Causas e influencias que desencadenaron la independencia chilena según las distintas escuelas historiográficas. (Camilo Reyes)

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Según las distintas escuelas o corrientes historiográficas, tenemos ante nosotros diferentes caracterizaciones de las causas e influencias que desencadenaron la Independencia, por lo cual procedo a describir las distintas interpretaciones de este hecho partiendo de la interpretación conservadora, que en mi opinión es la posición más abierta y decididamente aristocrática. Sera bueno partir de esta interpretación, pues esta es la que más se acerca a la propia visión representativa que estimaba la elite criolla en cuanto a su rol en este proceso de transición histórica de la dominación colonial hispana a su nueva fase de dominación.

Durante este curso hemos enfocado nuestra atención, en más de una ocasión, sobre la interrogante de si la elite criolla poseía o no un proyecto revolucionario con un sustento ideológico distinto del que poseyeron los criollos durante la colonia, y hemos concluido conjuntamente que no había tal proyecto según esta visión conservadora. Ahora debemos adentrarnos más profundamente en los contenidos de esta visión, siguiendo la lectura del libro de Alberto Edwards La fronda aristocrática: la fronda de 1810 no se fundó a raíz de la irrupción de ideas foráneas (ni por causa de las ideas de la ilustración, ni bajo la influencia de la revolución francesa), sino por medio de un principio de carácter religioso y jurídico, que es el de la soberanía nacional. Según Edwards, esta formula simple ya era aceptada en la edad media por los escolásticos, mientras que contemporáneamente los modernos ya habían revestido a tal principio de un carácter filosófico demostrable ante la razón moderna. Por lo cual la instauración de la republica chilena no fue el producto de un proyecto revolucionario democrático elevado por la aristocracia, sino más bien el resultado del hecho accidental de la captura y encierro de Fernando VII por el ejercito de Napoleón en 1808 (la ausencia del poder dinástico hispano), que detono la reacción de la aristocracia criolla que de un lado, no deseaba obedecer el brazo del usurpador francés, ni de otro tampoco podía seguir bajo el dictamen de un monarca hecho prisionero. Esta situación llevo a la ruptura de la aristocracia criolla (verdaderos dueños de la riqueza: de la fortuna y de la tierra), con el poder monárquico representado por los súbditos privilegiados del Rey hispano, los intendentes puesto en esos altos oficios desde la instauración de las reformas de los borbones. Si bien en una primera instancia, el presidente Carrasco se puso del lado de los criollos, los caudillos más osados de la aristocracia criolla terminaron por rechazar su sometimiento al dominio de los peninsulares, por lo cual surgió un antagonismo entre los dos grupos señalados por Edwards, desenvolviéndose una guerra de clases y civil entre Hispanos (que Alberto identifico en términos raciales como los godos, los sarracenos, el sequito del presidente que constituían el partido dominante), y la aristocracia criolla (que eran los grandes señores chilenos, dueños de la fortuna y de la tierra, en suma, de los portadores del principio de la soberanía nacional en el sentido tradicional). Estos últimos no podían permitir que el dominio se les escapara, por lo cual el 18 de septiembre de 1810, terminaron por organizar una asamblea donde reunieron a toda esta nobleza, y a las corporaciones de la ilustre ciudad de Santiago (la parte del barrio “patricio”), poniendo en sus propias manos los destinos de Chile. Esta nobleza constituiría la fronda aristocrática a la que refiere característicamente el titulo de este libro.

Interesante de desatacar en este punto, son dos elementos que he podido observar del paradigma conservador: (1) el notable antagonismo reciproco entre la postura de Gabriel Salazar y Alberto Edwards, en tanto ambos coinciden en que la aristocracia criolla se apoyo y aprovecho del principio de carácter religioso y jurídico de la soberanía nacional, cuya proposición ya se encontraba formulada en la penumbra de la edad media: como Edwards lo utiliza para reclamar el derecho soberano de la aristocracia, y como Salazar demuestra la instrumentalización de este derecho que residía original y realmente en el pueblo; (2) también es importante decir, con respecto al punto anteriormente destacado, que Edwards no atribuye ningún carácter valorable a las clases subordinadas a quienes desprecia racialmente como “andaluzes”, atribuyéndole caracteres mediocres, mientras que Salazar por el contrario intenta audazmente elevar una postura antinómica frente a la conservadora, por medio del concepto de comunidad, caracterizando al pueblo como portador de la actividad y del derecho (religioso y jurídico), y al patriciado mercantil como fundadores de un orden deficiente y dictatorial -como ya veremos más profundamente al tratar el paradigma de la Nueva Historia.

A continuación debemos confrontar el paradigma liberal, tomando como base de nuestra critica el libro de Simon Collier Ideas y política de la independencia chilena, 1808-1833, y el libro de Sergio Villalobos Tradición y reforma en 1810. Entre los temas principales en que se debate este paradigma liberal (representado por estos autores), se encuentran las influencias de las ideas foráneas (como la independencia de EE.UU., la ilustración, la revolución francesa), caracterización de la época colonial como una época nefasta de opresión y explotación, el patriotismo y nacionalismo, el debate sobre la influencia de grupos separatistas, entre otros. Para explicar de manera satisfactoria el paradigma liberal, en primer lugar identificare los puntos comunes entre el planteamiento de Villalobos y Collier, puntos que dan cuerpo al paradigma liberal, para luego identificar las diferencias. Esto último debido a que los puntos en común, me parecen, se muestran más fuertes que los que distancian sus posturas, en tanto en ambos prevalece la idea de progreso con respecto a la sociedad colonial.

En primer lugar, ambos autores están de acuerdo en el punto de que existía un evidente descontento entre los criollos con respecto a la variable política (desde ya nos hemos distanciado del paradigma conservador que en ningún momento menciono tal descontento en el periodo colonial, sino hasta pasado 1808). De un lado, Collier menciona que el descontento de los criollos era de triple raigambre, en tanto en el plano económico Chile se encontraba subdesarrollado (“pariente pobre del Virreinato del Perú”), en el plano educacional y siguiendo las observaciones de Manuel de Salas, también se encontraba en situación de atraso con respecto a los adelantos educacionales de España, mientras que en el plano político destaca que los criollos aspiraban a cargos administrativos superiores al Cabildo, cargos de administración pública que se encontraban en manos de los peninsulares. Del otro lado, Villalobos señala los problemas del comercio chileno (cuyo mercado comercial interno no podía competir con el contrabando de mercancías), por lo cual los criollos deseaban un incremento de la producción agrícola e industrial (en vista de que la Corona no desarrollo políticas para incrementar la producción local, y muy por el contrario impuso, con las reformas borbónicas una nueva política tributaria en desmedro de las localidades). Villalobos menciona un elemento nuevo con respecto al paradigma conservador, esto sobre la base de que tal descontento con respecto al desarrollo económico no solo afecto a la oligarquía criolla, sino que también calo profundo en “la canallada”, a través de las palabras de Manuel de Salas. Villalobos, al igual que Collier, destaca el atraso chileno en materia de educación y cultura, pues las personas que sobresalían por ejemplo, en los estudios de filosofía y política “podían ser contadas con los dedos”: “dado el atraso cultural que imperaba, las personas que lograban sobresalir por sus conocimientos o habían renovado sus ideas, lo debían a su propio esfuerzo” (pág. 71, Ediciones Universidad de Chile, 1961). De esta cita de Villalobos podemos extraer su opinión de que Chile colonial no poseía los estándares mínimos de un sistema educacional y cultural, como los que poseen en la actualidad, aunque sea deficientemente, la mayoría de las naciones contemporáneas. También con respecto a las condiciones institucionales de enseñanza él refiere que existía “un completo abandono de la enseñanza.” Cabe aquí destacar una diferencia entre Villalobos y Collier, pues este ultimo parece atribuir un papel mas predominante a la introducción de libros y literatura revolucionaria, como en general por la introducción de ideas nuevas. En cuanto al descontento político de la oligarquía criolla se debía al desplazamiento que sufrían estos en cuanto a la obtención de cargos públicos, en el desprecio de los meritos de los nacidos en América.

Otra causa importante de la independencia para el paradigma liberal, es el sentimiento patriótico criollo, que según Collier, comenzó a formularse lentamente en el siglo XVIII. Este sentimiento nacional se formo en el seno de las sociedades coloniales bajo la forma de una personalidad nacional: amor al suelo chileno y sus muchas bellezas naturales, de la idealización del araucano. Personajes importantes que destacaron este sentimiento nacional en sus escritos son el padre Alonso de Ovalle, el abate Juan Ignacio Molina, y también el ya citado Manuel de Salas. Otro tanto menciona Villalobos en cuanto señala que los criollos querían hacer “la grandeza del país”, por medio de una comprensión de sentido heroico que podía identificarse tanto con las glorias de los antepasados españoles como con las de los de raza aborigen, proceso que concluiría con cierta identificación de los criollos con la raza aborigen en cuanto vieron en los hispanos, a partir de 1810, a viejos conquistadores opresores.

Por fin llegamos al punto que mayor distancia provoca entre ambos autores, el hecho de que para Collier el papel de las ideas nuevas es fundamental (ideas de la revolución francesa, independencia de EE.UU., los viajes al nuevo mundo de O’Higgins, las lecturas prohibidas de política revolucionaria), mientras que Villalobos le atribuye un escaso valor a estas ideas. A nuestro primer autor, el análisis lo lleva a concebir la teoría de que estas ideas separatistas y revolucionarias tuvieron efectiva y activa recepción en la aristocracia criolla, desde antes de la independencia al punto de desnudarse y estallar con la coyuntura de la captura del monarca hispano: la idea de que la oligarquía poseía un proyecto revolucionario; mientras que a Villalobos, la tesis de la débil e insignificante influencia, por ejemplo, de la revolución francesa, y su tesis de la tranquilidad y la paz social en la época colonial y en general en el siglo XVIII, lo lleva a formular la idea de la reforma, sobre la base de los procesos políticos inherentes a la necesidad de superar la etapa de la colonia, pues la elite terrateniente, dueña de las riquezas, del dinero y la tierra, de las haciendas, buscaba realizar un progreso, tanto en las obras publicas, en materia económico, por medio de la patriótica idea del progreso del reino chileno. De esto, opino que, en cierta medida, la interpretación de Villalobos se ajusta a la interpretación del paradigma conservador en tanto recoge el elemento de la “tradición” (y el argumento de la nula influencia de causas externas e ideas foráneas), aunque con la notable diferencia de que para el paradigma conservador, la independencia parece tratarse de un fenómeno que se ajusto a las condiciones coloniales del status quo, mientras que para Villalobos se trata mas bien de una ruptura con la época colonial que se tiende a considerar nefasta.

A continuación debemos examinar el paradigma del marxismo clásico de la mano de Hernán Ramírez Necochea, historiador estalinista que intento hacer calzar el modelo del marxismo clásico con la historia de la independencia, esto en su libro Antecedentes económicos de la Independencia de Chile. Dos son los fenómenos más importantes que utiliza de piedra angular para desplegar su análisis histórico. El primer gran fenómeno que caracteriza es el que llama, “el fenómeno de mayor significación histórica”, el de la contradicción de carácter masivamente subjetiva que se vivía en Chile a finales del siglo XVIII, de constituir ya una entidad nacional chilena, y poseer al mismo tiempo de hecho, la calidad de país colonial. De otro lado, el otro gran fenómeno de carácter masivamente objetivo, es el de un conflicto de intereses entre los del reino de Chile y los de la estructura total del Imperio Hispánico: “(…) los grandes fenómenos históricos del siglo XVIII, es incuestionable que ellos –en su conjunto- contribuyeron a crear condiciones para que el antagonismo floreciente entre colonias y metrópoli tomara cuerpo, se hiciera mas denso, y para que los criollos de cada colonia pudieran formular mas fundadas quejas o exponer más definidas aspiraciones, todo lo cual –en ultimo termino- los lanzaba por el plano inclinado que debía conducirlos a la Independencia.” (pág. 14). Lo que sanciona Ramírez Necochea, es que en general las colonias habían madurado lo suficiente como para abrazar cierta potencialidad necesaria, que les permitiera emanciparse y continuar su desenvolvimiento social natural, más allá del régimen colonial y sus restricciones, régimen que estaba entrando en crisis y decadencia, que suscitaba las contradicciones ya mencionadas, y que mantenían en un estancamiento económico a las colonias que deseaban avanzar hacia su liberación, siguiendo su evolución social y económica. Esta tesis implica “el reconocimiento de la inevitabilidad de la Independencia”. Aunque nuestro autor reconoce que antes de 1808 la idea de independencia se encontraba prácticamente ausente en el ánimo de los sectores dirigentes de la sociedad chilena, señala que a partir de 1808 la actividad política de la aristocracia criolla salió de su tradicional letargo, por lo cual comenzaron a aflorar las pugnas entre los españoles (representados en la Real Audiencia) y los criollos (representados en el Cabildo), tomando conciencia estos últimos, del papel directivo que debían asumir en este proceso de emancipación. Interesante de destacar, es que este autor menciona que a lo menos desde los primeros decenios del siglo XVIII, se encontraban dadas las condiciones objetivas que impulsaban al reino de Chile hacia su emancipación, y también notar que la aristocracia criollo solo respondió con la idea correspondiente (su conciencia de clase dirigente) a partir de 1808. Podemos ver aquí claramente, la distinción marxista clásica entre las condiciones dadas de una clase en sí (la aristocracia criolla), y su conciencia para sí, que finalmente pudo reconocer su papel histórico y llevar hasta el final su emancipación política y económica.

Para terminar con el paradigma marxista clásico, quisiera poder profundizar un poco en el tema de la crisis de crecimiento que explica la inevitabilidad de la independencia chilena: según Necochea, los intereses nacionales de Chile se encontraban bajo una doble sujeción, aprisionados por los intereses económicos de España de un lado, y los intereses económicos del Virreinato del Perú. Esto puede ser fácilmente evidenciado por las condiciones económicas de Chile pre-independiente: carencias en las exportaciones a otras provincias del reino, falta de agentes industriales, explotación restringida, desocupación y pobreza de las clases populares. De esto que Ramírez Necochea apoye sus argumentos de la necesidad inherente de independencia, en ciertas proposiciones tendientes a resolverlas, para romper el estancamiento y enclaustramiento económico en que se encontraba preso el reino. Estas propuestas las ha tomado nuestro autor, de la boca de: (1) Ambrosio O’Higgins (quien poseía un criterio a favor del fomento de la producción, para impulsar su desarrollo), (2) Jose de Cos Iriberri (quien ante los antecedentes del escaso desarrollo de la producción y la limitación y estrechez del mercado externo, dio cuenta también de la necesidad de aumentar y diversificar la producción agraria) y el ya citado anteriormente (3) Manuel de Salas (que se ocupo también de la cuestión económica, dando cuenta de la improductividad del país, población en forzosa inactividad y riquezas naturales desperdiciadas, frente a lo cual también propuso ensanchar y diversificar la explotación minera, la producción agrícola y las actividades manufactureras, además de dar cuenta de la necesidad de impulsar una renovación técnica y de activar un comercio internacional, lo que equivalía al establecimiento de la libertad de comercio que abriría sus puertas a las diversas ramas de la producción nacional). Estos ideales se encontraban en completa contradicción con respecto a la estructura económica imperante: entre las fuerzas económicas que deseaban expandirse y los factores económicos incluidos en rígidos marcos legales y políticos que impedían y obstaculizaban esas fuerzas de expansión. De aquí que se diera la ruptura completa de Chile con el Imperio español, y con ello, según la tesis del autor, se consagrara, junto con la independencia política, la independencia económica del reino de Chile.

De este paradigma marxista, cabe mencionar el intento por englobar holísticamente todos procesos históricos que desembocan en la revolución independentista, frente a la interpretación del paradigma liberal que tiende a explicar y a dar una multiplicidad de causas divergentes, un discurso no necesariamente unificado, un discurso que como hemos visto, se debate entre la reforma y la revolución, entre adaptación y destrucción del orden colonial.

Por fin nos encontramos frente al paradigma que considero más original dentro de todos estos autores que hemos revisado, paradigma que bajo mi interpretación, se sirve de una suerte de anarquismo metodológico al intentar explicar el desenvolvimiento de los hechos desde abajo hacia arriba, como rezan las consignas de los revolucionarios anarquistas. Esto además lo digo de acuerdo a razones epistemológicas: el esquema marxista que antes felicitábamos como un avance, ahora se muestra estrecho al igual que los demás anteriores enfoques, pues explican las causas de la independencia y sus implicancias sobre el terreno de la alta política, sin descender mas allá de la cascara superficial de la sociedad de clases, siempre dentro del esquema político oficial. Esta interpretación anarquista que refiero, incluye por el contrario, a los sujetos populares y otros sujetos que no encajan en la interpretación oficial, ya sea la liberal o la socialista marxista que solo se enfocan en la hegemonía de la aristocracia criolla. Esta interpretación original corresponde a la de Gabriel Salazar en su libro Construcción de Estado en Chile (1800-1837). Democracia de los “pueblo”, militarismo ciudadano, golpismo oligárquico. En este libro, Salazar da una gran relevancia a las instituciones comunales como los cabildos, y regionales como las asambleas provinciales, en cuanto a la construcción de la identidad nacional, como fuentes del poder constituyente de la ciudadanía chilena. Como ya hemos mencionado, esta metodología la adopta con el fin de desmitificar las creencias de la memoria oficial, que se encumbran sobre el mito de la estabilidad y la duración prolongada del régimen político republicano, sobre la base de un sistema defectuoso. Veamos los elementos teóricos de su concepción de la sobernia política y la construcción del Estado, de abajo hacia arriba, de Gabriel Salazar.

Según nuestro autor, un orden político propiamente tal, no debe ser juzgado por su sola prolongación en el tiempo, sino que debe ser estimado por sus dos variables o criterios más importantes: (1) el grado de participación efectiva, soberana y deliberada de la ciudadanía en su ideación e instalación, puesto que ahí radica su legitimidad. (2) El nivel de desarrollo económico, social y cultural que es capaz de generar en todos los sectores de la sociedad civil. De este modo sintetiza que, (3) un régimen verdaderamente eficiente, es aquel que permite que la masa ciudadana se transforme en un actor colectivo, para que la soberanía popular se ejerza libremente y alcance el bienestar popular. Este marco teórico de Salazar, proporciona el esquema mediante el cual el Estado portaliano es caracterizado como un orden perdurable, pero políticamente enfermo, esto debido a que constituye un orden político instaurado mediante un proceso de golpe de estado oligárquico, que no cumple ninguna de las condiciones ya especificadas, pues se excluyo en su construcción nacional, a las comunidades, la ciudadanía, a los pueblos en sí. Es decir, que el actual régimen democrático chileno, fundado en una tradición autoritaria y portaliana, tampoco cumpliría con la condición de ser un orden político deliberativo y soberano de la ciudadanía.

