El proceso de independencia de Brasil: Descomposición del virreinato y origen de la republica brasileña.(Camilo Reyes)

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  1. Antecedentes económicos y administrativo militares de las reformas pombalinas

   (a) Antecedentes económicos

El elemento económico más determinante, a nuestro parecer, en esta primera etapa del proceso de transito de Brasil, desde una colonia portuguesa a una republica independiente, es el factor del oro, pues demarca la diferencia de intereses entre grupos americanos y peninsulares. A finales del siglo XVII, con el descubrimiento de las minas de oro en Rio de Janeiro pero principalmente en Minas Gerais, comienza la producción extractiva, masiva, de este valor metálico, y se inicia la llamada bonanza aurífera, que vendrá a sustituir en importancia al peso que tuvo la producción de azúcar, antes de tal descubrimiento. Este nuevo valor economico venia a articular perfectamente, un siglo de hegemonía británico sobre el oro brasileño: debemos recordar aquí, que luego del Tratado Methuen (1703), se comenzó a privilegiar a los mercaderes británicos con el lucro extraído de este mineral metálico, a lo menos sostenidamente durante el periodo de 1700-1750. Las compañías británicas gozaban de hegemonía sobre la Corona portuguesa en el aprovechamiento del oro, a cambio, los portugueses exportaban sus vinos a Inglaterra, a la vez que entre ambos lograban dar estabilidad y continuidad al comercio de esclavos. Por otra parte, la menor producción agrícola obtenida en Brasil, despreciada por Inglaterra, era comercializada por Portugal en la Europa continental.

Sin embargo, esta edad de oro de la producción metálica entraría en crisis durante el curso del siglo XVIII: entraría en un lento descenso a partir de 1740, y en una declarada decadencia a partir de 1770 (un curso similar, pero tardío y menor, seguiría la producción de diamantes en Brasil). Durante este curso económico, se produjo una modificación del centro de Brasil. Si en la época anterior del auge azucarero, la sede del virrey se encontraba asentada en San Salvador de Bahía (el anterior núcleo central del nordeste: Pernambuco, Paraíba, Rio Grande do Norte, Ceará y Bahía), luego en la época del auge aurífero, esta se trasladaría a Rio de Janeiro (1763), quedando Brasil posicionado con dos grandes cortes al servicio de la Corona portuguesa, siendo de mayor importancia la nueva corte.

Importante es constatar aquí que tanto los campos de producción de azúcar, como los nuevos de extracción de oro avivaron el comercio de importación de esclavos durante el siglo XVIII: estos se traían desde Guinea y principalmente durante la segunda mitad de este siglo, desde Angola (primera mitad de siglo: 800.000 aprox., y segunda mitad: 900.000 esclavos mas). De modo que la esclavitud representaba el régimen por excelencia de la colonia portuguesa, la institución económica básica.

 

(b) Antecedentes administrativo-militares

La agudización de los conflictos europeos, como la Guerra de los Siete Años, en la que se encontraba involucrada Inglaterra, promovió la consolidación del poder británico sobre Portugal (neutral, pero protegido por los intereses británicos). Sin embargo, poco a poco, se comenzaba a producir una dualidad en los intereses de Portugal con respecto a su protector: si bien por un lado buscaban la protección en los brazos de los británicos, por otro lado, comenzaba a darse una inevitable separación entre sus intereses y los de los insulares.

 

 

  1. Las reformas pombalinas en los ámbitos económicos y administrativo-militar

   (a) Las reformas pombalinas en lo económico

De este creciente separación de intereses entre Portugal e Inglaterra, las reformas alentadas por el nuevo marques de Pombal, venían a atacar directamente a las factory británica, para poder favorecer los propios intereses de la Corona, por lo cual se decidió la creación de compañías privilegiadas destinadas a la nacionalización del control sobre la colonia (por medio de la facilitación de créditos a los cultivadores, en forma de contratos que durarían por 20 años).

