimiento de la revolución social en Italia. El hecho aquí se reduce a la composición del proletariado extremadamente pobre en Italia: “En ninguna parte es tan inminente la revolución social como en Italia, en ninguna otra parte, si exceptuar siquiera España a pesar de la existencia en ese país de una revolución oficial, mientras que en Italia parece todo tranquilo. Todo el populacho espera en Italia una transformación social y aspira hacia ella conscientemente. (…) En Italia predomina el proletariado extremadamente pobre, ese Lumpenproletariat de que los señores Marx y Engels y en consecuencia toda la escuela socialdemócrata de Alemania, hablan con un desprecio profundo; pero muy injustamente, porque en él, y en él solamente, y ciertamente no en el estrato burgués de la masa obrera de que acabamos de hablar, es donde esta cristalizada toda la inteligencia y toda la fuerza de la futura revolución social.” (Págs. 11-12)

Otro hecho fundamental que cabe en la lectura de este libro, es la lectura de Bakunin de la “unificación de Alemania”: “La Alemania tal como es ahora, unida por el fraude general y patriótico del príncipe de Bismarck, y reposando por una parte en la organización y la disciplina ejemplares de su ejército que está dispuesto a estrangular y a masacrarlo todo en el mundo y a perpetrar toda suerte de crímenes en el interior del país lo mismo que en el extranjero a la primera señal de su emperador-rey, y por otra parte en el patriotismo feudal, en la ambición nacional ilimitada y en el culto divino del poder que caracteriza hasta hoy a la aristocracia alemana, a toda la corporación de sabios alemanes y al pueblo alemán mismo; Alemania, digo, enorgullecida por el poder constitucional despótico de su autócrata y potentado, representa y reúne en si enteramente uno de los dos polos del movimiento político social contemporáneo, principalmente el polo del estatismo, del Estado, de la reacción.” (Págs. 13-14) El hecho aquí se reconstruye de manera más apropiada entorno a la constitución de la nueva hegemonía europea, que en palabras de Bakunin representa propiamente al concepto burgués del Estado moderno: “El Estado moderno es necesariamente, por su esencia y su objetivo, un Estado militar; por su parte, el Estado militar se convierte también, necesariamente, en un Estado conquistador; porque si no conquista él, será conquistado, por la simple razón que donde reina la fuerza no puede pasarse sin que esa fuerza obre y se muestre. Por consiguiente el Estado moderno debe ser absolutamente un Estado enorme y poderoso: es la condición fundamental de su existencia.” (…) “La hegemonía es simplemente la manifestación modesta y practica de esa aspiración irrealizable inherente a todo Estado; la primera condición de la hegemonía de Francia, encontró expansión en la impotencia estatal de España, de Italia y de Alemania; y hasta hoy los hombres del Estado francés –y entre ellos Thiers, el primero- no pueden perdonar a Napoleon III el haber permitido a Italia y a Alemania unirse y conjugar sus fuerzas. (…) Francia cedió ahora el puesto al Estado germanico que, según nosotros, es el único Estado verdadero de Europa.” He aquí la referencia de Bakunin con respecto a los Estados modernos propiamente tales: la hegemonía de un Estado frente a otros, lo convierte en un estado propiamente tal, en un sentido moderno, militar y burocratico, y los otros Estados, frente al predominio de Alemania, no se muestran como Estados reales, sino mas bien como jefaturas y modelos de realización de la hegemonía alemana en otros países, por su capacidad militar y su influencia. En términos económicos, el Estado moderno aspira “por temor a una bancarrota, a ampliar sin cesar sus limites en detrimento de las especulaciones y producciones menos grandes, a las que engloban y aspiran a universalizarse; lo mismo el Estado moderno, militar por necesidad, lleva en sí la aspiración inevitable a convertirse en un Estado universal, pero un Estado universal es, claro está, irrealizable, en todo caso solo habría podido existir un solo Estado semejante; dos Estados, uno al lado del otro, son decididamente imposibles.” (Pág. 19)

