El mapa del despertar anarquista: su expresión latinoamericana (Daniel Barret)

EL MAPA DEL DESPERTAR ANARQUISTA:
SU EXPRESIÓN LATINOAMERICANA
LISTADO DE NUCLEAMIENTOS, PRESENCIAS Y ACTIVIDADES ANARQUISTAS
A Sergio Terenzi (Urubú) de Argentina, a Claudia López Benaiges de Chile, a Nicolás Neira de Colombia, a los muchachos presos
ayer en Guadalajara y hoy en Oaxaca y a aquella sangre joven todavía en grado de ebullición sobre la cual se edifica el movimiento
anarquista latinoamericano de nuestros días y de los días por venir. Y a Bradley Will, por supuesto, porque “anarchy” quiere decir
“anarquía” y “libertad” también puede pronunciarse “freedom”.
Un objetivo, un deseo o quizás un anhelo básico, apremiante, de urgida palpitación y que tiende a volverse obsesivo, ha animado la
confección del listado y de las reflexiones que aquí se presentarán: ofrecer el sustrato informativo y conceptual mínimo e
imprescindible para el establecimiento de redes de relación libertarias en América Latina; una tarea que, en algún futuro impreciso y
sin embargo preferiblemente próximo nos gustaría extender a aquellos países del continente cuyas lenguas oficiales o extra-oficiales
no son de origen latino, pero cuentan en cambio con una proximidad geográfica que los vuelve tentadores compañeros de ruta. Si
bien no podremos extendernos demasiado aquí sobre el punto cabe decir, a modo de aperitivo, que esa promesa, esa posibilidad, ese
anuncio de redes anarquistas latinoamericanas sería, en su eventual materialización, algo así como la expresión contemporánea de lo
que en sus respectivos momentos fueran la Asociación Continental Americana de Trabajadores (ACAT/AIT) y la Comisión
Continental de Relaciones Anarquistas (CCRA); realizaciones regionales, una y otra, de las dos configuraciones básicas de
organización y acción que el anarquismo, en tanto movimiento de raigambre histórica, ha presentado hasta el momento: el
anarcosindicalismo y el “especificismo”. Estamos ahora frente a un tiempo nuevo y ya considerablemente lejano de los escenarios
históricos que dieron lugar y justificación a esas concreciones orgánicas: un tiempo que no parece recomendar la repetición textual
de nuestros viejos diagramas o modelos de organización y acción sino que exige de nosotros un enorme esfuerzo de re-elaboración
en el campo de la teoría y de la práctica. Un tiempo también en el que, afortunadamente y sin ningún lugar a dudas, nos vemos
colocados ante un nuevo despertar de las tensiones, inquietudes y algaradas libertarias al que América Latina no ha sido ajena; y
que, por esa misma razón, se nos presenta como especialmente propicio para afrontar nuestras asignaturas pendientes, nuestras
materias sin rendir y nuestras tareas postergadas. Y ubicarlas, por cierto, en el contexto que ahora les corresponde sin confusión
posible. Este listado, entonces, puede y debe ser leído e interpretado como el mapa regional, seguramente incompleto, tentativo y
algo más que provisorio, de ese despertar; y también como la guía actualmente disponible de aquellas referencias básicas a través de
las cuales esa exigencia de renovación y puesta a punto busca los soportes de carne y hueso, individuales y colectivos, que le den
respuesta y satisfacción.
Digámoslo nuevamente; ahora desde un punto de vista complementario. En Los sediciosos despertares de la anarquía nos
manejamos con una convicción básica: el anarquismo como propuesta revolucionaria radical experimenta un resurgimiento fuerte
que fue incubándose de diferentes modos a lo largo de la década de los 90 y que “oficializa” ese espontáneo e inesperado auge, a los
ojos del mundo y del propio movimiento que lo encarna, fundamentalmente a partir de las grandes movilizaciones de Seattle, a fines
de 1999 y en ocasión de la reunión de la Organización Mundial de Comercio; algo que tal vez encuentre su equivalencia
latinoamericana en el entrañable grito de “¡que se vayan todos!” que distinguió al levantamiento popular argentino de diciembre de
2001. Sin embargo, la percepción de este nuevo repunte, de este sedicioso despertar, no debería agotarse en su mera constatación
triunfalista sino que reclama distinguir y destacar algunos elementos que es necesario atender.
En primer lugar, este resurgimiento dista de ser homogéneo y no se presenta con la misma fuerza ni los mismos rasgos en las
distintas regiones del mundo; el fenómeno no se expresa de idéntica forma en Europa continental, en los países anglosajones, en
América Latina o en Africa y Asia -lugares, estos dos últimos, donde parece, por razones casi obvias, ser considerablemente más
débil o presentar, en algún país, el carácter de novedad histórica absoluta. En segundo término, nuestro despertar se manifiesta a
través de múltiples ejes y no todos los agrupamientos surgen y evolucionan a partir de entendimientos comunes sino que, antes bien,
parecen adoptar siluetas diversas luego de haber afirmado su lejano origen compartido. Por último, la propia configuración de este
nuevo florecimiento está planteando implícitamente una ardua labor de comprensión y acercamiento que permita re-elaborar el
sustento teórico-ideológico que lo justifica y que, a su vez, habilite darle al mismo desarrollo y profundidad. El establecimiento de
un denso tejido conectivo, de múltiples redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables, que potencien y
amplifiquen nuestras posibilidades, que liberen las capacidades de diálogo y entendimiento, que abran espacios de actuación
conjunta, parece ser la herramienta más apropiada a nuestro escenario histórico. El objetivo de este trabajo, entonces, será también
producir una primera o segunda aproximación a las condiciones materiales de esa posibilidad, de esa necesidad y de esa urgencia,
ciñéndonos estrictamente a los mensajes que ya es factible descifrar en el espacio latinoamericano.
En tanto ésa es la idea básica, nos hemos permitido aprovecharnos, a nuestro modo y según nuestras propias intenciones, de un
esfuerzo, de unos años de indagación empírica y de unos resultados que no nos pertenecen y que son un mérito exclusivo de los
compañeros venezolanos de la Comisión de Relaciones Anarquistas (CRA); especialmente de Nelson Méndez y Alfredo Vallota,
que ya ofrecieran valiosos anticipos parciales en la misma dirección contenidos en las sucesivas versiones de su Bitácora de la
Utopía, en la posterior lista de Enlaces web anarquistas y afines en castellano emprendida por Méndez en solitario y de cuya
persistencia y reorientación surgió luego un fermental directorio anarquista latinoamericano constituído ahora en material de
referencia imprescindible sobre el tópico. Más allá del presente trabajo, dicho directorio sigue y seguirá siendo, por supuesto, una
herramienta insustituible para cualquiera que pretenda dedicarse con los fines que sea a investigar la presencia anarquista en lenguas
castellana y portuguesa. De nuestra parte, hemos hecho ciertas supresiones y también ciertos agregados; pero, sobre todo, lo hemos
ordenado y adecuado a nuestros propios propósitos de reflexión.
El directorio original de la CRA -en su versión de enero de 2005, que es la que nosotros habremos de manejar- consta de un
minucioso listado de direcciones referidas al anarquismo latinoamericano; localizadas en los países correspondientes pero también
en Estados Unidos, Canadá, España, Francia, Reino Unido y Alemania; y, finalmente, compuesto por todos aquellos nucleamientos
que voluntariamente resolvieron integrarlo. Cuando decimos que la confección de dicha lista es un “mérito exclusivo” de los
compañeros venezolanos, no se nos escapa que seguramente los mismos recibieron múltiples respaldos informativos a su esfuerzo de
recopilación, pero ello no puede ir en desmedro de una tarea y de unos logros monumentales que -hasta donde llega nuestro
conocimiento- no cuentan con antecedentes de ese porte ni equivalentes en otros ámbitos lingüístico-territoriales. Pero, a nuestros
efectos, no podemos menos que distorsionarla en grado extremo y acomodarla a fines que seguramente son coincidentes pero que
adoptan otro formato de presentación.
Siendo así, las amputaciones sufridas por el directorio original han sido drásticas y caudalosas. Por lo pronto, evitando sobrecargar
innecesariamente el texto, no manejaremos aquí las direcciones electrónicas y/o convencionales sino que nos interesará dejar
constancia de las presencias en sí, al tiempo que suprimimos todas las referencias localizadas fuera del espacio territorial
latinoamericano; aun cuando el castellano o el portugués fueran su lengua fundamental y originarios de estas tierras sean sus autores
o sus temáticas. Por añadidura, y ahora no por razones territoriales, hemos purgado ocasionalmente la lista también de buena parte
de aquellas referencias -verificables en el listado original a través de las correspondientes páginas web y direcciones electrónicasque
pueden ser entendidas como afines o familiares a nuestras posiciones pero que no participan enteramente de ellas. Esa
“exclusión”, obviamente, no está alentada por el sectarismo ni por el cultivo de una ortodoxia estricta en la que no creemos. En su
lugar, en tanto entendemos que el manejo de nuestra propia lista debería orientarse a un intercambio más estrecho y más acotado y,
eventualmente, a la producción de algún tipo de consecuencia organizativa específicamente anarquista, parece preferible que tales
cosas queden reservadas -al menos inicialmente- a círculos de mayor intimidad y de acuerdo a los trazados más definidos que cada
cual quiera darles. Otros cambios operados en nuestra lista con respecto a la original de la CRA han consistido en dar de baja
también a aquellas referencias cuyas direcciones hemos constatado no se mantienen, ya sea por cambios en los servidores utilizados
ya por la mera desaparición de esa presencia particular. Nada de ello debería ser extraño si sabemos que tenemos frente nuestro un
atlas de los anarquistas y que, por lo tanto, no habrá de parecerse a una inmutable cartografía de ríos y montañas: en nuestros mapas,
los cursos de agua estarán siempre buscando los lechos que les resulten más apropiados y las elevaciones pueden transformarse en
eruptivos volcanes que cambian su propio aspecto e incendian su alrededor. Debe quedar claro, no obstante, que nuestra intención no
es ni cuenta con los medios para ser competitiva con el directorio de la CRA y que el trabajo de los compañeros venezolanos seguirá
siendo holgadamente una cuidada labor de orfebres y de pioneros de la que todos pudimos servirnos y seguiremos haciéndolo.
Entonces, lo que hemos manejado es un criterio de incorporación “compulsiva” a nuestro listado de forma que ahora pueda
considerarse también a aquellos que por decisión o por omisión no se encuentran incluidos en el directorio de la CRA; razón por la
cual las amputaciones mencionadas serán provechosamente compensadas con un importante caudal de agrupaciones. Ese trabajo
empírico de localización de nuestra parte hubiera querido contar con la paciencia y los conocimientos de que sí dispone la CRA para
aportar referencias imprescindibles, como sin duda lo son las procedentes de Haití, de las Guayanas o de los países caribeños de
lengua inglesa, de las que aquí no intentaremos hacer ni siquiera una muy pálida reseña; unas ausencias que, momentáneamente, ni
disimularemos ni dejaremos de lamentar. Esta mención, que ya se ubica decididamente fuera del campo de las lenguas latinas, puede
ser especialmente útil para recordar, reformular y reafirmar el quimérico objetivo del presente listado: el planteo de una guía básica
de referencias para la construcción de redes anarquistas en esta región del mundo.
En el contexto de trabajo que nos hemos definido, entonces, cabe decir también que el tendido de redes se plantea en diferentes
planos; planos que se superponen y se imbrican entre sí. Los criterios de presentación del listado, por lo tanto, deberían ser múltiples
y hemos intentado conducirnos según ese principio. Sin embargo, la tarea de presentar tantos listados como dimensiones
imaginables haya nos resulta abrumadora y, por ello, hemos elegido tres ejes que, sin ser los únicos, seguramente revistan entre los
más importantes. El primer eje se explica por sí mismo y sólo intenta reunir las distintas referencias según el país que las acoge; el
segundo podría concebirse como el que se corresponde con el perfil, el formato o el porte organizativo en presencia; y el tercero,
mientras tanto, será una muy incompleta aproximación a las eventuales afinidades de concepción o temáticas que actualmente
pueden rastrearse. Tales cosas permitirán tener -así lo esperamos- una idea panorámica sobre la situación del movimiento anarquista
en América Latina y su desarrollo presente desde diferentes ángulos de observación. Al mismo tiempo, esta triple presentación
pretende insinuar también, subrepticiamente y no tanto, un supuesto que mucho nos gustaría acaudalar y es el de que no sólo puede
formarse una red latinoamericana sino tantas como sean necesarias y según criterios superpuestos cuyas discriminación y prioridad
respondan a diferentes cálculos de oportunidad, de posibilidad y de deseo; algo que, en los hechos, ya ha comenzado a insinuarse de
ese modo. Pero, pasemos de una buena vez a cada una de esas clasificaciones y dejemos la aclaración de los criterios sucesivos y
complementarios a los momentos en que ello resulte específicamente oportuno.
1.- El despertar anarquista: país por país
Los problemas clasificatorios con los que luego habremos de enfrentarnos no hacen aquí acto de presencia ni generan las
desavenencias que más tarde tendremos que discutir. El primer criterio clasificatorio es largamente obvio y sólo nos exige presentar
el mapa libertario latinoamericano según el país en que desarrolla predominantemente su actuación cada uno de los nucleamientos.
En la medida en que los problemas clasificatorios han sido considerablemente menores, el listado podrá asistir en este mismo
instante a un ensanchamiento que luego no podremos mantener. Inmediatamente tendremos frente nuestro bastante más de 300
presencias o espacios de actividad libertarios efectivamente registrados, por distintas vías, en el sub-continente en el que nos ha
tocado vivir. Como ya se ha dicho -y tal cual ahora se habrá de insistir- este listado no puede dejar de ser un dibujo imperfecto,
parcial y severamente incompleto. Ello es así por cuanto nada nos permitirá suponer, ni siquiera ahora en que las dudas
clasificatorias todavía no nos atormentan, que estamos siendo enteramente justos con la floración real de nucleamientos anarquistas
que tiene lugar en la región latinoamericana. No obstante, tendremos sí la posibilidad de aquilatar, aproximadamente y país por país,
el grado y el ritmo en que se desarrolla este nuevo y sedicioso despertar de la anarquía; apreciar, además, las diversidades, los rasgos
y las eventuales prevalencias de organización y acción que puedan estar planteándose en diversos rincones de América Latina;
anticipar, quizás, los problemas, las necesidades y los desarrollos virtuales que plantea cada situación particular; soñar, también, con
el trazado de caminos, de itinerarios, de recorridos que vayan y vengan para volver a reunirse y dirigirse hacia un horizonte común.
1.1.- Argentina
Argentina es, sin duda, el mejor espejo de los derroteros seguidos, en líneas generales, por el movimiento anarquista en tierras
latinoamericanas. Éste fue el país del continente en que se desarrolló la más vigorosa de sus federaciones anarco-sindicalistas ; y
también, con posterioridad, a la hora de la declinación del modelo anterior, una organización específica de alcance nacional que se
constituyó en referencia cierta para los movimientos de los países vecinos: la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y la
Federación Anarco Comunista Argentina (FACA), respectivamente. , Siguiendo devenires y ritmos que fueron propios del
movimiento anarquista internacional y comunes a casi todas sus expresiones locales, el anarquismo argentino también comenzó a
perder posiciones gradualmente a partir de la revolución rusa; con divisiones primero y un retroceso después que luego sería
reforzado en su caso por el populismo peronista, que acabó por sustituirlo en el movimiento obrero y pareció redondear así el
camino de su extinción. El sindicalismo programático y maximalista de la FORA es puesto en cuestión desde dentro de la
organización misma y acaba abriendo espacios para la constitución de la Unión Sindical Argentina, que ya basa su afiliación en la
pertenencia de clase y en un perfil más definidamente reivindicativo que ideológico. Claro que los agoreros frustrados que
pronosticaron entonces una muerte genérica y sin resurrección posible se equivocaron una vez más puesto que despertares y empujes
libertarios hubo, con el paradigmático antecedente de las agitaciones sesentistas, en las “restauraciones democráticas” de los años 70
y 80 del siglo pasado. Una expresión no única pero sí propia de los años 70 fue, por ejemplo, la organización Resistencia Libertaria,
de actuación básicamente clandestina aunque centrada en los núcleos sindicales más combativos; organización finalmente diezmada
por la cruenta represión desatada por la dictadura militar. Ninguno de esos empujes, sin embargo, tuvo la fuerza y la extensión del
actual; ahora con el detonante del levantamiento popular de diciembre de 2001 y de las interpretaciones teórico-ideológicas y los
cursos de acción subsiguientes.
El sindicalismo burocrático, tradicionalmente anexo a la estructura y a la gestión del Estado desde los años 40 del siglo pasado,
debilitado respecto a sus mejores momentos pero todavía poseedor de una implantación considerable en la sociedad argentina, no
constituye un escenario precisamente alentador para las prácticas anarco-sindicalistas. No obstante, la vieja Federación Obrera
Regional Argentina, desde sus modestas posibilidades actuales, reemprendió por enésima vez el ascenso de Sísifo. Consiguió recrear
cuatro Sociedades de Resistencia -en Capital, Morón, Bahía Blanca y Mendoza- y denota un esfuerzo importante de seguimiento de
los conflictos laborales de la Argentina de nuestros días. Se sabe también de un intento de organización de un sindicato
gastronómico de clara orientación anarco-sindicalista en Buenos Aires pero nada podemos decir del mismo en este momento,
aunque sí certificar su existencia fehaciente hasta muy poco tiempo atrás.
Mayor fuerza parece tener el empuje de los agrupamientos “especificistas”. Por un lado, la decana de las organizaciones específicas,
la Federación Libertaria Argentina, mantiene actividades en Buenos Aires y Rosario así como reconoce la incorporación reciente de
los grupos jóvenes Aprender de Trenque Lauquen y Bandera Negra de la propia Capital Federal. Junto a ella conviven las
agrupaciones “plataformistas”, cuya conformación en el período más reciente se remonta a fines de los años 90. Originada en el
Grupo Caín, la de actuación más estable es la Organización Socialista Libertaria, radicada originalmente en Buenos Aires y
reforzada luego con la incorporación de la Organización Libertaria de Paraná. Una vida paralela ha tenido la hoy desaparecida Auca
Socialismo Libertario de La Plata y a esta franja del espectro libertario se han integrado más recientemente la Organización
Revolucionaria Anarquista, el Colectivo Comunista Libertario y Rojo y Negro Comunismo Libertario. Finalmente, en un registro
aparentemente distinto al de la FLA y al de los núcleos “plataformistas”, se ubican nucleamientos como la Red Libertaria en Buenos
Aires o el Movimiento Anarquista Libertario, con presencia en el Chaco y en Corrientes.
Como “informales” podríamos clasificar a una serie de grupos que responden a constantes ideológicas y prácticas propias de la
agitación anarquista clásica y que han renunciado a ceñirse a un formato organizativo determinado. Entre ellos cabe mencionar al
Grupo Anarquista Libertad, Anarquistas de Rosario, la Cruz Negra Anarquista de Buenos Aires, la Coordinación Anticarcelaria del
Río de la Plata, el Ateneo Anarquista Ángela Fortunato, Anarquistas Autónomos Autoconvocados, Mariposas del Caos o la revista
La Anarquía en el contexto más amplio de las Ediciones Insumisos.
En un espacio de actividad infaltable deberíamos agrupar ahora a editoriales, bibliotecas, centros de estudio, agencias y nodos
informativos. Ha llegado el turno de presentar, por lo tanto, a la vieja Biblioteca Popular José Ingenieros, a la Biblioteca Alberto
Ghiraldo, a la Biblioteca Alternativa Tilo Wenner y a la Biblioteca Popular Juventud Moderna de Mar del Plata. Y editoriales, claro,
como el Colectivo Editorial Letra Libre o la colección Utopía Libertaria de Libros de Anarres. O verdaderos nodos en formato web
que se encargan tanto de ediciones electrónicas como de una fecunda labor de difusión de informaciones y noticias: tal es el caso de
Barricada Libertaria, Glóbulo Negro, Anarquía.org, En torno a la anarquía, Espadas y serpien77es y algunos otros que seguramente
se nos escapan.
Con un impulso y una autonomía mayor que en otros tiempos es importante identificar hoy un espacio de actividad con perfiles
propios: el de los grupos contraculturales, musicales, teatrales y de índole similar. Aquí encontraremos al Colectivo Anarkopunk de
Buenos Aires, Punks Unidos de Córdoba, Anarkopunks en Lucha, Dekadencia Humana, Resistencia Anarkopunk de Rosario, Farsa
Realidad, K-Gate Records, Matakarneros, Kamenish, Vitamina A, Kome Mierda/A.L.A., Kolectivo Libertario Germinal de Mar del
Plata, Resistencia Activa, La fuerza de los de abajo zine y Okupación en LaFe de la localidad de Laferrere. En una relación de
proximidad con los anteriores, al menos en cuanto a la esencia contracultural de sus prédicas y sus prácticas, tal vez quepa situar a
un par de grupos de actuación en el campo ecologista y de liberación animal: Tu libertad zine y la Agrupación de Ideas Libertarias
de Entre Ríos; y también, ahora en la cuerda feminista, a Mujeres Libres de Buenos Aires.