Dos núcleos de compañías se asentaron en Brasil: el primer núcleo representado por las compañías de Pará y Maranhão: la compañía de Maranhão se dedica mas o menos exitosamente a la producción de algodón, alcanzando las plazas y puertos comerciales de Ruán (al nordeste de Francia), Marsella (sur de Francia), Hamburgo (Alemania), Rotterdam (Países Bajos), Génova (Italia), y Londres (Inglaterra). La compañía en Pará, se dedico con un éxito inferior a la producción de arroz y cacao.

El otro núcleo, es el de las compañías de Pernambuco y Paraíba: ambas zonas de explotación se encontraban estancadas, pues eran las viejas tierras de la producción de azúcar, y esta producción, como bien señala Galeano, dejo bastante dañada las tierras para el propio cultivo del azúcar y otras especies (recordemos que la zona nordeste de Brasil fue la zona más rica y el descenso de esta riqueza se debió a la marchites de las tierras). En esta zona, las compañías no pudieron lograr un copamiento que hiciese retroceder la influencia británica en la zona, por lo cual, estas compañías privilegiadas se dedicaron principalmente al negocio de la importación de esclavos (pues debido al duro proceso de la producción de azúcar, morían muchos más esclavos en los campos que en las minas, inclusive, lo cual requería el constante traslado de nuevos esclavos), y también el negocio de la exportación de azúcar (mas minoritario). Esta compañía obtendrá sus mayores lucros de la provisión de mercancías a los productores y del tráfico con África, además de promover el fomento a la producción, por medio de las actividades de créditos.

Otro elemento importantísimo de las reformas en lo económico, se encontraba dirigido a la prohibición de los comissarios volantes, que son los mercaderes extranjeros sin sede fija, para dar mayor posibilidad a los intereses de los comerciantes con sede fija, ya sea en Portugal o Brasil, esto, a raíz de la necesidad de imponer los intereses metropolitanos frente a los de los comerciantes extranjeros e itinerantes.

 

(b) Las reformas pombalinas en lo administrativo-militar 

En el aspecto administrativo y militar, y de acuerdo a las nuevos intereses portugueses, cada vez mas independientes de los intereses británicos, las reformas buscaron la reestructuración del fisco, esto a partir de 1760 en adelante (la primera década de reformas se sitúa sobre todo, sobre la necesidades económicas, para luego, en la siguiente década apuntalarse sobre lo administrativo).

Por lo cual, se asigno a cada una de las capitanías generales de Brasil, una Junta de Hacienda, para intentar acrecentar el control económico-político, y limitar las pérdidas, negligencias y corrupción, las tráficos ilegales e informales de diamantes, oro y otras mercancías. Buscaban conseguir que las autoridades se encontraran mejor integradas al sistema administrativo imperial portugués. Por esto, se alentó a la afirmación de la supremacía del virrey por sobre los capitanes generales (centralización del poder político), y se creo, a raíz también del auge del oro, la sede virreinal de Rio de Janeiro, quedando Brasil administrado por 2 relacões (Bahía y Rio). De este modo la estructura imperial quedaba estructurada de la siguiente forma: el Rey portugués (que hasta 1777 fue Jose I, fecha en que el gobierno de Pombal llega a su fin) àluego las 2 relacões à luego los ouvidores (que son los jueces de distrito, es decir de una unidad territorial que involucra a mas de una municipalidad o comuna) à los juizes da fora (que son los jueces municipales, que constituyen la mas alta jerarquía del poder judicial) à hasta llegar a las cámaras municipales de origen local.

Ademas, paralelamente a lo administrativo, esta nueva integración de la colonia brasileña con la metrópoli, implicaba un reorganización del ejército portugués en el propio Brasil. Hacia 1770, el núcleo regular del ejercito (4.000 plazas) es sostenido por la milicia auxiliar de origen local, cuyos coroneles poseen el reconocimiento del ascendiente que su posición en la sociedad local les ha otorgado. De ellos se dice que su voluntad es la ley. Por otra parte, del núcleo del ejército, se creó para la supervisión de las zonas mineras, los dragones de Minas Gerais, que eran una fuerza armada de origen metropolitano.