Es importante señalar este aspecto esencial de la concepción del pensamiento en el pensamiento de Bakunin: la conformación del Estado moderno propiamente tal, implica la idea de que un Estado se alza como hegemónico frente a los demás, sometiéndolos por medio de un poder militar y burocrático. Por esto, la perdida de la hegemonía de Francia en el continente europeo explica en parte la consiguiente nueva hegemonía europea de Alemania, y por esta misma razón explica la importancia de la traición del ejercito de defensa nacional francés contra la Comuna de Paris, pues esta representaba el gobierno del pueblo por las clases trabajadoras y las esperanzas del movimiento proletario internacional. Esta oportunidad represento la mayor esperanza de la clase obrera, tanto para los anarquistas como para los socialistas marxistas. Bakunin deposito su esperanza en la anarquía porque veía que el influjo del estatismo, solo empujaría al movimiento europeo hacia un nuevo proceso de territorialización estatal, como una reconfiguración del mapa geopolítico europeo, pero sin alguna modificación elemental para la clase trabajadora internacional. Como sabemos la Comuna fue aplastada por la reorganización de la burguesía francesa en alianza con la alemana de la mano del ejército de Versalles, que prefirió la desaparición de la Comuna antes que el brote revolucionario dirigido hacia la abolición de sus intereses económicos. La Francia oficial [luego de vergonzosa derrota ante las tropas del canciller Bismarck], opto por el aniquilamiento de la Francia popular. Y el sueño se trunco, y con ello vino el advenimiento del estatismo.

Para terminar quisiera señalar que Bakunin realizo algunas observaciones importantes, casi de carácter profético: si el Imperio Alemán llegaba a lograr una unificación total de los territorios y pueblos por medio de un Estado panprusiano o panalemán podría llegar a convertirse en una potencia mundial que amenazaría los intereses del movimiento internacional de la clase trabajadora. Así mismo, por otra parte, deposito sus mayores esperanzas en la solución anarquista de los pueblos eslavos, pues en su opinión, esas clases trabajadoras estaban más dispuestas a la anarquía [por la mayor presencia de proletariados pobres de la ciudad y el campo], al igual que en Italia y España.

De esto vemos claramente el rechazo del anarquismo por la vía geopolítica de la toma del espacio vital y la lucha de los pueblos, y la clara simpatía del anarquismo por la solidaridad de todas las clases trabajadoras internacionales en su lucha contra el estatismo. Bakunin vio en el estatismo el mayor de los peligros contra las clases trabajadoras, la guerra, la opresión y el encuadramiento de las masas por los intereses de las clases burguesas nacionales, que siempre preferirán en situación de guerra de clase, someterse a las clases burguesas de los estados potencias-hegemónicos, antes que dejar triunfar la revolución social en sus propios países.

 Piotr Kropotkin su concepto y propuesta geográfica del federalismo

Siguiendo ahora al geógrafo anarquista Kropotkin, a partir de un texto Lo que debe ser la geografía, intentare esbozar los elementos principales de la su concepción geográfica. Este texto es una verdadera aportación a la pedagogía en general y a la disciplina geografía como campo educativo. Un aporte verdaderamente revolucionario en el plano de las ideas.

Kropotkin destaca el valor de la disciplina geográfica en materia educativa y propone los elementos fundamentales, los deberes de la geografía para el desarrollo general de lo humano, su reforma de la educación de la geografía, como una necesidad tan clara como la de realizar una reforma general de la educación científica escolar. Por esto adscribe unas tareas a realizar:

(1) Primero destaca que, “sin duda, raramente puede existir otra ciencia que pueda hacerse tan atractiva para el niño como la geografía, ni un instrumento tan poderosos para el desarrollo general de la mente, para familiarizar al escolar con el autentico método de razonamiento científico, y para despertar la afición hacia todas las ciencias naturales.”[15]

(2) “La geografía debe rendir, además, otro servicio mucho más importante. Debe enseñarnos, desde nuestra más tierna infancia que todos somos hermanos, sea cual sea nuestra nacionalidad”[16] Este elemento es trascendental, considerando que la utilidad primera de la geografía, dada por las Sociedades Geográficas y los estamentos de poder europeos tuvo por base al nacionalismo, es decir, las guerras, de autopresunción nacional, de celos y odios nacionales hábilmente alimentados por gente que persigue sus propios intereses de clase, egoístas o personales: “Debe mostrar que el desarrollo de cada nacionalidad fue consecuencia de varias grandes leyes naturales, impuestas por los caracteres físicos y étnicos de la región que habitara; que los esfuerzos hechos por otras nacionalidades para frenar su desarrollo natural habían sido meros errores; que las fronteras políticas son reliquias de un bárbaro pasado; y que el trato entre los distintos países, sus relaciones y su influencia mutua, están sometidos a unas leyes tan poco dependientes de la voluntad de separar a los hombres como las leyes que rigen el movimiento de los planetas.”[17]