Lo primero que se menciona como elemento importante, es que los colonos americanos (por medio de una tradición medieval reconocida por Alfonso X el sabio), siempre fueron pueblos con fueros, frente a los cuales los reyes debían comportarse bajo una ética cívica. Según esta ética, el rey debía reconocer la soberanía específica de los pueblos en cuanto estos podían apoderarse de la tierra y someterla al trabajo productivo, como un deber y derecho inherente del pueblo. Estas comunidades, los pueblos, se constituían como tales por medio de los Ayuntamientos o Cabildos, pues estos eran los lugares de reunión en los cuales la comunidad podía hablar, tomar decisiones y hacer valer su fuero. Sin embargo, a pesar de este carácter original del Derecho de los Pueblos a la soberanía como comunidades hispanoamericanas, fue desarrollado por los Reyes hispanos en la dirección contraria de la comunidad, en el afán de crear una nueva elite señorial que les permitiera establecer una efectiva colonización, por lo cual se impulso la creación de un aparato burocrático intermedio, que sirviera de puente político entre las masas colonizadoras y la Corona. En este proceso, los reyes incluyeron progresivamente los oficios de elección popular para los Cabildos en la nomina de los Oficios Reales (Carlos V, por ejemplo, tendió a reemplazar la asamblea de vecinos por las sesiones de sus representantes, los llamados capitulares). De este modo la burocracia real se imponía a los núcleos de soberanía popular por los capitulares, a la vez que los cabildos quedaban entregados en las manos de las burguesías coloniales, el patriciado mercantil. Así se perdía poco a poco el derecho soberano de los pueblos: al momento de la captura de Fernando VII, los Cabildos agrupaban dos tipos distintos de Oficios: (1) los oficios concejiles vinculados a las comunidades productoras, al Pueblo, y (2) los oficios imperiales en los cuales se ocupaba la elite colonial: el mercado intercolonial y la gobernación local. El patriciado mercantil, en sus ansias de poder, deseaba transformar su creciente poder comercial en un poder político, por lo cual, antes, pero más abiertamente luego de la crisis imperial de 1808, utilizaron el Cabildo como contrapoder frente al poder universal, absoluto y centralista del Imperio hispano. De este modo, ya antes de 1808, esta clase ya poseía para sí los oficios con incidencia en el tráfico comercial, a la vez que por medio de la compra de varas, habían ocupado puestos de importancia, de regidores perpetuos de los cabildos, desplazando a la comunidad del trabajo, originarios depositarios del poder comunal. De este modo, el patriciado comercial pudo hacer uso político del derecho de los pueblos para su propio beneficio, imponiéndose al poder monárquico de los peninsulares en nombre del pueblo primero, para luego, una vez consolidada la independencia criolla, desplazar y desechando a los pueblos y los cabildos provinciales de su rol constructor soberano, consolidando dentro del sistema en cambio, el rol mercantil y liberalizando los mecanismos de acumulación de Capital. A la vez que el Cabildo de Santiago comenzó a ser utilizado de modo progresivo como si fuese un Parlamento (centralización), los Cabildos provinciales aun mantuvieron viva una consistente racionalidad productivista, provocándose unas tensiones entre dos órdenes políticos: (1) el primero puede relacionarse el movimiento democrático liberal de 1822, de los pueblos de provincia con su ética productivista, y de los generales democráticos quelucharon por ella, como Ramón Freire; y (2) un segundo grupo que ignoro la tradición de la soberanía popular y los proyectos constitucionales emanados de ella, y glorifico la figura de los golpistas Bernardo O’Higgins y Diego Portales. Finalmente, fue la segunda posición la que se impuso sobre la primera (a partir de 1833), provocando un aplastamiento de todas las tradiciones surgidas en el espacio local y cotidiano. He aquí la tradición sobre la cual siempre se ha ocultado y mistificado todo concepto de soberanía popular, y se ha encumbrado un concepto unidimensional de independencia política, como si hubiese sido un proceso homogéneo estrechamente relacionado con la aristocracia criolla.

 

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La Patria Vieja en Chile. (Camilo Reyes)

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 1. Caracterización de la época. 

Para caracterizar adecuadamente el periodo denominado de la Patria Vieja, desde el punto de vista de la historia política y social, es necesario entender el contexto histórico social general de la época de transición de la colonia a la republica, periodo más largo sobre el que se inscribe el periodo de 1810-1814. De esta forma se podrá caracterizar bien el problema de las clases sociales y del funcionamiento de la economía, y con esto, se podrá entender más satisfactoriamente el campo sobre el que se desarrollan los acontecimientos de la Patria Vieja. Primeramente, me remontare a la crisis del Estado Imperial Español, para entender el periodo que se abre a partir de 1808 con la captura de Fernando VII, y poder entender los elementos fundamentales que se introducen al sistema estatal, del nuevo Estado Oligárquico Liberal que se comienza a construir. En otras palabras, realizare un análisis del decadente Estado Imperial en Chile (a), y luego del naciente Estado Oligárquico Liberal (b), momento en el que se inscribe el periodo de la Patria Vieja (1770-1810), para entender la composición política y económica de la sociedad. Para este cometido me apoyare sobre todo, en un texto de Gabriel Salazar, Arturo Mancilla y Carlos Duran, Historia Contemporánea de Chile I. Estado, legitimidad, ciudadanía.

(a) El Estado Imperial (que antecedió a la construcción del Estado Oligárquico), se sostenía por medio de dos lógicas abstractas de unificación, que no lograron sujetar el poder real: (i) la idea de un origen divino del poder centralista del monarca; idea que se veía reforzada por la condición del Imperio español, como un Estado de Señorío, donado por la santa sede. Esto imponía en lo cotidiano, toda una burocracia administrativa del Imperio a sus súbditos, una estructura jerarquizada que abarca desde el Consejo de Indias en España a los cargos menores en las distintas localidades [Consejo de Indias –> Virreinatos –> Gobernaciones –> Capitanías Generales –> Cargos Menores como los Cabildos], con instituciones de vigilancia como lo era La Real Audiencia. Este sistema de poder monárquico se basaba en lo social, en una política colonial, dispuesta a la protección de sus súbditos, protección social que se extendía en lo más alto, a los colonos mineros, a los estancieros y productores, y en lo bajo, a la masa laboral indígena. Ambos sectores, eran los contribuyentes principales del Imperio. Más abajo, esta protección monárquica, también cobijaba a las masas de mendigos de mendigos, viudas y desamparados. Estos tres grupos constituían las clases plebeyas que se guardaban bajo la protección de la corona, para intentar protegerse de la voracidad de los Grandes Mercaderes, y de los viejos y nuevos señores criollos que tenían una inclinación feudalizante, es decir, a la servidumbre.

(ii) La segunda lógica abstracta de unificación, tenía que ver con la idea imperial de unificación monopólica del mercado internacional, idea que también amenazaba hace rato con desmoronarse. Esta unidad se lograba mediante el esfuerzo combinado de los grandes mercaderes, los grandes navegantes, la masa de colonos españoles pobres que descubrieron y colonizaron América. El monopolio comercial metropolitano, también se estructuraba por medio de escalafones jerárquicos: Real Hacienda à La Casa de Contratación de Sevilla à Sistema Real de Aduanas. El monopolio comercial diseñado por el poder central hispano, asfixiaba los intereses de los grandes mercaderes hispanos, debido a la competencia con los grandes mercaderes ingleses y franceses, lo que les llevo a iniciar luchar en contra del monopolio económico imperial, luchas que desde 1778, se verían materializadas en las Leyes Liberales que les permitirían una mayor apertura económica intercolonial, es decir, un comercio interamericano, y el establecimiento de una competitividad mas regulada.

Frente a esta situación conducida por el Estado Imperial Español, no se hicieron esperar las consecuencias de haber entregado más poder a los grandes mercaderes: a raíz de la disminución de las rentas imperiales por el avance mercantilista, se provocó una crisis fiscal, por la cual la Corona tuvo que vender, es decir, privatizar, el acceso a los cargos públicos, también destruir y vender parte de sus monopolios estatales (como el del tabaco), y títulos honoríficos de señorío. Esto es, la entrega de parte importante de su soberanía a sus enemigos de clase, los grandes mercaderes. Como era de esperarse, frente a la disminución de las rentas imperiales, se produjo un alza en el cobro de los impuestos reales, impuestos que recaían en los estratos contribuyentes ya descritos más arriba, los estratos plebeyos y productores. Estos últimos, frente al evidente debilitamiento del poder real, comenzaron a ver la posibilidad de que sus fueros comunales (los cabildos), pudiesen convertirse en soberanías nacionales. Y a grandes rasgos, estos procesos sociales fueron los sucesos que terminaron por erosionar a la sociedad colonial monárquica de comienzos del siglo XIX. Si ahora consideramos que la monarquía española terminó presa de su destino napoleónico, podemos entender la situación económica de las clases sociales, la posición de los productores locales, y los procesos históricos impulsados por estos actores, frente a la época que se abre a partir de l808 con la captura del monarca español.

 

(b) Fue así, que en plena crisis del Estado Imperial, comenzó a surgir fuertemente la idea de la generación de un poder local (nacional), para anteponerlo frente al decadente poder central hispano. De este modo, las comunidades coloniales asumieron la crisis del Estado Imperial, desarrollando su poder paralelo, igualmente tensionado por un conjunto de desigualdades y disputas internas. En este tensionado medio social, se comenzaron a impulsar los procesos de autonomización conjunta de los pueblos chilenos, para avanzar a la creación del nuevo Estado Liberal, que terminara siendo, al final del proceso de instauración del Estado autoritario en 1833, un Estado Oligárquico.

Para 1810, las clases sociales se encontraban en la siguiente posición de intereses que los distinguían particularmente a unas de otras, sobre el interés común por la independencia: las clases superiores se encontraban divididas en, (i) los mercaderes de Santiago, La Serena y Concepción (grupo que lucho por revertir la hegemonía de los mercaderes de Lima); y (ii) los cosecheros y mineros locales (grupo que intento sacudirse de las expoliaciones mercantiles que aguardaban en todos sus frentes: bodegaje, crédito, maquilas, pago de impuestos, etc.). Estos eran los polos de los intereses representados y elevados en los cabildos. Por otra lado, se encontraba (iii) la masa marginal y laboral, de la cual cierta parte derivo hacia el saqueo y el bandidaje, la maloca, como alternativa a las duras condiciones de trabajo forzado que se les ofrecía.

De este modo se conformaron las condiciones propicias para el surgimiento de una legitimidad social, por medio del ejercicio del dialogo ciudadano en los cabildos, y del poder en “el derecho de los pueblos” (sobre el que se apoyaban los productores) de mantener bajo control al gobierno nacional naciente. Sin embargo, no obstante, persistía en el dominio y hegemonía social dispuesta por los monopolistas (los grandes mercaderes de Lima, Santiago-Valparaíso y de Concepción), dominio subrayado por las leyes liberales de 1778, y que se mantenía a pesar de la crisis del Estado Imperial, y el impulso por generar un nuevo Estado Independiente. Estos monopolistas se habían resistido exitosamente al pago de impuesto, que en cambio, recaía sobre los productores (empresarios, patrones), y también a conceder préstamos, tanto a la Corona como al nuevo Gobierno Patriota que se comenzaba a conformar. A esto se sumaba que tras el anterior aumento de los impuestos (post-leyes liberales), se redujeron no solo las ganancias de la Corona, sino que además, las ganancias de mineros, cosecheros y artesanos, aumentando la cesantía y el vagabundaje.

De este modo, en este contexto es que se comienza el proceso de construcción de Estado, sobre la base del dialogo en el primer lugar de encuentro ciudadano, que era el Cabildo local, que luego en 1811, se llevaría hacia una instancia superior que fue el Congreso Nacional, es decir, la constitución de una Federación de Cabildos, para la convención general de los “Pueblos” chilenos.

Como abra de suponerse, la masa marginal y laboral quedaba excluida de esta ilustre instancia de los cabildos, aunque alcanzaba una supuesta representatividad a través de los patrones y productores. Sin embargo, quienes poseían la hegemonía social, también tendían a poseer mayor influencia dentro de estas instancias “populares”. Este “dialogo ciudadano”, se dio principalmente entre las dos clases superiores de la sociedad chilena de la época: la elite mercantil (los grandes mercaderes), que poseía el poder de acumulación de capital, y buscaba la liberalización de las barreras que obstruían tal acumulación, y los empresarios productores (dueños de predios rústicos o de minas, los productores), que poseían el poder necesario para disciplinar y administrar trabajadores. Ambas clases tenían derecho a asistir a las sesiones de los Cabildos y al Congreso, en su calidad de propietarios, según sus intereses particulares de: (i) someter a los mercaderes de Lima, controlar a los mercaderes franceses y anglosajones, y dominar el mercado del pacifico [los monopolistas]; y (ii) acabar con los monopolios americanos dueños del mercado regional de Lima, Potosí, Buenos Aires y Tucumán, que bloqueaban los intereses de crecimiento de los productivistas, en su objetivo de erigir un poder local al servicio de las actividades productivas de la localidad.

De este modo, los acontecimientos ocurridos durante el periodo de la Patria Vieja (1810-1814), se enmarcan en este proceso propio de las clases sociales superiores, en la legislación y codificación nacional según sus intereses socioeconómicos. Mercaderes y patrones, ambos fueron considerados como personas con iguales derechos cívicos, aptos para el dialogo ciudadano en las sesiones locales de los Cabildos y nacionales del Congreso (aunque como hemos mencionado anteriormente, la hegemonía la tenían los monopolistas en Cabildos importantes estratégicamente hablando, como el de Santiago); tomando siempre en consideración, que en el arte de la guerra, en los medios militares, eran los patrones quienes llevaban la ventaja sobre los grupos mercantiles, porque tenían mando sobre extensas cuadrillas de trabajadores, susceptibles de ser tomadas como comandos y montoneras dispuesta a la conformación de un eventual ejercito patriota que vería su irrupción en la acción durante la respuesta realista del Virreinato del Perú.

Durante los cuatro años de la Patria Vieja que sucedieron, se manifestaron una serie de fracasos en materia política e institucional. Si bien la libertad de comercio era una manifestación de la necesidad de las clases patronales y mercantiles (ya que felizmente para ellos se abrieron los puertos al comercio internacional mediante un decreto de enero de 1811), frente a la cual existía gran consenso, en materia institucional esta fase se caracterizo por una gran inestabilidad. El resultado de la primera asamblea representativa y del Congreso fue más bien negativo: se introdujeron una serie de reformas liberales que terminaron por provocar una evidente división entre miembros radicales y conservadores. No se conto con consenso frente a estas, y mas bien, muchos integrantes se mostraron cautos. Se dibujo una división inicial entre Rozas y su grupo radicalizado, y los miembros conservadores del Congreso. El Cabildo de Santiago había solicitado el derecho de enviar al Congreso a 12 diputados, por lo cual los diputados provinciales manifestaron su disgusto. Se pronuncio una polaridad entre los partidarios del centralismo y del federalismo. Se produjo un cierto quiebre que hizo manifestar la división entre la provincia de Santiago y Concepción.

Dos golpes de Estado encabezados por Carrera, primero el 15 de noviembre en 1811 (con el asesinato de congresistas y la consecuente disolución del Congreso), y luego de su remoción del cargo, su captura por los realistas, y liberación y regreso a Santiago, el 23 de julio de 1814 (donde derroco el gobierno de Lastra y se reinstalo como dictador), no contribuyeron a estabilizar la situación, sino que por el contrario, provocaron el rechazo de O’Higgins, y la división patriótica en dos bandos, división que provoco una breve guerra civil, y la desprotección frente a las fuerzas realistas.

Uno de los importantes puntos que podría haber sido piedra angular de la unidad nacional, fue la conformación y consolidación del sistema defensivo, del ejército nacional, pero esta dimensión de igual modo presento las divisiones ya presentadas (entre O’Higgins y Carrera) frente a la invasión realista, que lo volvieron inoperante: las campañas contra las tres invasiones realistas enviadas por el Virreinato del Perú (Pareja, Gaínza y Osorio), presentaron evidentes fracturas en momentos importantísimos de la guerra, entre sectores patriotas. Esto sumado a las faltas de decisión política por parte del sector del comandante en jefe, hicieron retroceder a las tropas patriotas en Talca hasta la pérdida del ejercito patriota en Rancagua.

En cuanto al punto de vista de la difusión de las ideas revolucionarias. Las doctrinas revolucionarias propagadas a través de periódicos como La Aurora de Chile, dirigido por el Fray Camilo Henríquez, no tuvo la recepción y ni la aceptación universal. A muchos ciudadanos, el repentino fin de la colonia y la instauración de una institucionalidad liberal los tomo por sorpresa, por lo cual no aceptaron fácilmente tales ideas republicanas. Muchas provincias del sur, así como poblados indígenas manifestaron su apoyo a las fuerzas realistas, mientras que a ojos de muchos, la conformación del Congreso les genero el temor de caer en un utopismo y en la inoperancia gubernamental. En este sentido, la revolución intelectual tuvo que enfrentarse a la completa falta de cultura cívica, y las arraigadas costumbres coloniales que actuaban naturalmente en toda la población del territorio, así como a la resistencia de algunas facciones terratenientes acostumbradas a las relaciones económicas de la servidumbre.

De este modo, y por estas razones globales, es que La Patria Vieja se puede caracterizar como una etapa de experimentación y de incertidumbre en muchos aspectos, de inestabilidad institucional, así como de una etapa de “ensayo político”, pero también de confusión y división entre las distintas facciones del propio bando patriota, más que nada debido a las inmensas dificultades y resistencias que tuvo que enfrentar el bando patriota, además de que tuvieron que sortear su propia falta de experiencia, y de poder crear una cultura y conciencia revolucionaria, donde no había ninguna base anterior de esta en absoluto.