Frente a los obstáculos a la integración de Brasil bajo estas nuevas reglas reformadoras de la relación del Imperio, se decidió en 1759 la expulsión de los jesuitas, pues se veía en ella a la compañía responsable de alentar la resistencia indígena a las reformas y las innovaciones introducidas. Los jesuitas, antes de las reformas, llegaron a concentrar el poder espiritual y económico, por lo cual, frente a una nueva situación de integración, suponían un obstáculo para la incorporación de los indios a la economía y la sociedad portuguesa.

 

  1. Separación de los intereses entre la metrópoli y la colonia brasileña

Las reformas pombalinas, de las cuales hemos explicados sus grandes rasgos, tanto económicos como administrativos, no supusieron, a diferencia de las reformas borbónicas, una mediatización de autoridades y elites locales, por medio de una burocracia imperial, sino que por el contrario, significaron una apertura a las figuras de influencia local, a los caudillos locales.

La decadencia minera, que se agudizo tras 1770, restringió las importaciones a la vez que favoreció un crecimiento de la producción local industrial, lo que provocó, en gran medida, una paulatina separación entre los intereses globales de la metrópoli, y los intereses locales de la colonia. Prueba de esta separación de intereses, es la estéril reacción de la Corona, a través de la Real Orden de 1775 (Alvará), que instauraba la prohibición de producir textiles en Brasil, excepto los destinados a satisfacer las necesidades de los esclavos. Esto ya demarcaba una separación de intereses irreconciliables e inevitables.

Estas figuras de influencia local que se reunían bajo los mismos intereses de la Corona portuguesa, se reunían en torno a las Juntas de Fazenda, que eran grupos constituidos por “hombres ricos y prudentes” que tenían a cargo la selección de asentistas para percepción de impuestos y otros contratos, lo que comenzó a provocar rivalidades entre los distintos caudillos que querían aprovecharse de las oportunidades que disponía la consecución de los contratos. Dos órdenes de rivalidades suscitaron estas medidas: (1) rivalidades entre los candidatos para los asientos; (2) rivalidades entre la Corona y los más poderosos de la provincia minera, en torno a los lucros del oro: esto ultimo que detono finalmente en la conspiración de Minas Gerais en 1788.

Tras la caída de Pombal, en 1784, el nuevo gobernador de Minas Gerais, Luis da Cuhna Meneses llego al poder, y aprovechándose de su posición de poder, comenzó a reservar los lucros para el nuevo grupo de poderosos reunidos en torno a su persona, lo cual desato las molestias de otros caudillos, y todo un caso de corrupción por delante, con casos de contrabando de diamantes incluidos. Ante el auge de la corrupción, en 1786 asume el vizconde de Barbacena, y llega al poder con un nuevo programa bajo el brazo, un nuevo programa que provoco una fuerte presión fiscal sobre las localidades, a la vez que la reacción y la solidaridad social frente a las nuevas imposiciones de la Corona portuguesa. Los caudillos, comúnmente orientados por fuertes divisiones y disputas entre ellos mismos, se unen en una conspiración, autodefinida como republicana, para barrer con el dominio monárquico portugués en 1788, como señalamos anteriormente. Este grupo que participo en la conspiración estaba compuesto por el mismo grupo que se había tomado el control y la corrupción de Minas Gerais, anteriormente, las figuras de la elite, como son los grandes comerciantes y terratenientes, altos funcionarios y también letrados, además de que esta conspiración debía contar con la participación del cuerpo de Dragones que ya se había comenzado a asimilar con la sociedad que debía vigilar, todos bajo la idea de un plan revolucionario, que se vería frustrado tras la denuncia de uno de sus mismos conspiradores, Silveiro dos Reis.