(3) “Esta segunda tarea es todavía mayor; pero existe una tercera, quizás todavía mayor: la de acabar con los prejuicios sobre los que nos erigimos con respecto a las llamadas <<razas inferiores>> -y esto precisamente en una época en que todo hace prever que pronto entraremos en un contacto con ellos mucho mas intimo que nunca-.”[18] Esto para combatir todos los prejuicios lanzados por las razas civilizadas en contra de las razas colonizadas (americanas, africanas, asiáticas, etc.). Kropotkin critica el hecho de que a los niños comúnmente se les enseña a despreciar a los salvajes y a considerar las verdaderes virtudes de los paganos –no civilizados- como un crimen disfrazado, así como a mirar a las “razas inferiores” como un mero estorbo para el desarrollo de la civilización moderna en el mundo. “Hasta ahora los europeos han <<civilizado a los salvajes>> con whisky, tabaco y el secuestro; les han  inoculado nuestros propios vicios; les han esclavizado. Pero está llegando el momento en que consideraremos que tenemos que darles algo mejor –esto es, el conocimiento de las fuerzas de la naturaleza, las formas de utilizarlas, y las formas superiores de vida social-. Todo esto, y muchas otras cosas, debe enseñarlas la geografía si intenta realmente convertirse en un medio de educación.”[19]

De aquí se desprender los tres objetivos que Kropotkin asigna a la geografía: “despertar en nuestros niños la afición por todas las ciencias naturales; enseñarles que todos los hombres son hermanos, sea cual sea su nacionalidad; y enseñarles a respetar a las <<razas inferiores>>. Así entendida, la reforma de la educación geográfica es inmensa: es nada menos que una reforma de todo el sistema de enseñanza seguido en nuestras escuelas.”[20]

De esto se desprender ciertas consideraciones realizadas por Kropotkin en contra de la totalidad del sistema de enesañanza, que tiene relación con un debate entre dos sistemas educativos: el de los defensores de los estudios clásicos y el de los estudios de las ciencias naturales. Para sortear esta problemática y poder realizar la reforma necesaria, tanto la geografía como propiamente el naturalismo deben poder subvertir sus métodos clásicos de enseñanza, para convertir sus metodos en una poderosa arma para el autoestudio, por parte de los alumnos, para que estos puedan llevar a cabo la autointerrogación, el autorazonamiento y la autoreflexion. Por otra parte, es necesario que los alumnos, mediante sus estudios puedan realizar los sentimientos humanitarios: “en una educación como esa, la geografía tendría su lugar correcto. Manteniendose como ciencia natural, asumiría, junto con la historia (tanto la historia del arte como la de las instituciones políticas), la inmensa tarea de preocuparse por el lado humanitario de nuestra educación –en la medida en que la escuela es capaz de desarrollarlo”, y estos sentimientos humanitarios “no pueden desarrollarse a partir de libros –como proponen los defensores de los estudios clásicos– si toda la vida exterior a la escuela actúa en una dirección opuesta. Para ser reales y para convertirse en cualidades activas, los sentimientos humanitarios deben surgir de la práctica diaria del niño. (…) Introducir en la educación de las ciencias naturales el elemento humanitario es necesario.”[21]

Por lo tanto, sorteando estos dos ejes de consideraciones [el primero sobre la educación geográfica proporcionada a los niños, y el segundo de las oposición entre los dos sistemas educativos], por fin podemos señalar más claramente los elementos que deberían constituir la geografía desde la perspectiva anarquista de Kropotkin:

(i) “La geografía debe ser, en primer lugar, un estudio de las leyes a que están sometidas las modificaciones de la superficie terrestre: las leyes –porque esas leyes existen, por imperfecto que sea nuestro actual conocimiento de ellas- que determinan el crecimiento y la desaparición de los continentes; sus configuraciones presentes y pasadas; las dirección de los distintos levantamientos de la corteza terrestre –todos ellos sometidos a algunas leyes telúricas, como la distribución de los planetas y de los sistemas solares que están sometidos a leyes cósmicas.”[22]

(ii) “En segundo lugar, la geografía tiene que estudiar las consecuencias sobre el clima de la distribución de continentes y océanos, de altitudes y depresiones, de cortaduras y grandes masas de agua.”[23] De los avances de la meteorología debería poder emerger una parte de la geografía, la climatología, con la finalidad de determinar la influencia sobre el clima de las causas topográficas locales.