 

2. Ideas políticas y actitudes revolucionarias en el proceso de la independencia.

Las principales (i) ideas políticas y (ii) actitudes revolucionarias de la época de independencia que caracterizaron al movimiento liberal y patriótico son:

(i) En el dominio de las ideologías revolucionarias: (a) la existencia de principios. En primer lugar hay que destacar que toda ideología se sustenta en principios que sirven de sustento a los desarrollos eidéticos: la creencia en la existencia de leyes naturales como mecanismos reguladores y ordenadores de los órdenes físicos y de la vida humana, es decir, “las leyes básicas de la sociedad de los hombres”. Esto a raíz de que, difícilmente sería posible arrancar la idea de la participación de lo divino y lo superior sobre lo social, por lo cual los liberales construyeron su teoría a partir de esta idea que se tenía por costumbre. Al ordenamiento de la naturaleza gobernada por lo superior, le correspondía el ordenamiento de la sociedad, unida por medio de un contrato social, para ser dirigida por un gobierno que cumpliera la función de la regulación social; esto para que los hombres pudiesen vivir de acuerdo a la naturaleza, bajo un sistema de gobierno. Pero en vista de superar el mero estado de la sociedad, como una unidad ligada simplemente por las costumbres, los liberales se plantearon la necesidad de regularizar y consolidar tal unión por medio de una constitución, para asegurar de este modo, que la soberanía se retuviera en el pueblo. Por esto se sostuvo la idea de un gobierno representativo, como único mecanismo valido de delegación de la soberanía.

Luego nos encontramos con (b) la idea de la existencia de diferentes clases de gobierno: esta idea sostenía, principalmente, el principio de que entre las diferentes formas que puede asumir un gobierno del pueblo, la más conveniente a los derechos de este, es la forma republicana, superior a la monárquica y como sinónimo de gobierno democrático. Dentro de esta forma de gobierno, se englobaba otra correspondiente, la de las elecciones populares, la del sufragio. Sin embargo, cabe decir, que solo la aristocracia (los propietarios) tuvo derecho a voto, es decir, una parte muy reducida del ámbito popular.

Luego surge (c) la idea del constitucionalismo: obviamente, tanto la idea de sobernaria popular, como la idea de representativo, debían establecerse de forma publica y escrita, materializadas en una constitución, como mecanismo legal para la regulación exitosa de la sociedad. Tanto la constitución estadounidense como la constitución española sirvieron de modelos para la construcción de la constitución chilena, cuyo contenido esencial fue poder establecer la función del equilibrio de los poderes, por lo cual se estableció la clásica y liberal disposición de los tres poderes separados: en palabras de Irrisarri, “la ley que arregla los negocios interiores y exteriores del Estado; la ejecución de ese ley y la administración de la misma en los negocios domésticos y civiles”, aunque la definición mas clara se establece entre un poder ejecutivo, uno legislativo y uno judicial.

(d) Los derechos naturales: en esta concepción los derechos individuales se encontraban indudablemente entrelazados a los derechos nacionales. Entre los derechos individuales que se encumbraban como nacionales se encontraban el derecho a la seguridad en los aspectos legales, el derecho a la propiedad, el derecho a la igualdad legal, el derecho a la libertad y la libertad de prensa, aunque la libertad religiosa se encontraba restringida.

(e) Otro punto importante, fue el da la educación y la instrucción para la virtud: la educación fue visto como el medio indicado para conducir a, he infundir, la virtud en las masas populares. Esta necesidad era vista como la piedra angular para domesticar las pasiones naturales y conducir a los hombres en su vida social con licencia. Es importante denotar que los males y vicios de la sociedad, eran vistos como productos de la ignorancia, y por eso mismo era necesario uncir a la sociedad en la educación cívica, para conformar un pueblo moderado, y en este sentido, poder ratificar la libertad que garantizan las instituciones sociales del republicanismo.

Por último, vale decir que todas estas ideas revolucionarias, eran impulsadas por (d) las corrientes liberales del siglo XVIII y XIX, principalmente expresadas en la Enciclopedia, con su interpretación racionalista de un orden natural rector del universo, e impulsora de la fe en que era posible encontrar reglas infalibles para la conducción de la sociedad. Otras corrientes que resultaron determinantes para la gestación de las ideas revolucionarias en la región chilena, fueron las que profundizaron las tesis revolucionarias aportadas desde la Revolución Francesa y el movimiento independentista de las Trece Colonias estadounidense.

(ii) En cuanto al dominio de las actitudes revolucionarias: según Collier, estas actitudes fueron determinadas en primer lugar por (a) las emociones que generaba la revolución: según su apreciación un componente esencial de los escritos revolucionarios, más que una originalidad y profundidad, es la emoción del “entusiasmo”, el deseo de que pudieran florecer las ideas de la revolución. También este entusiasmo se ve reflejado en la exaltación de los valores patrióticos y en general de la belleza natural del territorio chileno, de fe en potencial nacional de las tierras. Bajo estos sentimientos empujaba la voluntad de poder olvidar lo pasado nefasto, y pensar en un favorable porvenir.

Dentro de estas actitudes que se enmarcan dentro de “la fe en el progreso”, también se desarrollo la actitud de confianza y la creencia de pensar que al tener unas leyes más justas, este simple hecho por si solo, tendría efectos en el mundo natural. Esto es (b) la creencia en la eficacia de las leyes y constituciones, de que los cambios y transformaciones se pueden efectuar por decreto. Sin embargo, frente a la lentitud en la aplicación de los cambios revolucionarios que prometían tales ideas, se topo al poco con la certidumbre de que la revolución llegaría con lentitud, y que al pueblo le faltaba más instrucción para poder desarrollarse en libertad. He aquí cuando acontecieron (c) las disculpas por el fracaso y la lentitud en la instauración del proyecto.

Pero también este proceso se efectuó sobre otra solida base de un creciente (d) sentimiento antiespañol; sentimiento que surgió por fuerza de la guerra hispanoamericana contra la monarquía española, contra la dependencia ultramarina a la metrópoli, que era considerada como antinatural. Esta dominación imperial era vista como un limite contrario a la libertad y voluntad propia de los pueblos. Para estos revolucionarios, la dominación política desde otro continente era vista como una acción en contra del orden moral y físico de las cosas, contra el estado de naturaleza, y contra el derecho natural de los pueblos. En esta esfera, la propia conquista de América comenzó a ser sentenciada como una abominación y tiranía, y en el discurso, jugó un rol importante en la teoría revolucionaria, como el momento exacto en que se perdió la preciosa libertad de los pueblos americanos. Esto represento una visión sombría del mundo colonial, que poco a poco, empezó a representar a los propios españoles en América, como a personajes indeseados, personajes que se convirtieron en víctimas de la violencia y la satírica social en los escritos de algunos revolucionarios, principalmente de la aristocracia y los intelectuales.

Interesante es que, paralelamente al sentimiento antiespañol, surgiera entre la aristocracia, (e) un sentimiento de admiración por británicos y estadounidenses. Estos países fueron tomados por algunos intelectuales, como referencia clásica de la libertad. Esta actitud de admiración frente a los ingleses, se debió principalmente a los apoyos que entregaron estos, en la liberación nacional de los países hispanoamericanos, es decir, se debió a un sentimiento de gratitud –esto sin considerar que tal ayuda nunca fue desinteresada ni gratuita y que mas bien contribuyo al establecimiento de nuevas dependencias económicas y comerciales. También esta admiración era sostenida bajo la idea de que la constitución inglesa a la vez que dejaba espacio para la expresión de la protesta popular, lo hacía limpiamente sin desordenes ni insurrecciones.

Otra cara del sentimiento antiespañol, anti-imperial fue (f) la generación de una nueva conciencia nacional: esto se vio manifestado en el sentido de identidad que fue adquiriendo la aristocracia, la intelectualidad y en el pueblo, en tanto las ideas revolucionarias se habían encargado de propagar y ampliar el orgullo regional y provincial, que se venia manifestando desde finales de la Colonia. Esta forja de la nueva nación fue introducida dentro del plan de educación presentada por Juan Egaña en 1811, para poder forjar las nuevas características nacionales, que la región chilena no tenia. Debemos clarificar, de inmediato, que el concepto de patria que se desarrollo durante la primordial época revolucionaria se correspondió, no con un concepto racial de la nación, sino que, indudablemente, de un concepto geográfico de unidad territorial: el largo y ancho país protegido, característicamente por la Cordillera de los Andes.

Los dos últimos elementos mencionados por Collier, que conforman la actitud de los revolucionarios, se desarrollaron por medio de (g) la idealización de los araucanos y (h) el americanismo. El primer elemento se conformo a partir del mito patrio, de que los indios araucanos eran fieros republicanos de la Araucanía, y que en sus tierras se forjaron grandes héroes en la lucha de resistencia antiespañola (esto principalmente a partir del poema épico de Alonso de Ercilla, La Araucanía), y el segundo elemento, el cual se forjo de la conciencia de que la propia causa patriótica se encontraba entrelazada con un movimiento antimonárquico mas generalizado, ya que a pesar de la caída de la unidad española en América, de igual modo surgió una conciencia federal, y la conciencia de que podían realizarse agrupamientos de países que recientemente también se habían emancipado. Como en el caso de Chile, que en una primera instancia, se pensó en agrupar con Argentina (Santiago-Buenos Aires).

Todos estos elementos, fueron los que forjaron la ideología y la actitud de los revolucionarios con respecto a la independencia.

 

3. José Miguel Carrera, distintas interpretaciones sobre su rol en la independencia.

A continuación realizare un breve balance historiográfico con respecto a la figura de José Miguel Carrera, su rol en la independencia a partir de las distintas interpretaciones historiográficas que han surgido en torno a su figura.

Una primera interpretación que quisiera señalar es la de Alberto Edwards, quien en el capitulo V de La Fronda Aristocrática, titulado “El primer ensayo de cesarismo”, lo menciona como una de las dos grandes figuras (junto con Portales) que fue obscurecida, tanto por sus panegiristas como por sus detractores. Lo define como uno de “los grandes hombres”, como quien realizo la fronda revolucionaria, es decir, “un poder armado capaz de batirse en los campos de batalla”, a la vez que menciona que sin la existencia de su figura, los patricios no hubiesen podido doblegar a los ejércitos de Pareja y Osorio. En fin lo califica como un caudillo militar que se puso a la cabeza del movimiento revolucionario y que ejerció el gobierno de forma absoluta. Nuestro autor no tiene deferencias, ni vergüenzas en remitir a este gobierno bajo la definición de un cesarismo. Como veremos mas adelante, en la interpretación de Salazar, este epíteto es utilizado en la forma contraria, no para vanagloriar a Carrera, sino que para condenarlo. Pero por el momento debemos suponer que este elogio del cesarismo conservador, es propio de una persona que piensa en términos de los intereses de los patricios, es decir, de la aristocracia, que tiende a definir como con tintes monárquicos.

Por otra parte, representando a la interpretación liberal hemos de situar el juicio de Simón Collier. Para nuestro autor, no se trata tanto de remitirse a los problemas morales de sí un gobierno cesarista es adecuado, o por el contrario, anti-democrático, sino que mas bien se trata de remitirse a los hechos y juzgar su papel decisivo en la difusión de las ideas revolucionarias. Y esto se corresponde en gran medida con el objeto plasmado por la historiografía conservadora, aunque desde un enfoque liberal antimonárquico: a pesar de su aparente mascarada de ambición personal, y de su desastrosa actuación e intervención en el gobierno, sin la actuación de Carrera (aunque esta haya sido dictatorial), no se hubiese podido formar un frente capaz de desencadenar una lucha y una actitud contra el frente realista, ni tampoco, muchísimo más importante, no se hubiese podido intensificar la actividad ideológica necesaria para estimular tal reacción y actitud revolucionaria.

Otra interpretación que debemos mencionar, es la interpretación revisionista de Alfredo Jocelyn-Holt, la cual deja ver una serie de características similares con la interpretación liberal de Collier, aunque la amplia en otros sentidos: en primer lugar, denota que Carrera fue el primer caudillo militar en la historia de Chile, que se planteo llenar el vacío de poder creado a partir de la ausencia del monarca español, para intentar consolidar por medio de las armas, la constitución de un poder nacional. Durante sus dos golpes, nuestro autor señala, Carrera empleo el discurso populista con el fin de otorgar legitimidad a su ideario liberal-republicano, aunque en la práctica disolvió el Congreso Nacional. Este personaje hablo de “abrir el cabildo y las plazas al pueblo”, para legitimar su poder, no en las clases aristocraticas, sino que mas bien, en las clases más populares. Esto abre la interpretación de que, sus intenciones al suprimir el Congreso, eran poder difundir de mejor forma y popularizar la ideología nacionalista, hasta el momento restringida a la elite criolla, esto considerando que a los Cabildos, solamente asistían gentes ilustres. De igual modo, considera su caudillismo militar como un elemento necesario para poder contestar ante la arremetida de las fuerzas realistas dispuestas desde el Virreinato del Perú.

Por último, quisiera mencionar la postura de Gabriel Salazar, quien aporta una visión mas critica con respecto al rol de Carrera en la construcción del Estado en Chile. Lo primero que cabe mencionar es que para Salazar, Carrera no fue mas que un dictador cesarista, un miembro de la aristocracia proveniente de una familia de elite, que desarrollo su política, contra la soberanía de los pueblos, y no a favor como se puede interpretar de la visión de Jocelyn-Holt. En este sentido, no era para nada democrático, pues sus primeras actividades políticas comprendieron disolver la Junta de Gobierno y el Congreso Nacional. Un personaje que nunca pretendió fomentar, ni integrar al Pueblo en la conducción y construcción del Estado, y que con respecto a las clases altas, lo único que logro infundir fueron divisiones políticas internas. Probablemente para Salazar, Carrera sea el culpable de instaurar toda una tradición histórica que valida la vía militar y golpista para solucionar las disputas políticas y consolidar el poder (que probablemente mostraron el camino a personajes como Diego Portales). Aquí se vuelve evidente la oposición de Salazar con respecto a la idea aristocrática de Edwards pues, asumiendo las mismas condiciones de una formación cesarista del poder y de una expresión de las clases superiores en el poder, por la misma materia, decantan en posiciones diferentes. Edwards valida la actuación de carrera por favorecer a la fronda aristocrática y pisotear el derecho de los pueblos, y Salazar, admitiendo la misma actuación, condena la forma. Salazar se pregunta, ¿cómo se lleva a cabo el aspecto constituyente de la republica?, y contesta: por medio de una actuación y la instauración de una constitución ilegitima, que a pesar del discurso populista, traiciona al pueblo con el que tanto se llena la boca.

En síntesis, y de acuerdo con el profesor Salazar, creemos que su actuación militar, evidentemente legitimo y abrió el camino a siguientes intervenciones autoritarias, y que llevar a cabo un proceso revolucionario y constitucional por medio del principio de autoridad, de la elaboración de esta por un grupo restringido, y por medio de una imposición forzosa a las masas, representa una actitud bastante reprobable, aunque se haya desarrollado en un contexto belicoso como en el de la Patria Vieja.

 

 

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El proceso de independencia de Brasil: Descomposición del virreinato y origen de la republica brasileña.(Camilo Reyes)

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  1. Antecedentes económicos y administrativo militares de las reformas pombalinas

   (a) Antecedentes económicos

El elemento económico más determinante, a nuestro parecer, en esta primera etapa del proceso de transito de Brasil, desde una colonia portuguesa a una republica independiente, es el factor del oro, pues demarca la diferencia de intereses entre grupos americanos y peninsulares. A finales del siglo XVII, con el descubrimiento de las minas de oro en Rio de Janeiro pero principalmente en Minas Gerais, comienza la producción extractiva, masiva, de este valor metálico, y se inicia la llamada bonanza aurífera, que vendrá a sustituir en importancia al peso que tuvo la producción de azúcar, antes de tal descubrimiento. Este nuevo valor economico venia a articular perfectamente, un siglo de hegemonía británico sobre el oro brasileño: debemos recordar aquí, que luego del Tratado Methuen (1703), se comenzó a privilegiar a los mercaderes británicos con el lucro extraído de este mineral metálico, a lo menos sostenidamente durante el periodo de 1700-1750. Las compañías británicas gozaban de hegemonía sobre la Corona portuguesa en el aprovechamiento del oro, a cambio, los portugueses exportaban sus vinos a Inglaterra, a la vez que entre ambos lograban dar estabilidad y continuidad al comercio de esclavos. Por otra parte, la menor producción agrícola obtenida en Brasil, despreciada por Inglaterra, era comercializada por Portugal en la Europa continental.

Sin embargo, esta edad de oro de la producción metálica entraría en crisis durante el curso del siglo XVIII: entraría en un lento descenso a partir de 1740, y en una declarada decadencia a partir de 1770 (un curso similar, pero tardío y menor, seguiría la producción de diamantes en Brasil). Durante este curso económico, se produjo una modificación del centro de Brasil. Si en la época anterior del auge azucarero, la sede del virrey se encontraba asentada en San Salvador de Bahía (el anterior núcleo central del nordeste: Pernambuco, Paraíba, Rio Grande do Norte, Ceará y Bahía), luego en la época del auge aurífero, esta se trasladaría a Rio de Janeiro (1763), quedando Brasil posicionado con dos grandes cortes al servicio de la Corona portuguesa, siendo de mayor importancia la nueva corte.

Importante es constatar aquí que tanto los campos de producción de azúcar, como los nuevos de extracción de oro avivaron el comercio de importación de esclavos durante el siglo XVIII: estos se traían desde Guinea y principalmente durante la segunda mitad de este siglo, desde Angola (primera mitad de siglo: 800.000 aprox., y segunda mitad: 900.000 esclavos mas). De modo que la esclavitud representaba el régimen por excelencia de la colonia portuguesa, la institución económica básica.

 

(b) Antecedentes administrativo-militares

La agudización de los conflictos europeos, como la Guerra de los Siete Años, en la que se encontraba involucrada Inglaterra, promovió la consolidación del poder británico sobre Portugal (neutral, pero protegido por los intereses británicos). Sin embargo, poco a poco, se comenzaba a producir una dualidad en los intereses de Portugal con respecto a su protector: si bien por un lado buscaban la protección en los brazos de los británicos, por otro lado, comenzaba a darse una inevitable separación entre sus intereses y los de los insulares.

 

 

  1. Las reformas pombalinas en los ámbitos económicos y administrativo-militar

   (a) Las reformas pombalinas en lo económico

De este creciente separación de intereses entre Portugal e Inglaterra, las reformas alentadas por el nuevo marques de Pombal, venían a atacar directamente a las factory británica, para poder favorecer los propios intereses de la Corona, por lo cual se decidió la creación de compañías privilegiadas destinadas a la nacionalización del control sobre la colonia (por medio de la facilitación de créditos a los cultivadores, en forma de contratos que durarían por 20 años).

