Figuración del poder despótico y terror en el arte del régimen barbárico Chavín

por Camilo Reyes Valle

1. A continuación quisiera presentar la pieza que escogí del Museo Chileno de Arte Precolombino: una botella zoomorfa con la figura de un personaje mítico sacrificador proveniente de la cultura Chavín. Esta es una pieza hecha en cerámica, en el periodo de entre 1800-1000 a. C., de 32,1 cm de alto por 20 cm de ancho. (figura en la imagen del post)

A partir de esta pieza que contiene una evidente simbología religiosa y ritual, de un personaje sacrificador, intentare abordar analiticamente la importancia de este y otros personajes míticos de la religiosidad Chavín, es decir, de sus dioses, y las funciones sociales que se derivan de esta constitución simbólica representativa, de los dioses y de este particular personaje sacrificador. En términos de Deleuze y Guattari nos referimos, a la constitución de la maquina despótica bárbara y las funciones que esta implica para el conjunto social Chavín; para de ese modo comprender el signo despótico que articula y otorga significancia al régimen de signos circular que compone al conjunto de signos establecidos en su lenguaje. Para esto aplicare las categorías analíticas del esquizoanalisis creado por Deleuze y Guattari, al análisis de algunos aspectos de la cultura Chavín… así que a continuación los dejo con tal desarrollo.

2. Antes de comenzar un análisis de las características culturales y religiosas del pueblo Chavín con las relaciones simbólicas y maquinicas que disponen, explicare brevemente en qué consiste este concepto de Deleuze y Guattari de la maquina despótica bárbara que utilizare para desplegarme sobre la significancia del régimen de signos instaurado sobre la religiosidad Chavín: “La instauración de la maquina despótica o del socius bárbaro puede ser resumida del siguiente modo: nueva alianza y filiación directa. El déspota recusa las alianzas laterales y las filiaciones extensas de la antigua comunidad. Impone una nueva alianza y se coloca en filiación directa con el dios: el pueblo debe seguir. Saltar a una nueva alianza, romper con la antigua filiación; esto se expresa en una maquina extraña, o mas bien en una maquina de lo extraño que tiene como lugar el desierto, impone las más duras pruebas, las más secas, y manifiesta tanto la resistencia de un orden antiguo como la autentificación del nuevo orden. La máquina de lo extraño es a la vez gran máquina paranoica, puesto que expresa la lucha con el antiguo sistema, y gloriosa maquina célibe, en tanto que instala el triunfo de la nueva alianza.”[1]

Este concepto esquizoanalitico expresa los caracteres más significativos de los regímenes de signos despóticos o del socius bárbaro: (1) expresa el modo en que se realiza una nueva alianza y una filiación directa, más allá del circulo territorial de la sociedad primitiva, de la maquina territorial primitiva que constituye la propia territorialidad [del socius primitivo que consiste sobre una primordial codificación de los signos, sobre el cual se constituyen los lenguajes primitivos: cuerpos marcados, tatuajes, perforaciones, todo lo que tenga que ver con “dar una memoria” a los individuos que componen la primera alianza y filiación primitiva de la tribu, etc.]. Esto implica un aumento de la población y un crecimiento de los núcleos de vida, las aldeas, etc.; (2) el déspota impone una nueva alianza a la comunidad, y el mismo se coloca en relación de alianza directa con dios, interpretando el significado de los signos divinos [como lo hacen los sacerdotes: interpretando los signos de la lluvia, la tierra húmeda, el aire y el cielo, las estaciones, los truenos, etc.], signos que la comunidad debe seguir [el propio signo del déspota]; (3) con esto, la nueva alianza rompe con la antigua filiación de la comunidad; (4) de este modo se realiza una maquina extraña que tiene como lugar el desierto, es decir, un no lugar divinizado, lugar o espacio donde se imponen pruebas y sacrificios; (5) esta sobrecodificación de los signos por el signo despótico [sobrecodificación por el signo despótico, por la significancia, de los códigos primitivos], es la expresión de la lucha con los antiguos sistemas [codificaciones] y de la superioridad del nuevo sistema, el signo despótico, y el paranoico, el déspota, el sacerdote que interpreta los signos divinos, su celibato, su pureza. (6) Por último, pero no menos importante: “Nuevos grupos perversos propagan la invención del déspota (tal vez incluso los han fabricado para él), expanden su gloria e imponen su poder en las ciudades que fundan o que conquistan.”[2] “Es de este modo que Marx define la producción asiática: una unidad superior del Estado que se instaura sobre la base de comunidades rurales primitivas, que conservan la propiedad del suelo, mientras que el Estado es su verdadero propietario de acuerdo con el movimiento objetivo aparente que le atribuye el excedente de producto, le proporciona las fuerzas productivas en los grandes trabajos y le hace aparecer la causa de las condiciones colectivas de la apropiación.”[3]