Mientras tanto, designaremos de aquí en más como “autónomos” -aunque sea con las reservas del caso- a aquellos grupos a los que
no hayamos podido ubicar en ninguna de las categorías ya reseñadas , y entonces habrá que mencionar a la Unión de Anarquistas
Zona Oeste, la Organización de La Plata, Organización Anarquista de Córdoba, el Colectivo Anarquista Apoyo Mutuo de Córdoba,
el Colectivo Anarquista Pensamiento y Acción de Rosario, Tambuinti Posta Komunitaria de La Rioja, Evolución Libertaria de 25 de
mayo, Organización Libertaria de Chascomús, el Colectivo Autónomo de Humanidades de Mar del Plata, la Agrupación Germinal
de Tandil, el Colectivo Judas de la Universidad de Buenos Aires, el Colectivo Sin Uniforme, Your Emotions, Mentes
Precoces-Futuros Prósperos, Novae Libertatum, el Espacio Social y Libre Hormiguero Negro de Neuquén, la Organización
Neuquina Antonio Soto, el Colectivo Tierra y Libertad de Río Negro, Ensamble Libertario de Neuquén, la Coordinadora Libertaria
de Córdoba y la Okupación Centro Social de la misma ciudad.
Esta reseña sería incompleta si no redondeáramos la misma dejando constancia de la pertinaz existencia propia de La Protesta; una
de las publicaciones anarquistas más antiguas del planeta y que a lo largo de su recorrido clásico estuvo fuertemente asociada a la
FORA, de la cual fue durante décadas su órgano extra-oficial. Ahora sí tenemos un panorama que abarca buena parte de la geografía
argentina, cubriendo por capilaridad localidades que quedaron fuera de los despertares libertarios de los años 70 y 80 e irrumpiendo
con fuerza en diversos planos de actuación que no tienen por qué repelerse recíprocamente. Es evidente, además, que se trata, en la
abrumadora mayoría de los casos, de nucleamientos jóvenes, que no responden a una deliberada tarea de proyección y socialización
definida desde los focos tradicionales del movimiento anarquista y que sí representan la respuesta proteica y probablemente
provisoria de las generaciones libertarias más recientes a las interrogantes de nuestro tiempo: una constante que habremos de
encontrar en todos los países que nos quedan por delante y en la que ya no valdrá la pena insistir en cada una de las ocasiones que se
nos presentarán de aquí en más.
1.2.- Bolivia
Bolivia sigue aproximadamente y con rasgos propios las pulsaciones del movimiento anarquista internacional. También allí hubo
núcleos anarco-sindicalistas a principios del siglo XX, los que luego decantarían su impronta en la Federación Obrera Local, hacia
los años 20 de la centuria, y una década después en la Federación Agraria Departamental. Esa influencia se diluye hacia los años 40
en la Central Obrera Boliviana; en la que, no obstante, nunca dejó de haber una cierta cultura libertarizante de sólido arraigo en el
comunitarismo propio de los pueblos originarios andinos. Anarquistas fueron, por ejemplo, Víctor López y Líber Forti, secretario
general y secretario cultural respectivamente de la Central Obrera Boliviana hasta principios de los muy próximos años 90. Pero, a
nuestros actuales efectos, lo que interesa destacar es la nueva asociación establecida entre las posiciones anarquistas y los sucesivos
levantamientos populares: entre los cuales, la llamada Guerra del Agua, librada en el valle de Cochabamba en abril del 2000, opera a
modo de pila bautismal; y luego, la Guerra del Gas, dirimida sobre todo en El Alto y en La Paz, en octubre del 2003, que juega a
modo de confirmación ya rotundamente anti-gubernamental.
Actualmente, en Bolivia se cuenta con una instancia de relacionamiento entre los grupos: la Coodinadora Libertaria, formada en el
encuentro realizado en octubre del año 2004 en la localidad de Paukarpata. A diferencia de Argentina, el mapa libertario boliviano es
considerablemente simple y se plasma a través de grupos de implantación básicamente regional: el Grupo de Apoyo a los
Movimientos Sociales en Cochabamba, Combate en La Paz y El Alto, Acción Anarquista Quepus en Sucre, Quilombo Libertario e
Infrarrojo en Santa Cruz y el Colectivo Libertario Gritos en Tarija. Asignándole pretensiones de alcance nacional y una perspectiva
más pro-libertaria que propiamente anarquista, es necesario reconocer la formación de una Organización del Poder Popular
Libertario. En un tono más burlón, intimista y provocativo cabe situar al Colectivo Inexistente, también de la ciudad de Cochabamba
y fuertemente influido por el anarquismo ontológico de Hakim Bey. Con mayores repercusión e impacto a lo largo y a lo ancho de la
geografía boliviana habrá que mencionar, por su parte, a Mujeres Creando; un grupo, obviamente feminista, de prolongada
actuación. Más difícil resulta la ubicación de grupos aparentemente efímeros y de previsible reciclaje en otras instancias como el
Movimiento Anarco Punk, la Tojpa Anarca , Kolectividad Libertaria, Acción Rebelde o Resistencia Anti-Estatal. Por último, como
elemento atípico y del que no se ha encontrado símil alguno en el resto de los países, señalemos la existencia de la comunidad virtual
Cristianismo Libertario.
1.3.- Brasil
La presencia anarquista en Brasil es también de larga data; desde aquellos lejanos tiempos en que Manuel de Mendonça y Fabio Luz
encontraran en revueltos anaqueles algunos textos de Kropotkin o desde la llegada de Giovanni Rossi a Paraná para fundar la
Colonia Cecilia. Rápidamente, aquellos tiempos pioneros se confundieron con los del anarco-sindicalismo y dieron lugar, en 1906, a
la formación de la Confederación Obrera Brasilera. Los anarquistas fueron, en las dos primeras décadas del siglo XX, los principales
animadores de la agitación social de la época, hasta que la confluencia de la represión, las expectativas generadas por la revolución
rusa y luego la imposición de un sindicalismo estatal redujeran su influencia a una expresión virtualmente testimonial. Recluídos en
archivos y centros de estudio, permanecen en la oscuridad por lo menos hasta la aparición en 1979 de la emblemática publicación O
Inimigo do Rei, de la ciudad de Bahía. A la salida de la dictadura militar, ya en los años 80, se produce un florecimiento que asume
perfiles anarco-sindicalistas hasta que éste ingresa en su fase conflictiva. Ese conflicto ideológico y organizativo está muy lejos de
haberse superado, pero ello no impidió, desde la segunda mitad de los años 90 en adelante, la multiplicación de los espacios de
actividad libertaria hasta configurar el actual arcoiris.
De aquel intento de reorganización anarco-sindicalista de los años 80 del siglo pasado, persisten dos nucleamientos: la
pro-Federación Obrera de Río Grande do Sul y la pro-Federación Obrera de San Pablo; relacionados ambos en el intento de
recreación de la vieja COB. En paralelo con dichos núcleos, se reconoce también la existencia de sus expresiones “especificistas”: el
Colectivo Libertario de San Pablo y la Federación Anarkista de Río Grande do Sul.
Pero es claro que éstos no son los únicos nucleamientos específicos que habremos de encontrar. Allí están, para demostrar lo
contrario, la Federación Anarquista de Río de Janeiro y, en el más acotado registro “plataformista”, la Federación Anarquísta
Gaúcha, la Federación Anarquista Cabocla, la Federación Anarquista Insurrección -también de Río de Janeiro-, el Comité pro Lucha
Popular de Bahía (COMLUT), la Rede Libertaria da Baixada Santista y la Uniâo Popular Anarquista. Además, con las dificultades
propias de un país de dimensiones continentales, se ha constituído también -básicamente a impulsos de la Federación Gaúcha- el
llamado Forum del Anarquismo Organizado (FAO), el que concita expectativas y compromisos en núcleos de San Pablo, Porto
Alegre, Bahía, Belém, San Luis, Maceió, Goiás y Macapá.
En Brasil se cubre también esa área de actividad que hemos delimitado en torno a centros de estudio, bibliotecas, editoriales,
agencias y nodos informativos. Es así que encontramos a la Agencia de Noticias Anarquistas , el Centro de Contra-Información y
Material Anarquista, la Biblioteca Social Fabio Luz de Río de Janeiro, el Centro de Cultura Libertaria Fabio Luz de Bahía, el
Laboratorio de Estudios Libertarios, el Colectivo de Estudios Anarquistas Domingos Passos, el Centro de Cultura Terra Livre, el
Núcleo de Sociabilidad Libertaria, el Archivo de Historia Social Edgar Rodrígues, la Asociación Cultural Quilombo Cecilia, Index
Librorum Prohibitorum, el Círculo de Estudios Libertarios Ideal Peres y el Grupo de Estudios Babilonia.
Entre los grupos de acción contracultural hemos conseguido localizar a la Banda RHC, Batukaçao, Conspiraçao Anti-cultural
Universidade Invisível, Detritozine, Evoluçao, Execradores, el Grupo Motim de Teatro, la Organizaçao Anarco Punk y la Unión
Libertaria de Maranhâo. Sin demasiadas dificultades, podría inscribirse también en esta categoría al Colectivo Anarquista
Brancaleone y las experiencias de somaterapia que promueve en diferentes ciudades de Brasil. Y, como ya lo hicimos en el caso
argentino, inscribiremos aquí a dos grupos ecologistas -Colectivo Ambientalista Revolucionario Autónomo de Manaus y
Movimiento Ambiental Revolucionario- así como a dos expresiones feministas -el Colectivo Lua de la ciudad de Fortaleza y el
Grupo Anarco-Feminista Dandara. Sin perjuicio de lo que se ha señalado, estamos enteramente persuadidos que en este caso nuestra
labor de relevamiento ni siquiera llega a ser mediocre y que es más que probable que los nucleamientos de acción contracultural
distribuídos en la vasta geografía brasilera excedan con creces nuestros registros.
Finalmente, ubicamos ahora como “autónomos” a la Cruz Negra Anarquista de San Pablo, al Frente Anarquista de Organización
Solidaria, al Colectivo Canto Libertario, al Colectivo de Resistencia Libertaria, al Colectivo Ruptura de Fortaleza, al Frente de Ação
Libertária, a la Juventude Organizada com Ideais Anarquistas (JOIA) y a Bandera Negra de Bahía. Mientras tanto, nos han resultado
inubicables algunos grupos registrados con anterioridad: Coletivo Acrático Proposta, Autonomía, Luta Libertaria, Núcleo de
Propaganda Anarquista, Comunidade Mocambo de Recife, Grupo de Estudios Anarquistas de Piaui, Unión Libertaria de Poesía
Ávida de Teresina, Núcleo AnarcoPunk de Aracajú, Unión Libertaria Activista de Manaus, Tranca-Rua y la Red de Divulgación
Libertaria de Camboriu.
1.4.- Colombia
Con cierto rezago respecto a otros países de la región, también en Colombia hubo una reconocible influencia sindical libertaria en
las primeras décadas del siglo XX. Algunos episodios destacan la misma con contornos más marcados, como la gran manifestación
del 15 de mayo de 1916 en Bogotá -con cientos de detenidos y varios trabajadores muertos- o la huelga de obreros portuarios en
Cartagena, en 1920. El movimiento colombiano acompañó en décadas posteriores el extendido declive de las prácticas
anarco-sindicalistas y habrá que esperar hasta las décadas más recientes -excepción hecha de apariciones aisladas y de baja conexión
recíproca- para encontrar algunas instancias de reanimación. Las mismas continúan en lo que va del siglo y ya cuentan con su propio
tributo de dolor y de sangre: la muerte de Nicolás Neira, un adolescente de 15 años, fallecido el 7 de mayo de 2005 a consecuencia
de la brutal golpiza recibida en las demostraciones del 1º de mayo inmediatamente anterior.
El actual panorama del movimiento anarquista en Colombia se define a partir de un conjunto de agrupaciones existentes en Bogotá,
Cali y Medellín. Entre ellas, se identifica un activo Centro de Cultura Libertaria, la Cruz Negra Anarquista de Bogotá, Individu@s
Kolectiv@s de Cali, el Colectivo Gritos de Rabia de Medellín y el Colectivo El Horizontal; expresiones musicales contestatarias
como el Colectivo Contracultura, el sello Persistencia Records y la banda Rechazo; la agencia de contra-información Anakaona
Prensa Libre o grupos feministas como Isachishacta (Mujeres Libres) y Polikarpa y sus viciosas.
Aparentemente, no logró consolidarse el esfuerzo de construcción de una red de alcance estatal; esfuerzo encarnado en su momento
por la Coordinadora Libertaria Banderas Negras. También aparece al menos como reducida la actividad del grupo Alas de Xue, que
en algún momento constituyó la sección colombiana en calidad de Amigos de la AIT. Por último, no hemos podido contar con
información actualizada del Movimiento Social Anarquista, de la banda punk Anomia o del fanzine Lo Ke Keda.
1.5.- Costa Rica
Tal como ocurriera en otros lugares de América Latina aunque siempre en relación con las condiciones de posibilidad y los ritmos
propios de cada país, el anarquismo costarricense nace al influjo de la labor de trabajadores inmigrantes procedentes de España y de
Italia, quienes se encargarán de dar forma a las primeras sociedades de socorro mutuo y también, ya en 1909, a una Sociedad Federal
de Trabajadores de Costa Rica. En 1913, a instancias de algunos nucleamientos obreros y del activo Centro de Estudios Sociales
Germinal, tendrá lugar por primera vez la celebración del 1º de mayo. En 1921, una importante huelga general convocada por la
Confederación de Trabajadores de Costa Rica obtendrá importantes conquistas y, en su desarrollo, sabrá albergar también algunas
prácticas de acción directa. Naturalmente, la influencia libertaria decae en los años subsiguientes, pero ello no impedirá que en los
años 60 y 70 del siglo pasado se mantenga todavía una presencia lúcida a través de los periódicos El Sol y La Opinión; siempre al
calor de los impulsos de José Néstor Mourelo, una presencia que se extenderá también en las décadas subsiguientes.
El despertar reciente, mientras tanto, ha visto el surgimiento más o menos rápido, en los pocos años del corriente siglo, de una serie
de agrupamientos: el Colectivo Anarquista Libertad y Solidaridad, la Organización Resistencia Libertaria, la Organización
Anarquista Comunista y su Centro de Estudios Germinal, el Colectivo Unión y Resistencia de Cartago, el Kolectivo Unión Ácrata
en Lucha también de Cartago, el Colectivo Anarquista Puntarenas, las revistas Acracia y Vía Libre, el anarcosindicalista Grupo
Solidario y la banda Manifiesto Ácrata.
En el fermental panorama costarricense parece haber lugar para cruzamientos más que interesantes entre las agrupaciones
existentes. Cruzamientos que seguramente deben considerarse como tentativos, experimentales y quizás provisorios, pero que ya
mismo pueden dar cuenta o insinuación de un envidiable clima de fraternidades y entendimientos que otros países de América
Latina ya querrían para sí. Así, el Colectivo Anarquista Libertad y Solidaridad y la Organización Anarquista Comunista participan
en conjunto de la Cruz Negra Anarquista mientras que el primero de los grupos mencionados y la Organización Resistencia
Libertaria publicaron en común el periódico Inquietudes. Siendo así, no es extraño que ya se hayan editado los primeros tres
números de La Libertad; publicación que, aparentemente, responde al esfuerzo conjunto de miembros pertenecientes a distintos
nucleamientos y que hacen suya la invocación de una Federación Anarquista Costarricense.
1.6.- Cuba
La actual situación del movimiento anarquista en Cuba no permite establecer analogías con ningún otro país latinoamericano. No
obstante, los tramos iniciales de su existencia se aproximan, con cierta demora y luego de la consabida fase formativa, con los del
período anarco-sindicalista y se funden con el movimiento obrero de la isla caribeña; fundamentalmente a partir del gremio de los
tabaqueros y de la actividad de difusión orientada por Enrique Roig San Martín. Sin perjuicio de esto, y dado el prolongado carácter
colonial de Cuba, el anarquismo isleño también es sacudido por la guerra de independencia de fines del siglo XIX, sin por ello
abandonar su vocación básica por la organización autónoma de clase. Con esa impronta es que se formará, en los años 20 del siglo
pasado, la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC). La influencia libertaria sobre el movimiento obrero cubano comienza a
mostrar luego signos de agotamiento bajo la dictadura de Gerardo Machado y su peso en la CNOC se reduce prácticamente de
inmediato gracias a los servicios de la represión. El anarquismo cubano continuó su actuación a través de sus organizaciones
“especificistas” y mantuvo también influencia sindical en ciertos sectores: gastronomía, transportes, construcción, plantas eléctricas,
etc. Es sobre la base de esta arquitectura que participará con rasgos propios en los acontecimientos revolucionarios de los años 50.
Sin embargo, su compromiso revolucionario -unido, obviamente, a las características libertarias del mismo- también se convertirá en
una molestia para el gobierno encabezado por Fidel Castro. Una vez más, ahora bajo la coartada de la “construcción socialista” y las
realidades mucho más crudas propias de un proceso de centralización de poder, los anarquistas cubanos deberán enfrentarse a la
cárcel, el exilio o la muerte.
Es así que en 1961, bajo el imperio de dichas circunstancias, acaba formándose el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio; el
que, luego de una prolongada andadura y de la inevitable renovación generacional, acaba recreándose como Movimiento Libertario
Cubano a secas. En los años más recientes, el MLC continúa siendo un agrupamiento del exilio, no obstante lo cual ha multiplicado
sus pronunciamientos sobre diversos temas -cubanos en particular y latinoamericanos en general- así como sus contactos y respaldos
internacionales. Entre los mismos cabe destacar la creación del Grupo de Apoyo a los Libertarios y Sindicalistas Independientes en
Cuba (GALSIC), cuya conformación representó la respuesta orgánica de un llamado abierto suscrito por libertarios de distintos
países. A pesar de estos movimientos propios del exilio, es poco lo que se sabe del interior de la isla. Distintas versiones insisten en
sostener que existe un embrión de presencia libertaria entre los grupos contraculturales juveniles y es prácticamente seguro que ello
esté dando lugar a un proceso lento y riesgoso de reconocimientos recíprocos que eventualmente podrían tender hacia alguna forma
de expresión colectiva. Sin embargo, el hermetismo oficial y las dificultades comunicativas mantienen por ahora estas cosas en el
terreno de las hipótesis.
1.7.- Chile
Se presume que se remontan a 1897 los primeros registros de una presencia anarquista de invocación expresa y colectivamente
organizada en Chile, luego de un período formativo de influencia mutualista y tolstoiana. Es al calor de aquellas primeras
publicaciones que irá produciéndose en los medios obreros un desplazamiento desde el mutualismo a las prácticas de resistencia.
Los anarquistas chilenos aparecen consustanciados con grandes movimientos huelguísticos a principios de siglo: en 1903, en
Valparaíso; en la Semana Roja de 1905 o en la tragedia de Santa María de Iquique, a finales de 1907. Luego, en setiembre de 1919,
se funda la Federación Obrera de Chile, en cuyo seno se expresarán minoritariamente sectores libertarios, los que se agruparán sobre
todo, apenas unos meses después, como sección local de los Industrial Workers of the World. Más tarde, en 1925, la IWW sufre una
escisión de sus sindicatos más fuertes y dan lugar a la formación de la Federación Obrera Regional Chilena. En 1931,
languideciendo ya la influencia anarco-sindicalista, fuertemente golpeada por la represión del régimen militar de Ibáñez, se
constituye la Confederación General de Trabajadores; la que, a diferencia de su predecesora, opta por una organización de base
regional antes que por las federaciones de industria características de la IWW. Con posterioridad a esta fecha, se mantiene en Chile
una presencia atenuada y de baja organicidad pero real de todos modos. Una presencia que va acrecentándose en los tramos finales
de la lucha contra la dictadura pinochetista hasta la actual situación de exuberante despertar; una situación de la cual seguramente su
mejor emblema es la joven compañera Claudia López Benaiges, asesinada por los cuerpos represivos el 11 de setiembre de 1998.
Entre los actuales nucleamientos anarco-sindicalistas podemos ubicar a Solidaridad Obrera de Concepción, vinculado a la AIT, y al
Grupo Anarquista Germinal, de la localidad de Penco.
Mayor desarrollo parecen tener los grupos “especificistas”: la Organización Comunista Libertaria, el Colectivo Agitación Libertaria
de Arica, el Movimiento Libertario Joaquín Murieta de Temuco, el Frente de Estudiantes Libertarios y la revista Hombre y
Sociedad. En principio, a falta de mayor información, estaríamos dispuestos a suponer que la orientación de tales nucleamientos se
halla en casi todos los casos más próxima a las posiciones que hemos caracterizado como “plataformistas” que a las propias de las
federaciones “de síntesis”.
Mientras tanto, también encontramos en Chile algunos espacios que encajan perfectamente en la categoría correspondiente a
aquellos grupos cuya naturaleza se define básicamente por el atesoramiento, la reproducción y la difusión de materiales formativos e
informativos: el Instituto de Estudios Anarquistas, la Editorial Espíritu Libertario, la página web Anarquía.cl, el Colectivo
Anticopyright y el Centro Social Anarquista Claudia López. Seguramente, aunque el colectivo en sí no tiene una definición
propiamente anarquista, también deberíamos incluir aquí a los libertarios que forman parte del Colectivo Autónomo de
Contrainformación Hommodolars.
Una vez más, también en el caso chileno encontraremos que la categoría más nutrida es la de aquellos grupos de acción
contracultural: la distribuidora y sello Desobediencia, las Ediciones DSOBDC, el fanzine Akción Direkta, el Kolectivo Anarco Punk
en Lucha de Valparaíso, la banda Malgobierno, los también punks de Terapia Radial, la Orgánica Anarquista La Idea, el Colectivo
Libertario Maldita Cruz, Intoxicación, Ruido Libertario de Copiapó, Ñuñoa Rebelde y Libertaria, Anarquía y una rosa, Bomber,
Colectivo Proyecto Urbano Anarquista de Antofagasta, el zine Nuevo Extremo y la web Subversión. Tal como lo hemos hecho en
otros casos, agruparemos también aquí a dos colectivos feministas: Mujeres Creativas y Amazonas al Choke.