Dos núcleos de compañías se asentaron en Brasil: el primer núcleo representado por las compañías de Pará y Maranhão: la compañía de Maranhão se dedica mas o menos exitosamente a la producción de algodón, alcanzando las plazas y puertos comerciales de Ruán (al nordeste de Francia), Marsella (sur de Francia), Hamburgo (Alemania), Rotterdam (Países Bajos), Génova (Italia), y Londres (Inglaterra). La compañía en Pará, se dedico con un éxito inferior a la producción de arroz y cacao.

El otro núcleo, es el de las compañías de Pernambuco y Paraíba: ambas zonas de explotación se encontraban estancadas, pues eran las viejas tierras de la producción de azúcar, y esta producción, como bien señala Galeano, dejo bastante dañada las tierras para el propio cultivo del azúcar y otras especies (recordemos que la zona nordeste de Brasil fue la zona más rica y el descenso de esta riqueza se debió a la marchites de las tierras). En esta zona, las compañías no pudieron lograr un copamiento que hiciese retroceder la influencia británica en la zona, por lo cual, estas compañías privilegiadas se dedicaron principalmente al negocio de la importación de esclavos (pues debido al duro proceso de la producción de azúcar, morían muchos más esclavos en los campos que en las minas, inclusive, lo cual requería el constante traslado de nuevos esclavos), y también el negocio de la exportación de azúcar (mas minoritario). Esta compañía obtendrá sus mayores lucros de la provisión de mercancías a los productores y del tráfico con África, además de promover el fomento a la producción, por medio de las actividades de créditos.

Otro elemento importantísimo de las reformas en lo económico, se encontraba dirigido a la prohibición de los comissarios volantes, que son los mercaderes extranjeros sin sede fija, para dar mayor posibilidad a los intereses de los comerciantes con sede fija, ya sea en Portugal o Brasil, esto, a raíz de la necesidad de imponer los intereses metropolitanos frente a los de los comerciantes extranjeros e itinerantes.

 

(b) Las reformas pombalinas en lo administrativo-militar 

En el aspecto administrativo y militar, y de acuerdo a las nuevos intereses portugueses, cada vez mas independientes de los intereses británicos, las reformas buscaron la reestructuración del fisco, esto a partir de 1760 en adelante (la primera década de reformas se sitúa sobre todo, sobre la necesidades económicas, para luego, en la siguiente década apuntalarse sobre lo administrativo).

Por lo cual, se asigno a cada una de las capitanías generales de Brasil, una Junta de Hacienda, para intentar acrecentar el control económico-político, y limitar las pérdidas, negligencias y corrupción, las tráficos ilegales e informales de diamantes, oro y otras mercancías. Buscaban conseguir que las autoridades se encontraran mejor integradas al sistema administrativo imperial portugués. Por esto, se alentó a la afirmación de la supremacía del virrey por sobre los capitanes generales (centralización del poder político), y se creo, a raíz también del auge del oro, la sede virreinal de Rio de Janeiro, quedando Brasil administrado por 2 relacões (Bahía y Rio). De este modo la estructura imperial quedaba estructurada de la siguiente forma: el Rey portugués (que hasta 1777 fue Jose I, fecha en que el gobierno de Pombal llega a su fin) àluego las 2 relacões à luego los ouvidores (que son los jueces de distrito, es decir de una unidad territorial que involucra a mas de una municipalidad o comuna) à los juizes da fora (que son los jueces municipales, que constituyen la mas alta jerarquía del poder judicial) à hasta llegar a las cámaras municipales de origen local.

Ademas, paralelamente a lo administrativo, esta nueva integración de la colonia brasileña con la metrópoli, implicaba un reorganización del ejército portugués en el propio Brasil. Hacia 1770, el núcleo regular del ejercito (4.000 plazas) es sostenido por la milicia auxiliar de origen local, cuyos coroneles poseen el reconocimiento del ascendiente que su posición en la sociedad local les ha otorgado. De ellos se dice que su voluntad es la ley. Por otra parte, del núcleo del ejército, se creó para la supervisión de las zonas mineras, los dragones de Minas Gerais, que eran una fuerza armada de origen metropolitano.

Frente a los obstáculos a la integración de Brasil bajo estas nuevas reglas reformadoras de la relación del Imperio, se decidió en 1759 la expulsión de los jesuitas, pues se veía en ella a la compañía responsable de alentar la resistencia indígena a las reformas y las innovaciones introducidas. Los jesuitas, antes de las reformas, llegaron a concentrar el poder espiritual y económico, por lo cual, frente a una nueva situación de integración, suponían un obstáculo para la incorporación de los indios a la economía y la sociedad portuguesa.

 

  1. Separación de los intereses entre la metrópoli y la colonia brasileña

Las reformas pombalinas, de las cuales hemos explicados sus grandes rasgos, tanto económicos como administrativos, no supusieron, a diferencia de las reformas borbónicas, una mediatización de autoridades y elites locales, por medio de una burocracia imperial, sino que por el contrario, significaron una apertura a las figuras de influencia local, a los caudillos locales.

La decadencia minera, que se agudizo tras 1770, restringió las importaciones a la vez que favoreció un crecimiento de la producción local industrial, lo que provocó, en gran medida, una paulatina separación entre los intereses globales de la metrópoli, y los intereses locales de la colonia. Prueba de esta separación de intereses, es la estéril reacción de la Corona, a través de la Real Orden de 1775 (Alvará), que instauraba la prohibición de producir textiles en Brasil, excepto los destinados a satisfacer las necesidades de los esclavos. Esto ya demarcaba una separación de intereses irreconciliables e inevitables.

Estas figuras de influencia local que se reunían bajo los mismos intereses de la Corona portuguesa, se reunían en torno a las Juntas de Fazenda, que eran grupos constituidos por “hombres ricos y prudentes” que tenían a cargo la selección de asentistas para percepción de impuestos y otros contratos, lo que comenzó a provocar rivalidades entre los distintos caudillos que querían aprovecharse de las oportunidades que disponía la consecución de los contratos. Dos órdenes de rivalidades suscitaron estas medidas: (1) rivalidades entre los candidatos para los asientos; (2) rivalidades entre la Corona y los más poderosos de la provincia minera, en torno a los lucros del oro: esto ultimo que detono finalmente en la conspiración de Minas Gerais en 1788.

Tras la caída de Pombal, en 1784, el nuevo gobernador de Minas Gerais, Luis da Cuhna Meneses llego al poder, y aprovechándose de su posición de poder, comenzó a reservar los lucros para el nuevo grupo de poderosos reunidos en torno a su persona, lo cual desato las molestias de otros caudillos, y todo un caso de corrupción por delante, con casos de contrabando de diamantes incluidos. Ante el auge de la corrupción, en 1786 asume el vizconde de Barbacena, y llega al poder con un nuevo programa bajo el brazo, un nuevo programa que provoco una fuerte presión fiscal sobre las localidades, a la vez que la reacción y la solidaridad social frente a las nuevas imposiciones de la Corona portuguesa. Los caudillos, comúnmente orientados por fuertes divisiones y disputas entre ellos mismos, se unen en una conspiración, autodefinida como republicana, para barrer con el dominio monárquico portugués en 1788, como señalamos anteriormente. Este grupo que participo en la conspiración estaba compuesto por el mismo grupo que se había tomado el control y la corrupción de Minas Gerais, anteriormente, las figuras de la elite, como son los grandes comerciantes y terratenientes, altos funcionarios y también letrados, además de que esta conspiración debía contar con la participación del cuerpo de Dragones que ya se había comenzado a asimilar con la sociedad que debía vigilar, todos bajo la idea de un plan revolucionario, que se vería frustrado tras la denuncia de uno de sus mismos conspiradores, Silveiro dos Reis.

A pesar de que esta conspiración fue frustrada, en la década del 90’ ya  se comenzaba a abrir el espacio a la crisis final del orden colonial: en 1789, tras la experiencia haitiana de la revolución de los esclavos, en Brasil se daba la primera rebelión de los mulatos en Bahía (un regimiento mulato y un número reducido de artesanos, también mulatos). Mientras la reina María de Portugal se hundía en la locura, y los herederos de Pombal, amenazaban a su colonia con un exceso de voracidad fiscal, esto a su vez anunciaba las airadas reacciones que luego vendría a suceder en sus dominios americanos.

 

 

  1. Descomposición del virreinato y origen de la republica de Brasil

 

(a) Entrada de Corona portuguesa en Brasil

   El comienzo del fin de la influencia de la metrópoli sobre Brasil, se puede entender por medio de la relación de Portugal con los británicos, en cuanto a la incidencia de estos últimos sobre América y el propio Portugal peninsular, en la penetración de la Corona portuguesa en Brasil, y en las reacciones que provoca esta estrategia portuguesa en los portadores locales e imperiales del republicanismo liberal, en el propio Portugal como en Brasil.

En cuanto a la relación de la Corona portuguesa con los británicos, esta debió terminar reconociendo la situación privilegiada de Inglaterra, tanto en la situación de Portugal en Europa como en América. La Corona portuguesa seguía bajo la protección de la marina británica (como lo venía haciendo desde la Restauración de la Independencia de Portugal en el siglo XVII), sobre todo ante la latente amenaza napoleónica en noviembre de 1807, que se cernía sobre Portugal. Ante el peligro de su aniquilación, la Corona portuguesa decide el traslado de su Corte al Virreinato de Rio de Janeiro. Este hecho, como hemos de suponer, termino por consolidar la influencia británica sobre Portugal, sobre todo debido a la actuación del ejército británico en la península europea. Esta dependencia y protección se vio ratificada por el Tratado de Comercio y Navegación firmado el 19 de febrero de 1810 por el Rey Juan VI a favor de la influencia de Inglaterra sobre Portugal y su colonia. Con respecto a esta última, se decretara el dominio de Inglaterra sobre el mercado brasileño: por ejemplo, en el artículo 20 de este tratado se señala que se permitirá la entrada de productos brasileños, como café y azúcar, a los puntos ingleses, para que por medio de estos puntos sean reexportados a otras zonas comerciales. Esta clausula favoreció sobre todo a los comerciantes británicos con sede en Brasil. Además, se concedía a los británicos el derecho al establecimiento de una factoría en Santa Catalina (costa sur de Brasil), a la cual la navegación mercantil inglesa tendría libre acceso, esto último de vital importancia para las aspiraciones británicas de asentar un control sobre la región del Rio de la Plata.

La entrada de Portugal en Brasil de un lado, y la firma del Tratado de 1810 por otro, provocaron una apertura mercantil en Brasil. Esta apertura favoreció en parte a las regiones del nordeste, pero sobre todo provoco una transformación del Brasil central, que se transformaría con los años según el signo de la nueva capital imperial. En estos lugares se promovió una implantación acelerada de las instituciones estatales y económicas para la implantación de las condiciones materiales de la nueva nación impuesta desde arriba, desde la Corona, a la vez que se desarrollaba como telón de fondo, y silenciosamente, la transformación de la superestructura económica y social que también aspiraba a la nación republicana.

En Rio de Janeiro se produce un fenómeno de contradicción económica: la ampliación del mercado se desarrollo, en gran medida, para poder sustentar la nueva demanda generada a partir de la llegada del Rey y sus entre 10.000 – 15.000 refugiados peninsulares. Ante la medida real de las rebajas de los precios en beneficio del nuevo grupo consumidor, el sistema de exportación brasileño entro en crisis, por lo cual, irremediablemente, se limita el crecimiento económico imperial.

En Rio se provoca, además, una expansión urbana de carácter metropolitana (que se ve expresada en el hecho de que a 20 años de la penetración de la Corona, su población crecería 3 veces su tamaño), por lo cual Rio adquiere una “personalidad urbana”, adquiriendo en su desarrollo, su identificación como capital de la monarquía portuguesa. Se realizan entre otras, dos grandes construcciones para la creación de una alta cultura de la Corona: la Biblioteca Real y la Academia Militar, con lo cual, la monarquía portuguesa se logra hacer menos ajena al Brasil. En el marco institucional, su Corte, sus ministros, siguen gobernando la vida política del Brasil bajo el régimen de la monarquía absoluta.

 

(b) Variaciones en los intereses portugueses, del eje Portugal al eje Brasil 

En la sucesión de ministros encargados de la vida política de Brasil, estos intereses monárquicos absolutistas se topan con los intereses británicos con respecto al Rio de Plata. El conde de Linhares, don Rodrigo de Souza Coutihho, identificado con los intereses de la alianza británica, en favor de esta influencia británica sobre el Rio de la Plata, pierde el favor del soberano que deseaba la reestructuración de la nueva nación imperial, que buscaba dentro de sus fines, establecer su propia influencia en la región sur. Luego de la muerte del conde, ya en 1814, el gabinete reafirma el apoyo del regente a Antonio de Araujo, francófilo, bajo la abierta oposición del representante de los intereses británicos, lord Strangford, que busco convencer al Rey Juan de retornar a Lisboa para comandar al imperio lejos de los dominios del Rio de la Plata, y permitir la persistencia de los británicos. Aquí quedaban manifiestos los intereses de la Corona portuguesa en tanto por un lado, Portugal busca mantener distancia entre sus intereses y los de Inglaterra, a la vez que su estrategia de trasladar definitivamente el eje del imperio desde Portugal. De un lado, Portugal intentaba reanudar sus lazos con la Francia nuevamente borbónica, y con Austria, mientras que de otro lado, tras la muerte de la reina María que convertía a Don Juan en rey de Portugal por derecho propio (y no bajo la escusa de la insanidad de su madre), y en pleno desarrollo de la postguerra napoleónica, Don Juan decide el traslado de la mayor parte del ejército portugués a América para emprender su aventura sobre La Plata, expresando con ello la necesidad de emprender sus propias acciones, contra cualquier impedimento.

 

(c) Descomposición del Virreinato; Brasil como una Corona independiente 

Frente a este proceso de consolidación de Portugal como una potencia ultramarina, de posicionamiento de sus intereses, se desnuda el fenómeno económico y social ya descrito como “el telón de fondo”: la revolución pernambucana de 1817, revela la fragilidad del régimen configurado por la Corona, de aparente solidez. En Pernambuco se enciende la chispa, por medio de un alzamiento republicano establecido por medio de una Junta de 5 miembros, en representación auto-designada de la elite del antiguo orden de Recife: un representante del clero, la oficialidad, la magistratura, del comercio y de la agricultura. Este movimiento, pese a lograr cierta expansión, fue aplastado y las fuerzas realistas terminaron por tomarse Recife.

Lo que dejo en evidencia este episodio, al desnudo, fue el hecho de la oposición de intereses entre americanos y peninsulares, a la vez que la oposición histórica entre productores de Pernambuco y los mercaderes de Recife, como bien señala Halperin, y que ya había destacado Marx en términos generales, en el ultimo capitulo del tomo 1 de El Capital, titulado La Teoría Moderna de la Colonización, en la que explica el carácter de la oposición entre el modo productivista y el modo mercantilista-capitalista:

 

“(…) en las colonias. Allí, el régimen capitalista choca en todas partes con el obstáculo del productor, el cual, en calidad de poseedor de sus propias condiciones de trabajo, se enriquece así mismo con su trabajo, en vez de enriquecer al capitalista. La contradicción entre estos dos sistemas económicos, diametralmente opuestos, se manifiesta prácticamente, en este caso, en la lucha entablada entre ambos. Si el capitalista se ve respaldado por el poder de la metrópoli, procura barrer violentamente de su camino el modo de producción y de apropiación fundado en el trabajo propio del productor.”[1]

 

Creemos que a partir de este momento se vuelve más decididamente manifiesta esta lucha descrita por Marx, entre los viejos intereses coloniales y los nuevos intereses capitalistas de comerciantes ingleses y portugueses, y del propio poder absoluto de la monarquía portuguesa. El grupo productivista, localista, auto-designado como “patriota”, es decir, la vieja elite colonial pernambucana, así como unos sectores de la minería, se vuelcan hacia el republicanismo con el afán de abrirse el paso ante el nuevo peso absolutista del monarca en tierras brasileñas. He aquí un hecho que empujaría aun con más fuerza a una nueva relación entre la monarquía y la sociedad brasileña: en 1820 estalla en Oporto (Portugal) estallo la revolución liberal. Este movimiento constitucionalista no tardaría en trasladarse a Brasil y estallar en distintas regiones durante 1821: en Pará (1 de enero); Bahía (febrero); en la Capital, el 26 de febrero, se desarrollara un alzamiento constitucionalistas, de la mano de militares portugueses a favor del movimiento constitucionalista en Portugal. De este modo, Don Juan era obligado a reconocer estas reformas constitucionales en Portugal y a prometer una futura constitución para Brasil. Ante el llamado en Portugal, el rey parte a estas tierras el 25 de julio (junto con 3.000 cortesanos y buena parte del tesoro), dejando a su cargo a su hijo Pedro, como lugarteniente y regente del reino de Brasil.

Ante las presiones de los ministros pro-brasileños, Don Pedro es obligado a jurar las bases constitucionales dictadas por la metrópoli. En Rio de Janeiro, cerca de junio de 1821, surge a la luz la masoneria, que habia estado detrás, ocultamente, del movimiento de 1817. Por fin salía de las sombras conspirativas para afirmar su ligazón con el movimiento constitucionalista. Entre mayo y noviembre, las distintas capitanias eligen a sus delegados para asistir a la constituyente que se realizara en Lisboa, que incluye a todas las capitanías del imperio. Sin embargo, un nuevo acontecimiento definitivo vendría a demarcar el fin del virreinato de Brasil y la independencia del reino de Brasil.

En junio, en la región de San Pablo se crea una junta, a cuya cabeza se pone su vicepresidente, José Bonifacio de Andrada e Silva, quien ofrece las bases y entrega la estrategia para el movimiento que conducirá a la Independencia de Brasil, que es una nueva constitución monárquica emanada desde el propio poder monárquico en Brasil, desentendiéndose de la monarquía portuguesa. En diciembre de 1821, la llamada exigencia de San Pablo al príncipe Pedro es recibida por él, que permanece en Brasil, frente al llamado del rey en enero de 1822. Frente a esta recepción del príncipe, la guarnición portuguesa se alza contra la medida y la exigencia de San Pablo, provocando también a su vez una reacción y oposición que detiene la acción de la guarnición. Esta reacción alentada por el propio Don Pedro, termina con la expulsión de las guarniciones portuguesas de Brasil, y con el nombramiento de José Bonifacio como ministro de Gobierno y Asuntos Extranjeros. El 13 de mayo acepta el titulo otorgado por la Masonería de Rio de Defensor Perpetuo del Brasil, con lo cual esta figura se convierte en pieza trascendental en el proceso fundacional republicano.