Estos elementos y categorías, se encuentran presentes dentro de la religiosidad del pueblo Chavín, solo nos queda revelar algunos de los elementos que componen su régimen. Por ejemplo, Luis Lumbreras en su libro De los orígenes del Estado en el Perú, dice: “Es éste un lugar (el templo de Chavín) que sirve de testimonio de lo que ocurrió en el país hace más de tres mil años, cuando unos hombres construyeron una nueva forma de vida. Ya no eran más, los habitantes andinos, trashumantes cazadores-recolectores, ya no eran más los semidesnudos salvajes de los primeros tiempos, pues las cuevas y los abrigos naturales habían sido abandonados gracias a la nueva técnica de construcción; todo era diferente, los instrumentos, las costumbres. (…) El nuevo régimen permitió un ascenso de la importancia de los núcleos de vida en las aldeas, de manera tal que ellas fueron creciendo en número y tamaño.”[4] He aquí la manifestación del principio de nueva alianza y el crecimiento en “numero” y “tamaño” de la comunidad Chavín a partir de un momento determinado. Luego en la misma página señala: “El avance de la tecnología agraria había creado la necesidad de nuevos tipos de personas, a manera de especialistas dedicados al estudio de los movimientos del sol, las estrellas y la luna y al mismo tiempo técnicos en la distribución de las aguas para la ampliación y servicio de los campos de cultivo; estos especialistas vivían en las aldeas y a medida que avanzaban sus conocimientos aumentaban su prestigio y su poder social; derivados del estudio, ellos eran poseedores del don ‘sobrenatural’ de controlar las lluvias y los cursos de agua, por lo tanto estaban ligados a los dioses; eran ‘sacerdotes’ de los dioses.”[5] He aquí la filiación directa del sacerdote déspota con los dioses y sus signos, y prueba de ello, es el poder sobrenatural que se les atribuía, por poder “controlar” [aunque más bien fuese una interpretación del significado de los fenómenos naturales por el conocimiento de algunas de sus causas], por medio de su conocimiento de astronomía o hidráulica, por ejemplo. Esto confirió al déspota, un poder intelectual que hizo remitir los signos hacia un signo despótico, por medio de cadenas de significancia o significado, arrojadas o dispuestas hasta y desde el templo del sacerdote, encarnada en el sacerdote mismo. Esto le confirió una autoridad intelectual, un poder social o por sobre la sociedad, la conformación de una clase y una educación diferenciada para sacerdotes y para clases trabajadoras: “Algunas aldeas devinieron, pues, en centros ceremoniales, que para ser tales requirieron de nuevos tipos de especialistas y otros servidores. En efecto, los sacerdotes, más bien técnicos hidráulicos, formaron en torno a los templos que ellos mismos empezaron a edificar, una elite de servidores “a tiempo completo” deslizados del campo, principalmente constituida por artesanos. Los ceramistas más destacados de la comunidad, los mejores tejedores, los picapedreros fueron asimilados al servicio de los templos, donde los sacerdotes “adivinaban” los periodos de sequia, de lluvia, etc. Los artesanos fabricaban los objetos litúrgicos que acompañaban las ceremonias de los sacerdotes.”[6]