A pesar de que esta conspiración fue frustrada, en la década del 90’ ya  se comenzaba a abrir el espacio a la crisis final del orden colonial: en 1789, tras la experiencia haitiana de la revolución de los esclavos, en Brasil se daba la primera rebelión de los mulatos en Bahía (un regimiento mulato y un número reducido de artesanos, también mulatos). Mientras la reina María de Portugal se hundía en la locura, y los herederos de Pombal, amenazaban a su colonia con un exceso de voracidad fiscal, esto a su vez anunciaba las airadas reacciones que luego vendría a suceder en sus dominios americanos.

 

 

  1. Descomposición del virreinato y origen de la republica de Brasil

 

(a) Entrada de Corona portuguesa en Brasil

   El comienzo del fin de la influencia de la metrópoli sobre Brasil, se puede entender por medio de la relación de Portugal con los británicos, en cuanto a la incidencia de estos últimos sobre América y el propio Portugal peninsular, en la penetración de la Corona portuguesa en Brasil, y en las reacciones que provoca esta estrategia portuguesa en los portadores locales e imperiales del republicanismo liberal, en el propio Portugal como en Brasil.

En cuanto a la relación de la Corona portuguesa con los británicos, esta debió terminar reconociendo la situación privilegiada de Inglaterra, tanto en la situación de Portugal en Europa como en América. La Corona portuguesa seguía bajo la protección de la marina británica (como lo venía haciendo desde la Restauración de la Independencia de Portugal en el siglo XVII), sobre todo ante la latente amenaza napoleónica en noviembre de 1807, que se cernía sobre Portugal. Ante el peligro de su aniquilación, la Corona portuguesa decide el traslado de su Corte al Virreinato de Rio de Janeiro. Este hecho, como hemos de suponer, termino por consolidar la influencia británica sobre Portugal, sobre todo debido a la actuación del ejército británico en la península europea. Esta dependencia y protección se vio ratificada por el Tratado de Comercio y Navegación firmado el 19 de febrero de 1810 por el Rey Juan VI a favor de la influencia de Inglaterra sobre Portugal y su colonia. Con respecto a esta última, se decretara el dominio de Inglaterra sobre el mercado brasileño: por ejemplo, en el artículo 20 de este tratado se señala que se permitirá la entrada de productos brasileños, como café y azúcar, a los puntos ingleses, para que por medio de estos puntos sean reexportados a otras zonas comerciales. Esta clausula favoreció sobre todo a los comerciantes británicos con sede en Brasil. Además, se concedía a los británicos el derecho al establecimiento de una factoría en Santa Catalina (costa sur de Brasil), a la cual la navegación mercantil inglesa tendría libre acceso, esto último de vital importancia para las aspiraciones británicas de asentar un control sobre la región del Rio de la Plata.

La entrada de Portugal en Brasil de un lado, y la firma del Tratado de 1810 por otro, provocaron una apertura mercantil en Brasil. Esta apertura favoreció en parte a las regiones del nordeste, pero sobre todo provoco una transformación del Brasil central, que se transformaría con los años según el signo de la nueva capital imperial. En estos lugares se promovió una implantación acelerada de las instituciones estatales y económicas para la implantación de las condiciones materiales de la nueva nación impuesta desde arriba, desde la Corona, a la vez que se desarrollaba como telón de fondo, y silenciosamente, la transformación de la superestructura económica y social que también aspiraba a la nación republicana.

En Rio de Janeiro se produce un fenómeno de contradicción económica: la ampliación del mercado se desarrollo, en gran medida, para poder sustentar la nueva demanda generada a partir de la llegada del Rey y sus entre 10.000 – 15.000 refugiados peninsulares. Ante la medida real de las rebajas de los precios en beneficio del nuevo grupo consumidor, el sistema de exportación brasileño entro en crisis, por lo cual, irremediablemente, se limita el crecimiento económico imperial.