El 1 de agosto de ese mismo año, por fin, José Bonifacio convoca a la Constituyente en la cual declaraba la independencia política de reino brasileño. Finalmente, ante la amenaza de las Cortes de Lisboa, se declaro oficialmente la independencia el 7 de septiembre. El 14 de este mes es reclamado emperador y el 1 de diciembre es coronado como tal.

[1] Carlos Marx, El Capital, Pág. 756, LOM Ediciones, 2010.

Crisis y descomposición del Estado Imperial Español, de la erosión económica a la liberalización de las economías americanas del sur: Argentina, Uruguay y Chile (Camilo Reyes)

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Para analizar correctamente el proceso global de erosión del sistema económico imperial español (proceso que comienza a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, con las reformas liberales de 1778), y los procesos locales de la liberalización de las economías americanas del sur tras las independencias, debemos conocer, en primer lugar, las condiciones económicas que instauro el gobierno imperial sobre las distintas localidades americanas, para entender adecuadamente el proceso de descomposición general del sistema, que abre los múltiples procesos económicos localistas que desarrollan las elites criollas en los territorios del sur. Comprender, como bien lo menciona Francisco Xavier Guerra, que el proceso global de las independencias, en su “simultaneidad y semejanza”, se inscribe, realmente, sobre un plano de “diversas economías” americanas.[1] Por esta razón cabe preguntarnos en términos globales, ¿de qué modo la economía imperial española pudo articular esta serie de “disimetrías” bajo un solo sistema comandado por la metrópolis? ¿En qué consistió -a grandes rasgos-, la articulación imperial española de las distintas localidades y economías americanas, que al desmontarse desato los procesos económicos diversos?

Para responder a estas preguntas es necesario primero, indagar sobre la naturaleza de unidad del Estado Imperial Español, para luego internarnos sobre lo específico y característico de cada economía local.

Una última aclaración importantísima es necesaria, antes de comenzar con el análisis dispuesto, y se corresponde con que, de todas las economías de América del sur, centraremos nuestro análisis en las republicas más australes del continente, es decir, las que se encuentran por sobre los 30° latitud sur: Argentina, Uruguay y Chile. Esto en busca de un análisis comparativo de las diferencias regionales, sobre la base de la geografía física y humana, por la similitud caracterológica y climatológica de las regiones, y también por la afinidad histórica de las regiones, pues los primeros grandes éxitos de las revoluciones independentistas, fueron realizados en esta región de América, además del hecho casi anecdótico de que, una vez realizadas las independencias, se pensó en hacer de Argentina y Chile, una sola nación soberana, hecho que denota cierta afinidad entre las regiones cordilleranas del este y oeste (también se podría mencionar aquí, la unidad confederativa entre los indígenas del este y el oeste, en plena época de resistencia a la conquista española, como otro componente histórico de la afinidad austral). Esto justifica en parte la adopción de un analisis comparativo entre estas regiones.

 

 

 

  1. Naturaleza de la Unidad del Estado Imperial Español

 

En primer lugar, cabe mencionar que esta unidad económica del Imperio con sus colonias, se encontraba estrechamente entrelazada y asegurada por la unidad política y jurídica del Imperio, por lo cual debemos destacar dos elementos que conforman esta unidad jurídica y económica del Estado Imperial: de un lado encontramos (a) la unidad basada en el origen divino del poder centralista del monarca, mientras que del otro, (b) la unidad monopólica del mercado intercontinental.

(a) Con respecto a la primera forma de unidad, debemos decir que tal unidad jurídica del Imperio con las colonias se sustentaba en un Estado de señorío donado por la santa sede, lo que en la práctica significo la instauración de toda una burocracia administrativa que se dibuja de la siguiente forma del poder real a las localidades: el Consejo de Indias en España à Virreinatos à Gobernaciones à Capitanías Generales à a los cargos menores. Pero el rasgo que nos interesa destacar aquí, para responder satisfactoriamente a las preguntas planteadas más arriba, es el de la política colonial, con respecto a la protección de sus contribuyentes, pues estos actores fueron los que incrementaron constantemente las arcas reales de la Corona. Colonos mineros, estancieros y productores fueron los mayores contribuyentes del Estado, pero a estos debemos sumar a la masa laboral indígena que se encontraba bajo la protección del brazo real. ¿Protegidos contra quienes?, pues contra quienes se convertirían luego en los mayores enemigos de la Corona, es decir, contra los grandes mercaderes, y los viejos y nuevos señores criollos de inclinación feudalizante y servidumbrista. Pero antes de avanzar, vuelvo a recalcar que estos protegidos del rey, nos interesa considerarlos en el aspecto de principales contribuyentes del Rey, por los impuestos reales que recaían sobre ellos.

(b) Con respecto a la unidad monopólica del mercado intercontinental, debemos decir que esta se logro, gracias al esfuerzo combinado de los grandes mercaderes hispanos, los grandes navegantes y la masa de colonos españoles pobres que descubrieron y colonizaron América. Este monopolio comercial establecido por la Corona, también se encontraba organizado de acuerdo a unos escalones jerárquicos, estratificados de la siguiente forma: Real Hacienda à la Casa de Contratación de Sevilla à hasta el Sistema Real de Aduanas. Aquí, lo importante de destacar, es que este monopolio comercial diseñado por el poder central, asfixiaba a los grandes mercaderes hispanos, principalmente debido a la competencia desigual que tenían con los grandes mercaderes ingleses y franceses. Esto les llevo a organizar luchas y presiones al poder real, movimientos que lograron concretar sus aspiraciones parciales en las Leyes Liberales de 1778, leyes que permitieron el libre tráfico y el comercio intercontinental, por medio de una competitividad regulada. Esta forzosa perdida del mercado real provoco los primeros procesos de descomposición importantes del Imperio: se produjo una crisis fiscal por la cual la Corona tuvo que vender, es decir, privatizar los cargos públicos que hasta el momento habían sido reintegrados a través de la figura de los Intendentes, a la vez que se inicio un proceso de descomposición de los monopolios estatales, como el del tabaco (por ejemplo), además de que en materia jurídica, también se privatizo el acceso a los títulos honoríficos de señorío. Con esto se abrió el camino para la hegemonía de los grandes mercaderes en América, quienes lograron oponerse exitosamente al pago de los impuestos. Por otra parte, una de las medidas negativas, sobre la cual tuvo que optar la Corona para apalear la reducción de sus ingresos, fue la del endurecimiento de los impuestos a sus contribuyentes, sus antiguos aliados y protegidos, lo que empujo a estos, es decir, a los productores, hacia la posibilidad de convertir sus fueros comunales [ayuntamientos, Cabildos] en soberanías nacionales.

Finalmente, en 1808, se produce la erosión del poder monárquico (la causa externa principal de las independencias), por la captura de Fernando VII, lo que abre los procesos económicos independientes de las localidades bajo el propio brillo de su singularidad.

De este breve análisis, ya podamos desprender los principales elementos de la articulación económica imperial española, comprender en segunda instancia la importancia de las reformas que intentaron salvar la situación pero que finalmente terminaron por erosionar la sociedad colonial americana [sobre todo de la influencia nefasta para el Imperio, a partir de las Leyes Liberales], abriendo la posibilidad del control soberano nacional al control de los criollos acaudillados localmente, tanto de productores como de grandes mercaderes.

 

 

  1. Liberalización de las economías americanas del sur:

Argentina, Uruguay y Chile

 

De este proceso de descomposición del Estado Imperial, debemos entender un consecuente proceso global de liberalización de las economías nacionales, en favor de las dos clases superiores que dominaron América tras el derrumbamiento general del Imperio, por medio de las Juntas de Gobierno y de los Cabildos: (a) la elite mercantil, que aprovecho los procesos de independencia para poder liberar los mecanismo de acumulación de Capital, y (b) los empresarios  productores, que desde antes del derrumbamiento, pero sobre todo desde la realización de las Juntas de Gobierno, poseen el poder necesario para disciplinar y administrar a los trabajadores, para convertir a sus extensas cuadrillas en montoneras, y en eventuales “ejércitos patrióticos”. Estas dos clases expresaron su poder de modelar el espacio social, de instaurar un sistema de extracción de los excedentes y de gestión directo de estos, bajo diversas configuraciones nacionales, en las cuales nos adentraremos para descubrir la forma de su poder económico local especifico.

Importante es señalar previamente, una observación global de Francisco Xavier Guerra, con respecto al panorama económico americano, que nos servirá de apertura a nuestro análisis de las condiciones especificas de la nueva economía nacional, que se abre para los países de América del Sur, a partir de las Independencias: “salvo en las regiones de agricultura tropical, la mayor parte de los sectores económicos y de los grupos sociales de América, no están esencialmente orientados hacia el exterior”.[2] Esto denota un elemento importantísimo para la comprensión de las economías que trataremos a continuación, pues estas (Argentina, Uruguay y Chile), no fueron economías orientadas al exterior, y mas bien, los países europeos que establecieron una influencia sobre ellas, se ocuparon de conjurar sus industrias y limitar sus desarrollos, en contraste con las economías americanas que funcionaron como factorías de los países europeos (Brasil con sus factorías de oro –Minas Gerais-, tabaco, algodón, cacao y arroz –este y noreste de Brasil-, y anteriormente azúcar; las Antillas con sus factorías de azúcar, café, índigo, algodón y cacao; plata en México; tabaco al norte de Florida).

Esto nos permite realizar una importante distinción, que nos servirá de apoyo y punto de arranque en nuestro análisis de las economías locales de los países del sur austral.

 

 

2.1. Revolución económica en el Rio de la Plata, Argentina

 

   Ad portas de la independencia en el Rio de la Plata, la elite criolla mercantil (mayoritariamente hispanos) se encontraban lo bastante unificada en las ideas de liberalización de la economía, que no tardo en imponer sus intereses económicos particulares a los productores rurales. El interés económico dominante era el de los comerciantes y compradores de Buenos Aires (grandes mercaderes), a tal punto de que la agricultura bonaerense constituía una parte comparativamente débil de la economía regional (por culpa de la falta de grandes estancias, la división de la tierra en numerosas propiedades y por las malocas indianas). Los pequeños y débiles productores rurales, quedaron a merced de los mercaderes porteños, que podían imponer sin problemas su hegemonía y control económico, manteniendo bajos los precios de los cueros y limitando la capacidad de exportación. Nuevamente resuenan las palabras de Francisco Xavier Guerra, esta vez de la mano de John Lynch para el caso particular del Rio de la Plata: “La producción rural de Buenos Aires no estaba orientada principalmente a la exportación (…) Los grandes comerciantes de Buenos Aires, por tanto, extraían sus beneficios, no de la exportación de los productos del campo, sino de la importación de bienes manufacturados para un mercado de consumo, que se extendía desde Buenos Aires a Potosí y Santiago, a cambio de metales preciosos.”[3] Además debemos agregar que para el último periodo colonial, los productos derivados de la ganadería correspondían al 20% de la exportación de Buenos Aires, mientras que lo demás, el 80% restante, correspondía a la exportación de plata.

Indudablemente nos encontramos frente a una economía basada predominantemente en la extracción y acumulación de metales preciosos, como en las condiciones señaladas por Marx en El Capital, de que el desarrollo del capitalismo en los países colonizados, se instala por medio la lucha entre dos sistemas económicos, el productivista y el capitalista, donde el segundo triunfa en favor de la destrucción del modo de producción y apropiación fundado sobre el propio trabajo de los productores, por medio de la instauración de las relaciones capitalistas de producción y apropiación.

La economía del Rio de la Plata ya se encontraba lista para vivir un proceso de expansión de esta lógica mercantilista, más allá del restrictivo modelo colonial de la economía. Buenos Aires ya cumplía su rol de puerto de entrada para el comercio a Sudamérica, a la vez que lograba establecer un vínculo comercial con la zona minera del Alto Perú, por lo cual ya se había consolidado su integración al comercio intercontinental. En este contexto, tanto comerciantes del cuero como estancieros esperaban una liberalización definitiva que les permitiera expandir su comercio más allá de las restricciones coloniales. Sin embargo, también se podían distinguir otros intereses, más allá del litoral de Buenos Aires, en la parte interior de la región (Córdoba, Mendoza y Tucumán), las industrias y la agricultura que abastecían a los mercados locales. Estos productores se encontraban, como ya mencione en el plano global, bajo la protección de la Corona, contra los abusos realizados por los grandes mercaderes hispanos.

Tras la Independencia, una vez roto el monopolio comercial español, se pudo avanzar hacia una liberalización de la economía produciéndose dos efectos contrarios en la región, según la distinción que hemos realizado, entre las provincias del litoral y las provincias del interior: de un lado, en cuanto a las provincias del litoral, se vieron beneficiadas, pues pudieron aprovecharse del desarrollo el comercio ultramarino, avanzar hacia un proceso de competencia de los precios, estimulando la posibilidad de conseguir mejores precios para las exportaciones, a la vez que un acceso a un mercado de productos más baratos para las importaciones, con lo cual el comercio exterior se incremento considerablemente. Tanto consumidores como la clase mercantil se vieron altamente beneficiados. Mejoro la perspectiva de la industria ganadera (que se encontraba oprimida por los monopolios hispanos), pues desde ahora, ellos tenían acceso directo a mercados mas amplios para la venta de sus cueros y otros productos animales. La tierra aumento su valor con lo cual, ganaderos y productores de carne empezaron a incrementar sus ganancias.

Mientras que la otra cara de la moneda la expresaron las provincias del interior, antiguos protegidos de la Corona, quienes entraron en un proceso de grave recesión. Las industrias de Córdova, Mendoza, Salta y Tucumán, industrias textiles, vinicultura y azúcar, quienes realizaban su producción y venta por medio del mercado local y regional, ahora se encontraban expuestas a la dura competencia de mercancías más baratas y mejores procedentes de Europa y Brasil, traídas bajo la política de libre mercado seguida por Buenos Aires.

 

 

2.2. Reacción contra Rio de la Plata: Uruguay

 

Con respecto a la economía de Uruguay, perteneciente antes de su Independencia al Virreinato de la Plata (al igual que Paraguay), podemos decir que llego a convertirse en la colonia más rica en reservas de ganado de todo el Rio de la Plata. Estas tierras eran trabajadas y recorridas por los gauchos nómades de origen mestizo y mulato, que originalmente criaban ganado cimarrón. Este interés por la cría de ganado, fue utilizado y desarrollado por los inmigrantes llegados desde España, actores que ayudaron a crear y expandir una poderosa industria ganadera. De este proceso, se produjo el desarrollo de una clase aristocrática terrateniente: este grupo se enriqueció por medio de las concesiones de tierra que dividieron el país en una serie de grandes estancias basadas en el trabajo de guachos y de esclavos.[4] Estos propietarios eran dueños de inmensas fincas, patriarcales y autosuficientes, estancias que atrajeron a comerciantes de provincias, que pronto se convirtieron en exportadores de cueros y carnes salada, constructores de barcos y traficantes de esclavos.

El puerto comercial de Montevideo constituyo un importante foco de contrabando, que quito gran parte del comercio portuario a Buenos Aires. Luego en la época de las Leyes Liberales de 1778, Montevideo pudo participar del comercio libre y obtener cuantiosos beneficios, generando una gran enemistad en su rival portuario bonaerense, pues rápidamente entraron en competencia por atraer a los mercados europeos y americanos. Por esta razón, es que Buenos Aires, en vísperas de la Independencia, comenzó a negarse a ceder ante las demandas monopolistas y las concesiones solicitadas desde Montevideo, por lo cual quedo de manifiesto esta enemistad.

Luego del estallido revolucionario (impulsado por la molestia de los estancieros frente a los impuestos de propiedad y de comercio, y por la declaración de guerra a Buenos Aires de la mano de Elio), el gobierno de Artigas, en 1815, se propuso “promover la economía de la totalidad de Rio de la Plata sobre la base de la libertad de comercio para las provincias en general y para la Provincia Oriental en particular. Esto suponía el comercio con Gran Bretaña.”[5] Este comercio británico quedaba reducido a la Banda Oriental (con prohibición de una penetración al interior), por medio del cual se desarrollo una gran actividad comercial que hizo obtener unos grandes beneficios a la aristocracia agraria y mercantil.

 

 

2.3. Chile

 

En plena crisis del Estado Imperial, comenzó a surgir fuertemente la idea de la generación de un poder local (nacional), para anteponerlo frente al decadente poder central hispano. De este modo, las comunidades coloniales asumieron la crisis del Estado Imperial, desarrollando su poder paralelo, igualmente tensionado por un conjunto de desigualdades y disputas internas. En este tensionado medio social, se comenzaron a impulsar los procesos de autonomización conjunta de los pueblos chilenos, para avanzar a la creación del nuevo Estado Liberal, que terminara siendo, al final del proceso de instauración del Estado autoritario en 1833, un Estado Oligárquico.

Para 1810, las clases sociales se encontraban en la siguiente posición de intereses que los distinguían particularmente a unas de otras, sobre el interés común por la independencia: las clases superiores se encontraban divididas en, (i) los mercaderes de Santiago, La Serena y Concepción (grupo que lucho por revertir la hegemonía de los mercaderes de Lima); y (ii) los cosecheros y mineros locales (grupo que intento sacudirse de las expoliaciones mercantiles que aguardaban en todos sus frentes: bodegaje, crédito, maquilas, pago de impuestos, etc.). Estos eran los polos de los intereses representados y elevados en los cabildos. Por otra lado, se encontraba (iii) la masa marginal y laboral, de la cual cierta parte derivo hacia el saqueo y el bandidaje, la maloca, como alternativa a las duras condiciones de trabajo forzado que se les ofrecía.

De este modo se conformaron las condiciones propicias para el surgimiento de una legitimidad social, por medio del ejercicio del dialogo ciudadano en los cabildos, y del poder en “el derecho de los pueblos” (sobre el que se apoyaban los productores) de mantener bajo control al gobierno nacional naciente. Sin embargo, no obstante, persistía en el dominio y hegemonía social dispuesta por los monopolistas (los grandes mercaderes de Lima, Santiago-Valparaíso y de Concepción), dominio subrayado por las leyes liberales de 1778, y que se mantenía a pesar de la crisis del Estado Imperial, y el impulso por generar un nuevo Estado Independiente. Estos monopolistas se habían resistido exitosamente al pago de impuesto, que en cambio, recaía sobre los productores (empresarios, patrones), y también a conceder préstamos, tanto a la Corona como al nuevo Gobierno Patriota que se comenzaba a conformar. A esto se sumaba que tras el anterior aumento de los impuestos (post-leyes liberales), se redujeron no solo las ganancias de la Corona, sino que además, las ganancias de mineros, cosecheros y artesanos, aumentando la cesantía y el vagabundaje.