En el plano de actuación propio de aquellos nucleamientos cuyo principal centro de interés está constituído por las instituciones
específicamente represivas del Estado mencionaremos a los grupos antimilitaristas GOKE y Ni Casco ni Uniforme así como al
grupo de prisioneros políticos Kamina Libre.
Por su parte, entre los grupos “autónomos”, hemos conseguido relevar al menos los siguientes: Colectivo Esperanza Libertaria de la
Comuna de Puente Alto, Bandera Negra de Santiago, Senda Libertaria de La Serena, Organización Libertaria ¡J@!, Coordinadora de
Jóvenes Libertarios, Kolectivo de Acción Antifascista, Red Anarquista del Sur y Corriente Revolución Anarquista.
Finalmente, a diferencia del relevamiento anterior, no hemos podido constatar actividad actualizada del grupo feminista Las
Clorindas, de la Coordinadora de Acción Libertaria Rizoma, del colectivo Zoociedad Anarkista y de los zines Nueva Era y La Otra
Visión.
1.8.- Dominicana
No disponemos de información respecto a algún tipo de presencia anarquista en la historia dominicana. En el período clásico del
anarco-sindicalismo, donde dicha presencia hubiera sido de esperar, República Dominicana sólo llegó a contar con débiles sindicatos
artesanales circunscritos a la ciudad de Santo Domingo. Más tarde, en 1929, se forma una Confederación Dominicana del Trabajo
que rápidamente quedó sometida a los designios de Rafael Trujillo y sólo muy penosamente logra atravesar la larga noche de su
dictadura personal. En estos momentos, abocados a la esforzada tarea de arraigar las ideas y las prácticas anarquistas al quehacer
social quisqueyano encontramos a la Cruz Negra Anarquista del país. Aparentemente, la misma se encuentra asociada -tal como lo
encontramos repetidamente en otros países- a la escena anarco-punk; quizás una constante del período formativo de un movimiento
anarquista en aquellos lugares en los que no ha habido tradiciones libertarias importantes ni agrupamientos que aseguraran un
mínimo de continuidad.
1.9.- Ecuador
Las informaciones disponibles nos dicen que hacia los años 20 del siglo pasado se formó en Ecuador una Federación de
Trabajadores Regional Ecuatoriana, de inspiración anarquista. En 1922, se embarcaron en una gran huelga ferroviaria, seguida de
una feroz represión y del desmantelamiento de las organizaciones involucradas. Los libertarios respondieron conformando una
federación específica: la Federación de Grupos Anarquistas Miguel Bakunin. Pero ni aun así fue posible eludir la acción represiva y
muchos libertarios hubieron de marchar al exilio forzado en las Islas Galápagos. Durante décadas, el anarquismo quedó confinado a
pequeños círculos intelectuales, vinculados con sus pares del exterior pero sin una incidencia social real. Entre quienes mantuvieron
encendida la llama en los años más recientes y lo hicieron con encomiable perseverancia hasta el día de hoy, habrá que destacar aquí
la convencida prédica del músico Jaime Guevara. Finalmente, las ideas y las prácticas libertarias comienzan a resurgir en los años
90: ésa es ya la historia del presente del anarquismo ecuatoriano.
El nodo vinculante del movimiento libertario en Ecuador es una coordinadora en torno a la cual gravitan núcleos e individualidades
de Quito, Guayaquil, Riobamba y Ambato. En Quito encontramos al Colectivo Autónomo Reincidiendo por la Libertad, al Ateneo
Libertario, a Productores Autónomos, a Hijas de Eva, a Generika, a Libres entre Rejas, a la Comuna Estudiantil Universitaria, al
grupo insurreccionalista Miliciano Urbano, a La Libre, al AntiTaurino, a PFN, a Radio (A) y también -como no podía ser de otra
manera- la presencia señera del siempre activo Jaime Guevara. En Guayaquil encontramos grupos básicamente contraculturales: la
Koordinaria Libertaria Difundista, Resistencia Records, Demencia Extrema y Ruido de Odio. En Riobamba tenemos en solitario a
los también contraculturales de Kriminalística y, finalmente, en Ambato, dos contactos de filiación punk unidos a la Coordinadora
aparentemente en forma individual.
A los mencionados, habría que agregar otros espacios de actividad contracultural: Am-Necia, Bandera Negra de Guayaquil,
Kontestatario Zine de Riobamba, Deconstruxión, La Resistencia Está En Tu Cabeza, Lasergrind Trading, Rebelión Disidente,
Wanchaka Record, X.P.E.rimentar zine y el G.R.A. también de Guayaquil.
En líneas generales, la situación del movimiento anarquista ecuatoriano se corresponde bastante bien con algunas características de
época, quizás circunstanciales pero seguramente significativas. Esto es así en cuanto se trata de un movimiento abrumadoramente
juvenil, compuesto por grupos autónomos con diversos centros de interés, sin tradiciones fuertes a las que atribuir su origen y de
expresión básicamente contracultural.
1.10.- El Salvador
El Salvador no parece contar con una tradición libertaria reconocible y nada nos dicen las investigaciones clásicas respecto a una
presencia anarquista en el período de implantación y desarrollo del sindicalismo revolucionario. Es de señalar, sin embargo, que en
1914 se formó en este país centroamericano una Confederación de Obreros y bien puede sostenerse, al menos como hipótesis a
confirmar o no por investigaciones más detalladas en tal sentido, que es probable haya habido en ella -así sea como reflejo tenue o
como contagio de lo que ocurría en otros países latinoamericanos- algún germen de práctica social libertaria. En nuestros días se
destaca la presencia del Movimiento Anarquista Salvadoreño/Célula de Liberación Animal, de orientación anarco-vegana con las
características propias de dicha corriente de surgimiento reciente y del que información fragmentaria permite suponer su
participación en algunas instancias recientes de agitación social.
1.11.- Guatemala
Tampoco Guatemala cuenta con una tradición anarquista importante. De todos modos, no falta algún estudio clásico que reconoce
la existencia de una fracción libertaria en el seno de la Confederación Guatemalteca de Trabajadores, fundada en 1944; algo que
también queda sujeto a estudios más detenidos que no estamos en condiciones de ofrecer ahora. En la actualidad podemos encontrar
a la Brigada Antifascista del Centro; la que, como dato especialmente interesante, se encarga entre otras cosas de la distribución de
fanzines guatemaltecos (Kaos Koherente, Desadaptados y Luchando desde Hoy), salvadoreños (Rechazzo social) y costarricenses
(Grito de Alerta). Este solo hecho es especialmente significativo por cuanto estaría dando a entender una cierta circulación de
materiales entre grupos juveniles contraculturales de la región centroamericana.
1.12.- México
La historia del movimiento anarquista mexicano es una de las más ricas y variadas del continente; no sólo por la reconocible
gravitación demográfica de las comunidades indígenas -rasgo compartido aproximadamente en el mismo grado por Perú, Bolivia y
Guatemala- sino también por la perdurable influencia de la agitación revolucionaria que ganó al país durante el bienio 1910-1911.
Surgido tempranamente, ya en 1868 vio el surgimiento del grupo La Social, animado por Plotino Rhodakanaty y sus secuaces, los
cuales dejaron una profunda huella inspiradora en los movimientos agrario y obrero del país. Puede decirse que, al igual que en otras
partes, ese primer período se movió bajo un signo mutualista y proudhoniano; el que, inmediatamente da paso a los que serían los
primeros brotes de tipo anarco-sindicalista y sus características sociedades de resistencia unidas a los infaltables ateneos y
bibliotecas. Es así que, el 5 de marzo de 1876 se reúne el primer Congreso General Obrero de la República Mexicana.
Paralelamente, las ideas anarquistas van adquiriendo también carta de ciudadanía en la intensa agitación agraria mexicana y el
anarquista Francisco Zalacosta será el principal animador en la creación del Gran Comité Central Comunero; el que, sin demasiados
preámbulos, se aboca de inmediato a la preparación de una revolución campesina. Para entonces, México vivía ya bajo el
interminable porfiriato y, por supuesto, la represión contra la agitación anarquista no se hace esperar ni se expresará con demasiadas
delicadezas. Abreviando groseramente las cosas podemos decir que ésa fue la tónica de las décadas siguientes, hasta la creación, a
principios del siglo XX, del Partido Liberal Mexicano; el que, más allá de su denominación y de su origen, se transformará, en
menos que canta un gallo y bajo el influjo de los hermanos Flores Magón, en un nucleamiento anarquista insurreccional “con todas
las de la ley”. Será en el círculo “magonista” que germinarán las prácticas orientadas a darle a la revolución mexicana de 1910 un
claro cariz libertario: la emancipación de los trabajadores, la expropiación de la tierra, la colectivización de todos los medios de
producción y el rechazo a que todo ello fuera absorbido y mediatizado por un nuevo gobierno. Mientras tanto, en 1912, se funda la
Casa del Obrero Mundial, como expresión anarco-sindicalista propiamente dicha. La influencia libertaria se canalizará más tarde en
la Confederación General de Trabajadores, fundada en 1921, hasta que, hacia 1930, la misma comienza a declinar, como ya había
ocurrido en la mayor parte de América Latina. No obstante, los anarquistas encuentran la forma de manifestarse socialmente en los
años 40 y también, desde 1941, a través de la Asociación Mexicana del Trabajo y de la Federación Anarquista Mexicana, cuya
existencia llega hasta los años 70. Por último, ya en los años 80 y 90, nos toparemos con la combativa presencia de la Federación
Anarquista Amor y Rabia, que en algún momento agrupó también a militantes de Estados Unidos y Canadá. Sin descuidar la
mención, por cierto, de la presencia sindical anarquista que se expresa a través del Frente Auténtico del Trabajo.
En la actualidad, en cuanto a lo que serían las formas de expresión más tradicionales, encontramos en México una agrupación
específica que se reclama a sí misma como anarco-sindicalista; la Organización de Propaganda Sindical Revolucionaria Mártires de
Cananea. Y también un núcleo “especificista” de claro perfil “plataformista”: la Alianza Comunista Libertaria.
En un renglón distinto corresponde ubicar al emprendimiento de software libre Base|espora.org, a la Cooperativa Libertaria Cultura
Libre y a la Agencia Akrata Press; la cual resulta de la fusión de La Rosa Negra, Infoycaos, Resistencia Global Press y Murphy
Doom. Sin olvidar, por supuesto, a dos espacios de larga y continuada actuación: la Biblioteca Social Reconstruir y Ediciones
Antorcha.
Entre los grupos “autónomos” cabe mencionar al Colectivo Autónomo Magonista (CAMA) -el que, a su vez, participa en la Alianza
Magonista Zapatista y activa el Centro Social Libertario Ricardo Flores Magón- al Colectivo Autogestivo de la Protesta a la
Resistencia, a Hijos del Pueblo, a Caravana Libertaria Carlo Giuliani, al Colectivo Media Luna Negra Anarquista y a la
Coordinadora Apoyo Mutuo de Monterrey.
Como no podía ser de otra manera, existe también una constelación de grupos contraculturales, preferentemente ubicados en el
espectro anarco-punk: Colectivo Anarko Punk Aktitud y Lucha, Estoiko/Filibuster Distro, Colectivo Jugo Gástrico de San Luís
Potosí, No Mientras Vivamos, R.I.V.A.L., Rockultura de Chiapas, Fallas del Sistema, Juventud Antiautoritaria Revolucionaria,
Movimiento Social Lucha Libertaria de Nuevo León, Kolectivo Libertario Anti-Todo de Morelos y Chiapas, Oveja negra y su
distribuidora Estajanovismo records y Bebe y Lucha de Guadalajara. En el espacio contracultural, pero en un ámbito más definido
de actuación, se puede incluir también a los anarquistas que actúan dentro del grupo ecologista Sonora Earth First.
No falta en México tampoco la rama local de la Cruz Negra Anarquista; la que, entre otros núcleos, recibe el respaldo del Grupo
Libertad. Pero lo más significativo y propio está constituído por agrupaciones cuyo ámbito de actuación son las comunidades
indígenas como es el caso del Consejo Indígena Popular de Oaxaca Ricardo Flores Magón y Organizaciones Indias por los Derechos
Humanos de Oaxaca; las que, sin ser propiamente anarquistas en el sentido restringido del término, reciben una inequívoca
influencia de las ideas y las prácticas libertarias.
Al no contar con información suficiente, hemos renunciado a clasificar al Colectivo Nogales -grupo que trabaja sobre los problemas
de la región fronteriza con Estados Unidos- y a Marcha al Norte. Asimismo, no pudimos recabar datos actuales de una serie de
grupos activos hasta hace poco tiempo atrás: Colectivo Cambio Radical, Subversiv@s, Stress, Uno Menos, ADIXION e-zine,
DICIDENCIA – zine, Resistencia, EskiZofréNikO ParAnóicO zine, La Página Libertaria, Radio Kehuelga, Radio Sublevarte,
Revolución Organizada Basada en la Anarquía, Colectividades contra la globalización, Cos@ Nostr@ y la Biblioteca de Crítica y
Alternativas Radicales. En líneas generales, dadas las dimensiones del país y la diversidad de realidades regionales no estrictamente
equiparables estamos enteramente persuadidos que nuestra reseña sobre el panorama libertario mexicano es un reflejo
extraordinariamente pobre de una escena rica y compleja que la desborda ampliamente; algo que -lo sospechamos firmementerepite
lo que ya habíamos afrontado en el caso de Brasil.
1.13.- Panamá
En 1905, George Davis, gobernador estadounidense de la Zona del Canal de Panamá, tuvo por divisa la no contratación de
anarquistas en las obras de construcción. Ni eso ni la ley 72 que prohibía el ingreso de anarquistas al país pudieron evitar la
conformación de núcleos anarcosindicalistas; protagonistas de monta en los movimientos huelguísticos de 1907 y 1925 y también
participantes de primera línea en la formación del Sindicato General de Trabajadores. Como en tantas otras partes, esas historias
desaparecieron de la vida política panameña y quedaron alojadas luego sólo en los rincones de la memoria. Según algunas crónicas,
vuelve a haber anarquistas en Panamá desde fines de los años 80 en adelante y hoy los caminos de reincorporación de prácticas
libertarias tienen lugar en una activa escena contracultural, integrada por grupos como Los Ramiros, PHB, Caras de Hambre,
Conspiración Piromaníaca, Los Tímidos, Libertad Perdida, Capitán Ponche, Calibre 57, Los Rajuelas, No hay día….en mi provincia,
Chiriquí, Arroz Kon Poroto, Tío Patata, Los de Raquel, Los Hijos del Maltrato y Emphyzema. No sería de extrañar, tal como ya ha
sucedido en otros países latinoamericanos, que ese nutrido escenario juvenil vaya adquiriendo paulatina o bruscamente perfiles y
formas de actuación que desborden las características exclusivamente expresivas que ha asumido hasta el momento.
1.14.- Paraguay
La historia del anarquismo paraguayo no debió tener comienzo más bello que el que supo darle a través de su pluma la sensibilidad
entrañable de Rafael Barrett, relatando en frases desgarradoras la realidad del trabajo esclavo en los yerbatales del país. No obstante,
no puede olvidarse que algunos años antes, Asunción fue uno de los puntos que tocó el itinerante anarquista italiano Pietro Gori,
quien en 1901 pronunció una serie de conferencias y colaboró en la formación del Sindicato de Albañiles, entre otros antecedentes
dignos de igual destaque. El punto orgánico de inflexión puede situarse en abril de 1906; momento en el que tiene lugar la formación
de la Federación Obrera Regional Paraguaya, de inspiración anarco-sindicalista y replicación del conocido modelo argentino. Pero,
como ha ocurrido aproximadamente en el resto de los casos, también aquel añejo sindicalismo paraguayo -combativo, intransigente
y de acción directa- va perdiendo fuerza y gravitación social a expensas de sus variantes conciliadoras. Aun así, la decadencia de la
FORP es sucedida por la creación del Centro Obrero Regional Paraguayo; el que, en calidad de tal, llega a formar parte del esfuerzo
fundacional de la Asociación Continental Americana de Trabajadores, perdiéndose luego todo rastro de influencia libertaria de cierta
repercusión. Actualmente, inclinados al esfuerzo de reimplantación libertaria, encontramos a la página Bandera Negra -dedicada
durante años a una interesante tarea de difusión ideológica pero abocada actualmente a promover un foro de debate- y al grupo
contracultural Diatriba, vinculado fundamentalmente al apoyo de grupos similares y a la edición de una publicación con artículos de
crítica política, social y cultural.
1.15.- Perú
En el Perú, como en otras partes, la historia del viejo movimiento anarquista se funde y confunde con la historia del movimiento
obrero; al menos desde el momento en que las ideas libertarias pasan a ser las de mayor predicamento en la Confederación de
Artesanos Unión Universal, que existía desde 1884. Fueron libertarios, por ejemplo, los orientadores de la primera huelga
significativa declarada en Lima en 1904 y se dice que el mismísimo Víctor Raúl Haya de la Torre concurría a la biblioteca de un
centro anarquista. A la notoria influencia sindical se unirá también la que ejercía en el plano intelectual el escritor Manuel González
Prada, procedente de la clase alta limeña -su apelativo completo fue José Manuel de los Reyes Gonzáles de Prada y Ulloa- y cuyo
nombre fue el de un importante Centro de Estudios Sociales tanto como el de las Universidades Populares en las que colaborarán los
anarquistas. En julio de 1919 se funda la Federación Obrera Regional Peruana, de implantación básicamente centrada en la ciudad
capital y con escasa incidencia entre el importante campesinado de origen indígena. La FORP sigue el mismo recorrido que ya
hemos visto reiteradamente, debiendo los anarquistas compartir su influencia con la de los comunistas y los seguidores de Haya de
la Torre y ya en 1926 las tres corrientes dan lugar a la formación de la Confederación General de Trabajadores. La influencia
libertaria va diluyéndose con el correr del tiempo y el anarco-sindicalismo deja paso a la formación de una Federación Anarquista
Peruana que existió hasta los años 60. Más adelante, se dejará sentir alguna influencia en las experiencias autogestionarias habidas
durante la presidencia de Velazco Alvarado. Por último, ya en los años 80 y 90, comenzará a plantearse el presente despertar,
fundamentalmente a partir de grupos de acción contracultural.
Actualmente, podemos encontrar en Perú un nucleamiento “especificista” de orientación “plataformista”: Qhispikay Llaqta ,
continuador del colectivo Estrella Negra. Se cuenta también con algunos grupos de los que hemos denominado “autónomos”: el
Grupo Anarquista La Protesta, el Colectivo Arteria Libertaria, el Colectivo Autónomo Yacta Runa y el Colectivo Minoría Activa de
Arequipa. Más nutridas parecen las filas contraculturales, con expresiones tales como las del Centro Social Anarkopunk, Resistencia
anarcopunk, Kolectivo Anarkopunk Jóvenes en Pie de Lucha de Tacna, la banda Asteroides 500. mg, Axión Anarkopunk y su banda
Generación Perdida, Autonomía, Feria Libertaria Kallejera y Hombres y Mujeres en Nuestra LuchAnarquista. Hasta hace un tiempo
existían también la Revista Invasión Ácrata, Kontesta Editores, la Koordinadora Libertaria y Barricada zine, sin que hayamos tenido
la ocasión ahora de confirmar sus actividades en tiempo presente pero sin que esto signifique prueba alguna de su extinción. Tal
como ha ocurrido en otros países, también en Perú nos acompaña la sensación de que el panorama libertario es más rico y fermental
que el que podemos describir y presentar con nuestros pobres recursos informativos.
1.16.- Puerto Rico
Los estudios sistemáticos sobre la historia del anarquismo en Puerto Rico nos son desconocidos. No obstante, sí es posible
encontrarse con relatos que nos dan noticias al menos fragmentarias de una presencia libertaria directa o lateral inequívoca.
Sabemos, por ejemplo, de las relaciones entre el patriota puertorriqueño Ramón Emeterio Betances y el anarquista Michele
Angiolillo; compinches inesperados en el magnicidio de Cánovas del Castillo, sustanciado en 1897. Sabemos también que, diez años
después, hubo importantes huelgas agrícolas en Arecibo -ciudad puerto que, como tal, acogió el consabido trasiego de ideas
libertarias- a través de la vida emblemática de Luisa Capetillo; una adelantada del feminismo libertario en las primeras décadas del
siglo XX. Por su parte, Ángel Cappelletti señala que en Puerto Rico, a diferencia de la mayor parte de los paises latinoamericanos, la
influencia se dio más entre literatos y poetas ubicados en los irreverentes márgenes de la cultura oficial que en el movimiento obrero
propiamente dicho.
En la actualidad, el espectro libertario puertorriqueño se expresa fundamentalmente en el espacio contracultural a través del grupo
Cojoba y su Anaconda Records; de Desintegrados, que simultáneamente activa la Cruz Negra Anarquista; de Entre Barrotes y su
Puerto Rico Hardcore E-zine; de la página La Barba de Bakunin; y de los zines Dispositivo Alteración Mental y La cuestión social.
En cambio, no existen noticias recientes de un Kolectivo de Alternativa Libertaria, que en su momento fue el producto de la
migración teórico-práctica de un grupo marxista de tendencias nacionalistas.