En Rio se provoca, además, una expansión urbana de carácter metropolitana (que se ve expresada en el hecho de que a 20 años de la penetración de la Corona, su población crecería 3 veces su tamaño), por lo cual Rio adquiere una “personalidad urbana”, adquiriendo en su desarrollo, su identificación como capital de la monarquía portuguesa. Se realizan entre otras, dos grandes construcciones para la creación de una alta cultura de la Corona: la Biblioteca Real y la Academia Militar, con lo cual, la monarquía portuguesa se logra hacer menos ajena al Brasil. En el marco institucional, su Corte, sus ministros, siguen gobernando la vida política del Brasil bajo el régimen de la monarquía absoluta.

 

(b) Variaciones en los intereses portugueses, del eje Portugal al eje Brasil 

En la sucesión de ministros encargados de la vida política de Brasil, estos intereses monárquicos absolutistas se topan con los intereses británicos con respecto al Rio de Plata. El conde de Linhares, don Rodrigo de Souza Coutihho, identificado con los intereses de la alianza británica, en favor de esta influencia británica sobre el Rio de la Plata, pierde el favor del soberano que deseaba la reestructuración de la nueva nación imperial, que buscaba dentro de sus fines, establecer su propia influencia en la región sur. Luego de la muerte del conde, ya en 1814, el gabinete reafirma el apoyo del regente a Antonio de Araujo, francófilo, bajo la abierta oposición del representante de los intereses británicos, lord Strangford, que busco convencer al Rey Juan de retornar a Lisboa para comandar al imperio lejos de los dominios del Rio de la Plata, y permitir la persistencia de los británicos. Aquí quedaban manifiestos los intereses de la Corona portuguesa en tanto por un lado, Portugal busca mantener distancia entre sus intereses y los de Inglaterra, a la vez que su estrategia de trasladar definitivamente el eje del imperio desde Portugal. De un lado, Portugal intentaba reanudar sus lazos con la Francia nuevamente borbónica, y con Austria, mientras que de otro lado, tras la muerte de la reina María que convertía a Don Juan en rey de Portugal por derecho propio (y no bajo la escusa de la insanidad de su madre), y en pleno desarrollo de la postguerra napoleónica, Don Juan decide el traslado de la mayor parte del ejército portugués a América para emprender su aventura sobre La Plata, expresando con ello la necesidad de emprender sus propias acciones, contra cualquier impedimento.

 

(c) Descomposición del Virreinato; Brasil como una Corona independiente 

Frente a este proceso de consolidación de Portugal como una potencia ultramarina, de posicionamiento de sus intereses, se desnuda el fenómeno económico y social ya descrito como “el telón de fondo”: la revolución pernambucana de 1817, revela la fragilidad del régimen configurado por la Corona, de aparente solidez. En Pernambuco se enciende la chispa, por medio de un alzamiento republicano establecido por medio de una Junta de 5 miembros, en representación auto-designada de la elite del antiguo orden de Recife: un representante del clero, la oficialidad, la magistratura, del comercio y de la agricultura. Este movimiento, pese a lograr cierta expansión, fue aplastado y las fuerzas realistas terminaron por tomarse Recife.

Lo que dejo en evidencia este episodio, al desnudo, fue el hecho de la oposición de intereses entre americanos y peninsulares, a la vez que la oposición histórica entre productores de Pernambuco y los mercaderes de Recife, como bien señala Halperin, y que ya había destacado Marx en términos generales, en el ultimo capitulo del tomo 1 de El Capital, titulado La Teoría Moderna de la Colonización, en la que explica el carácter de la oposición entre el modo productivista y el modo mercantilista-capitalista:

 

“(…) en las colonias. Allí, el régimen capitalista choca en todas partes con el obstáculo del productor, el cual, en calidad de poseedor de sus propias condiciones de trabajo, se enriquece así mismo con su trabajo, en vez de enriquecer al capitalista. La contradicción entre estos dos sistemas económicos, diametralmente opuestos, se manifiesta prácticamente, en este caso, en la lucha entablada entre ambos. Si el capitalista se ve respaldado por el poder de la metrópoli, procura barrer violentamente de su camino el modo de producción y de apropiación fundado en el trabajo propio del productor.”[1]