(iii) “Una tercera rama inmensa, que también requiere sus propios especialistas, es la de la zoo y fitogeografía. Mientras la botánica y la zoología eran consideradas como ciencias meramente descriptivas, podían tocar accidentalmente el tema de la distribución de plantas y animales sobre la superficie terrestre. Pero se han abierto nuevos campos de investigación.”[24] Nuevos campos de investigación como el origen de las especies, las adaptaciones de las especies, sus modificaciones, su interdependencia, la aparición de nuevas especies, etc.

(iv) “Y queda ahora la cuarta gran rama del conocimiento geográfica, aquella que aborda las distintas familias humanas existentes sobre la superficie de la tierra. La distribución de las familias humanas; sus características distintivas y las modificaciones experimentadas por esas características en climas diversos; la distribución geográfica de la raza, creencias, costumbres, y formas de propiedad, y su estrecha dependencia de las condiciones geográficas; la adaptación del hombre a la naturaleza que le rodea, y la mutua dependencia entre ambos; las corrientes migratorias, en la medida en que dependen de causas geológicas; las aspiraciones y sueños de las distintas razas, en la medida en que son influenciadas por los fenómenos de la naturaleza; las leyes de distribución de los poblamientos humanos de cada país, que se manifiestan en la persistencia de poblamientos en los mismos lugares desde la Edad de Piedra hasta nuestros días; el surgimiento de las ciudades y las condiciones de su desarrollo; la subdivisión geográfica de territorios en <<cuencas>> fabriles naturales, que no resisten los obstáculos planteados por las fronteras políticas: todo esto constituye una amplia serie de problemas que recientemente han crecido ante nosotros.”[25]

Es decir, que toda esta idea de lograr una geografía anarquista va asociada con la idea de autogestión anarquista. Esa es la clave para realizar la lectura del paisaje geográfico que describe Kropotkin. La tradicion antimilitar contra la guerra, contra la idea geografía de Ratzel, su lebenrsraum, que implica la decisión de optar por la lucha por espacio vital en vez de realizar la solidaridad universal de la naturaleza, el verdadero postulado verdaderamente ecológico, sin analogías biologizantes, sino mas bien con por medio del reconocimiento de los diversos aspectos del ser humano, la razón, los sentimientos humanos y su capacidad de romper con el determinismo de la materia por el trabajo y su desarrollo intelectual.

*                   *                   *

Conclusiones preliminares

Mi conclusión preliminar es bastante simple. La geografía burguesa basa todo su concepto supeditado a las necesidades de los estamentos de poder a nivel internacional, es decir, las estructuras de poder burocrático desde los países hegemónicos, o como los llamo Bakunin potencias, a los países que solo construyen su economía a partir de modelos de realización determinados por los países dominantes; así como dentro de los países el país oficial vuelve esclavo a la parte mayoritaria del país en un sentido popular. Esto queda clarísimo en la repartición geográfica de las colonias por los países europeos, de las colonias de África, América y Asia, y de las relaciones internas que se instauraron sobre estos países colonizados. Por esta necesidad, este fin maligno y egoísta del capitalismo y todas las corrientes liberales republicanas, se organizaron comunidades de científicos a nivel internacional, a modo reflejo de lo que hicieron las comunidades burguesas políticas y capitalistas. Obviamente se tenía que producir una reacción importante contra el movimiento verdaderamente teológico del positivismo, cuya esencia recidia en el origen divino y supremo del ser, del evolucionismo biologizante de toda la vida en lo Unitario por sobre lo particular, lo Único [como recalca Max Stirner], y del romanticismo, es decir, movimiento del historicismo en la geografía. Esa reacción devino en pensamiento anarquista y socialista principalmente. Sus más claros exponentes plantearon formulas alternativas revolucionarias a los modos y procesos de producción enmarcados en el acoplamiento a gran escala de las estructuras de poder, que significo el triunfo del estatismo, simbólicamente marcado a partir de la pérdida en la Comuna de Paris en 1871.