1.17.- Uruguay
El movimiento anarquista uruguayo siguió, en los primeros tramos de su peripecia, el ritmo de su similar argentino. En ese especial
cánon a dos voces da lugar, en 1905, a la formación de la Federación Obrera Regional Uruguaya; claramente mayoritaria en el
movimiento obrero del país durante las primeras dos décadas del siglo XX. La revolución rusa producirá luego el consabido
cimbronazo y la FORU acabará escindiéndose para abrirle paso a la Unión Sindical Uruguaya; reflejando así una problemática
aproximadamente igual a la argentina. En los años 20 hubo una Federación Anarquista uruguaya que aglutinó a los grupos
específicos de la época, pero la misma resultó tener escaso suceso y breve duración. Más perdurable fue la influencia de las
Juventudes Libertarias, creadas en 1938. Es de su labor continuada, junto a la del periódico Voluntad y a la del Ateneo Libre de los
barrios obreros del Cerro y La Teja en Montevideo así como de la presencia paralela de un sindicalismo autónomo y de acción
directa durante los años 40 y 50, que se generarán las condiciones para la formación de una nueva Federación Anarquista Uruguaya
en el año 1956. Dicha Federación se escinde a su vez en 1963 como consecuencia de diferencias insalvables en torno a la
interpretación de la revolución cubana y de sus derivaciones. Sin perjuicio de lo que esta división representó en términos de
debilitamiento inmediato, lo cierto es que las fracciones que compusieron en su momento la Federación mantuvieron y desarrollaron
sus espacios de actividad. No obstante esta afirmación, fue el segmento que continuó actuando como FAU el que obtuvo mayor
resonancia en su actuación, fundamentalmente a partir de sus bases sindicales y de la creación de un aparato pensado para la
ejecución de acciones de guerrilla urbana. La repercusión estrictamente libertaria de la FAU, sin embargo, se vio sensiblemente
atenuada por la adopción de posiciones que implicaron un acercamiento o una “síntesis” con cierto marxismo revolucionario y
heterodoxo. El resultado fue la creación del Partido por la Victoria del Pueblo en 1975; partido que, luego de la feroz represión
sufrida en 1976, acaba adoptando un año después, en un encuentro en el exilio realizado en París, una definición estrictamente
marxista. De tal modo, ya en plena dictadura militar, la presencia anarquista quedó limitada a pequeños grupos clandestinos y en el
exilio que emprendieron la larga marcha de recreación de una organización específica. Finalmente, luego de la “restauración
democrática”, en 1986, acaba constituyéndose una nueva Federación Anarquista Uruguaya; la que a diferencia de su predecesora, no
conseguirá abarcar ahora a la mayoría de las expresiones libertarias existentes en el país.
Actualmente existen tres espacios de actividad de larga data que, de un modo o de otro, remiten a las expresiones libertarias que
dieron lugar a la FAU de 1956: la mencionada Federación Anarquista Uruguaya, la Comunidad del Sur y el Grupo de Estudio y
Acción Libertaria (GEAL). De acuerdo a nuestros criterios clasificatorios, la FAU debería ser considerada como un nucleamiento
“plataformista”. La Comunidad del Sur, mientras tanto, está planteada desde su formación en 1955 como una experiencia integral de
vida según pautas libertarias que conoció los altibajos propios de una exigencia de esa naturaleza, pero también desarrolló una
prolongada actividad editorial que en la actualidad se manifiesta a través de Nordan. El GEAL, por su parte, tiene su principal eje de
actuación en torno a la Biblioteca Luce Fabbri; la que seguramente se cuenta entre los principales centros de documentación del
continente.
“Especificistas” en la acepción “plataformista” del término son también la Organización Libertaria Cimarrón, la Federación
Libertaria y el grupo Bandera Negra; todos ellos de composición básicamente juvenil y de conformación relativamente reciente.
Como “autónomos” respecto a las concepciones más tradicionales cabría clasificar al Taller Anarquista -partícipe en el Ateneo
Heber Nieto, en la revista Alter y en la distribuidora Gato Negro- a Bisagra, a Hijos del Estado y a Santabárbara. Entre los
“informales” probablemente quepa incluir a la Biblioteca Anarquista del Cerro y el Ateneo Anarquista de Villa Española, ambos
vinculados a la Cruz Negra local y en relación de empatía con la ya mencionada Coordinadora Anticarcelaria del Río de la Plata.
Finalmente, entre los grupos contraculturales es del caso mencionar a Apátridas del departamento de Canelones y Rebelión Animal
de Maldonado. El listado sería incompleto si, por último, no mencionáramos también la clara influencia libertaria presente en el
grupo feminista Las Decidoras.
Asimismo, resulta auspicioso que el movimiento anarquista uruguayo haya limado buena parte de las rispideces del pasado y
habilite actualmente espacios de actuación conjunta; quizás débiles si se los observa desde un grado máximo de exigencia pero
promisorios si se los mira desde una perspectiva histórica. En el año 2003 se realizó un encuentro general en el que participó todo
aquel que quiso hacerlo. Y en el año 2006 se constituyó una coordinadora cuya finalidad puntual fue la realización de eventos
comunes conmemorativos del 70º aniversario de la revolución española; coordinadora que continuó actuando luego de esas fechas y
que, aparentemente, tendería a estabilizar su funcionamiento como tal. Es de señalar, no obstante, que dicha coordinadora no incluye
a todos los nucleamientos puesto que, por diferentes razones, algunos grupos se mantuvieron al margen. En contrapartida, la misma
habilita también la participación de militantes a título individual.
1.18.- Venezuela
Pocos o ninguno de los países latinoamericanos sintió tanto como Venezuela -desde el punto de vista de las oportunidades para la
emergencia de organizaciones populares autónomas- la nefasta influencia de los regímenes militares; un rasgo del que no carecieron
la mayoría de los demás, pero que en el caso venezolano alcanza niveles de exageración. La cooptación estatal llegaba a tal punto y
la sujeción a tal extremo que, en agosto de 1922, el llamado Decano de la Confederación de Obreros y Artesanos del Distrito Federal
homenajea con una medalla al dictador Juan Vicente Gómez. No obstante este sombrío panorama el mismo no impidió la circulación
de ideas libertarias, ya sea en forma directa a través de sus militantes definidos y convencidos como tales, ya indirectamente y en
hilachas por intermedio de algunos pensadores venezolanos de avanzada. Es así que pueden rastrearse desde fines de la segunda
década del siglo XX formas incipientes de prácticas sindicales anarquistas a través de emigrantes españoles en Caracas o de italianos
en Yaracuy, Puerto Cabello y Barquisimeto. En la década de los 20, se hace sentir también en las explotaciones petroleras del Zulia
la influencia anarco-sindicalista de trabajadores guatemaltecos y nicaragüenses imbuídos de las ideas de los IWW. Luego de ese
período, la presencia anarquista es absorbida fundamentalmente por el Partido Comunista y Acción Democrática hasta el comienzo
de las actividades recientes, ya en los años 90 del siglo pasado.
Actualmente, el anarquismo venezolano se expresa fundamentalmente a través de un conjunto de grupos “autónomos”; el más
estable y activo de los cuales resulta ser la Comisión de Relaciones Anarquistas, que edita El Libertario -ya con casi 50 ediciones a
cuestas- y mantiene un Centro de Estudios Sociales Libertarios, oficiando a su vez como elemento de conexión entre los restantes
nucleamientos. En las proximidades del mismo destaca también la existencia de la Cruz Negra Anarquista de Venezuela y Náufrago
de Ítaca. Una más que interesante y esforzada actividad realiza La Libertaria, en la apartada localidad de Biscucuy. Asimismo, hay
que mencionar también el ciberactivismo de Despierta Transmite en la ciudad de Valencia y el proyecto radiofónico Utopácrata de
la Comunidad de P.A.Z. -Proyecto anarquista Zanjar- de Mérida.
Más absorbidos por la acción contracultural propiamente dicha aparecen las banda Apatía No, Doña Maldad de Maracaibo, Los
dólares, Los Residuos de San Cristóbal y las distribuidoras Deskontento, Repudio, Siempre Rebelde, Noseke Records y la Columna
Insurreccionalista de Payasos Anarquistas. El listado sería incompleto si no mencionáramos ahora a Amantes del Ruido, Grito de
Resistencia Animal y Colectivo Herencia Verde de Barquisimeto, al Colectivo Resistencia Activa de Falcón así como a Unidad
Autónoma Libertaria y Perdida la Confianza de Maracay.
2.- El despertar anarquista: los formatos organizativos
Ordenar este listado según lo que hemos llamado formato, perfil o porte organizativo se nos aparece como una necesidad, pero en
modo alguno resulta ser algo automáticamente evidente sino que requiere de cierta fundamentación. Por lo pronto, parece claro que
el grado de incidencia de las propuestas anarquistas debe guardar algún tipo de relación con el ámbito de actuación que definen para
sí los agrupamientos libertarios propiamente dichos. Primariamente, y sin perjuicio de otras consideraciones que en algún momento
habrá que hacer, podemos suponer que la incidencia será tanto mayor cuanto mayor o más abarcativo sea el nivel de actuación que el
agrupamiento en cuestión haya definido como de su incumbencia. Por esa razón, entendimos oportuno conducirnos según un cierto
degradé que fuera desde aquellas organizaciones que se extienden efectivamente a lo largo de un territorio nacional dado, o tienen la
intención de hacerlo, hasta esa forma mínima de organización que es todo individuo dispuesto a realizar al menos una labor de
difusión inmediata de las concepciones libertarias. Así encontraremos, en un extremo, organizaciones con pretensiones de alcance
nacional mientras que, en el otro, habremos de toparnos con páginas web unipersonales; adquisición ésta absolutamente actual, que
la tecnología moderna ha puesto a disposición de los más voluntariosos y de los más creativos en el manejo de este medio en
particular. Más allá de cada uno de esos límites veremos abrirse unos espacios todavía nebulosos pero insinuantes: por “encima” de
las organizaciones de alcance nacional parece configurarse un terreno de encuentros, jornadas, seminarios, canales de discusión y
redes en los que furtivamente se reunen libertarios de un mismo país o de varios -o, al menos, se abrió y se abre la posibilidad para
que así sea- y por “debajo” de las páginas web individuales veremos cómo algunos anarquistas o simplemente simpatizantes y
curiosos realizan una provechosa labor de irradiación y rescate con gestos unitarios que satisfacen algunas necesidades nucleares de
información y divulgación.
No obstante, es de tener presente que, si los extremos funcionan bastante bien en el plano conceptual, lo hacen considerablemente
menos en el plano de sus materializaciones concretas. Del mismo modo, las situaciones intermedias no pueden dejar de plantear
sobresaltos e incongruencias que nos resultaron insalvables; como ocurre casi toda vez que se intenta presentar en forma
simplificada y fácilmente comprensible una realidad que resulta ser infinitamente más compleja. Algunos ejemplos tal vez
permitirían ahora ilustrar en forma más acabada las dificultades de construcción y ordenamiento del listado, pero preferimos ir
haciendo las aclaraciones que correspondan en el momento de enfrentarnos con cada nivel de actuación. De ese modo, esperamos
justificar la pertinencia de este ordenamiento y ofrecer una visión panorámica cuyas derivaciones habremos de comentar sobre el
final de este trabajo.
2.1.- Coordinaciones, redes, encuentros, agencias de noticias, listas de correo.
Las pulsiones y compulsiones epistolares de Bakunin seguramente son un lejano antecedente de este territorio de fusiones
libertarias. Las errabundas existencias de Líber Forti y de Víctor García, tejiendo telarañas compañeras por los caminos de América,
son también un ascendiente entrañable; ahora más familiar, más próximo y con latidos que todavía podemos sentir. La quimera de la
conspiración universal -es decir, el deseo de respirar juntos, acompasadamente y entre iguales- encuentra aquí su lugar natural de
despliegue. Pero, además, nuestro tiempo ha querido que las cosas no se limiten ya a correos que demoran meses en llegar o
emisarios que tardan otros tantos en volver. Ahora, las posibilidades se han multiplicado, los espacios se han reducido y el tiempo se
ha vuelto un ejercicio de simultaneidad. Este territorio de proteica plasticidad probablemente sea una de las principales vertientes
expresivas de este nuevo despertar anarquista y en él se incuban, con toda certeza, algunas de nuestras mejores y más ambiciosas
apuestas de futuro. Si es que en alguna parte existe con mayor fuerza o capacidad de insinuación la posibilidad de redes libertarias
latinoamericanas, ello seguramente acontece a este nivel. Sin embargo, el carácter declaradamente incompleto de nuestra indagación
no nos permitirá ahora más que una lista brevísima de menciones que seguramente habrá de estar muy por debajo de la cantidad de
acontecimientos o de logros organizativos que aquélla querría resumir.
Si en este período las comunicaciones han sido uno de los elementos fundamentales de contagio, no puede dejar de destacarse a
punto de partida la labor cumplida por A-Infos. Nacida a principios de los años 90 como una red de correos convencionales a la que
cada núcleo local volcaba las informaciones de su propio entorno, produjo un avance sustancial a partir de 1995 en la versión web
que se mantiene hasta el día de hoy en varios idiomas, constituyéndose en una de las principales fuentes de información sobre el
acontecer y los quehaceres del movimiento anarquista del mundo entero; y, por supuesto, también de América Latina. Con menos
recursos, pero con un entusiasmo que no le va en zaga, han surgido otras agencias más o menos inspiradas expresa o tácitamente en
la experiencia de A-Infos -como es el caso de las ya mencionadas Agencia de Noticias Anarquistas y Akrata Press- ocupando nichos
informativos que habitualmente no son volcados a ese medio. Por otra parte, bien puede decirse que este campo de actuación es
especialmente propicio en cuanto a favorecer confluencias que vayan más allá de las corrientes establecidas y seguramente es mucho
todavía lo que se puede avanzar en él.
Las listas de correo constituyen un espacio más restringido pero más fecundo de intercambios por cuanto permiten entablar
discusiones y elaboraciones comunes entre todos aquellos interesados en ciertas áreas temáticas más o menos amplias o más o
menos acotadas, según los casos y las circunstancias. Dichas listas van desde aquellas que nuclean unas pocas decenas de adherentes
hasta las que se aproximan o incluso superan el millar de suscriptores. Tal vez la primera en ser creada y la más variada en cuanto a
su composición sea Anarqlat, administrada desde el año 1997 en Venezuela y compuesta actualmente por anarquistas de una
veintena larga de países. Asimismo, las agrupaciones más estables y con mayores pretensiones se sirven en forma regular de este
novedoso mecanismo de distribución a través del cual dan a conocer sus posiciones y preocupaciones: así lo hacen desde los
“plataformistas” más estrictos hasta quienes han optado por pautas organizativas “informales”, como es el caso de la lista de la
Coordinadora Informal Anarquista.
Los encuentros también son, por supuesto, una destacada instancia de reconocimientos recíprocos y de búsquedas, cuando no
instancias más formales de definición y de presentación pública de las mismas. Probablemente, el primero del período más reciente
haya sido el celebrado en Montevideo, en 1996, en ocasión del 40 aniversario de la Federación Anarquista Uruguaya. Con
composiciones variables, pero generalmente limitadas a las organizaciones afines a la FAU y a la Federación Anarquista Gaúcha,
dichos encuentros han continuado realizándose y se orientan de hecho a la formación de una Coordinación Anarquista Latino
Americana (CALA); planteada aproximadamente como expresiva de la corriente “plataformista” en la región y más propiamente en
el Cono Sur de la misma. No han faltado, por cierto, los encuentros estrictamente anarco-punks, de los cuales se han realizado cinco
hasta el momento: desde Uruguay en 1998 hasta Perú en el 2006, pasando bianualmente por México, Brasil y Argentina. A nivel de
combinaciones distintas, que apuntan más a las proximidades regionales, es oportuno citar las Jornadas Libertarias Internacionales
celebradas en Caracas en el año 2001 de la cual resultó una red provisoria entre agrupaciones de Venezuela, Colombia y Ecuador o
los encuentros habidos entre nucleamientos del sur peruano y el norte chileno. Ninguna de esas instancias, sin embargo, tuvo la
amplitud “geográfica” alcanzada por el evento realizado en Caracas en enero de 2006; el que reunió, una vez finalizado el Foro
Social Alternativo, a anarquistas de 18 países.
Por último, es de señalar que en los últimos años vienen procesándose lentamente algunas instancias de coordinación “nacional”. La
Coordinadora Libertaria boliviana, formada en el 2004, es un buen ejemplo de ello y en Ecuador parece que estamos en presencia de
un fenómeno similar. En Uruguay comenzó a funcionar una coordinación en el 2006; y, aunque no reúne a todos los nucleamientos
existentes, ha conseguido poner en común algunas relevantes cuestiones de orden práctico que todavía no han dado todo de sí. Con
intenciones más limitadas al espectro “plataformista”, el Forum del Anarquismo Organizado en Brasil, apunta también más allá de
las actuales realidades orgánicas. En México se ha realizado también una convocatoria recientísima a la formación de una red que
abarque a todo el Estado. Finalmente, en Argentina, desde hace unos años está planteado el funcionamiento de la Red de Enlaces del
Movimiento Anarquista, pero la misma no parece haber estado en condiciones de reunir en su seno la explosiva floración de
agrupaciones que tuvo lugar desde el levantamiento popular de diciembre del 2001. Más allá de las marchas y contramarchas que
puedan registrarse en este plano, lo cierto es que el mismo parece ser un camino cierto de reconocimientos recíprocos, de admisión
de la diversidad de opciones y de imprescindible colaboración en torno a las necesidades comunes y a las prioridades compartidas.
2.2.- Organizaciones de alcance o de pretensión nacional
En principio, no nos ha sido posible en todos los casos calibrar realmente el alcance nacional de un agrupamiento dado, razón por la
cual adoptamos como criterio alternativo el de su denominación, entendiendo que la misma delata, aproximadamente, una cierta
vocación implícita por el ámbito de actuación. Por tal motivo, salvo que el conocimiento existente revelara lo contrario, hemos
optado por considerar como agrupamientos de alcance nacional o con intención de tal a aquellos que en su denominación incorporan
los vocablos “federación”, “organización”, “movimiento” o equivalentes por el estilo; siempre y cuando no estén acotados por una
referencia regional o local expresa. El criterio es, por supuesto, harto discutible y puede provocar más de una sorpresa: así, quizás
sea posible encontrar agrupamientos con vocación de alcance nacional que tengan menos militantes e incidencia social que otros no
tan ambiciosos pero más activos y fecundos en el mismo país. Sin embargo, creemos que de esta forma es posible ofrecer una idea
sobre la auto-percepción que un agrupamiento dado tiene de sí mismo y sobre el carácter acabado o provisorio que se ha
auto-conferido a punto de partida.
Aún así, nada de ello nos habilitará a ser optimistas en cuanto a la unidad real de los anarquistas de un país dado. Más allá de las
denominaciones elegidas y del ámbito de actuación que pueda haberse definido, es un hecho perfectamente constatable que ninguna
de las organizaciones que aquí se mencionarán puede considerarse como ampliamente representativa de las diferentes corrientes
existentes en ese lugar y generalmente tampoco de la concepción particular a la que pertenecen. Antes bien, como principio de
percepción será necesario tener presente que en ningún país latinoamericano parece haberse procesado todavía una unidad completa,
cualquiera sea la forma orgánica que ella adopte o la concepción particular de la cual se nutra. Esta ausencia de instancias comunes
estables y reconocidas consensualmente como vitales es, precisamente, una de las carencias en las que más cabe insistir, uno de los
tantos indicios que delatan nuestras insuficiencias de elaboración y también la excusa mayor en la cual se apoya el planteo de
construcción de redes nacionales e internacionales amplias y sin exclusiones.
Entre los nucleamientos de pretensión nacional tenemos, entonces, a la FORA, la FLA, la Organización Socialista Libertaria, la
Organización Revolucionaria Anarquista y Rojo y Negro Comunismo Libertario en Argentina; a la Uniâo Popular Anarquista en
Brasil; a la Organización Resistencia Libertaria y la Organización Anarquista Comunista en Costa Rica; al Movimiento Libertario
Cubano en lo que a Cuba respecta; a la Organización Comunista Libertaria en Chile; a la Organización de Propaganda Sindical
Revolucionaria Mártires de Cananea y a la Alianza de los Comunistas Libertarios en México; a Qhispikay Llaqta en Perú; a la
Federación Anarquista Uruguaya, la Organización Libertaria Cimarrón, la Organización Bandera Negra y la Federación Libertaria
en Uruguay y quizás también a la Comisión de Relaciones Anarquistas en Venezuela.
En cierto sentido, puede decirse también que hay otro tipo de organizaciones de alcance nacional, como pueden serlo el Frente de
Estudiantes Libertarios en Chile, la Organización Anarco Punk en Brasil o Mujeres Creando en Bolivia. Sin embargo, es pertinente
realizar una distinción con los nucleamientos mencionados anteriormente en el sentido de que ahora estamos frente a expresiones
sectoriales que por su propia naturaleza -dicho esto sin pretensiones de emitir un juicio de valor- no están pensadas para albergar en
su seno a cualquier individuo de un territorio estatal dado sino que se limitan a agrupar a estudiantes, a quienes han realizado una
cierta opción contra-cultural y a mujeres, respectivamente. Sin perjuicio del reconocimiento de estas “restricciones”, parece clara la
importancia de prestar atención a este tipo de organizaciones por cuanto el mismo puede quizás estar expresando la tendencia al
agrupamiento a partir de identidades menos abarcativas que las clásicas pero igualmente susceptibles de adquirir una extensión a lo
largo y a lo ancho de un cierto territorio estatal.