 

Creemos que a partir de este momento se vuelve más decididamente manifiesta esta lucha descrita por Marx, entre los viejos intereses coloniales y los nuevos intereses capitalistas de comerciantes ingleses y portugueses, y del propio poder absoluto de la monarquía portuguesa. El grupo productivista, localista, auto-designado como “patriota”, es decir, la vieja elite colonial pernambucana, así como unos sectores de la minería, se vuelcan hacia el republicanismo con el afán de abrirse el paso ante el nuevo peso absolutista del monarca en tierras brasileñas. He aquí un hecho que empujaría aun con más fuerza a una nueva relación entre la monarquía y la sociedad brasileña: en 1820 estalla en Oporto (Portugal) estallo la revolución liberal. Este movimiento constitucionalista no tardaría en trasladarse a Brasil y estallar en distintas regiones durante 1821: en Pará (1 de enero); Bahía (febrero); en la Capital, el 26 de febrero, se desarrollara un alzamiento constitucionalistas, de la mano de militares portugueses a favor del movimiento constitucionalista en Portugal. De este modo, Don Juan era obligado a reconocer estas reformas constitucionales en Portugal y a prometer una futura constitución para Brasil. Ante el llamado en Portugal, el rey parte a estas tierras el 25 de julio (junto con 3.000 cortesanos y buena parte del tesoro), dejando a su cargo a su hijo Pedro, como lugarteniente y regente del reino de Brasil.

Ante las presiones de los ministros pro-brasileños, Don Pedro es obligado a jurar las bases constitucionales dictadas por la metrópoli. En Rio de Janeiro, cerca de junio de 1821, surge a la luz la masoneria, que habia estado detrás, ocultamente, del movimiento de 1817. Por fin salía de las sombras conspirativas para afirmar su ligazón con el movimiento constitucionalista. Entre mayo y noviembre, las distintas capitanias eligen a sus delegados para asistir a la constituyente que se realizara en Lisboa, que incluye a todas las capitanías del imperio. Sin embargo, un nuevo acontecimiento definitivo vendría a demarcar el fin del virreinato de Brasil y la independencia del reino de Brasil.

En junio, en la región de San Pablo se crea una junta, a cuya cabeza se pone su vicepresidente, José Bonifacio de Andrada e Silva, quien ofrece las bases y entrega la estrategia para el movimiento que conducirá a la Independencia de Brasil, que es una nueva constitución monárquica emanada desde el propio poder monárquico en Brasil, desentendiéndose de la monarquía portuguesa. En diciembre de 1821, la llamada exigencia de San Pablo al príncipe Pedro es recibida por él, que permanece en Brasil, frente al llamado del rey en enero de 1822. Frente a esta recepción del príncipe, la guarnición portuguesa se alza contra la medida y la exigencia de San Pablo, provocando también a su vez una reacción y oposición que detiene la acción de la guarnición. Esta reacción alentada por el propio Don Pedro, termina con la expulsión de las guarniciones portuguesas de Brasil, y con el nombramiento de José Bonifacio como ministro de Gobierno y Asuntos Extranjeros. El 13 de mayo acepta el titulo otorgado por la Masonería de Rio de Defensor Perpetuo del Brasil, con lo cual esta figura se convierte en pieza trascendental en el proceso fundacional republicano.

El 1 de agosto de ese mismo año, por fin, José Bonifacio convoca a la Constituyente en la cual declaraba la independencia política de reino brasileño. Finalmente, ante la amenaza de las Cortes de Lisboa, se declaro oficialmente la independencia el 7 de septiembre. El 14 de este mes es reclamado emperador y el 1 de diciembre es coronado como tal.

[1] Carlos Marx, El Capital, Pág. 756, LOM Ediciones, 2010.

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