De este modo, en este contexto es que se comienza el proceso de construcción de Estado, sobre la base del dialogo en el primer lugar de encuentro ciudadano, que era el Cabildo local, que luego en 1811, se llevaría hacia una instancia superior que fue el Congreso Nacional, es decir, la constitución de una Federación de Cabildos, para la convención general de los “Pueblos” chilenos.

Como abra de suponerse, la masa marginal y laboral quedaba excluida de esta ilustre instancia de los cabildos, aunque alcanzaba una supuesta representatividad a través de los patrones y productores. Sin embargo, quienes poseían la hegemonía social, también tendían a poseer mayor influencia dentro de estas instancias “populares”. Este “dialogo ciudadano”, se dio principalmente entre las dos clases superiores de la sociedad chilena de la época: la elite mercantil (los grandes mercaderes), que poseía el poder de acumulación de capital, y buscaba la liberalización de las barreras que obstruían tal acumulación, y los empresarios productores (dueños de predios rústicos o de minas, los productores), que poseían el poder necesario para disciplinar y administrar trabajadores. Ambas clases tenían derecho a asistir a las sesiones de los Cabildos y al Congreso, en su calidad de propietarios, según sus intereses particulares de: (i) someter a los mercaderes de Lima, controlar a los mercaderes franceses y anglosajones, y dominar el mercado del pacifico [los monopolistas]; y (ii) acabar con los monopolios americanos dueños del mercado regional de Lima, Potosí, Buenos Aires y Tucumán, que bloqueaban los intereses de crecimiento de los productivistas, en su objetivo de erigir un poder local al servicio de las actividades productivas de la localidad.

De este modo, los acontecimientos ocurridos durante el periodo de la Patria Vieja (1810-1814), se enmarcan en este proceso propio de las clases sociales superiores, en la legislación y codificación nacional según sus intereses socioeconómicos. Mercaderes y patrones, ambos fueron considerados como personas con iguales derechos cívicos, aptos para el dialogo ciudadano en las sesiones locales de los Cabildos y nacionales del Congreso (aunque como hemos mencionado anteriormente, la hegemonía la tenían los monopolistas en Cabildos importantes estratégicamente hablando, como el de Santiago); tomando siempre en consideración, que en el arte de la guerra, en los medios militares, eran los patrones quienes llevaban la ventaja sobre los grupos mercantiles, porque tenían mando sobre extensas cuadrillas de trabajadores, susceptibles de ser tomadas como comandos y montoneras dispuesta a la conformación de un eventual ejercito patriota que vería su irrupción en la acción durante la respuesta realista del Virreinato del Perú.

Durante los cuatro años de la Patria Vieja que sucedieron, se manifestaron una serie de fracasos en materia política e institucional. Si bien la libertad de comercio era una manifestación de la necesidad de las clases patronales y mercantiles (ya que felizmente para ellos se abrieron los puertos al comercio internacional mediante un decreto de enero de 1811), frente a la cual existía gran consenso, en materia institucional esta fase se caracterizo por una gran inestabilidad. El resultado de la primera asamblea representativa y del Congreso fue más bien negativo: se introdujeron una serie de reformas liberales que terminaron por provocar una evidente división entre miembros radicales y conservadores. No se conto con consenso frente a estas, y mas bien, muchos integrantes se mostraron cautos. Se dibujo una división inicial entre Rozas y su grupo radicalizado, y los miembros conservadores del Congreso. El Cabildo de Santiago había solicitado el derecho de enviar al Congreso a 12 diputados, por lo cual los diputados provinciales manifestaron su disgusto. Se pronuncio una polaridad entre los partidarios del centralismo y del federalismo. Se produjo un cierto quiebre que hizo manifestar la división entre la provincia de Santiago y Concepción.

 

 

  1. Conclusiones entorno a los procesos de liberalización

en Argentina, Uruguay y Chile

 

De esta exposición de los procesos de liberalización económica, por medio de las Independencias de Chile, Argentina y Uruguay, podemos concluir en términos generales que quienes terminaron tomando el control del sistema económico, tras la descomposición de los monopolios y la liberalización de la economía, fueron los grandes mercaderes, nuevos monopolista que acaudillaron el poder político y social, más que nada, creando los mecanismos para la conformación de nuevos monopolios comerciales que escaparan a los antiguos dominios establecidos. En el caso de Chile, el movimiento de liberalización se construyo, básicamente, por oposición al Virreinato de Perú, y en vista de un acceso libre al océano pacifico sin restricciones monopólicas comandadas desde el extranjero, mientras que en el caso de Argentina, la elite criolla se lanzo en contra del propio Virreinato de la Plata con sede en Buenos Aires. Por parte de Uruguay, siguiendo su propia línea autonomista, no aceptó el proceso de Independencia de la elite de Buenos Aires como suyo, y la elite se planteo realizar su propia Independencia, para sacudirse del influjo de Brasil, tanto como de Argentina.

En cuanto a la relación entre las provincias dominantes y dominadas, Chile estableció, en primera instancia, un sistema confederado de Cabildos, a través del cual se pretendió, no solo la democracia política de los pueblos, sino que también un equilibrio entre productores de las provincias y grandes mercaderes de Santiago-Valparaíso, balanza que termino por equilibrarse, en definitiva, a favor de la provincia de Santiago y de los nuevos monopolistas; en el caso de Argentina, las provincias del interior, también productivistas, se vieron opacadas y aplastadas por el libre comercio establecido por Buenos Aires; mientras que en Uruguay, esta relación entre productivistas y grandes mercaderes parece estar mejor integrada y equilibrada, quizás debido al afán autonomista que los lleva mejor a consolidarse. Quizás la diferencia entre las actitudes de las aristocracias de chilena y uruguaya, con respecto a las provincias productivistas, se explique por la necesidad de autonomía del Uruguay, que les llevo consolidar una unidad más estrecha, mientras que Chile en su condición de aislamiento, ya gozaba de cierta autonomía que le permitía a los nuevos monopolistas, sometes centralizadamente a las provincias.

En general, los procesos de liberalización de la economía en Chile y Argentina, terminaron por aplastar la capacidad de desarrollar una industria, a lo menos en esta primera etapa, mientras que en Uruguay, la industria de la carne, el cuero y otros productos animales se potencio a partir de la Independencia.

Ya hemos trazado el cuadro de las grandes transformaciones que se producen en las economías de las regiones. Con respecto a la continuidad de las estructuras sociales, en el transcurso de la colonia a la republica, debemos mencionar que, en términos generales, se mantiene la hegemonía establecida desde las Leyes Liberales de 1778, por parte de los grandes mercaderes, del patriciado mercantil, por sobre los productores y las demás clases bajas y populares de la sociedad. Por último, me quisiera quedar con unas palabras expresadas por F. X. Guerra, que sancionan muy bien esta relación de cambio, pero sobre todo de continuidad, que he expresado en estas últimas líneas de esta conclusión: “el carácter revolucionario del proceso abierto en 1808, sigue siendo normalmente aceptado, pero muchas veces el adjetivo <<liberal>> viene a disminuir la fuerza de la palabra revolución, como indicando una revolución limitada: el transito del Antiguo Régimen a la sociedad burguesa, considerada esta y aquella, fundamentalmente por sus rasgos institucionales, sociales y económicos.”[6]

 

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Bibliografía

 

– Francisco Xavier Guerra, Modernidad e independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispanoamericanas, https://rodrigomorenog.files.wordpress.com/…/guerra-modernidad-e-ind….

 

– John Lynch, Las revoluciones hispanoamericanas (1808-1826), Editorial Ariel, S.A., Barcelona

 

– Gabriel Salazar, Arturo Mancilla y Carlos Duran, Historia Contemporánea de Chile I. Estado, legitimidad y ciudadanía, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2012

 

 

 

[1] Versión digital del texto, Modernidad e independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispanoamericanas, https://rodrigomorenog.files.wordpress.com/…/guerra-modernidad-e-ind…,,  pág. 17

[2] Ibíd., pág. 81

[3] John Lynch, Las revoluciones hispanoamericanas (1808-1826), pág. 51, Editorial Ariel, S.A., Barcelona

[4] Ibíd., pág. 93

[5] Ibíd., pág. 101

[6] Modernidad e independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispanoamericanas, https://rodrigomorenog.files.wordpress.com/…/guerra-modernidad-e-ind…,,  pág. 13

La Revolución de independencia haitiana, y reflexiones en torno a su influencia en América Latina y el antirracismo (Camilo Reyes)

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La Revolución haitiana, de entre 1791 y 1804, fue la primera revolución independentista triunfante de América Latina, en un proceso que abolió de paso, en 1795, el sistema de la esclavitud… Los orígenes de estas revueltas se remontan al pasado colonial de la Isla La Española.

Cuando se desplego la rebelión, los franceses ya habían podido colonizar parte importante de la Isla La Española que luego sería declarada independiente en 1804. En un principio, esta parte occidental de la Isla era una colonia hispánica que había sufrido un éxodo de población hacia América continental impulsada por las ansias de riqueza y oro. Esta migración había dejado prácticamente deshabitados los territorios occidentales y sin ciudades. Tras el constante asedio de la parte deshabitada, por parte de aventureros, piratas, filibusteros y bucaneros, y en vista de que estos vagamundos franceses se volvieron fuertes en la Isla de La Tortuga (Isla al norte de la parte occidental de Haiti), la Casa Real Francesa decidió dar apoyo a estos aventureros, convirtiéndolos en corsarios franceses, en pos de una futura colonización definitiva de la zona haitiana.

De aquí en adelante se produjeron luchas y constantes hostigamientos entre corsarios y bandoleros contra las autoridades españolas establecidas en La Española occidental. Debido a estos roces y hostigamientos, en 1697 las autoridades españolas deciden reconocer a la colonia francesa en la Isla, en la parte que los habitantes naturales llamaban Haití, y que los franceses llamaron Saint-Domingue. Pronto comenzaría el constante traslados de esclavos africanos a las zonas despobladas, para convertirlas en mano de obra esclava para labrar los campos.

A partir de este momento, se desarrolló un auge económico y productivo en la Isla, que hacia finales del siglo XVIII, y sobre todo desde 1783, se había convertido en el más vigoroso de todas las Antillas. En los años que precedieron a la Revolución Francesa, fueron conducidos a este lugar por los esclavistas franceses, cerca 30.000 esclavos anuales, para hacerlos trabajar principalmente en plantaciones azucareras, entre otras menores como las de café, algodón e índigo, esto patrocinado por poderosas compañías francesas. Pero un hecho definitivo marcaria una nueva tendencia en la parte occidental de esta isla.

El 14 de julio de 1789, estallaría la Revolución Francesa con la toma de la Bastilla, y esto tendría importantes consecuencias en Saint-Domingue. Se dice que en la Isla predominaron dos tendencias con respecto al estallido revolucionario y sus postulados: de un lado, “los grandes blancos”, terratenientes, ricos plantadores esclavistas se opusieron a los postulados revolucionarios del Tercer Estado francés, mientras que de otro, los llamados “pequeños blancos” y los mulatos simpatizaron con la revolución y sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad universal, por lo cual, y bajo la bandera de la abolición de la esclavitud, se alzaron contra el gobierno, la gran masa de esclavos explotados consiguiendo los primeros y pequeños-grandes frutos de la lucha de liberación a partir de 1791. Mientras tanto, en Europa, en 1795 se firmaba el Tratado de Basilea, para poner fin a la primera guerra entre la Francia republicana y la Primera Coalición contrarrevolucionaria, en la que se encontraba aliada España. Esta ultima, para no permitir el avance de Francia sobre su dominio decide traspasar oficialmente su isla de Santo Domingo, y situar las fronteras entre Haití y la actual Republica Dominicana. Pero este mismo año, y bajo la inspiración de los sacerdotes vudús y hechiceros “houngan”, se ponen a la cabeza del movimiento revolucionario de esclavos negros dos líderes importantes, François Dominique Toussaint-Louverture y Jean-Jacques Dessalines, haciéndose con el poder el primero, en 1795, y con ello declarando el fin de la esclavitud en Haití, aconteciendo con ello el primer movimiento abolicionista triunfante, como ejemplo de lucha revolucionaria en América.

Napoleón Bonaparte, al convertirse en primer cónsul francés en 1799, decide dirigir un ataque contrarrevolucionario a Haití, comandado por su cuñado Emanuel Leclerc, pero este contingente es aniquilado y su líder muere a causa de la fiebre amarilla en la Isla La Tortuga en 1802. En 1803 son vencidas las últimas tropas francesas, de la mano de J. J. Dessalines, en la batalla de Vertierres, por lo cual luego, el 1 de enero de 1804, finalmente se declara la Independencia y Republica de Haití, mientras que este líder militar es proclamado Primer Gobernante y más tarde Emperador de Haití bajo el nombre de Jacques I. Y a partir de este momento se da inicio la historia republicana de Haití.

Esta revolución negra, primer movimiento revolucionario triunfante en contra la esclavitud, y primer gobierno republicano negro del mundo, constituyo un hito y un ejemplo para los revolucionarios independentistas de toda América, pues el hecho por sí solo representó una puñalada mortal contra todas las ideas y teorías racistas que gobernaron la ilustración europea, y que se anidaron como canceres putrefactos en el cuerpo del pensamiento político-social de la época y las siguientes: desde los racismos que se muestran como “moderados”, tal como el del señor Voltaire, traficante esclavista en América que deseaba culpar y justificar filosóficamente a los propios negros de su condición de esclavitud, en pasajes de su obra Estudio sobre los hábitos y el espíritu de las naciones en el cual señala que: “si se puede decir que ciertos hombres merecen ser esclavos, es como a veces se dice que un avaro se merece que le roben”, y el también en el racismo oculto y mistificado de Hegel, diciéndonos en Lecciones sobre la filosofía de la historia, donde concluye luego de un análisis y referencias con respecto a la situación de “las colonias francesas”, como por ejemplo Haití, y las “consecuencias terribles” de la liberación inmediata de los esclavos que: “la abolición gradual de la esclavitud es, por lo tanto, una cosa más conveniente y justa que su supresión repentina”, …de estos ejemplos desfigurados y disimulados, hasta las charlatanerías racistas más brutales y descaradas, como las del Conde de Gobineau, que entre 1853 y1857 publica su libro Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, donde atribuye dogmáticamente la superioridad a la raza nórdica blanca, y una inferioridad grosera a las razas amarilla y negra. En esta obra, este racista obsceno llego a decir que las “facultades pensantes –de la raza negra- son mediocres o incluso nulas”, mientras concede paralelamente a la raza blanca “el monopolio de la belleza, la inteligencia y la fuerza.” De esta última ignorancia trascendental, debemos reflexionar sobre el sublime estado belleza, inteligencia y fuerza que tuvieron que poseer los esclavos haitianos para poder liberarse y auto-emanciparse triunfantes de las cadenas de la esclavitud francesa y universal, para dar ejemplo del camino independentista y anti-esclavista a toda América Latina sumergida en la esclavitud, la encomienda indígena y en la servidumbre en general.

Por último, quisiera despedir esta capsula con unas palabras extraídas del libro De la igualdad de las razas humanas del antropólogo y periodista haitiano Anténor Firmin, libro publicado como respuesta al libro racista del Conde de Gobineau ya mencionado. En el capitulo XVII, nuestro autor señala un acontecimiento histórico determinante para el destino de América Latina. Simon Bolívar, el posterior libertador y fundador de 5 republicas en América del Sur, tras su derrota en las campañas libertadoras en 1811, contrae una deuda histórica con Haití y la promesa de abolir la esclavitud en el continente Americano, a cambio de la noble ayuda material ofrecida por el general haitiano Pétion. En efecto, este fue el país que lo salvo de la derrota, lo alentó, lo inspiro y le dio fuerzas para seguir de pie en su senda libertadora, es decir, le facilito los hombres, las armas y el dinero necesario para poder concretar su empresa libertadora. Las palabras Firmin versan así: “…se puede afirmar que la independencia de Haití influyo positivamente en el destino de toda la raza etiópica que vivía fuera de África. Al mismo tiempo cambio el régimen económico y moral de todas las potencias europeas que tenían colonias; su realización también peso en la economía interna de todas las naciones americanas que mantenían el sistema esclavista. (…) En efecto, la conducta de los negros haitianos desmentía completamente la teoría de que el nigriciano es un ser incapaz de actos grandes o nobles, y sobre todo, incapaz de resistirse a los hombres de raza blanca. (…) Por lo tanto, y sin que me puedan acusar de exageración en la defensa de mi tesis, puedo certificar, (…) que la raza negra posee una historia tan positiva, tan importante como todas las demás razas.”

La CONARA, proyecto y privatización dictatorial (Camilo Reyes)

Tan solo unos meses culminado el golpe militar contra el gobierno de Salvador  Allende y la Unidad Popular, el 17 de diciembre de 1973, la Junta crea la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa, encargada de trazar la nueva división político-administrativa del Estado chileno. Tal reforma abarcaba dos campos principales de acción, con dimensiones políticas, sociales y económicas interrelacionadas: (1) una reforma estructural, y (2) una reforma funcional del Estado (Chile hacia un nuevo destino, 1975). El primer campo se ocupa principalmente, de aspectos de organización y normativos, mientras que el segundo, se aboca al perfeccionamiento de los sistemas y procesos administrativos del Estado. Ambos campos de aplicación de este proyecto, son la expresión de la necesidad del gobierno dictatorial, de desmontar el modelo republicano dominante anterior, y de construir, mediante una reconfiguración de las relaciones espaciales del Estado, las nuevas estructuras legales del naciente  poder autoritario militar.

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Por medio de esta reforma (contra)revolucionaria, el poder dictatorial se aseguraba la consagración de las formas unitarias y legales específicas de su dominio, que barrerían con el orden republicano burgués anterior, por la manipulación del medio (que es un medio subjetivo, social y medio ambiental), para ponerlo a su servicio en todo momento, dividiendo a su modo el espacio social y medio ambiental (tanto en su aspecto de “marco físico”, material, como en el aspecto de “medio agenciador” de lo social –“sobre lo que acontece lo social”-), creando un nuevo mecanismo de articulación social (discursiva y corporal), un nuevo modo de producción general, imponiendo arbitrariamente nuevas formaciones sociales, y por ende produciendo una nueva estructura de poder, es decir, un nuevo sistema y forma de gestión y apropiación del excedente nacional por las cases dominantes. De este modo, el poder logra su afirmación como elemento conformador del espacio, que es su variable supeditada (Sánchez, Poder y espacio).