2.3.- Organizaciones de alcance regional
En este caso, hemos reunido en la categoría a aquellos nucleamientos que, en su denominación, incorporan una referencia regional
restringida y también a quienes, sin hacerla, circunscriben de hecho su espacio de actuación a un ámbito sub-estatal. Hemos
interpretado que tal cosa está insinuando su vocación y sus eventuales trabajos en torno a la constitución de una realidad orgánica
que tarde o temprano acabe por integrarlos; aproximadamente en el mismo sentido en que la Federación Anarquista Milanesa forma
parte de la Federación Anarquista Italiana. Al mismo tiempo, los hemos ubicado por encima de las agrupaciones de base bajo el
supuesto de que, en general, habrán de contar con un radio de actuación más amplio y más ambicioso así como por el hecho de
reunir a dos o más de ellas. Es de tener en cuenta, como ya lo dijerámos, que la aplicación de nuestro criterio de ordenamiento de
mayor a menor sólo da cuenta de las articulaciones posibles y del grado de completitud o no que un nucleamiento libertario se
confiere a sí mismo. En los hechos, es probable que uno o varios de estos nucleamientos de alcance regional cuenten con mayores
caudales militantes e incidencia social que alguna de las organizaciones que tienen asignado un alcance nacional expreso. Del
mismo modo, es probable también que varias de las agrupaciones de base cuenten con un porte real que esté por encima del que
asignaremos en nuestra escala a estos agrupamientos regionales.
Con estas salvedades, podemos entender que son nucleamientos regionales por lo menos el Colectivo Comunista Libertario de La
Matanza, la Organización de La Plata, la Organización Anarquista de Córdoba, la Unión de Anarquistas Zona Oeste y el
Movimiento Anarquista Libertario de Chaco y Corrientes en Argentina; las agrupaciones de base local en Bolivia (Cochabamba,
Santa Cruz, Sucre, Tarija y La Paz-El Alto); los núcleos Pro-FORGS y Pro-FOSP junto a la Federación Anarkista de Río Grande do
Sul y el Colectivo Libertario de San Pablo, la Federación Anarquista Gaúcha, la Federación Anarquista Cabocla, la Federación
Anarquista Insurrección, la Federación Anarquista de Río de Janeiro, el Comité Pro-Lucha Popular de Bahía y la Federación
Anarquista da Baixada Santista en Brasil; los anarco-sindicalistas de Concepción, el Colectivo de Agitación Libertaria de Arica, la
Red Anarquista del Sur y el Movimiento Libertario Joaquín Murieta de Temuco en Chile; y, por último, la Coordinadora Apoyo
Mutuo de Monterrey, el Consejo Indígena Popular de Oaxaca y las Organizaciones Indias por los Derechos Humanos de Oaxaca en
México.
2.4.- Agrupaciones varias
Mientras tanto, cuando la denominación no delata ninguna restricción geográfica pero resulta evocar otro tipo de portes
organizativos -como lo harían, por ejemplo, los términos “agrupación”, “grupo”, “núcleo”, “banda” o simplemente “colectivo”- nos
hemos limitado a colocar al agrupamiento en cuestión en un nivel “inferior”. No obstante, estamos lejos todavía de haber resuelto los
problemas que el criterio clasificatorio habrá de seguir planteándonos. Por lo pronto, es discutible también que una agrupación
cualquiera tenga siempre un porte organizativo “superior” que el de un centro de estudios o el de una publicación, siendo que bien
podemos encontrarnos realmente con situaciones que rompan esa “lógica”. De todas maneras, una vez más hemos entendido que,
cuando un agrupamiento se auto-percibe a sí mismo como algo más que su biblioteca y el órgano de prensa que lo expresa, está
reflejando implícitamente una vocación en cuanto a sus campos de actuación que va más allá de tales cosas: concretamente, una
práctica colectiva orientada expresamente a producir algún tipo de efecto en la realidad social circundante. Sin embargo, hemos
ubicado a este nivel a las bandas de rock, por entender que no constituyen exactamente el equivalente musical de un medio gráfico
sino que habitualmente están rodeadas de un entorno más amplio que el de sus componentes en sentido estricto y cuentan con un
tipo de irradiación que las vuelve más próximas a las agrupaciones que a las publicaciones y efectivamente lo son. No obstante ello,
no se nos escapa que este criterio también ofrece un margen cierto para la objeción y la polémica.
Sea como sea, lo cierto es que, en esta etapa del despertar anarquista que estamos intentando “graficar”, la forma organizativa
holgadamente prevalente es precisamente la de la agrupación; entendiendo por tal la propia de un grupo primario, de relaciones
directas y cara a cara; apta para una práctica forjada en régimen de asamblea permanente, desde afinidades básicas, intensamente
afectiva y facilitadora de la expresividad individual. En este caso, dado lo extenuante y engorroso que sería, nos permitiremos la
licencia de no repetir el nombre de las agrupaciones existentes en cada país; sabiendo que, para la localización de quienes se han
dado esta forma organizativa, bastará con volver a reunir nuevamente a casi todos los grupos que hemos considerado antes como
“autónomos”, “informales” o contraculturales y también a aquellos que desarrollan tareas circunscritas en el campo ecologista,
feminista, anti-militarista y de apoyo a presos. Incluso, es harto probable que algunos de los grupos a los que hemos atribuído un
alcance regional, funcionen realmente bajo este perfil organizativo y el formato de presentación que le hemos atribuido esté
revelando más una intención de futuro que su configuración real. Por otra parte, si comparamos los resultados de este relevamiento
con los que obtuviéramos en nuestra versión anterior del mismo, notaremos que es a este nivel que se ponen largamente de
manifiesto la mayor cantidad de “apariciones” y “desapariciones”, por lo cual cabe asignarle a la forma agrupacional una
adaptabilidad y una plasticidad más fuertes que las encontradas en el resto de los casos. Es por ello, también, que la simple
repetición que acabamos de recomendar -confeccionando un listado de agrupaciones sobre la base de las que ya hemos mencionado
país por país- sea bastante imprecisa y limitada: es seguro que su número y su gravitación esté por encima de la que nosotros
estamos en condiciones de reflejar.
2.5.- Centros de estudios, editoriales, bibliotecas, etc.
Es discutible también que hayamos colocado por “debajo” de las agrupaciones a los centros de estudio, las editoriales y las
bibliotecas. Sin embargo, preferimos hacerlo así para mantener la coherencia relativa del criterio y los objetivos de este trabajo en su
conjunto. Si se recuerda, entonces, que ese objetivo consiste en presentar un panorama de las realizaciones organizativas anarquistas
en el continente latinoamericano y en estudiar la posibilidad de tender redes entre las mismas será lícito que nos manejemos en este
caso con un “prejuicio”. Ese “prejuicio”, entonces, consiste en el supuesto de que las agrupaciones medianamente estables están
generalmente pensadas para el desarrollo de una práctica de proyección hacia el medio más abarcativa que las de un centro de
estudio, una editorial o una biblioteca. Por ello, lo que intentamos circunscribir aquí es aquel tipo de instancia organizativa
específicamente abocada al atesoramiento, el ordenamiento, la “manipulación” y la circulación de materiales formativos libertarios.
Es innecesario señalar que dicha tarea resulta absolutamente imprescindible y que -más allá de ese “límite” arbitrario que define a
estas instancias organizativas y que nos lleva a ubicarlas por “debajo” de las agrupaciones- no deja de ser obvio que muchas veces
las mismas requieren para su puesta en funcionamiento de recursos y complejidades que casi siempre habrán de estar por encima de
éstas.
Seguramente algo de eso debe haber pensado Eugen Relgis -conmovido por el espectáculo europeo del fascismo y la cavernícola
quema de libros a la que ya se habían abocado los nazis- cuando se transformó en promotor de la Biblioteca Archivo Internacional
Anarquista (BAIA); la que, a su entender, debía estar ubicada en el país más “liberal”, más “neutral” y menos expuesto a pérdidas
drásticas y sumarias de toda América: Uruguay. Así se hizo y allí se instaló, con materiales de diversas procedencias la BAIA
americana, en simetría con su similar suiza. Lo que Relgis no pudo imaginar a punto de partida fue que también Uruguay
experimentaría años después de la instalación del proyecto un proceso de radicalización de las luchas sociales y el consiguiente
desborde represivo estatal que dejaría solamente trizas y cenizas del que fuera en su momento el más importante archivo documental
y bibliográfico del continente.
La pérdida es, con entera certeza, todavía irreparable; pero ahí están para demostrar que aún perduran acervos documentales
importantes la Biblioteca Archivo de Estudios Libertarios de la FLA en Argentina, la Biblioteca Social Recontruir en México y la
Biblioteca Luce Fabbri en Uruguay. En este rubro tenemos además a la Biblioteca Popular José Ingenieros, a la Biblioteca Alberto
Ghiraldo, a la Biblioteca Alternativa Tilo Wenner y a la Biblioteca Popular Juventud Moderna de Mar del Plata junto con editoriales
como Letra Libre y la colección Utopía Libertaria o grupos de investigación como el Centro de Estudios Miguel Bakunin en
Argentina; la Biblioteca Social Fabio Luz de Río de Janeiro, el Centro de Cultura Libertaria Fabio Luz de Bahía, el Laboratorio de
Estudios Libertarios, el Colectivo de Estudios Anarquistas Domingos Passos, el Centro de Cultura Terra Livre, el Núcleo de
Sociabilidad Libertaria, el Archivo de Historia Social Edgar Rodrígues, la Asociación Cultural Quilombo Cecilia, Index Librorum
Prohibitorum, el Círculo de Estudios Libertarios Ideal Peres y el Grupo de Estudios Babilonia en Brasil; el Centro de Cultura
Libertaria en Colombia; el Centro de Estudios Germinal en Costa Rica; el Instituto de Estudios Anarquistas, la Editorial Espíritu
Libertario, el Colectivo Anticopyright y el Centro Social Anarquista Claudia López en Chile; el Centro Social Libertario Ricardo
Flores Magón, la Biblioteca Social Reconstruir, la Cooperativa Libertaria Cultura Libre y Ediciones Antorcha en México; las
editoriales Nordan y Recortes así como la Distribuidora Gato Negro en Uruguay; y, por último el Centro de Estudios Sociales
Libertarios de la Comisión de Relaciones Anarquistas en Venezuela.
2.6.- Otras variantes
¿Alguien puede dudar que la primera idea que surge de una reunión inicial de dos o más anarquistas es la de poner en la calle una
publicación escrita cuya periodicidad habrá de quedar permanentemente en suspenso? Siendo así, no es extraño que una publicación
centenaria como La Protesta renueve su vigencia y que una pléyade de nuevos intentos inunden de papel y tinta -negro sobre blanco,
inacabables verborragias libertarias- las áridas selvas de cemento latinoamericanas. Una constelación inabarcable de recientísimas
publicaciones se encarga una vez más de transmitir palabras de inconformismo y rebeldía. A ellas se agregan ahora algunos medios
que no eran tan frecuentados o no estaban tan disponibles en las décadas pasadas: las páginas web, las radios piratas, los discos, los
videos, etc. Ni siquiera intentaremos presentar una lista al respecto, pues la misma sería, con absoluta certeza, un reflejo pobrísimo
de todo lo que los anarquistas puedan estar haciendo en estos momentos a lo largo y a lo ancho de América Latina. Baste decir, a
efectos de brindar una imagen aproximada, que la gran mayoría de los nucleamientos mencionados en nuestra clasificación por
países cuenta por lo menos con un medio de difusión. Además, debe recordarse que el listado original se basa en un rastreo realizado
básicamente a partir de las páginas web existentes; razón por la cual no registra la muy probable constelación de fanzines
improvisados y episódicos o relativamente regulares y de cuidada elaboración que deben estar editándose en este momento. Por lo
tanto: ¿será una exageración sostener que la cantidad de publicaciones y otros medios circulantes de divulgación supera con creces
los tres centenares largos de espacios de actividad anarquista que hemos conseguido listar y que los mismos expresan sólo una parte
de las protestas libertarias escritas, cantadas o simplemente habladas que circulan en nuestro continente?
Las páginas web unipersonales, mientras tanto, no parecen ofrecer mayores problemas interpretativos y no habrá inconveniente
alguno en situarlas en este nivel de realización. Como ya se ha dicho: en tanto hemos privilegiado lo colectivo, no realizaremos una
enumeración de dichas páginas, pero ello no conspirará, por supuesto, contra el elemental reconocimiento que se impone a quienes,
con los recursos tecnológicos disponibles y con la fuerza individual que se requiere para transitar una ruta permanentemente
condenable desde el poder, han liado sus bártulos para emprender en solitario el iracundo viaje de la anarquía y marcar con su sello
personal los obstáculos, los goces y los placeres de tan singular derrotero.
Llegamos al final del recorrido, entonces, en lo que respecta al segundo criterio clasificatorio que nos definiéramos. En este último
peldaño de la escala que nos ha permitido constatar empíricamente el reciente despertar anarquista estamos por “debajo” de
cualquier logro organizativo medianamente estable. Hay, en cambio, voces y mensajes que portan memorias y proyectos; hay
discursos y elaboraciones a través de las cuales se rescata el pasado y también se recupera actualidad. El anarquismo deja de ser un
asunto lejano y olvidable; incluso aunque buena parte de los artículos que recorren el continente latinoamericano esté enfocado
desde un punto de vista histórico. Ahora, hay un magma subterráneo de quimeras, de propuestas, de reflexiones, de acontecimientos,
de personas que se vuelven inmediatamente visibles. ¿Alguien puede dudar que también a través de la mayor o menor densidad de
esa algarabía de proclamas estruendosas, de análisis más serenos y de confidencias silenciosas pero irreprimibles es posible explicar
que un pensamiento repetidamente condenado a la sepultura sea capaz de recuperar periódicamente sus latencias?
3.- El despertar anarquista: corrientes, espacios y tareas
El tercer y último criterio clasificatorio que hemos manejado presenta también algunos problemas propios a su naturaleza y que, en
modo alguno, queremos ocultar. Para empezar, no nos ha sido posible construir una escala exhaustiva, situada en una única
dimensión comprensible y relevante y de la cual resulten categorías bien delimitadas, no superpuestas y no sujetas a las dudas que
efectivamente tendremos; razón por la cual un agrupamiento cualquiera bien podría incorporarse pertinentemente a dos o más de
ellas. En segundo término, la ubicación de cada nucleamiento en las categorías finalmente definidas no deja de ser un tema
altamente opinable, por cuanto muchas veces ello no resultará de una expresa inscripción propia en una concepción dada o de una
fuerte adhesión identitaria sino de nuestra propia interpretación. Por último, esta misma interpretación tiene al día de la fecha la
insalvable limitación de no poder apoyarse en un conocimiento directo y acabado de cada uno de los nucleamientos y,
probablemente, en una estimable cantidad de casos no vaya mucho más allá de una primera impresión. Frente a estas dificultades, y
ante la necesidad de contar con este instrumento informativo a la mayor brevedad, hemos optado por dejar librada a la intuición la
ubicación de muchos de los nucleamientos, reservando incluso para el futuro inmediato la colocación de algunos de ellos en la
categoría que les resulte más apropiada.
Existe, sin embargo, una convicción plena que queremos poner enteramente de manifiesto ahora y es que la corriente más caudalosa
de este nuevo despertar anarquista no discurre como la mera reproducción de las formas tradicionales que adoptara nuestro
movimiento en términos históricos ni es el producto de la acción deliberada de sus viejas expresiones orgánicas. Antes bien -y sobre
esto habremos de insistir en los comentarios finales- el nuevo despertar anarquista se produce en un punto de cruce entre ciertas
condiciones históricas intransferibles, la defección de los proyectos revolucionarios de mayores circulación y arraigo hasta hace
apenas dos décadas y la necesidad de inaugurar un intenso proceso de experimentaciones y de búsquedas en el seno del cual las
ideas libertarias recuperan su viejo y perdido lugar. Por tales motivos, creemos desde ya que las dificultades de ubicación de buena
parte de los nucleamientos libertarios y su no adscripción a un modelo de organización y acción bien preciso responde a la ausencia
de paradigmas renovados y de contornos nítidos o, mejor todavía, a un indefinido y borroso proceso de elaboración de los mismos.
Esta clasificación, entonces, pretenderá reflejar esa situación, e intentará destacar a los nucleamientos que, de un modo o de otro, se
ubican más definidamente en esas coordenadas de experimentación y de búsqueda; algo que no impedirá destacar también a aquellos
nucleamientos que efectivamente poseen un modelo de organización y acción fundamentado en alguna de las corrientes libertarias
de más larga y nutrida trayectoria histórica.
Más allá de esto, se impone una última aclaración. Tal como ya lo precisáramos, nuestra lista ha purgado del listado original de la
CRA, hasta donde nos fue posible detectarlo, las referencias no específicamente anarquistas y, por ello, casi no habrán de aparecer
aquí nucleamientos que de todos modos dejan sentir una reconocible influencia libertaria en diversos campos -movimientos okupas,
ecologistas, anti-militaristas, anti-globalización, juveniles, de comunicación alternativa, etc.- en los cuales seguramente se apoya
algo del componente más innovador de la militancia y las preocupaciones anarquistas en América Latina. Será oportuno, entonces,
tener especialmente presente que en dichos terrenos se ubica también buena parte de ese proceso de experimentaciones y de
búsquedas al que recién hiciéramos mención y que las características definidas para nuestro listado vuelven imposible recoger y
expresar aquí muchas de sus mayores y mejores potencialidades. Por esta razón y por las dadas anteriormente, también ahora
deberemos contentarnos con lo que no pretende ser más que una aproximación y, una vez más, intentaremos excusarnos y
escudarnos en el carácter de borrador, altamente falible y provisorio, que desde un principio hemos querido darle a este trabajo.
3.1.- Anarco-sindicalistas
Estamos aquí en presencia de lo que, en Los sediciosos despertares de la anarquía, hemos conceptualizado como anarquismo
clásico. Los nucleamientos que ahora se listarán encuentran sus modelos de organización y acción más remotos en lo que bien
podríamos considerar como la “edad de oro” del anarquismo; la que, a nuestro modo de ver, se extiende o se prorroga hasta el
momento de la derrota de la gesta revolucionaria española. La enorme mayoría de las organizaciones que fueran la columna
vertebral de las luchas anarquistas hasta las décadas del 30, del 40 o del 50 del siglo XX, según los casos, se extinguieron en la larga
noche de los tiempos bajo el imperio de circunstancias históricas que les llevaron a perder no sólo actualidad sino también
existencia; salvo la FORA, que nunca desapareció formalmente pero que sólo tuvo -desde el ascenso peronista hasta nuestro díasuna
sobrevivencia pertinaz y entrañable aunque sólo letárgica y testimonial. Ello no significó, por cierto, la desaparición, la
deserción o la ausencia de militantes sindicales anarquistas que, en distintos países latinoamericanos, continuaron ejerciendo su
influencia y ejercitando su vocación revolucionaria desde el seno de las organizaciones obreras. Pero es claro sí que tales cosas se
inscribieron ya en un marco bien diferente, donde el trastorno de las estructuras productivas, los cambios en la composición de la
clase trabajadora, las insinuaciones de Estados “benefactores” que ofrecían marcos nuevos a la negociación laboral y a la
“integración” social, el creciente predominio ideológico de las corrientes comunista, social-demócrata y social-cristiana, etc., fueron
confinando las prácticas anarco-sindicalistas clásicas en un espacio reducido y de baja intensidad. El reciente despertar anarquista,
mientras tanto, reactualiza el interés histórico por el período en que las organizaciones anarcosindicalistas marcaran con su impronta
las luchas obreras del continente y, junto con la crisis de las organizaciones sindicales hegemónicas en los últimos 50 o 60 años,
ofrece también un marco a la posible reconsideración de aquellas propuestas. Sin embargo, no es seguro que ello represente la
posibilidad automática de que nuevas organizaciones asimiladas a aquel viejo esquema puedan contar con un florecimiento
inmediato y una proyección cierta que les permita tener los protagonismos de antaño; aunque parece obvio de todos modos que
también el viejo anarco-sindicalismo ha recogido los frutos del resurgimiento libertario y participa del mismo en un espacio que, de
momento, plantea más interrogantes que certezas. Sea como sea, a nuestros efectos, es imprescindible considerar de pleno derecho a
las organizaciones anarco-sindicalistas como una de las concepciones en presencia; la que, por añadidura, será la que cuente en su
haber con el más nutrido y lustroso de los patrimonios históricos.
Entre esas organizaciones, actualmente en proceso de recreación y de irradiación limitada, encontraremos a la ya reiteramente
mencionada FORA en Argentina, a los núcleos pro-COB de Río Grande do Sul y San Pablo en Brasil, al Grupo Solidario en Costa
Rica, a Solidaridad Obrera y el Grupo Anarquista Germinal en Chile y a la Organización de Propaganda Sindical Revolucionaria
Mártires de Cananea en México. Con mayor o menor contundencia, las mencionadas agrupaciones reclaman su adhesión a la AIT o
-cuando esto no es tan meridiano- al menos sus simpatías con la misma. No obstante, este tipo de adscripción a ciertas “casas
matrices” internacionales debe ser tomado con las debidas precauciones. Por lo pronto, en este caso, es evidente que la escasa
cantidad de adhesiones que recoge la AIT en la región no debería ser considerado como una demostración de indiferencia y mucho
menos de rechazo, sino como la expresión de una dificultad insalvable para articular las prácticas correspondientes en el actual
contexto sindical latinoamericano.
3.2.- “Especificistas”
La denominación de “especificista”, tal como ya lo insinuáramos en su momento, se presta a algunas confusiones que quizás sea
preciso aclarar a punto de partida. Desde el ángulo estrictamente léxico habría que considerar como “especificista” a todo grupo que
se identificara a sí mismo como anarquista, puesto que, precisamente, ésa es la “especie” teórico-ideológica que se trata de definir.