Las aplicaciones contemporáneas de estos modelos son actuales porque son permanentemente realizadas en la vida cotidiana a pequeña o gran escala, quiérase o no se quiera, pues las comunidades naturales son siempre anteriores a la creación e implantación de las estructuras políticas. El mutualismo de Proudhon, el colectivismo de Bakunin y el anarcocomunismo de Kropotkin pueden ser válidamente empleados para reemplazar estructuras de poder. A gran escala, en tiempo real, se puede aplicar accesoriamente las formas requeridas para realizar tareas que pueden ir desde el trabajo y la investigación a el disfrute humano de su libertad engrandesida por el afecto de crear y ser dueños de su propio trabajo. Felizmente el anarquismo no se define por escuelas ideológicas a la par de un autor determinado, sino más bien por sus prácticas y modelos prácticos como herramientas dispuestas. No se trata de teorías sino más bien de modelos de realización alternativos a los del capitalismo que están ahí, en la naturaleza de la solidaridad, en el desprecio por la guerra.

Bien muestra Lewis Mumford que la megamáquina que es el capitalismo [un conjunto de acoplamientos de maquinas a nivel mundial, de estructuras económicas], basa todo su poderío y mayores ganancias en el poder de la guerra, y de poder realizar la guerra por parte de los Estados potencias, que son las economías más poderosas en la actualidad, pues la guerra es la más grande economía del capitalismo. El antimilitarismo del anarquismo es la pieza fundamental de la geografía anarquista. Por lo tanto podríamos concluir por un lado, que frente a la problemática de la identidad del anarquismo con la geografía, no existe contradicción, a pesar del origen malicioso de la geografía como herramienta de poder. Quizás podamos enunciar en el anarquismo, el paso de la geografía militar a la geografía ecológica, verdaderamente ecológico, es decir, basada en la solidaridad de todos los pueblos.

[1] Ver Horacio Capel, Filosofía y ciencia en la Geografía contemporánea. Una introducción a la geografía, cap. VII: “Sociedades geográficas, geografía e imperialismo”, y  Cap. X: “el positivismo y la geografía”., Barcanova, 1988

[2] Ibíd., pág. 173-4

[3] Ibíd., pág. 282

[4] Ibíd., pág. 277

[5] El concepto de ecología fue popularizado por el evolucionista alemán Ernst Haeckel en Morfología general de los organismos (1866)

[6] Horacio Capel, Filosofía y ciencia en la Geografía contemporánea. Una introducción a la geografía, pág. 285

[7] Ibíd., pág. 290

[8] También rechazamos este tipo de analogías con respecto al organismo, porque en un sentido contemporáneo, se podría pensar y justificar que las diferentes regiones del mundo deban poseer una estructura jerarquizada de los órganos: (por ejemplo) toda la chatarra tecnológica del mundo (celulares, computadores, etc.) es arrojada sobre las costas de África. Ciertas consideraciones neocoloniales analógicas, nos podrían lleven a pensar y afirmar que esta zona es el “aparato digestivo o excretor” del mundo, y finalmente a considerar la concepción del organismo como una brutalidad necesaria para su ordenamiento. Otro ejemplo, seria considerar a las potencias económicas y regiones como “el cerebro” de la Tierra, y a los países atrasados, en vías de desarrollo o dependientes económicamente [conformadas como economías meramente extractivas de materias minerales o donde los países hegemónicos pueden conseguir mano de obra barata] como “las manos”, etc.

[9] Humberto Maturana y Francisco Varela, De maquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo, pág. 19-20, Editorial Universitaria, 5ta Edición, Chile, 1998

[10] Myrna Breitbart, Impresiones de un paisaje anarquista, aparecido en Anarquismo y geografía, pág. 33, Oikos-tau, s. a., España, 1989

[11] Ibíd.

[12] También estos aspectos están extraídos del texto citado anteriormente.

[13] Ibíd., pag.36

[14] Mijaíl Bakunin, Estatismo y anarquía, Santiago de Chile, Reediciones Sarri Sarri Editorial, Otoño 2011

[15] Piotr Kropotkin, Lo que debe ser la geografía, aparecido en Anarquismo y geografía, pág. 52, Oikos-tau, s. a., España, 1989

[16] Ibíd., pág. 54

[17] Ibíd., pág. 55

[18] Ibíd.

[19] Ibíd., pág. 56

[20] Ibíd.

[21] Ibíd., págs. 60-1

[22] Ibíd., pág. 62

[23] Ibíd., pág. 63

[24] Ibíd., págs. 63-4

[25] Ibíd., pág. 65

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