Es interesante destacar en este punto, que todos los “oficios” de más alta categoría en la maquina territorial primitiva [ceramistas, tejedores, picapedreros, etc.], luego de la construcción del socius bárbaro, quedan subordinados al templo [que de por sí implica un signo despótico] y al poder adivinatorio del sacerdote [también con su propio signo despótico], es decir, que quedaron supeditados en valor un centro despótico. Esto implica otorgar una función social predominante a la capacidad de predecir fenómenos naturales. Del campo primitivo, de la territorialidad y ordenamiento del caos por la estabilidad de las marcas en los cuerpos, sobre la tierra, abierta pero registrada y cerrada por la memoria, encerrada en la estabilidad caótica del canto, del contacto con la tierra como un propio registro de esta, pasamos a la casa de los dioses, al templo, a otro tipo de estabilidad frente al caos, donde la función primordial no es marcar los cuerpos, sino que significar las marcas por la ciencia de la religión, la capacidad ancestral de prever y predecir los periodos de cultivo, de lluvias, etc., del sacerdote mismo a dios o los dioses de la naturaleza o del desierto.

Si nuevamente retrocedemos 3.000 años atrás, daremos cuenta de la conformación de la religión en la cultura Chavín, y daremos cuenta que pasó como con cualquier conformación de una maquina bárbara despótica: los centros religiosos se multiplicaron, con ello aumento la demanda de excedentes producidos por los campesinos a la vez que los nuevos déspotas con sus servicios religiosos, necesitaron, para mantener sus servicios, un mecanismo para sujetar a los campesinos y asegurar su existencia, contra las propias fallas en sus predicciones, o contra sus propios designios de periodos de sequia o plaga por ejemplo, y por esto crearon la religión. La religión fue el sistema que les permitió crear los mecanismos “legales” para una serie de medidas contra la población: la imposibilidad de los campesinos de negarse a entregar una parte de la producción; la instauración de un sistema de obligaciones imprescindibles, sancionadas en su incumplimiento por los dioses, debido a la socialización del pensamiento de que, en última instancia, eran los dioses los que debían ser retribuidos; etc. De esto paso que los sacerdotes se dieran a la tarea de crear dioses, uno para cada fuerza de la naturaleza: “Los sacerdotes fusionaron sus conocimientos con la habilidad de los artesanos y ambos, en santa alianza, edificaron en piedra, en barro, en hueso o en telas un Olimpo tangible de dioses severos, mas bien feroces, represivos, dueños de todos los poderes y acreedores de todos los hombres y su trabajo. Se estableció así la Teocracia.”[7]

Hagamos una breve descripción del templo de Chavín para hacernos una idea más material de lo que podíamos encontrar en aquel lugar: “Cuando se ingresa al templo de Chavín, se tiene la sensación de entrar en un mausoleo lleno de fantasmas feroces. El silencio es total, pues ni siquiera se escucha el ruido del viento exterior, del que uno está separado por gruesas murallas y un sólido techo de piedra. Las galerías son angostas, altas, frías; es fácil perderse en ellas; forman un laberinto cruel para el neófito. Al centro y clavado en lo profundo de la tierra; le llaman “el Lanzón”, tiene más de cuatro metros. Pero no es simplemente la figura de un cuchillo, es mas bien la terrible imagen de un dios humanizado, que ávido de sangre muestra sus fauces con filudos colmillos curvos. Tiene la mano derecha en alto y las uñas son garras y los cabellos son serpientes. Es impresionante la figura de este dios perdido hoy en el laberinto de un templo destruido por los siglos.”[8] He aquí la máquina de lo extraño, señalada por el esquizoanalisis, imponiendo las duras pruebas [el laberinto] y los castigos a los infieles y transgresores, el miedo a la representación de un dios devorador de carne.

Además, de este dios de piedra, el templo alberga la imagen de un dragón que contiene en su cuerpo todos los elementos del mundo natural, las plantas y los animales, pero al mismo tiempo devora a las aves, los felinos, los peces y tiene colmillos inmensos, capaces de destruir todo: una divinidad dual, en unos casos femenina y en otros masculina. Lumbreras señala al respecto de estos dioses de piedra: “Las piedras Chavín fueron pues los fieles instrumentos represivos de esta nueva gestación; con ellas los sacerdotes vieron asegurado su poder, y, en consecuencia, su subsistencia. Las piedras fueron los celosos guardianes del Estado incipiente, los medios de dominación.” Y concluye: “Así fue cómo surgió la civilización en los Andes, bajo la garra del mito, que obligando al pueblo a producir excedentes, permitió la aparición de las clases sociales y el Estado.”[9] Todas estas representaciones de dioses devoradores expresan la lucha contra el antiguo régimen primitivo y a la vez que la grandeza y el poderío del nuevo régimen. Sus signos son la imagen del terror y la agonía, puesto que expresan el poderío despótico, una fuerza contra la cual nadie puede luchar, la paranoia de no poder ofender a tales dioses, de no cometer la osadía.