Sin embargo, la convención generalmente admitida en filas libertarias reconoce y adjetiva como tales a aquellos nucleamientos que,
en términos históricos, se han planteado como paralelos a la corriente anarcosindicalista o como alternativos a la misma; sea porque
los militantes de la organización específica formaban parte también del sindicato libertario correspondiente y apoyaban de distintos
modos su accionar -complementándolo y fortaleciéndolo- o bien porque se mantenían al margen del mismo, respectivamente.
Además, es frecuente que los nucleamientos que se inscriben dentro de esta concepción busquen diferenciarse de sus similares
reconociéndose como exponentes del “anarquismo organizado”, cuando en realidad no se trata más que de una cierta concepción de
la organización anarquista que, en modo alguno, puede ser considerada como la única posible. Esta última inflexión responde a una
polémica que ya no parece ser enteramente actual ni adoptar las mismas características y que, en su momento, enfrentó
ideológicamente a los “especificistas” con aquellas variantes del anarquismo efectivamente contrarias a la organización y a las que
genéricamente cabría reconocer como individualistas. Incluso, las consideraciones son más complicadas todavía si tenemos en
cuenta que bajo el rótulo de “especificistas” se han inscrito, de un modo o de otro, tanto las llamadas federaciones “de síntesis”
como aquellas inspiradas en las posiciones “plataformistas”; entre las cuales, el eje polémico fundamental se sitúa en torno a los
problemas de la autonomía y de la unidad táctica. A nuestros efectos, bastará de momento, que incluyamos a ambos tipos dentro del
sub-listado correspondiente, pero aclarando desde ya que tanto éste como los restantes problemas de conceptualización del espacio
distan mucho todavía de considerarse como plenamente resueltos.
Como especificismo “de síntesis” debe considerarse a la Federación Libertaria Argentina, a la Federación Anarkista de Río Grande
do Sul y al Colectivo Libertario de San Pablo en Brasil y, aparentemente, también a la Federación Anarquista Costarricense
actualmente en etapa de construcción. La FLA es miembro pleno de la Internacional de Federaciones Anarquistas y quizás pueda
decirse también que los restantes nucleamientos entablan aproximadamente en esa dirección sus afinidades inmediatas y sus
correspondientes respaldos extra-regionales.
La situación del especificismo “plataformista” es considerablemente más variada y compleja. Ya vimos en su oportuno momento
que como tales debía considerarse a la Organización Socialista Libertaria, Rojo y Negro Comunismo Libertario, la Organización
Revolucionaria Anarquista y el Colectivo Comunista Libertario en Argentina; a la Organización del Poder Popular Libertario en
Bolivia; a los nucleamientos que giran alrededor del Forum del Anarquismo Organizado y a la Uniâo Popular Anarquista en Brasil; a
la Organización Comunista Libertaria, el Colectivo de Agitación Libertaria y el Movimiento Libertario Joaquín Murieta en Chile; a
la Alianza Comunista Libertaria en México; a Qhispikay Llaqta en Perú y, por último, a la Federación Anarquista Uruguaya, la
Organización Libertaria Cimarrón, la Federación Libertaria y Bandera Negra en Uruguay.
Cabe añadir ahora que esta constelación de agrupaciones ha dado lugar a diferentes círculos de mayor afinidad. Por un lado, se
mantiene en una versión reducida la Coordinación Anarquista Latino Americana (CALA); compuesta actualmente por la Federación
Anarquista Uruguaya, la Federación Anarquista Gaúcha y el Forum del Anarquismo Organizado de Brasil. Paralelamente, la
Organización Socialista Libertaria de Argentina y la Organización Comunista Libertaria de Chile parecen guardar entre sí mayor
afinidad que con el resto de los emprendimientos “plataformistas”; incluso aunque todos ellos reconozcan una pertenencia
internacional más inclusiva en Solidaridad Internacional Libertaria. Por último, se perfila también una coordinación separada entre la
Alianza Comunista Libertaria de México, la Organización Revolucionaria Anarquista de Argentina y la Uniâo Popular Anarquista
de Brasil; las que ya han producido algunos llamamientos y comunicados conjuntos.
3.3.- “Informales”
La corriente que en términos de modelo organizativo hemos caracterizado como “informal” resulta ser tanto una réplica actual de
los esquemas prevalentes en el anarquismo histórico como un rescate teórico-ideológico consistente y enérgico de las prácticas
insurreccionales clásicas. Su incorporación al espectro de corrientes libertarias en Latinoamérica es relativamente reciente y quizás
quepa considerarla potencialmente -si no en todos, al menos sí en buena parte de los casos- como una asíntota de lo que en Europa
se entiende por insurreccionalismo; una concepción fecunda y abierta que frecuentemente es reducida en términos espectaculares a
sus expresiones violentas y que, en esa medida, termina siendo tan vilipendiada como desconocida por propios y ajenos. Su
aparición en el tiempo, entonces, impide todavía una visualización clara y por ello es preferible hablar antes de “informalismo”
organizativo que de un insurreccionalismo plenamente constituído como tal. En ese sentido limitado podrá decirse, por lo tanto, que
en algunos países latinoamericanos -Argentina, Uruguay, México y quizás también, por indicios parciales, en Chile, Ecuador y
Venezuela- comienza a abrirse paso con fuerza variable una corriente impugnadora de los modelos organizativos tradicionales.
Incluso, es muy probable que la propia naturaleza mercurialmente inasible de tales grupos encubra una incidencia mucho mayor de
la que está en condiciones de detectar un trabajo de relevamiento con las características del presente. Es factible, por ejemplo, que
ésta sea la concepción prevalente a nivel de las diferentes expresiones “nacionales” de la Cruz Negra Anarquista.
3.4.- Anarco-punks
Los grupos anarco-punks parecen ser -en América Latina al menos- una de las principales vertientes a través de las cuales se
expresa el reciente despertar anarquista. Nacidos en forma virtualmente espontánea, productos de un contagio no deliberado,
resultados de una cultura en la que se fusionan la desesperación existencial, el desencanto político, la rebeldía generacional y el
repudio radical a las instituciones, los grupos anarco-punks se han transformado en uno de los vectores especialmente fértiles para la
circulación y multiplicación de propuestas libertarias. Sus formas comunicativas son heterodoxas y se manifiestan habitualmente
como contraseña generacional más que como un lenguaje susceptible de traducirse en forma inmediata a los códigos políticos del
momento. Han establecido ya encuentros y redes propias, con identificaciones dispares respecto al movimiento más inclusivo del
que naturalmente forman parte y con una impronta sub-cultural distintiva, fuerte y de contornos bien dibujados. Sus agrupamientos
parecen ser altamente provisorios, extraordinariamente plásticos y con cierta tendencia a la renovación de los elencos que les dan
vida y animación. Quizás se trate menos de una concepción redonda y abarcativa que de una vía de acceso y de una forma expresiva
diferente y bien reconocible; razón por la cual no se trataría de una corriente en el mismo sentido en que lo son las mencionadas
anteriormente y con el mismo margen de completitud. En algunos casos, además, los grupos anarco-punks han experimentado un
proceso de transformación interna y dado lugar a nucleamientos basados en otro tipo de identificaciones. Por estos motivos y
algunos otros, intentar un listado de sus nucleamientos y sopesar su gravitación real es bastante más difícil que en el caso de las
corrientes tradicionales. Incluso, es de tener en cuenta que su presentación no es uniforme y en muchas ocasiones adopta el aspecto
de una banda de rock pero en otros casos también la forma de una distribuidora, un fanzine, un grupo promotor de la alimentación
vegana, etc.
Sin perjuicio de las características reseñadas, es imprescindible señalar que varias agrupaciones anarco-punks apuntan a trascender
los ámbitos locales, afinan sus definiciones ideológicas y también se dan formas organizativas más complejas que las de meros
grupos locales de estirpe básicamente expresiva. Así, la Internacional Anarco Punk acepta ciertos ámbitos restringidos de
manifestación: “Tenemos la música, el teatro, la indumentaria, la poesía, la alimentación, las comunidades, los espacios libertarios,
como formas de luchas relativas a la contracultura punk, que está al margen de la sociedad capitalista”. Pero ello no impide la
adopción de formulaciones que se explayan en un mayor nivel de abstracción: “Las características ideológico-culturales de la I.A.P.
son, en resumen, las mismas que las de la pluralidad de la filosofía anarco punk; es decir: diversidad sexual y de etnias,
anti-autoridad, anti-sexismo, anti-militarismo, anti-capitalismo, anti-fascismo, anti-homofobia, anti-especismo, apoyo mutuo,…
además de en contra de cualquier imposición dogmática, manipulación o superioridad religiosa: somos anarquistas”. La propia
I.A.P. ha realizado encuentros bianuales en forma regular y afirma contar con adherentes en Argentina, Brasil, Colombia, Chile,
Perú y México además de sus grupos europeos y estadounidenses.
3.5.- Identitarios y temáticos
Corresponde hacer hincapié ahora en una serie de grupos cuyo eje de actuación está centrado en conflictos sociales de mayor
parcialización; aunque no por ello menos importantes. No se trata, por cierto, de considerar que todas estas áreas de preocupación
sean enteramente nuevas pero sí lo es el hecho de que las mismas dan lugar ahora a nucleamientos que se consideran virtualmente
“completos” y “autosuficientes” en sí mismos y no, como fue tradicional en el pasado, en tanto secretarías o comisiones de una
organización anarco-sindicalista o una federación específica: una situación para nada despreciable y sobre la que habrá que volver en
nuestras reflexiones finales.
El primer tipo de grupos en el que habremos de reparar cuenta con un prolongadísimo y justificado linaje en tiendas libertarias: el
de quienes se ocupan prioritariamente del apresamiento de anarquistas en particular o de la situación carcelaria en general. El
resurgimiento anarquista también está asociado, por supuesto, con una nueva oleada represiva que, en distintos puntos, deja ya sentir
sus efectos y, muchas veces también, su saña y su crueldad. En muchos lugares del mundo ha comenzado a retomarse, entonces, esa
vieja práctica libertaria: la creación de comités de solidaridad con compañeros presos; de forma tal que sea posible reducir las
operaciones de secuestro y aislamiento estatal. Ello se inscribe fundamentalmente en el marco de las redes internacionales de la Cruz
Negra Anarquista, la que auspicia la creación de grupos locales, generalmente autonómos, no totalmente comprometidos con
ninguna de las expresiones particulares del movimiento libertario y que, por lo tanto, pueden llegar a proponerse como una instancia
de acción conjunta en torno a un tema que es especialmente sentido, en el que se atenúan las diferencias y en el que se hacen
inmediatamente viables las prácticas de solidaridad. En América Latina, existen ya colectivos con esas características y es de
suponerse que las circunstancias y algunos efectos de arrastre favorezcan también su inminente multiplicación; tal como parece estar
ocurriendo. De momento, se ha podido localizar secciones de la Cruz Negra Anarquista en Argentina, en Brasil, en Colombia, en
Costa Rica, en Dominicana, en México, en Uruguay y en Venezuela. Dentro de la misma categoría, aunque con ciertas
especificidades, hay que reconocer además la existencia del grupo de prisioneros políticos Kamina Libre en Chile y de la
Coordinadora Anti-carcelaria del Río de la Plata.
En íntima relación con los anteriores y abocados también al enfrentamiento práctico de otra de las instituciones represivas clave del
Estado -nada menos que las fuerzas armadas- es de importancia destacar la existencia de grupos anti-militaristas y contrarios a la
institucionalización compulsiva del servicio militar. Naturalmente, el surgimiento de tales grupos depende fuertemente de que tal o
cual país cuente efectivamente con un servicio militar obligatorio y que éste sea a su vez objeto de un repudio extendido entre la
población juvenil que oficia como víctima involuntaria del mismo. Esa problemática sólo parece reunir tales condiciones en Chile y
allí encontraremos a los grupos GOKE y Ni casco ni uniforme. Pero la suya no es, afortunadamente, una acción aislada y
desconectada del resto de los países latinoamericanos. Tanto es así que en mayo del año 2004 se celebró en Chile -en coordinación
con la Internacional de Resistentes a la Guerra- un Encuentro Internacional sobre Antimilitarismo y Objeción de Conciencia que
contó con participantes de varios países de la región y de España.
Más extendida es la presencia de grupos feministas; los que tienen frente suyo un vasto campo de actuación. En este rubro
encontraremos a Mujeres Libres de Buenos Aires en Argentina, a Mujeres Creando en Bolivia, al Colectivo Lua y el Grupo
Anarco-Feminista Dandara en Brasil, a Ishachishacta y Polikarpa y sus viciosas en Colombia, a Mujeres Creativas y Amazonas al
Choke en Chile, a Hijas de Eva en Ecuador, a un innominado grupo de reflexión sobre la condición femenina en el espacio del
Centro Social Libertario Ricardo Flores Magón en México y a Las Decidoras en Uruguay. Se nos ocurre además que, tal como ya lo
hemos dicho en otras ocasiones, esta reseña no puede ser más que un tímido reflejo de una situación real en la que seguramente
tienen cabida actividades libertarias bastante más prolíficas que aquellas de las que nuestro relevamiento está en condiciones de dar
cuenta.
Más tentativa es la actuación de grupos a los que podríamos calificar tal vez impropiamente de “indigenistas”. En sentido estricto
solamente hemos encontrado dos grupos mexicanos que se reconocen expresamente como tales desde su misma denominación: el
Consejo Indígena Popular de Oaxaca Ricardo Flores Magón (CIPO-RFM) y las Organizaciones Indias por los Derechos Humanos
de Oaxaca; los que, si bien no se reivindican enteramente como anarquistas en sentido estricto, sí lo son en un sentido ideológico
amplio, en sus conexiones orgánicas con grupos y redes específicas tanto como en sus prácticas autónomas y de acción directa.
Asimismo, se conocen actividades de apoyo a las comunidades originarias por lo menos en Bolivia, en Chile, en Perú y en
Venezuela; países en los que existe una gravitación real del problema indígena y una movlización social reconocible en tal sentido.
Por último, también debemos incluir aquí a grupos reclinados hacia la acción ecologista: la Agrupación de Ideas Libertarias de
Entre Ríos y el zine Tu libertad en Argentina; el Colectivo Ambientalista Revolucionario Autónomo de Manaus y el Movimiento
Ambiental Revolucionario en Brasil; Sonora Earth First en México; y, finalmente, el Colectivo Herencia Verde en Venezuela. Es
probable, a su vez, que no estemos forzando excesivamente el criterio si incluyéramos también a la Comunidad del Sur, de Uruguay,
la que si bien responde a un proyecto de mayor amplitud, ha concentrado desde hace una buena cantidad de años quizás la mayor
parte de sus trabajos precisamente en este campo.
Más allá de esta módica enumeración, cabe conjeturar que la militancia libertaria en estos terrenos muy probablemente no se
distinga por la creación de grupos específicos sino por su dilución en el seno de movimientos más amplios. Un caso del mismo signo
pero más notorio todavía es el del movimiento okupa, en el que no hemos podido localizar ningún grupo que se considere a sí mismo
como estrictamente anarquista pero en el que es más que sabido existe una fuerte presencia y animación libertarias. Seguramente
esto es así por cuanto la propia impronta de todos estos movimientos ya contiene una proximidad cierta con propuestas y valores
libertarios o al menos admite constituirse como un campo especialmente propicio de oportunidades y de elaboraciones normalmente
huidizas para lo que ha sido tradicional en las tiendas de la izquierda convencional; tanto la parlamentarista como aquella que se
reclama de intención revolucionaria.
3.6.- “Autónomos”
En forma enteramente arbitraria y ante la falta de una denominación sintética mejor, llamaremos “autónomos” a todos aquellos
nucleamientos que no participan enteramente de ninguno de los paradigmas históricos fuertes del anarquismo militante y tampoco
limitan su accionar en torno a alguno de los movimientos sociales o ejes temáticos que se han ido volviendo más o menos clásicos
en el correr de los años. El campo de experimentaciones y de búsquedas, de construcción más o menos urgida de nuevos modelos de
organización y acción, encuentra a este nivel una de sus expresiones más rotundas; aunque de ningún modo pueda decirse que ello
será una prerrogativa exclusiva y excluyente de estos grupos. Es obvio que ese proceso de recreación es asumido también por buena
parte de los nucleamientos que ya hemos integrado en las categorías anteriores, pero ahora querremos distinguir a aquellos que,
dentro de esa corriente de cambios, tienen un anclaje tradicional menor y que, simultáneamente, parecen querer asumir no sólo
algunos aspectos parciales sino todas o la mayor parte de las exigencias y en su mayor grado de abstracción. En este nivel, además,
quizás nos hubiéramos dejado llevar por la tentación de listar, lisa y llanamente, a todos aquellos nucleamientos no incluídos en
ninguna de las categorías anteriores; aun aceptando que ello no deja de ser un ejercicio optimista de conocimientos que no poseemos
y que no están momentáneamente a nuestro alcance. Una segunda tentación tal vez nos incitaría a dejarnos llevar por la
denominación e incorporar también aquí a los nucleamientos que se han dado a sí mismos un nombre provocativo y poco
convencional; pero es seguro que así estaríamos violentando, con alta probabilidad, las intenciones reales de los grupos y
guiándonos por una impresión subjetiva que puede no guardar una asociación estricta con la significación que queremos marcar.
Ante estas dificultades, tal como ya lo hemos hecho en la clasificación país por país hemos optado por reducir al mínimo este tramo
del listado, incluyendo provisoriamente sólo a quienes ofrecen algunas lecturas insinuantes que probablemente contengan en esbozo
el aludido esfuerzo de recreación y concibiendo el resultado apenas como un recipiente abierto que esperamos, entusiastamente, ir
colmando en el futuro inmediato. No quedan dudas, por otra parte, que a este nivel habrá de producirse más de una irritación que no
es nuestra voluntad provocar: seguramente no habrán de estar todos aquellos que querrían reconocerse a este nivel -sin que ello
implique, desde el lugar en que nos ubicamos, intención alguna de marginación- y, probablemente, habremos de incurrir también, en
ciertos casos, en el error de ubicar a quienes preferirían gozar de una caracterización diferente. Sea como sea, en ningún otro lugar
nuestro intento clasificatorio correrá mayores riesgos ni cometerá más equivocaciones que ahora y no podremos hacer otra cosa que
apelar nuevamente a la reiterada disculpa de sostener que el tiempo y los conocimientos disponibles no nos han permitido una mayor
precisión y que, de todos modos, no creemos estar realizando mucho más que una segunda pero todavía provisoria aproximación al
mapa del despertar anarquista latinoamericano.
Hechas estas salvedades y asumiendo deliberadamente un carácter más que tentativo, consideraremos ahora claramente como
“autónomos” al menos a la mayoría de los nucleamientos argentinos que ya describimos como tales, agregando también en este
momento a quienes hemos clasificado como “informales”; al Grupo de Apoyo a los Movimientos Sociales, a Combate y a Quilombo
Libertario en Bolivia; a los grupos ya integrados de este modo en Brasil; al Colectivo Anarquista Libertad y Solidaridad de Costa
Rica; a Bandera Negra, Red Anarquista del Sur y Corriente Revolución Anarquista de Chile; a Reincidiendo por la Libertad y
Miliciano Urbano en Ecuador; al Colectivo Autónomo Magonista, Hijos del Pueblo y seguramente alguno más que se nos escapa en
esta oportunidad, en México; a Yacta Runa y Minoría Activa de Perú; al Taller Anarquista, Bisagra, la Biblioteca Anarquista del
Cerro y el Ateneo Anarquista de Villa Española en Uruguay; y, por último, a la Comisión de Relaciones Anarquistas y los grupos
que le son afines en Venezuela.
4.- El despertar anarquista: (in)conclusiones e interrogantes
Hemos llegado al final del recorrido que nos hemos impuesto y ahora tenemos frente nuestro el mapa del despertar anarquista
latinoamericano según los tres criterios que definiéramos en lo previo. Algunas opacidades, mayores y menores, grandes y pequeñas,
habrán de subsistir todavía y seguramente se renovarán durante un buen tiempo más; pero, de todos modos, creemos estar en
condiciones de realizar ciertas interpretaciones que nos parecen ajustadas y pertinentes. Sabemos desde ya que estas interpretaciones
-algunas de las cuales fueron anticipadas en los desarrollos precedentes- no serán universalmente gratas y no podremos ni querremos
ocultar nuestras preferencias y las orientaciones que, desde nuestro punto de vista, será imperioso defender. No habrá aquí, por lo
tanto, opiniones con vocación de unanimidad sino polémicas y discrepancias en ciernes. Sin embargo, hay una convicción
absolutamente firme y sin atisbo alguno de demagogia o zalamería que debe quedar enteramente clara a punto de partida: luego de
haber listado -incompletamente, de lejos y con dudosa aproximación- más de 300 espacios de actividad específicamente libertarios
en América Latina no descubrimos en parte alguna enemigos, adversarios o rivales así como tampoco traidores o descarriados.
Habrá, por supuesto, formas distintas de concebir la militancia anarquista que tal vez no se reconozcan como recíprocamente
familiares; habrá también concepciones y tendencias que quizás no se encuentren en condiciones de producir una convergencia
inmediata convincente y perdurable; pero -al menos desde nuestro punto de vista- también hay una caótica, dispersa y entrañable
nube de puntos que sólo podemos concebir como el espacio fraternal e insustituible del compañerismo. Nuestro movimiento podrá
ser abrumadoramente pobre o reconocidamente marginal y jamás imputará como suyos otros recursos que los que hayan de
derivarse sin duda alguna de su propio trabajo, de su propio esfuerzo o de su propia osadía; pero siempre habrá de recurrir
-espontáneamente, en forma natural y poco problemática o por deliberada recuperación- con esa riqueza intangible que ningún libro
de contabilidad tendrá la capacidad de registrar y que no es otra cosa que la desmesura, la exageración y hasta el paroxismo de la
solidaridad y la empatía con nuestros iguales del ancho mundo. En el momento de la reflexión en profundidad y de las
(in)conclusiones -por muy discutibles que éstas puedan ser- ésa será la apuesta de la que no querremos abdicar.