Debemos reconocer aquí, que el eje principal sobre el cual se mueve esta reformulación de la división territorial-administrativa, es el eje de la regionalización de Chile, y de antemano debemos decir que, tal reconfiguración resulta ser una de las más importantes realizadas, porque bajo esta división social es que subsisten contemporáneamente las clases dominadas, bajo esta institucionalidad dictatorial capitalista imperante, es que aun encaminamos nuestras existencias hacia la liberación social.

 

En la introducción del texto de la CONARA, Chile hacia un nuevo destino, su reforma administrativa integral y el proceso de regionalización (1975), se señala que este documento “servirá de útil guía a los niveles nacionales, regionales, provinciales, comunales para comprender el esfuerzo denodado que realiza nuestro país en esta etapa, iniciando el despegue económico paulatino, después de una dura coyuntura derivada del caos de todo orden que heredamos./ Tenemos fe en el destino de Chile: su juventud, sus hombres, sus mujeres; su inmenso territorio, pleno de riquezas complementarias, muchas aun sin explotar; el mar de Chile con sus insospechadas fuentes de recursos; la Antártida chilena; el Pacifico, océano del futuro; su cultura y su unidad nacional.” Aquí rezan ciertos elementos importantes, como la asociación de lo joven con el destino, de lo joven con lo que se comienza a gestar (la nueva división social). Valores y principios que guían la misión de la dictadura hacia un destino económico profético que, como lo demuestran las agudas crisis económicas del 77’ y 82’, no fueron más que falsas plegarias. Existe el gran componente emocional de la religiosidad y la puesta en función de la creencia en una pre-supuesta unidad nacional abstracta –ocultando y mistificando la división social efectuada por el poder para el beneficio de las clases dominantes. De la frase “del caos de todo orden que heredamos”, podemos interpretar la necesidad de subrayar discursivamente que la nueva institucionalidad viene a restablecer un orden, ausente o perdido en la anterior institucionalidad social pre-dictatorial.[1] ¿Entonces de que tipo de “unidad” se está hablando cuando se vive en un país en ruinas y socialmente dividido? ¿Cuál es ese “nítido perfil que le es propio”, al que se hace mención en la introducción de este documento?[2] En la Declaración de Principios de la Junta, reza una definición bastante errónea sobre la nación, en la cual califica al país como un “todo homogéneo, histórica, étnica y culturalmente no obstante su disímil geografía”, cosa bastante descabellada, considerando que el golpe de Estado había ocurrido recientemente…

 

La CONARA señala en sus documentos, el aspecto geoeconómico de la Reforma Administrativa, insertando el destino del país, dentro del proyecto del continente americano, en especial, en dependencia del destino de Iberoamérica, con esperanzas en la apertura económica a través del pacifico, y en las riquezas del país, para ser aprovechadas integralmente, lo que nos remite nuevamente a la doble faceta del poder, como el establecimiento de un nuevo modo de apropiación y gestión del excedente. Esto ya evidencia la instauración de un sistema de dependencia económica internacional, al trazar silenciosamente el programa de explotación de los recursos naturales, y ningún desarrollo de grandes industrias manufactureras (como parecía anunciar, en cambio, el modelo de la CORFO). En la práctica, este trazado estratégico internacional se efectuó internamente por medio de una política de gobierno consistente en una descentralización y desconcentración de la administración del Estado.

En el aspecto interior, como ya mencionamos, el elemento fundamental de la Reforma Administrativa, fue el proceso de regionalización, aunque no debemos olvidar la necesidad de dar un sentido unitario al poder político, de permitir la plenitud de atributos y funciones a la autoridad política bajo un régimen jurídico integrado, de coordinación y participación de las regiones en función de su integración, de la seguridad, del desarrollo socioeconómico, para la administración nacional. Estos últimos son los caracteres militares y represivos de la reforma. En cuanto a los fundamentos geoeconómicos interiores, podemos mencionar: (1) la necesidad de lograr una integración nacional: (a) por medio del equilibrio en los aprovechamientos de los recursos naturales, (b) poder lograr una participación real de la población, y (c) lograr una igualdad de oportunidades para alcanzar los beneficios producidos en conjunto [todos estos, objetivos defraudados]; (2) la necesidad de vincular los objetivos geoeconómicos con los objetivos  propios de la “seguridad nacional”; (3) lograr una mejor utilización del territorio y sus recursos para la consecución de metas económicas del país; (4) acabar con “la excesiva concentración”, para lograr un crecimiento económico mas acelerado y regionalmente equilibrado. Este último punto, de “la excesiva concentración”, es interpretado y recalcado en el informe de la CONARA, como síntoma de concentración del poder político y económico, como centralización asfixiante de la administración pública. Esto llevaría a las provincias, a una situación de frustración y discriminación con respecto al centralismo de Santiago, que se manifestaba en términos de actividad económica y empleo, remuneraciones y burocracia centralista.

 

Esta reforma estructural y funcional descrita, supuso una violenta readecuación de la estructura superior de la administración, sin transformar sustancialmente el dominio de la clase dominante imperante, de los magnates capitalistas por sobre las clases populares empobrecidas. Se podría decir que, más bien, esta reforma constituyo un ataque directo a las clases proletarias y profesionales radicalizadas, a sus reivindicaciones sociales, para rehabilitar los mecanismos más autoritarios de la división social anterior, que habían sido más o menos demolidos por la lucha popular y proletaria sindical durante la gran parte inicial del siglo XX, hasta el 73’. Lo que se hizo, fue reemplazar la anterior división política y administrativa del país en 25 provincias (desde 1928) y 6 macrorregiones (como en la propuesta de la CORFO), por una distinción geoeconómica de 12 regiones y 1 área metropolitana, un completo reordenamiento jurídico del Estado, con el objetivo de posibilitar la planificación del desarrollo económico dictatorial.

Esta regionalización establece que cada región debe estructurarse considerando: los factores humanos, de seguridad, geográficos, productivos, de infraestructura. Esto con la finalidad de entregar a diferentes zonas, un grado amplio de iniciativa y de razonable autonomía para el desarrollo económico de las regiones. Para establecer un control por parte del poder central sobre las regiones, se designara un intendente regional, con el fin de formular y efectuar las políticas y los planes de desarrollo regional de los organismos del Estado, y para aprobar el presupuesto regional, establecer los programas y proyectos específicos para cautelar el cumplimiento de los fines dispuestos para las empresas en cuestión. En fin, el Intendente es quien dirige y administra la región, junto con la asesoría de un Consejo Regional de Desarrollo, que es el organismo creado, para la participación regional. Junto con el establecimiento de este nuevo control coordinador y centralizador de las actividades de los organismos regional y comunal, se proponen desarrollan otros elementos importantes de mencionar: (1) el primero, es el concerniente al rol de los Ministerios: en tanto tenderán a estructurarse bajo el principio de funcionalidad, bajo la idea de la formación de polos de desarrollo regionales; y (2) el segundo, que tiene que ver con la nueva legislación en torno al rol de las Municipalidades (microregionalidad), que adquieren un papel preponderante en el desarrollo integral regional, tanto a nivel físico como social. El nuevo régimen jurídico funciona generando leyes instrumentales de la acción administrativa, con el fin de que el sistema a desarrollarse, pueda imponer procedimientos eficientes y uniformes, que le permitan una flexibilidad y una operatividad satisfactoria.

Una última observación con respecto al sistema regional, es que estos cambios en la espacialidad y sus instituciones adyacentes, tienen por consecuencia principal, el establecimiento de una nueva relación entre las personas y el espacio (digamos público), pues todo este nuevo sistema ya anuncia un profundo proceso de privatización de ese espacio público y de los recursos geoeconómicos disponibles por región, que es lo que desea el poder central y ordenador jerarquizado de la Junta, organizar las posibilidades de arriba hacia abajo; luego de hacer inventario de los recursos que se pueden extraer por localidad se gestiona de un modo global, según los intereses del poder central para la extracción de lo periférico y regional, que muy por el contrario de haberse descentrado o autonomizado, lo ha hecho económicamente para coordinarse mejor políticamente y administrativamente: de lo nacional –> a lo regional –> lo provincial –> hasta lo comunal.

Bajo la figura del Intendente Regional, además, se realiza una función económica que será acentuada y característica en el proceso de regionalización chilena, pues una de las funciones fundamentales del intendente, es promover la acción del sector privado en su región, pero favorecer su desarrollo de los proyectos en su región. Los ministerios deben operar y hacer lo posible para hacer significar las zonas de algún atractivo para inversionistas, profesionales, y para disponer de mano de obra. El rol del Estado ha quedado reducido al rol de motor del desarrollo económico: se ocupa de impulsar y encauzar el proceso de desarrollo, y solo suplementariamente, en los casos que verdaderamente lo ameriten y justifiquen, debe participar activamente en el mismo proceso de producción como productor de bienes y servicio. Es decir, que el rol productivista del Estado ha quedado reducido a su mínima expresión, cediendo todo su terreno productivo al sector privado extractivo de recursos. Ya mencionábamos anteriormente el ideal del destino de Chile en su integración al panorama occidental, capitalista, iberoamericano, se dibujaba en torno a un proceso de integración en la economía internacional, como país dependiente, y productor de materias primas, mas no de manufacturas.

La razón principal, por la cual se le asigna a los privados el papel reorganizador del sistema productivo, puede entenderse de acuerdo al rol subsidiario del Estado, y su limitado campo de acción con respecto a la actividad. En otro documento de la CONARA, llamado Políticas de la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa, se vuelve a recalcar este rol secundario del Estado con respecto a la actividad productiva: “La función administrativa u operativa consiste en la ejecución de las políticas, la aplicación de las normas e instrucciones y prestaciones de servicios a la comunidad. Esta actividad sólo será asumida por el Estado cuando el sector privado o las organizaciones intermedias entre éste y el individuo, no  pueden cumplirlas eficientemente./ La función administrativa que ejerza directamente el Estado se desconcentrara regionalmente, reservando sólo aquellas actividades que las instancias regionales no pueden cumplir adecuadamente.” (pág. 13). Aquí se ve reflejado el hecho de la destrucción del control administrativo directo que ejercía administrativamente el Estado antes del golpe, y las esperanzas en que el nuevo control regional, subsidiado por las regiones, pase a manos de los sectores privados interesados en explotar recursos naturales. El Estado cesando en su rol de administrador directo y ocupando tan solo el rol de coordinador general, y con ello, los recursos naturales pendientes de la explotación, pasando directamente a control de los inversores capitalistas, para su explotación descentrada.

Las garantías de que esta explotación del medio, permaneciese en manos del Estado, como del sector público, se vieron opacadas por el deficiente desarrollo regional, mientras tal administración directa estuvo en manos del Estado, por lo cual, luego del golpe militar pasamos tristemente de un capitalismo de Estado ineficiente, al polo mas radicalmente capitalista y extractivista, del control del medio por el sector privado. La producción de servicios ha sido radicada al ámbito local y comunal, en beneficio de la iniciativa empresarial privada, y solo ha falta de iniciativa es que el Estado puede llegar a constituir tal entrega de servicios. Bajo esta política, la CONARA busca poder acercar a cada localidad, la entrega de servicios públicos adecuados a las necesidades específicas de cada comunidad o población, esto en cuanto a materias de educación, de salud, de recreación, etc., en problemas que no pudo resolver el antiguo modelo centralista. Esto se ha querido instaurar por medio de la transferencia de la administración del Estado a los Municipios, a través de un proceso de municipalización, para que al depositar la mayor cantidad de operaciones en ellas, se pueda subsidiar a privados que deseen hacerse cargo del desarrollo de estos servicios a nivel comunal.

Lo que debemos entender aquí, es que el país, luego de la promoción y puesta en marcha de las políticas de la CONARA, fue diseñado para ser entregado a los inversores privados, ya sean nacionales o extranjeros. Si bien el modelo anterior pre-dictatorial, del medio como un ente “publico”, dificultosamente logro avances a nivel comunal, a raíz de la mediocridad de un sistema Estatal centralista, del capitalismo de Estado ciego con respecto a las necesidades comunitarias, el nuevo modelo, por promover un desarrollo comunal mas efectivo, lo termino entregando a las aventuras privadas de unos cuantos inversionistas, bajo un modelo desregulado políticamente, pero estrechamente delimitado económicamente. No se concibió, ni de cerca, una tercera vía revolucionaria y federalista que permitiera el desarrollo comunal, desde la propia iniciativa local, ni lograr un sistema de créditos para que las comunidades pudiesen crear y desarrollar sus propias fuerzas productivas, gestionando directamente su propio medio, sino que esta misión le fue entregada a los inversores individuales, que pueden o no actuar de acuerdo a las verdaderas necesidades de las comunidades. Esta forma de desarrollo administrativo económico comunal, al intentar producir un desarrollo de los servicios en las localidades por medio de la iniciativa privada, lejos de acercar estos medios a las propias comunidades, por una ampliación de lo público, abrió la tendencia de alejarla aun mas, inconcebiblemente, que el modelo anterior, pues estos cambios producidos en la espacialidad comunal, tendieron a transformar los precarios medios en que se desarrollaban las personas, dentro de su espacio comunal, en un medio privatizado, que tiende a separar más decididamente a las personas del espacio que habitan. Veamos tan solo dos ejemplos de tal tendencia, en el área salud y educación: en cuanto al área salud. Si bien bajo el modelo del capitalismo de Estado, las comunidades alejadas tenían precarias condiciones de acceso a la salud pública, es decir, a hospitales, tenían ese derecho. Sin embargo, luego de la privatización del medio, las personas se encuentran mediatizadas por el sector empresarial capitalista, y el medio que era público pero precario, ahora se torna en privado y prohibitivo en el acceso para las familias pobres, como en el caso de las instituciones intermediarias como son las ISAPRES. Lo mismo se puede decir en cuanto a la educación, donde los colegios que ofrecen un mayor nivel de educación pertenecen al sector privado, y figuran en el mercado con más altos rentas mensuales, con precios inaccesibles para familias pertenecientes al mundo popular.

Una última palabra con respecto al papel de los privados, en esta reorganización de las actividades económicas que antes pertenecían al Estado raquítico pre-dictatorial, hace relación con la descomposición de este espacio público y estatal, y con el nuevo trazado institucional entregado al sector privado, que se logro instaurar por medios dictatoriales, durante los años 80’, y que puede ilustrar perfectamente este proceso de demolición institucional del sector publico efectuado entre 1985 y 1989. En palabras extraídas desde el libro El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno, de María Olivia Mönckeberg: “el Estado de Chile se deshizo de 30 empresas, lo que le significo una perdida que se estimó en más de mil millones de dólares, es decir, más de 570 mil millones de pesos de hoy (…) entre las treinta que pasaron a manos privadas desde 1985 a marzo de 1990, destacan la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), sus filiales y las compañías de Acero del Pacifico (CAP), la Industria Azucarera Nacional (IANSA), la Línea Aérea Nacional (LAN Chile), la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), Télex Chile, Laboratorios Chile y el Instituto de Seguros del Estado (ISE). (pág. 59)” Estas 30 empresas que pasaron de un control público a uno privado, son el ejemplo más ilustrativo del deseo de entregar el país a las manos de inversores, ya sean extranjeros o internacionales.

Consideramos que este proceso fue efectuado por medio de un afán desindustrializador (camino que el Estado venía tomando, aunque tímidamente, desde las primeras décadas del siglo XX, y tras el surgimiento de la CORFO), para frenar los procesos de independencia económica, y poder entregar un país desprotegido ante la inversión de los capitales extranjeros, para performar una economía netamente extractiva. Esto con la finalidad de la fácil penetración de los capitales inversionistas extranjeros, que pudieran reactivar la economía de dependencia puesta en tela de juicio por el gobierno de la Unidad Popular (tras la nacionalización del cobre), y sus importantes procesos sociales adyacentes, para la repartición de las rentas remanentes entre las clases dominantes (ya sea entre los altos funcionarios del Estado o entre los propios Magnates capitalistas). El ejemplo más significativo, quizás sea el de la minería, específicamente, el caso del cobre, que luego de la nacionalización allendista, fue entregado nuevamente a la inversión extranjera norteamericana, entre otras (BHP Billiton, Rio Tinto y Jeco [Minera Escondida Y Cerro Colorado]; Anglo American plc, Xtrata y Mitsui [Collahuasi]; Antofagasta Minerals [Los Pelambres y El Tesoro]; Freeport-McMoRan Copper & Gold, SMMA Candelaria [El Abra y Candelaria]; Barrick Gold [Zaldívar]; CCM Leonor y Marubeni [El Tesoro]; Teck Cominco [Quebrada Blanca]; Xstrata Chile [Lomas Bavas]), a las transnacionales mineras que han aprovechado para sí, privadamente, los beneficios extraídos y entregados por los auges cupríferos de la década de los 90’ en adelante, y que podría simbolizar por sí solo, toda la ambición del modelo administrativo demarcado e instaurado por la institucionalidad dictatorial.

 

[1] “Las fuerzas del caos son, pues, mantenidas en el exterior en la medida de lo posible, y el espacio interior protege las fuerzas germinativas de una tarea a cumplir, de una obra a realizar.”  Deleuze y Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, pág. 318, PRE-TEXTOS, 2002

[2] “Un error de velocidad, de ritmo o de armonía sería catastrófico, puesto que destruiría al creador y a la creación al restablecer las fuerzas del caos.” (Ibíd.)

Orígenes de la sociedad de brujos chilotes: la Mayoría y su influencia sobre la organización social del archipiélago de Chiloé en la época de la Colonia. (Camilo Reyes)

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  1. Introducción.

(a) Algunos antecedentes de la conquista:

-En 1540, Alonso de Camargo diviso las costas de Chiloé mientras realizaba al Perú (por un viaje a través del Estrecho de Magallanes).

-Unos años después, Pedro de Valdivia organizo una expedición para recabar información geográfica, por lo cual puso al mando de la expedición a Francisco de Ulloa, quien llego al canal de Chacao en 1553, recorriendo las islas del archipiélago (de este modo es considerado el primer europeo en visitar Chiloé).

-En 1558, Juan Fernández Ladrillero ingresa a los canales de Chiloé tomando contacto con los aborígenes (huilliches araucanos en el norte y chonos desplazados hacia el sur por los araucanos) que dominaban la zona.

-El mismo año, García Hurtado de Mendoza inicia una nueva expedición que tomo posesión de las Islas en nombre de la Corona.

-En 1567, comienza el proceso de conquista de los territorios y de la población nativa. Se funda una ciudad con el nombre de Castro. La Isla Grande fue bautizada como Nueva Galicia, nombre que posteriormente seria cambiado por el nombre huilliche “Chiloé”.