3. De lo anterior podemos adentrarnos a sacar algunas conclusiones con respecto a la botella zoomorfa con la figura de un sacrificador: (1) por las características del personaje representado [grandes colmillos, garras y mirada de un animal feroz], podemos concluir que quizás se trata de un sacerdote representante de una divinidad, sino es que, propiamente una divinidad dedicada a efectuar los sacrificios de sangre; (2) Se concluye que el aspecto terrorífico se deriva también de la función social que cumplían los dioses en el sistema religioso [infundir el terror a la transgresión de los intereses de las clases sacerdotales]; (3) debido a la ultima evidencia surgida, se concluye que esta representación constituye o podría constituir un sacrificio de sangre humana, quizás con afán de subvertir una sequia o una plaga, o para ejemplificar con un castigo, de lo que se concluye que esta representación quiere identificar una situación concreta de la vida, que representa al mismo tiempo, y siguiendo nuestras conclusiones preliminares, una representación de la lucha contra el antiguo régimen por la glorificación del nuevo orden religioso.

Cabe preguntarnos, ¿Por qué dioses zoomórficos, humanizados, devoradores de carne y sangre? Acaso la zoomórfica figura quiere intentar establecer el carácter divino de unidad entre el sacerdocio con lo sobrenatural, como lo extraño, lo grandioso, para empequeñecer lo humano. ¿Por qué ese deseo de representarse de ese modo? ¿Para infundir el miedo y solventar la obediencia? Quizás estas y otras preguntas queden como preguntas sin responder, pero cabe observar, como acotación final, que esta tendencia a representar a las clases sociales como surgidas por línea divina, es una característica esencial de las religiones de Estados imperiales antiguos: otro ejemplo claro, es el poema babilónico, Enuma Elish, que también atribuye caracteres sobrenaturales a las líneas de filiación sacerdotal. En el poema mencionado se dice que los primeros gobernantes son descendientes de Anu. Otro ejemplo, son los faraones egipcios que encarnan el signo de Ra, como descendiente de Horus, o en la religión hebrea, de Moisés como descendiente o portador del destino del pueblo judío por línea directa de los “hijos de Dios”. La cuestión es que cada clase dominante se ha hecho parte de estos mitos en todos los regímenes circulares que pueden llegar a caracterizarse como regímenes barbaros despóticos.

Por lo tanto la botella es un producto de la unidad artística de artesanos y sacerdotes, que otorgaron un sentido religioso a los signos constituidos primitivamente, orientándolos como signos despóticos hacia el templo por la figura misma del déspota-sacerdote, por lo tanto estamos ante una figura de un marcado carácter simbólico de poder, pues ejemplifica la figura de un sacrificador que no esta sacrificando, pero que se encuentra dispuesto a la espera de ejecutar un castigo. No sabemos si la botella era un utensilio mas entre otros utilizados en un verdadero sacrificio humano, o si era una decoración, o si era de uso corriente, sin embargo, de cualquiera de estas formas sigue siendo una pieza que figura y representa al poder y el miedo, para infundirlo sobre la población.

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Notas:

[1] Deleuze y Guattari, El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, pág. 199,  1a. ed., Buenos Aires, Paidós, 2005

[2] Ibíd.

[3] Ibíd., pág. 201

[4] Luis G. Lumbreras, De los orígenes del Estado en el Perú, pág. 54, Editorial Carlos Milla Batres, Lima, febrero de 1972

[5] Ibíd.

[6] Ibíd., pág. 56

[7] Ibíd., pág. 57

[8]

[9] Ibíd., págs. 60, 62.

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