1.- Lo primero que creemos necesario responder y fundamentar es la caracterización misma de nuestro trabajo: ¿existen realmente
fuertes elementos de prueba empírica que nos permitan hablar, sin ilusión alguna de nuestra parte, de un despertar anarquista
latinoamericano, de un escenario histórico en el que un renovado flujo libertario deja oir sus voces de protesta y de creación con
fuerza y convicción mayores de las que sentimos, por ejemplo, cinco, diez o quince años atrás? La respuesta a esta pregunta clave es,
sin duda alguna, fuertemente afirmativa. Si hubiéramos intentado trazar el mapa del anarquismo latinoamericano en todos o en
cualquiera de los quince o veinte años anteriores, seguramente nos habríamos encontrado -como tendencia, obviamente- con una
presencia cada vez más raleada a medida que nos alejáramos del momento actual. Naturalmente, hay grupos que aparecen y
desaparecen y también organizaciones más firmemente constituídas que pueden acreditar una presencia regular prolongada; pero la
corriente que tenemos frente nuestro parece manifestarse más claramente en el sentido de una presencia con buscados elementos de
novedad, asumiendo dimensiones progresivamente crecientes y con ribetes cada vez más audaces y confiados en sí mismos -aunque
esta afirmación, lógicamente, está más de acuerdo con el panorama continental en su conjunto que con lo que pueda haber ocurrido
y estar ocurriendo en algún país en particular. Si tomáramos, por ejemplo, el momento de surgimiento de las diferentes presencias
que hemos encontrado -o, para ser más formales, la fecha de fundación de los agrupamientos- la conclusión a la que habría que
arribar es que sólo un pequeñísimo puñado de ellos puede reclamar un origen anterior a los años 80, un conjunto algo más amplio
vio por primera vez la luz en el transcurso de esos diez almanaques y una apreciable mayoría de los núcleos libertarios ha hecho su
ingreso a la escena política latinoamericana en la última década o, quizás, incluso en el último lustro. Para aquilatarlo quizás alcance
con señalar que en el presente relevamiento hemos registrado el doble de agrupamientos que en la versión anterior del mismo,
perpetrada cuatro años atrás. Precisamente de esta concentración reciente de alumbramientos y presencias, de esta densificación
mayor de expectativas e ilusiones, de esta recurrencia casi simultánea en un horizonte que se creía perdido, apagado y anecdótico;
precisamente de eso estamos hablando cuando hacemos referencia al despertar anarquista latinoamericano.
Ahora bien: ¿es esto casual? La respuesta a esta nueva pregunta no puede menos que ser, ya mismo, rotundamente negativa. Las
razones de este despertar no pueden ser graciosamente simplificadas, operan en múltiples dimensiones y tienen rasgos propios en
cada país; pero no tendría que haber demasiado lugar para la discusión si sostenemos que todas ellas deberían ser contextualizadas y
rastreadas en el escenario histórico en que tienen lugar y en el que se dibujan sus condiciones de posibilidad. Este nuevo despertar
anarquista latinoamericano no es -no podría ser- el resultado aluvional y curiosamente coincidente de una lejana decisión histórica
adoptada por organizaciones ya desaparecidas o el previsible producto de una épica centenaria sin solución de continuidad que
alguna vez tendría que ofrecer sus esperados frutos. Nada de ello parece ser una explicación satisfactoria y suficiente: tanto el pasado
remoto como el más próximo representan un incuestionable flujo de aportes, de enseñanzas y hasta de ejemplaridades éticas de las
que no estamos dispuestos a renegar; pero este despertar sólo puede ser entendido si se lo inscribe en un campo más vasto de
consideraciones y complejidades, si se lo ubica en el escenario histórico que le corresponde y si se lo concibe como un momento
fundacional y distinto, con sus propias claves y con sus propias exigencias; las que ya no habrán de ser -ni tendrán la posibilidad de
ser- una copia fiel de sus lejanas matrices sino que están urgiendo, ahora y desde hace un buen tiempo, a transitar en forma colectiva,
expresa y deliberada un proceso de re-invención anarquista.
La topografía misma de nuestro despertar está revelando en este preciso instante que éste no circula prevalentemente por los
senderos tradicionales e históricamente paradigmáticos sino que sus avenidas más anchas se sustancian sobre un humus de
experimentaciones y de búsquedas; las que, a su vez, se encuentran fuertemente condicionadas por el devenir de los nuevos
movimientos sociales. En líneas generales, esto se corresponde con un período histórico al que hemos considerado como propio de
un cierto anarquismo post-clásico que todavía no ha definido algunos de sus rasgos distintivos ni tampoco todos sus principios
teóricos articuladores. No obstante ello, lo que sí es definitivamente claro es que este anarquismo post-clásico necesita responder a
las mismas pautas de formación que sus antecedentes: una crítica radical de toda forma de poder de unos hombres sobre otros y una
ética intransigente de la libertad. Y que, por lo tanto, no puede menos que constituirse como una re-elaboración creativa de los
mismos y de la historicidad en la cual se inscribe. Por ello, la canalización necesaria de este nuevo despertar libertario es también un
esfuerzo de transformación y construcción que habrá de apoyarse más sobre la interpretación y el desciframiento de un tiempo
nuevo y de sus acuciantes demandas que en la repetición y la prolongación genéticamente pura de su pasado. Una vez más, como en
los tiempos de Bakunin o en los de la Unión Anarquista Italiana de sus peripecias iniciales, habrá que producir una síntesis inédita
en la cual reverberen el contexto cultural e ideológico de la época, las condiciones sociales, políticas y económicas particulares de
cada región y de cada país en que tal acontecimiento teórico-ideológico tenga lugar y, por último pero muy especialmente, la
experiencia, las vibraciones y el impulso recogidos en las luchas populares que allí representan su propio drama a través de los
movimientos sociales que realmente las encarnan.
Ésta parece ser, en resumidas cuentas la principal clave interpretativa del despertar anarquista en América Latina. Lentamente, en
dosis homeopáticas e inicialmente imperceptibles, desde los años 80 pero sobre todo desde la década del 90 del siglo pasado fue
acumulándose un cierto bagaje de oportunidades y una cantidad de gestos militantes que apuntaron a abrazarse con ellas y a
extraerles el mayor partido posible. El campo de las oportunidades fue ensanchándose con premura en algunos casos y con
exasperante lentitud en otros. El estrepitoso derrumbe del mal llamado “socialismo real” reactualizó casi a velocidad de vértigo
algunas tesis que se creyeron ya arrumbadas y herrumbradas en tiempos del ascenso bolchevique y a las cuales se extendió luego un
nuevo pasaporte sepulcral en los tiempos más próximos de la frustrada revolución española. Casi inmediatamente, el revival
capitalista y democrático, bajo su nuevo ropaje neoliberal, se presentó en los primeros años 90 dispuesto a hacer su agosto y a
tomarse su cruel revancha de las crisis, las vacilaciones y los temores padecidos durante las décadas anteriores; y, sin embargo, se
precipitó en el fin de siglo con una deblacle de estremecimientos varios que todavía está muy lejos de haber llegado a su punto de
conclusión. Fue precisamente en ese cruce de opciones políticas en bancarrota que el pensamiento libertario comenzó a recuperar,
una vez más, su vieja y belicosa vitalidad. Contaba en esos primeros años 90 con un cuerpo razonablemente importante de
propuestas y de experiencias en distintos campos y se apoyaba, además, en una cierta cultura política radical, minoritaria pero
remozada, en los emergentes márgenes del establishment, donde se había generado ya una cierta orfandad de ideas nuevas y se
afirmaba una cierta pérdida de credibilidad en las alternativas revolucionarias hegemónicas durante los años 60 y 70. Algunas ideas
que nos eran familiares y hasta distintivas -acción directa, autonomía, autogestión- comienzan a ganar terreno y a incorporarse como
recursos doctrinarios inmediatos al intenso proceso de experimentaciones y de búsquedas de los nuevos movimientos sociales. En
esa atmósfera, las filas anarquistas -con sus viejos y también con sus recientes antecedentes de intransigencia y de lucha- aparecían
por enésima vez con las manos llenas de entregas generosas y limpias de toda contaminación en las proximidades del poder: sólo
faltaba ponerlas a trabajar y así ocurrió, fundamentalmente en torno a las nuevas luchas, los nuevos enfrentamientos y las nuevas
rebeliones de nuestro tiempo.
2.- El análisis país por país del mapa anarquista latinoamericano no nos permite todavía, al menos en el actual estado de nuestra
exploración, extraer mucho más que algunas sugerencias. En principio, resulta notorio que existen disparidades bastante
pronunciadas y que el movimiento presenta desarrollos muy diferentes según el país de que se trate. Esos desarrollos parecen estar
asociados a varios factores simultáneamente: las dimensiones del país, su grado de urbanización, sus posibilidades de acceso a las
producciones culturales contemporáneas, su densidad comunicacional, su dinámica política más reciente y también la existencia o no
de actividades libertarias continuadas a lo largo del tiempo, entre otros. Todo ello resulta en un mosaico de singularidades y de
combinaciones variables que difícilmente den lugar a una explicación genérica y, mucho menos, a previsiones medianamente
ajustadas sobre el futuro inmediato. No obstante, quizás sea posible sostener desde ya que el desarrollo relativo del movimiento y la
proliferación de grupos parece ser mayor en países como Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay; presenta una situación
intermedia en lugares como Bolivia, Costa Rica, Perú y Venezuela; cuenta ya con un cierto recorrido en Colombia y Ecuador, es
incipiente en Dominicana, El Salvador, Guatemala, Panamá, Paraguay y Puerto Rico; y, por último, demora todavía en manifestarse
en el resto de la América Central y el Caribe. Curiosamente y no tanto, tal vez sea posible afirmar también que precisamente en
aquellos países en que se ha dado un mayor desarrollo relativo es donde el movimiento presenta una geografía más diversificada y
problemática. Es en ellos donde se evidencia más intensamente la variedad de tendencias y corrientes y, probablemente, también una
existencia exageradamente polémica, quizás conflictiva y atravesada por reyertas intestinas que, en lo sustancial, están seguramente
fuera de época.
Esta constatación no puede dejar de merecer la mayor atención. Ello es así por cuanto la dinámica propia de un despertar, de un
rejuvenecimiento, de una renovación de expectativas como la actual, no se mantiene indefinidamente en el tiempo sino que tiende a
agotarse como tal en un lapso no excesivamente prolongado. Más allá de esos períodos primaverales, las exigencias que puedan
depositarse sobre el movimiento anarquista serán de naturaleza muy diferente y seguramente expresarán la demanda de una práctica
continuada -coherente con las expectativas iniciales- y de una responsabilidad más activa y de mayor peso en relación con los
procesos socio-políticos. Generar la capacidad colectiva para responder satisfactoriamente a tales exigencias es, entonces, un desafío
distinto al que suelen plantear resurgimientos relativamente bruscos como el presente. Sin perjuicio de esta convicción, es necesario
decir que la intensidad, el ritmo y las características del despertar se dibujan siempre sobre el telón de fondo de las especificidades
de cada país e incluso -al menos en aquellos de grandes dimensiones, como Argentina, Brasil y México- de su propia diversidad
regional. Por ello, la clausura satisfactoria del período correspondiente al despertar y los saldos que de él puedan extraerse son
globalmente imprevisibles y altamente dependientes de las condiciones de posibilidad que ofrezca cada país en su articulación con
las orientaciones que cada movimiento libertario local haya sabido darse. Es muy probable, por ejemplo, que en un país de
desarrollo libertario intermedio pero de baja conflictividad interna y extraordinarias posibilidades de irradiación inmediata, como
Bolivia, se cierre el período en mejores condiciones que en Uruguay, aun cuando éste cuente con una presencia anarquista más
continuada a lo largo del tiempo y ésta sea hoy circunstancialmente más fuerte.
De cualquier manera, lo que interesa retener ahora, como una de las tantas conclusiones que hemos intentado hilvanar, es que, en
términos continentales, estamos frente a un despertar anarquista que se nos ha presentado, país por país, en su exuberante variedad
de intensidades y de formas; que esta etapa de desarrollo difícilmente pueda conservar sus virginales características indefinidamente;
y que, por último, su desembocadura y su futuro dependen en grado extremo de lo que cada movimiento anarquista local esté en
condiciones y en disposición de realizar, por sí mismo y en relación con los demás. A esto último tendremos que darle una atención
especial en el remate de este análisis.
3.- Una de las cosas que nuestro listado parece dejar rotundamente clara es la diversidad de respuestas organizativas adoptadas por el
movimiento anarquista en América Latina en el actual escenario histórico. Ello es así no sólo en lo que tiene que ver con las
concepciones o modelos asumidos en forma más o menos expresa sino también en relación con el porte organizativo que se ha sido
capaz de asumir. A diferencia de lo que ocurría en tiempos del anarco-sindicalismo histórico o en las épocas más próximas del
“especificismo”, prácticamente no existen, en país alguno, federaciones nacionales que puedan reclamar para sí una representación
amplia y genuina de la totalidad del movimiento anarquista o, al menos, del grueso de sus huestes. Lo normal es encontrar que, en
aquellos países donde existen organizaciones con vocación de alcance nacional, se establecen también agrupaciones regionales y de
base, agrupaciones contraculturales, identitarias y temáticas o simplemente publicaciones que reivindican implícitamente formas
autónomas de actuación. Más aún, casi estaríamos tentados de afirmar que, embriológicamente, tal como lo demuestran los países de
desarrollo libertario incipiente, los recorridos comienzan a partir de alguna modesta y silvestre agrupación de composición juvenil y
de orientación básicamente contracultural que se multiplicará por irradiación o no y que adoptará o no formas más ambiciosas y
complejas de actividad en su inevitable devenir.
De acuerdo a lo que hemos venido sosteniendo consistentemente, ello es así, entre otras cosas, en virtud de la ausencia de modelos
de organización y acción capaces de suscitar en torno suyo una aceptación amplia y sin fisuras. Pero también es así por el hecho de
que uno de los criterios que se ha implantado con más fuerza entre los nuevos movimientos antagonistas es precisamente el de la
autonomía; la cual, a su vez, no puede interpretarse más que como el resultado bastante obvio de una cierta proliferación social de
identidades en construcción y en movimiento. El movimiento anarquista, entonces, tampoco escapa a las estribaciones periféricas de
la crisis de representación política y encuentra dificultades propias para ensamblar organizaciones de amplio espectro y que puedan
reclamar sin impugnaciones un alcance nacional. La dispersión del movimiento anarquista, por lo tanto, debe ser interpretada como
una consecuencia de nuestro circunstancial vacío paradigmático pero siempre en íntima e indisoluble relación con procesos de
segmentación y fragmentación socio-cultural que nos desbordan holgadamente.
El despertar anarquista latinoamericano, entonces, parece sustanciarse sin pausas pero también sin prisas; verificándose sobre todo
en la multiplicación de agrupaciones y publicaciones y, seguramente, también en la presencia incrementada en aquellos movimientos
que hoy expresan más contundentemente el nuevo flujo movilizativo a nivel continental. Una cierta impaciencia revolucionaria y
orientada a una incidencia política inmediata podría, por tanto, cuestionar severamente los dibujos concretos que adopta nuestra
geografía; pero, a nuestro modo de ver, esos trazados quizás sean más una muestra de sabiduría y un augurio de novedades
necesarias que unas desgracias por subsanar. De un modo o de otro, en un inacabable surtido de ensayos y de errores, los anarquistas
latinoamericanos parecen estar buscando los caminos de desarrollo del movimiento y cubriendo los espacios abiertos por las actuales
condiciones de posibilidad. En este terreno, las nuevas oportunidades comunicativas parecen jugar un papel vital y desactualizan
repentinamente algunos de los problemas clásicos del movimiento anarquista en materia organizativa. En efecto, ¿qué sentido puede
tener hoy una ardorosa polémica respecto a la composición y a la orientación de un órgano de prensa que refleje con ubicuidad y
ponderación las opiniones consensuales o mayoritarias cuando múltiples nucleamientos pueden, aun con escasos recursos,
desarrollar simultáneamente sus propias andanadas expresivas, volcarse plenamente en ellas y multiplicar por capilaridad las
posibilidades de irradiación ideológica y agitativa? Por otra parte, ¿cuál sería el cometido de un comité relacionador que concentrara
y distribuyera informaciones y propuestas en un momento en que tales cosas se están volviendo progresivamente innecesarias por
cuanto la circulación de mensajes en red tiende a generalizarse cada vez más y a marcar con sus características y sus ritmos la
cultura de las comunicaciones militantes?
Pero esto, por supuesto, no resuelve algunos otros problemas bastante obvios. Por lo pronto, se hace preciso distinguir entre las
condiciones de circulación de mensajes y el contenido de los mismos y concluir que, así como aquéllas admiten ser parcialmente
resueltas en términos tecnológicos, la materia misma de las comunicaciones no puede dejar de ser una operación de pensamiento que
dista mucho todavía de su resolución. Es cierto que la dispersión del movimiento tiene raíces culturales y políticas muy sólidas y es
cierto además que esa dispersión permite reforzar identidades y generar capacidades expresivas que, de otro modo, tal vez no
afloraran con la misma fuerza. Pero también parece claro que nuestra dispersión responde muchas veces a una existencia
internamente conflictiva, a una ausencia de entendimientos básicos y a una cierta negligencia en el trazado de vínculos no
excluyentes. Y todo ello, a su vez, se sustenta en la falta de convicción para asumir un proceso de re-elaboración teórico-ideológica
que no termina de consolidarse; sobre todo, en lo que respecta a cuáles deberían ser sus orientaciones fundamentales. Si se
analizaran someramente los contenidos de las publicaciones libertarias, los ciclos de cine o la propia lista de artículos anarquistas
que fuera posible rastrear, se notará que allí se está delatando en forma más o menos nítida una cierta preferencia por la
reivindicación de la historia remota del movimiento anarquista. Esto tiene, sin dudas, fundamentos muy sólidos y también atiende
necesidades reales; pero, incluso así, una actividad tan sesgada en esa dirección tal vez esté expresando una demora en la
re-elaboración teórico-ideológica y una cierta debilidad en ese plano que es imprescindible situar y revertir.
De todos modos, una observación sensata del mapa anarquista latinoamericano y de su evolución reciente nos permite concluir que,
tanto en cuanto guarda relación con la distribución de corrientes y tendencias como en lo que hace al porte organizativo de sus
nucleamientos, el movimiento ha ido cubriendo con velocidades variables las zonas de actuación que era posible y necesario abarcar.
Quizás todo ello parezca, no obstante, momentáneamente insuficiente; sin embargo, es evidente que una situación de despertar y
rejuvenecimiento como la que actualmente vivimos no puede dejar de ser transicional ni de albergar tendencias que apunten a la
superación de las realizaciones organizativas que presenta el actual panorama. En tal sentido, queremos creer que la formación de
redes que hoy por hoy se insinúan, tanto a nivel nacional como internacional, es una concreción por demás auspiciosa y un sendero a
engrosar, a promover y a consolidar.
4.- Sea como sea, el reciente despertar anarquista afecta favorablemente a cualquiera de las tendencias en que se subdivide el
movimiento, mientras que los estigmas de época se imprimen solamente en lo que hace a la intensidad diferencial a través de la cual
el fenómeno se verifica. Si comparamos la situación actual de la corriente anarco-sindicalista o de la reconocida como
“especificista”, encontraremos también que ambas nos muestran un desarrollo cierto con respecto al panorama que podían presentar,
por ejemplo, diez años atrás; un desarrollo que, a su vez, puede ser contrastado en diversos planos: formación de nucleamientos
recientes, renovación generacional de los elencos militantes, nuevos impulsos propagandísticos y agitativos, etc. Pero, aun así,
parecería que lo más sustancial, distintivo y nutrido del resurgimiento libertario discurre, como ya lo anotáramos por caminos
diversos. Ello tal vez sea así por cuanto los modelos tradicionales de organización y acción han sufrido un cierto desgaste histórico
pero también porque no parecen estar ya en condiciones de dar respuesta a todas las exigencias y demandas de nuestro tiempo.
El anarco-sindicalismo, por ejemplo, no puede operar de la misma forma en que lo hacía un siglo atrás porque las condiciones han
cambiado sustancialmente y ya no se parecen a lo que fueron en su momento de auge. En aquel entonces, el anarco-sindicalismo era
una propuesta con toda la fuerza y el empuje de una buena y esperanzada nueva, pero un siglo más que largo de experiencias
sindicales no pasan en vano y no puede pretenderse ya contar con la misma frescura de los tiempos pioneros. Pero no sólo esto se
constituye como un límite que es muy difícil sortear sino que habrá de considerarse también la situación real por la cual atraviesan
las organizaciones sindicales existentes en cada país de América Latina, las nuevas condiciones productivas, el perfil de las
relaciones laborales, el cambiante rol del Estado, etc., etc. Nada de lo cual debería ser leído, por supuesto, como una incitación a la
prescindencia, pues buena parte de las perspectivas libertarias sigue jugándose en torno a su capacidad para arraigar nuevamente en
el seno de las organizaciones de la clase trabajadora e imbuir a las mismas de su impronta radical. En todo caso, las condiciones
reales y presentes en las que podría operar un sindicalismo de orientación revolucionaria en América Latina deben ser entendidas sí
como una incitación a la renovación y a la búsqueda de los modelos de organización y acción que efectivamente demuestren su
capacidad para ser asumidos nuevamente por las organizaciones de clase del continente y por sus propias experiencias de lucha.