 

(b) Algunos antecedentes de la colonia:

-Luego del desastre de Curalaba en 1598 (malocas en que los mapuches vencieron y mataron al gobernador de Chile, dejando a todas las ciudades, entre el rio Biobío y el canal de Chacao, destruidas y abandonadas), Chiloé quedo aislado de las demás posesiones territoriales españolas. Los españoles que quedaron aislados debieron quedarse en la Isla debido a la importancia estratégica que representaba para la Corona la posesión de estos territorios.

 

 

  1. Sistema de creencias mágicas de los habitantes de la Isla Grande.

Religiosidad aborigen.

 

Prácticamente todo el sistema de creencias religiosas y las prácticas chamánicas fueron introducidas en la Isla por medio de la etnia y cultura araucana huilliche: (a) concepción de mundo: todo lo existente en la naturaleza tiene y se encuentra animado por un espíritu: animales, arboles, plantas, volcanes y cometas. (b) creencia en la existencia de espíritus benignos y malignos: (b1) Entre los espíritus favorables se encuentra uno principal (adquirido mas tardíamente tras la influencia del cristianismo), llamado Ngenechen. Este era un ser superior de características tanto masculinas como femeninas, que participaba de la vida de los hombres (tanto por iniciativa propia como por las rogativas de los hombres), sin por ello considerarse omnipotente ni omnisciente. Los diversos y restantes espíritus benignos tenían una diversa importancia dependiendo de su carácter regional, local y familiar. Los antepasados también se convertían en espíritus, especialmente los jefes y guerreros, de igual modo que los machis al fallecer se convertían en machis celestiales.

(b2) Entre los espíritus desfavorables, malignos, que combaten a las fuerzas benignas, los que se agrupaban bajo el principio del mal recibían el nombre de wekufü: fuerzas y espíritus invisibles que hacían daño y que también eran causa de enfermedad y de muerte. Los wekufü pueden actuar por cuenta propia, independientemente y usando su propio poder, pero lo más habitual es que se encuentren bajo el control de algún kalku o brujo hechicero. En esta relación de control, el kalku podía perder la vida si sus poderes no eran suficientemente fuertes para controlar las fuerzas malignas que buscaba dirigir hacia sus víctimas.

(c) los brujos hechiceros, los kalku: mediante la participación de un kalku, un wekufü podía asumir diversas formas materiales y espectrales tales como: (1) animales en una variedad amplia, que podían aparecer en lugares inesperados, tener tamaños distorsionados, ser deformes y poseer características antinaturales. Dos ejemplos de estos animales antinaturales son: (i) el chonchón, que es un ave con cabeza humana (la cabeza de un brujo), y (ii) el waillepen, que es una combinación monstruosa entre una oveja y una vaca. (2) Los wekufü podían asumir también la forma de fenómenos naturales extraños (fenómenos considerados como malignos), tales como los cherufe, bolas de fuego, cometas o estrellas que caían del cielo. (3) También en este sistema de creencias, se creía que los wekufü podían materializarse al convertirse en espectros y fantasmas: en espíritus ancestrales que habían sido contaminados por el mal y controlados por un brujo, tales como los witranalwe y los anchimallén. Ambas formas espectrales atacaban de noche y succionaban la sangre de sus víctimas.

(d) los chamanes mapuche, los machi: como ya mencionamos anteriormente, las personas que ejercían un control sobre las fuerzas malignas eran llamados kalku, y en su contraparte, quienes usaban las fuerzas y espíritus celestes se llamaban machi. El machi ocupa un lugar importante en el sistema religioso mapuche. Esta persona está dotada de poderes espirituales y psíquicos especiales que le permiten tomar contacto con el mundo celeste y comunicarse con los espíritus usando (i) el trance y (ii) la posesión como medios de comunicación. Este estado comunicación espiritual se alcanzaba mediante la autosugestión, el golpeteo rítmico de su tambor, el kultrun [que simboliza el universo], la danza, la aspiración de tabaco y el consumo ciertos alucinógenos que les permitían alcanzar estos estados alterados de conciencia que permiten el contacto. En sus rituales, el machi se encontraba siempre apoyado por espíritus auxiliares que generalmente eran los espíritus de sus ancestros. Podían suceder básicamente dos cosas, para el contacto y la comunicación: (i) en el trance, el alma del machi salía de su cuerpo en un viaje de ascensión celeste que lo comunicaba con el espíritu superior,  Ngenechen. (ii) En el caso de la posesión, el espíritu auxiliar entraba en el cuerpo del machi, hablaba por su boca y también podía responder preguntas, con el fin de administrar justicia y medicina -a veces, determinado culpables del males efectuados a personas o la comunidad.

El machi tenían algunas funciones sociales importantes que no podemos dejar de explicar, si luego queremos comprender la crisis y el fenómeno de desestructuración y destrucción de la estructura chamánica de conocimiento tras la llegada de los evangelizadores hispano-criollos: (i) combatir a las fuerzas malignas, evitar el daño que provocaban y restaurar la salud mediante rituales mágicos curativos. (ii) Establecer una buena relación con los espíritus ancestrales, pues establecer una relación conflictiva con ella podía ser perjudicial a la comunidad, al punto de poder generar tensiones sociales. (iii) Encabezar, en el marco de la ceremonia del Nguillantún [rito religioso mapuche que funciona como conexión con el mundo espiritual para pedir por el bienestar, fortalecer la unión de la comunidad y agradecer los beneficios recibidos]. Esta ceremonia consistía en un sacrificio y posterior rogativa de la comunidad para pedir un favor especial a Ngenechen. Generalmente se realizaban después de haber ocurrido alguna calamidad social: malas cosechas, sequias o excesos de lluvias. En esta ceremonia, es el machi quien se comunicaba con Ngenechen, para después de salir de su trance comunicar su disposición favorable o desfavorable ante la solicitud de la comunidad.

Otro elemento clave del machi es el rewe [poste sagrado de madera, enterrado con una cierta inclinación hacia atrás, que puede ser de canelo, laurel o maqui, que en su parte superior y posterior tenia tallada una figura humana, y que por delante tenía una serie de escalones que permitían al machi subirlo], que era usado para entonar plegarias y alcanzar el éxtasis. Los machis eran los únicos autorizados a subir sobre él, esto debido a su carácter sagrado.

Para sanar a los enfermos, los machis recurrían a otra ceremonia denominada machitún que consistía en la realización de una serie de ritos mágicos de poder curativo, en el uso del humo del tabaco y otros instrumentos como el kultrun y sonajeros, para de este modo convocar a sus espíritus ancestrales familiares a combatir bajo su dirección contra las fuerzas malignas, en una lucha de orden espiritual. En este estado de trance podían averiguar la naturaleza de la enfermedad y derrotar a los espíritus malignos. Al salir del estado de trance los machis podían ser interrogados con respecto al origen de la enfermedad y también el nombre del causante. Debido a las venganzas familiares que podía llegar a causar tal revelación, muchas veces los machis se guardaban esta información. Por ende la función principal de esta ceremonia consistía en: (i) averiguar la naturaleza del mal; (ii) determinar el tratamiento a seguir y las medicinas a tomar. Con respecto a la efectiva curación promovida a través de estos sistemas mágicos por las culturas chamánicas, existen una infinidad de casos documentados de efectiva curación, de un lado, mientras que de otro, estudios que afirman que uno de los componentes importantes de la curación, radica en el acto mismo de la medicación, independientemente de su contenido, pues este acto ayuda a adquirir un sentimiento de dominio y control de la enfermedad en los pacientes, superando las autolimitaciones impuestas por las condiciones de las enfermedades, superándolas por medio del mismo sistema inmunológico.             Inclusive, en ese mismo sentido, el mismo acto de diagnosticar una enfermedad produce un cierto efecto curativo, de cura por la palabra (logoterapia).

Por lo que podemos ver hasta aquí los machis cumplían una doble función social, como encargados de administrar la medicina y la justicia. Entre otros elementos mas relacionados con las funciones de los machis hemos querido destacar estos con el fin de delimitar este breve ensayo al entendimiento de las causas del surgimiento de una sociedad de brujos chilotes, sociedad que ha diferencia de otras sociedad de brujos registradas en America y el mundo, lograron salir de la clandestinidad a la que se encontraban sometidas estas sociedades para ocupar incluso funciones administrativas en Chiloé.

 

 

III. Desestructuración del sistema chamánico

y emergencia del poder de los brujos hechiceros

 

  1. Este proceso de desestructuración del sistema chamánico comenzó con la conquista de los españoles y el proceso de evangelización de los nativos durante los siglos XVII, XVIII, XIX. En un primer periodo, la evangelización fue promovida por medio de las compañías de mercedarios y franciscanos que estuvieron a cargo de realizar la labor espiritual de la Corona. Tras el levantamiento indígena de 1598, y en plena situación de aislamiento en que se encontraba Chiloé con respecto al reino, se produjo un estrecho contacto entre la población española y la población indígena, lo que produjo una primera, e intensa oleada de mestizaje, a la vez que se desarrollaron dos fenómenos dependientes: (1) por un lado, los indígenas fueron rápidamente convertidos al cristianismo; y (2) de otro lado, los españoles, en su esfuerzo de adaptarse a las duras condiciones climáticas, geográficas y económicas del archipiélago, adoptaron gran parte de la cultura de los indígenas con quienes convivían estrechamente. Esta fusión cultural dio origen a una cultura mestiza compartida tanto por indígenas como por españoles, adoptando estos últimos diversas formas de sociabilidad típicas de la cultura huilliche, como los cahuines, que eran fiestas en las que se comía y bebía abundantemente durante varios días e incluso semanas. Todo esto al punto de que la evangelización de los nativos se realizaba por medio de la lengua huilliche, el vicuche. Esta lengua era que principalmente se ocupo en la Isla hasta a lo menos el siglo XIX –al punto de que el español cayó en desuso. Esto significa que si podemos hablar de un éxito en la empresa de evangelización, es solo gracias a que esta dio origen a un fuerte sincretismo de la cultura mapuche, sobre todo con las imágenes cristianas. Esta adopción del cristianismo por parte de los indígenas no significo el sometimiento de su propia cultura, sino que más bien la conservación de gran parte de su pensamiento mágico.

Esta primera época de evangelización se dio sobre la base de grandes dificultades operacionales: la carencia de frailes y curas, dispersión de la población, carencia de caminos adecuados, un agitado mar que rodea a la Isla, constantes lluvias y fuertes vientos. Tras la llegada de los primeros jesuitas a la Isla en 1608, estos realizaron la primera iglesia en Castro para evangelizar a los nativos, y luego fueron haciendo capillas por todo el archipiélago (hasta el punto de que para 1767 ya había 79 capillas construidas). Frente a las condiciones de dispersión de la población y escases de sacerdotes, estos adoptaron la estrategia de la misión circular, que consiste en hacer circular a los pocos sacerdotes entre las diferentes comunidades, sobre la base de las capillas construidas en cada uno de los pueblos indios. También en razón de suplir las ausencias temporales de sacerdotes, ellos mismos crearon la institución de los Fiscales, quienes ayudados por los Sotafiscales, quedaron a cargo del cuidado y la limpieza de las parroquias, conformando los cantones de misa. Junto a ellos, estaban los Patronos y Vicepatronos a quienes se destinó el cuidado de los altares y las imágenes que se ocupaban en las procesiones.

Los jesuitas también instituyeron la celebración de fiestas religiosas, donde las cofradías indígenas jugaban un papel importantísimo. Estas cofradías fueron organizadas bajo el nombre de Cabildos con Supremos y Supremas, compuestos de niños y jóvenes que no pasaban de los 20 años, y tenían cargos y funciones específicos en la cobertura de sus funciones dentro iglesia. Ya a principios del siglo XVII, el culto de los Santos Patronos se había extendido por toda la Isla, y es en relación a estos santos protectores que se realizaban las fiestas de la comunidad, fiestas en las cuales desarrollaban su sincretismo ocultando o disfrazando su ceremonia del Nguillantún con ropajes cristianos, por medio de las fiestas religiosas cristianas. Si en alguna medida los jesuitas fueron tolerantes por necesidad con la religiosidad mapuche, o menos represores de las costumbres nativas asociadas al sistema de conocimiento chamánico, luego de su expulsión en el año l767 (ya en pleno siglo XVIII), al tomar el control del orden religioso, los franciscanos del Colegio San Ildefonso de Chillan. Estos nuevos obispos fueron menos tolerantes con las tradiciones consideradas paganas e incivilizadas y esta orden contribuyo a separar a los sacerdotes de las comunidades. Se le dio un nuevo impulso a la fiesta de los Santos Patrones con la introducción de numerosas imágenes votivas. En 1778 se termino comprometiendo a los pueblos de Caguach, Apiao, Alao, Chaulinec y Tac a darle culto a la imagen del Divino Jesús Nazareno.

Se realizaban también, varias semanas antes de las fiestas patronas las dos ceremonias de Nombraciones de Supremos y Supremas que integraban los cabildos juveniles: la primera en que los Supremos y Supremas, autoridades del Cabildo dejaban sus cargos disponibles, y una segunda ceremonia en que asumían formalmente los cargos, los nuevos Supremos y Supremas, esto ante la presencia de un sacerdote. Los Supremos y Supremas desfilaban en las fiestas patronales con gran solemnidad.

De este modo se lograron los acoplamientos entre religiosidad mapuche y religiosidad cristiana: existe una gran similitud entre existente entre el culto de los Santos Patrones y los antiguos Nguillantunes de los mapuche-huilliche (que por razones de espacio no podemos explicar). Estas fiestas presentaban elementos principales de aquellas grandes rogativas colectivas, como lo son por ejemplo, la banda de músicos que tocaban en las romerías, etc.

Debemos reconocer en este punto, que entre el siglo XVIII y XIX, este acoplamiento entre religiosidades, fue lentamente desarrollándose contra el propio sistema chamánico pues tanto jesuitas como franciscanos fueron prohibiendo a las practicas mágicas de los machis [que constituían un universo aparte, se puede decir, de el emprendido en los Cabildos], pues se desarrollo una represión sistemática de algunos elementos fundamentales del sistema chamánico tales como los usos de amuletos, así como también la práctica de curaciones chamánicas, a lo menos despojando a las curación chamánica de su expresión y contenido místico, supernatural, por lo cual los machis tuvieron que sobrevivir como simples médicos, bajo la depuración de su contenido trascendental y su enseñanza. Para terminar reemplazando las funciones del ejercicio de la justicia, y de la parte mística de la curación chamánica, por la justicia real de la Corona, en un sentido político, y por la medicina occidental que comenzó a penetrar la cultura nativa.

 

  1. Sin embargo, a medida que se producía desestructuración ideológica del sistema natural chamánico y se comenzaba a concretar el exitosamente el proceso de evangelización, quienes empezaron a cobrar una mayor importancia, principalmente debido a la escases de sacerdotes y médicos en Chiloé, fueron los brujos hechiceros, los anteriormente llamados kalku, que ya pertenecían al mundo clandestino, y por ende no sufrieron mayormente las consecuencias de la descomposición del sistema chamánico. El factor que explica la emergencia de la brujería de Chiloé, es el impacto provocado por la evangelización: con la persecución de las prácticas y ritos mágicos, la desaparición de las ceremonias religiosas, el desplazamiento de los machis, se concreto la destrucción del sistema chamánico. Por lo que indirectamente, el cristianismo potencio el desarrollo de los hechiceros. Estos aumentaron su poder e influencia sobre las comunidades indígenas, ya que asumieron nuevas funciones en los ritos curativos mágicos, de fertilización y adivinación, autorregulación de la brujería y también en la administración de la justicia.

Los hechiceros también ayudaron a hacer sobrevivir antiguas prácticas mágicas como depositarios de ese conocimiento.

Debemos entender aquí el proceso político que acompaño las relaciones entre españoles y nativos en el surgimiento del poder de los hechiceros en el siglo XVIII: durante este siglo surgieron nuevas formas de resistencia de las comunidades indígenas. Hicieron un esfuerzo por alcanzar un grado de autonomía política. Los caciques comenzaron a denunciar ante las autoridades los abusos cometidos bajo la institución de la encomienda. Por medio de una larga cadena burocrática, estas quejas llegaron a oídos de la Corona. En el contexto de carencia de jueces, exigieron a la Corona el poder jurídico para administrar su propia justicia, en los pueblos indígenas. Frente a que estas demandas no se veían satisfechas (ni siquiera incluso después de la abolición del sistema de encomiendas), se creó La Mayoría, organización indígena que se desarrollo apoyándose en la brujería, con el objetivo de resistir a la dominación española, tanto en el plano social como en el plano de la cultura. Un ejemplo de ello, es que esta sociedad promovía el rechazo de la evangelización a la vez que del idioma castellano. Se piensa incluso que esta organización levantada por hechiceros en Chiloé, potencio el alzamiento de 1712, así como luego se utilizo la organización para la etapa de resistencia pacífica, dando también soluciones a determinadas necesidades que el Estado no pudo solucionar.  La destrucción del sistema chamánico y su reemplazo por Sacerdotes, Fiscales y Cabildo aumento el poder de los hechiceros, quienes, probablemente, encabezaron movimiento de resistencia huilliche durante el siglo XVIII y XIX.

De este modo se fue afianzando una sociedad de brujos en Chiloé, que poseía una organización a escala mayor, que las de las típicas sociedades brujeriles, a la vez que asumieron características funcionales a la comunidad de la que formaban parte. Para concluir este breve informe sobre el origen de la organización de hechiceros, La Mayoría, quisiera explicar la estructura jerárquica que componía su organización (que tenía bastante similitud con el modo en que fueron organizados los Cabildos religiosos): Rey o Presidente,  Virrey o Vicepresidente, Visitador General, Comandante, Diputado entre otros varios cargos. A pesar de la similitud entre ambas organizaciones, la actividad de los Cabildos se centraba en la fiesta patronal, mientras que la actividad de La Mayoría era permanente. Pero no fue hasta el siglo XIX en que las acciones más importantes de organización se concretarían, pero lamentablemente esto es materia para otro informe, pues ya hemos cumplido explicando su irrupción histórica…

[De acuerdo a la historia tradicional la organización fue creada en 1787, y surgió como una sociedad que no tenía otro propósito que organizar determinados ritos de iniciación a nivel local, adoptando una estructura similar a la de las cofradías religiosas creadas por los jesuitas, aunque se piensa que la organización creció en sí, en sus elementos característicos, solo a partir del siglo XIX, cuando comenzó a asumir funciones de progresivo control y regulación territorial sobre los especialistas que realizan actividades mágico espirituales.]

 

 

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