5.- La situación del “especificismo” es diferente, pues, por su propia naturaleza, éste resulta ser menos dependiente de algunas de las
condiciones de su entorno. Pero ello no quiere decir, por supuesto, que pueda independizar completamente tanto su derrotero como
su futuro -sean sus logros o sus decepciones- del contexto real en el cual opera. Antes de observar concretamente este aspecto,
conviene puntualizar primero las características más salientes del campo “especificista”. Si analizamos la lista que hemos dado de
estos nucleamientos, podremos apreciar allí que existe sólo una federación “de síntesis”, en el sentido clásico: la Federación
Libertaria Argentina; la que, incluso, como rúbrica de su condición, es la única organización latinoamericana adherida de pleno
derecho a la Internacional de Federaciones Anarquistas. Mientras tanto, la Federación Anarquista Uruguaya se encuentra en una
situación intermedia y cuenta con una historia que así lo refleja: en sus orígenes más lejanos, durante la segunda mitad de la década
de los 50 era también una federación “de síntesis”, pero luego de experimentar una severa escisión a principios de los años 60 y
posteriormente, en un contexto de actuación clandestina, se orientará hacia formas organizativas ya no basadas en acuerdos
revocables y no vinculantes sino en la construcción de un “centro político”. Ya en los años 70, esa federación desaparecerá en tanto
tal y habrá que esperar hasta 1986 para que se constituya una organización que ocupará su lugar y que, luego de un breve período de
indefiniciones, reclamará para sí la continuidad histórica completa de la vieja FAU pero con un énfasis muy claro en el período
64-73. Es en torno a esa historia -y, sobre todo, al último tramo mencionado- que abrevan las elaboraciones doctrinarias de la
mayoría de los nucleamientos “especificistas” que existen actualmente en el continente y es a través de la influencia, directa o
indirecta, de la organización irlandesa Workers Solidarity Movement que empalman las mismas con la vieja reflexión
“plataformista”. En líneas generales, entonces, puede decirse que la característica predominante adoptada actualmente por el
“especificismo” en América Latina es de corte prevalentemente “plataformista” y, como tal, es uno de los ejes reconocibles de
desarrollo del movimiento en un radio de influencia que abarca a Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay, y en menor medida,
también a Bolivia y Perú; casualmente aquellos países donde el movimiento anarquista presenta mayores trazas de desarrollo o se
encuentra en una situación intermedia.
El problema planteado por este giro organizativo-práctico es que el grueso de los elementos detonantes de su reflexión no se sitúa a
nivel de las demandas y exigencias reales de un cierto contexto social concreto y de su correspondiente historicidad sino que se
articula básicamente con polémicas internas al movimiento anarquista; fundamentalmente como una impugnación o puesta en tela de
juicio de su muy dudosa eficacia política en circunstancias históricas concretas. Ese tema, por supuesto, no es un invento de
medianoche ni una circunstancia episódica y, como tal, debe prestársele la atención que se merece. En cambio, lo que no parece
acertado es desligar las soluciones al dilema del contexto histórico en el cual éste se inscribe actualmente y, en su lugar, vincularlas a
algunos principios abstractos extraídos de la evaluación crítica de una derrota revolucionaria ocurrida en Rusia y en 1921. En los
hechos, tal como ha quedado bastante demostrado en el recorrido reciente del “plataformismo” latinoamericano y tal como lo
evidencia nuestro propio mapa, la unión general de los anarquistas no ha podido ni podrá ir mucho más allá de la unión parcial de
algunos anarquistas. Al mismo tiempo, no deja de ser ambiguo en su propio formato de presentación: el “plataformismo” se presenta
en América Latina como una corriente renovadora y que apunta a resolver los problemas político-prácticos a los que se ha
enfrentado el movimiento anarquista, pero, al mismo tiempo, lo hace sobre la base de un respaldo doctrinario que sólo puede
encontrar su justificación y su sustento en un escenario histórico que, definitivamente, ya no es el nuestro.
Pero el problema es mayor todavía. La principal limitación al desarrollo de los nucleamientos “plataformistas” en espacios más
amplios que el de la familia libertaria se configura en un cierto nudo de contradicciones e incongruencias donde no parece posible
compatibilizar en lo inmediato la prioridad conferida a las formas políticas de presentación y representación con las exuberantes
tendencias a la descentralización, a la autonomización y a la coordinación por transversalidad y diseños reticulares de los
movimientos sociales. En efecto, las formas político-partidarias de presentación y representación se incorporan rápidamente, en
forma involuntaria y por la propia lógica interna de tales cosas, a un mosaico de ofertas alternativas cuya hegemonía se condensa y
se dirime habitualmente -dentro del marco de distribución de poder y legitimidad en que vivimos- en la órbita del Estado. Mientras
tanto, las formas sociales de presentación y representación que están ganando terreno se constituyen hoy en torno a modalidades
autogestionarias de base que no siempre admiten sin escozores o beligerancias ser expresadas en un mayor nivel de abstracción en el
que, inevitablemente, habrán de perder su perfil y sus rasgos básicos. En ese contexto, la unidad táctica no puede ni podrá resolver
jamás los variados y arrítimicos problemas que se plantean en la base de los movimientos sociales y deviene necesariamente, en lo
que a la organización “específica” respecta, en una práctica regulada desde comités que pasan a constituirse en la administración
cotidiana e institucionalizada de los acuerdos generales de trabajo político en el mismo momento en que sus militantes en el seno de
esos movimientos tienen o deberían tener una vida de relaciones e intercambios abiertos y signada por una pluralidad, una diversidad
y una singularidad intransferibles e innegociables que sólo pueden transcurrir libremente y expandirse en el vértigo caótico y
sublime de las asambleas. Casi necesariamente, la lógica “plataformista” desemboca en la elaboración de programas políticos y, por
lo tanto, se ubica a pocos pasos del espacio de competencia de los partidos estatales: mientras tanto y por el contrario, uno de los
grandes problemas de la práctica anarquista consiste en cómo resolver eficazmente su enérgica oposición a los unos y a los otros.
Sin embargo, y sin perjuicio de estas anticipadas objeciones, es de hacer notar también que la corriente “plataformista” incorpora
insistentemente -y probablemente sea la que lo hace con convicción y energía mayores- una propuesta a la que es preciso prestar el
máximo de atención. Esa propuesta gira básicamente en torno a la necesidad de lo que, en su vocabulario corriente, se conoce como
“inserción social” y se verifica también en términos de lo que sería su expresión inversa: la necesidad de evitar que el movimiento
anarquista se convierta en un blanco poco escurridizo y aislado de la corriente principal de luchas populares, sin nexos ni raíces con
las agitaciones realmente existentes en cada tiempo y en cada lugar. Es harto probable que esta orientación básica de actuación no
siempre sea desarrollada con tino y, en ocasiones, parece confundirse simplemente con una presentación social distinta de algo que
no es mucho más que la propia organización “específica”; no obstante lo cual la preocupación como tal deberá seguir teniendo la
consideración que se merece. Seguramente, además, no es ésta una contribución original y su realización más acabada, en términos
históricos, habrá que buscarla y encontrarla entre las viejas organizaciones anarcosindicalistas; pero, aun así, tampoco es posible
desentenderse fácilmente de una requisitoria cuya pertinencia no podrá ser puesta en duda con demasiada fuerza ni con un bagaje
argumental demasiado vigoroso.
6.- Mientras tanto, el esquema actualmente prevalente de agrupaciones autónomas enfrenta problemas propios y diferentes. Dichas
agrupaciones son, en términos de su realidad nuclear, el equivalente de los clásicos grupos de afinidad; y la novedad entonces no
está constituída por su existencia en sí sino por el hecho de no encontrarse federados ni tener demasiada prisa en hacerlo. Tal como
ya dijéramos en su oportunidad se trata básicamente de grupos primarios, de relaciones directas y cara a cara; lo cual les permite
encarar su práctica distintiva -sea cual sea ésta- en régimen de asamblea permanente, desde afinidades básicas ampliamente
compartidas, en un marco de confianzas e intensidades afectivas y en un contexto facilitador de la expresividad individual.
Unámosle a ello el hecho de que su propia condición -sin la densidad de relaciones y procedimientos característicos de las
organizaciones complejas; en un régimen de máxima “movilidad” y adaptabilidad- les permite concentrar su tiempo en la tarea que
han elegido, desarrollar una sabiduría específica en torno a la misma y dedicarse con más fuerza a la formación colectiva y a la más
amplia socialización de su experiencia de luchas. Sin embargo, el esquema tiene también sus desventajas más o menos obvias:
básicamente, limitación de los “recursos” materiales y simbólicos; un radio de acción reducido; y, por último, una incidencia social
amortiguada, en desacuerdo con sus potencialidades y muchas veces también con sus deseos. Por añadidura, un régimen de
intercambios deliberadamente disminuído en sus posibilidades puede ser también el camino para construir un mundo cerrado, que no
se coteja con realidades “extrañas” y que se dirige sin percatarse a su empobrecimiento, su pérdida de vitalidad y su rutinización.
Pero nada de esto puede ser observado e interpretado correctamente si no es a partir de la adopción previa de una perspectiva
histórica. Desde este ángulo, bien cabe concluir que el esquema actualmente prevalente de agrupaciones autónomas está cumpliendo
el encomiable papel de reintegrar -con fuerzas y velocidades variables- una modalidad libertaria para el encare de al menos algunos
de los antagonismos de nuestro tiempo. En tal sentido, dicho esquema ha permitido generar espacios que -discúlpesenos la
insistencia- no existían hasta unos pocos años atrás y cuya emergencia mal puede ser atribuída a un centro político visionario y
rector; espacios que, por lo tanto, no existen ahora por obra y gracia de la ocurrencia o del capricho sino que responden a
necesidades sociales limitadas pero reales. No obstante, una perspectiva histórica exige no sólo reparar en el momento y en sus
antecedentes sino también en los horizontes y en el recorrido por venir. Frente a este desafío: ¿el actual esquema de agrupaciones
autónomas constituye el modelo de organización y acción que permita afrontar no sólo algunos de los antagonismos sino todos;
haciéndolo además no como si se tratara de una instantánea circunstancial sino en su desenvolvimiento histórico?
7.- Hemos hablado desde un principio, repetida y cansadoramente, de un modelo de organización y acción renovado para el
movimiento anarquista y ahora corresponde afirmar -ya sobre el final- que el mismo bien puede o quizás debería ser un anti-modelo:
es decir; no un dibujo replicable con papel de calco sino apenas un conjunto de procedimientos de construcción que no
necesariamente conducen a una figura geométrica determinada. Tanto el anarco-sindicalismo como el “especificismo” contaron y
todavía cuentan con un diagrama de organización y acción perfectamente ubicable; el cual se sustancia a partir de un cierto cuerpo
de nociones sobre la sociedad, del correspondiente proyecto revolucionario y, por tanto, de una prefiguración de la historia
subsiguiente; sin que nada de ello pierda su unicidad interpretativa ni admita visiones alternativas o complementarias. En el marco
de ese esquema, la organización hace su aparición en escena como una matriz de la sociedad futura, como una herramienta y como
una necesidad. Pero ¿qué ocurre cuando no hay una representación de la sociedad sino varias, elaboradas desde lugares y recorridos
diferentes que no aceptan ser ordenados y conjugados más que por transversalidad? ¿qué ocurre cuando no existe una dominación y
una resistencia sino que éstas se multiplican y se vuelven plurales? ¿qué ocurre cuando el poder no es una institución ni un edificio a
derribar? ¿qué ocurre cuando la revolución no es el absoluto comienzo ni el absoluto final sino apenas el resquicio por el cual
podrían filtrarse las revoluciones por venir? ¿qué ocurre cuando no hay una Historia sino historias? En ese caso, si se nos permite el
juego de palabras, no puede plantearse la necesidad de la organización sino la organización de la necesidad; caso en el cual sólo
puede hablarse de una organización-proceso, modular y cambiante, en condiciones de resolver necesidades múltiples, que no pueden
reunirse verticalmente ni se acomodan a una explicación central, que se escabullen y adoptan formas diversas de un lugar a otro y de
un momento al siguiente. Tal vez ése y no otro sea el modelo de organización y acción que se está desplegando ante nuestros ojos en
América Latina y lo que percibe nuestra mirada no constituya más que el jalón de un proceso que se ajusta a posibilidades todavía
muy magras pero de indudable despliegue. Tal vez sea por eso que los telares libertarios se abocan implícitamente al tejido de redes
todavía vacilantes, que se forman y se transforman a través de hilos delgados y de sinuosas trayectorias. Dicho esto, parece llegada
la hora de sintetizar nuestras (in)conclusiones a modo de final abierto.
8.- La pérdida de centralidad cultural del trabajo y la severa puesta en cuestión de la política suponen otras tantas condiciones
limitantes para el desarrollo del anarco-sindicalismo y del “especificismo” en sus traducciones clásicas. Los lugares conceptuales
vacantes están siendo ocupados ahora y desde hace un buen tiempo por las nociones de poder y de dominación; las que no sustituyen
ni pueden sustituir totalmente pero sí abarcan, subsumen y reubican en un contexto teórico-ideológico familiar pero distinto a los
conceptos de explotación y alienación del trabajo por un lado y de gobierno, Estado, autoridad, etc. por el otro. Los modelos de
organización y acción de los anarquistas, entonces, buscan una configuración y un lugar remozados en un nuevo contexto, que ahora
reclama reunir de un modo diferente un vasto arco de problemas que vaya desde las prácticas nucleares e indivisibles de resistencia
y de construcción de sí mismo hasta los proyectos emancipatorios de mayor alcance y más largo aliento. Un proceso de
experimentaciones y de búsquedas parece haberse abierto, aunque el mismo sea todavía objeto de percepciones y dedicaciones de
intensidad dispar, cuente con desniveles bastante obvios y, aparentemente, esté lejos aún de concitar adhesiones indudables y
orientaciones explícitas firmes y ampliamente extendidas. Además, ese proceso de experimentaciones y de búsquedas tampoco
puede apoyarse exclusiva o predominantemente en ninguna de sus variantes particulares: ni los conflictos juveniles ni la
contestación cultural ni la problemática de género ni los dramas ecológicos ni los antagonismos étnicos ni ninguna otra práctica que
se constituya aisladamente en torno a un eje alternativo puede aspirar por sí misma a sustituir con dignidad teórica y ventaja a los
viejos núcleos paradigmáticos. No obstante ello, la incontestabilidad de los acontecimientos históricos y las tendencias subyacentes
pero relativamente desveladas de nuestro tiempo ejercen condicionamientos que se nos presentan como irreversibles: la trayectoria
secular del movimiento anarquista sólo podrá ser un patrimonio entrañable al que no resultará oportuno renunciar pero ya no contará
con la posibilidad razonable de constituirse en una tradición irrevocable o en un recetario prescrito cuya vigencia se sustraiga
permanentemente de la discusión, de la duda y del esfuerzo compartido de reinvención.
Esfuerzo compartido de reinvención: he aquí la consigna, el tema de fondo y la tarea inmediata. Ese esfuerzo de reinvención no
levita en el vacío ni parte de la nada y admite intuir ahora mismo algunos de sus rasgos básicos. En primer lugar -si es que las
sociedades no aceptan ya ser explicadas, interpretadas, subvertidas y recreadas a partir del control demiúrgico sobre algún misterioso
mecanismo central determinante-, la ubicación y la orientación práctica fundamentales de los anarquistas no pueden sustanciarse de
otro modo que como una constelación inacabable y abierta de enfrentamientos contra el poder que vayan bastante más allá de
aquellas dos viejas condensaciones que todo lo cifraban en la socialización de los medios productivos y en la destrucción del Estado.
En segundo término, parece obvio que dichos enfrentamientos, si es que apuntan a una gravitación real, sólo podrán ser expresados
por una diversidad de movimientos sociales históricamente condicionados y que, de acuerdo a las características de nuestro tiempo,
habrán de legitimarse y de fortalecerse mediante la afirmación de su identidad básica, de su autonomía, de su descentralización, de
su capacidad de autogestión y de su coordinación por transversalidad. Por último, y seguramente como corolario de lo dicho
anteriormente, el modelo de organización y acción que hoy despunta en el horizonte de visibilidad del movimiento anarquista no es
otro que el que se corresponde con la formación de múltiples redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables; en el
que, de todos modos, los aportes del viejo anarco-sindicalismo y del “especificismo” tienen todavía un destacado lugar.
Nada de esto es un delirio: las condiciones materiales para la formación de tales redes en América Latina están dadas y, en los
hechos, ya se ha avanzado lentamente en esa dirección. Los núcleos anarco-sindicalistas, feministas y anarco-punks mantienen un
tejido que los relaciona con sus iguales y los potencia internamente con resultados variables; las agrupaciones “especificistas” han
realizado también algunos intentos de aproximación; las comunicaciones intra-libertarias a secas y en cadena se han multiplicado y
densificado; en algunos países, la idea de formar una red amplia, abierta y sin exclusiones ha sobrevivido, con los altibajos y las
vacilaciones del caso; en alguna región, inclusive, se ha instaurado una conexión entre los agrupamientos existentes, tal como
ocurrió en Venezuela, Colombia y Ecuador o en los encuentros del sur peruano y el norte chileno. He aquí, entonces, en forma
embrionaria, esa trama de redes provisorias, superpuestas y de prioridades intercambiables. Entonces: ¿qué es lo que detiene su
desarrollo? ¿qué razón ha impedido que se adopte abiertamente y sin proscripciones un esquema de relaciones que permite la
permanencia imperturbable de las plásticas y variables identidades originales? ¿por qué no pensar, ahora mismo, en la constitución
de redes nacionales en cada país? ¿por qué no aventurar, además, la idea de que una red continental es inmediatamente posible? Es
probable que las respuestas sean ingratas y haya que buscarlas en nuestro propio arsenal de limitaciones y de temores: entonces,
habremos de encontrar algunos exclusivismos anacrónicos, algunas desconfianzas seculares y algunos sectarismos sin futuro;
incluso aunque exista ya un abundante caudal de experiencias que vuelven irreal y mítica la idea de dilatar todo acercamiento hasta
el momento en que sea posible reconocer en el otro el reflejo puntual y textual de la propia imagen o plasmar en una nueva suma
teológica libertaria la absoluta semejanza de los puntos y las comas.
Quizás algunas razones haya que buscarlas también en esa tensión implícitamente planteada entre la tradición y la renovación; entre
el peso de un pasado cargado de glorias que opera como un manto de certezas y las promesas de un futuro que no acaba de definir su
silueta ni su épica fundacional. Habida cuenta de que la mayor parte de los agrupamientos no reclaman para sí una historia
demasiado prolongada ni fundamentan su existencia en tradiciones organizativas más o menos arraigadas y contínuas, parece obvio
que el resurgimiento libertario en América Latina no se da a partir de una línea recta que se apoye íntegra o exclusivamente en los
presupuestos teórico-doctrinarios y en las prácticas del anarquismo clásico; aun cuando, lógica y afortunadamente, ello se dé
siempre o casi siempre en un contexto de memorización y rescate de nuestro propio pasado. Así sea por intuición o por la propia
fuerza de los contextos en que actúan los nuevos agrupamientos, parece claro que la geografía libertaria latinoamericana está
expresando desde ya una tendencia a la renovación que quizás quepa volver más explícita todavía. Es en ese terreno de paciente
re-elaboración teórico-ideológica, y en la perseverante contrastación de la misma con las luchas reales de los movimientos sociales
que bullen en el continente, donde seguramente habrá que buscar la resolución de muchas de nuestras actuales carencias. Unas
carencias que han sido ensombrecidas por el regodeo que provoca todo despertar pero que, tarde o temprano, habrán de manifestarse
nuevamente en todo su esplendor y en toda su crudeza.
Toda empresa de renovación genera incertidumbres, corre el riesgo de transformarse en un esfuerzo fallido y desconoce su
desembocadura; por lo cual, ocasionalmente, también provoca recelos, suspicacias y resistencias. Las demoras en aceptar un nuevo
modelo de organización y acción seguramente se fundamentan en ese espacio; el que se une tranquila y cómodamente a aquel otro
en el que el predominio de ciertas inflexiones ideológico-políticas se justifica en la tradición y en la lealtad al pasado. Sin embargo,
no puede dejar de señalarse la existencia, detrás de todo ello, de un par de confusiones. En primer lugar, es necesario reconocer que
una orientación revolucionaria no necesita rendirle imperiosamente culto a sus orígenes ni vivir pendiente de su conmemoración o
de su réplica sino que, antes bien, está compelida a preservar a todo precio su futuro. En segundo término, es preciso y vital entender
que el anarquismo como movimiento histórico sobrevivirá y se desarrollará en la medida que sepa ofrecerse en cuanto respuesta a
las opresiones, los sojuzgamientos y las miserias no de cualquier tiempo sino del nuestro y que ello es un condicionamiento
insalvable antes que un acto autárquico de voluntad de parte nuestra. De ambas confusiones es posible emerger sabiendo que no
elegimos la propia época ni su configuración ni sus características ni sus nociones básicas sino que ellas nos son dadas; y sabiendo
también, sin embargo, que sí podemos elegir en las mismas nuestros proyectos, nuestras formas definitorias y nuestras prácticas de
resistencia y emancipación. Unos proyectos, unas formas definitorias y unas prácticas que, en América Latina como en cualquier
otra parte, sólo pueden, florecer, vivir y realizarse como expresión de sus sucesivos porvenires inmediatos. Otra vez, entonces,
estamos obligados a elegir y otra vez habrá que hacerlo, como tantas veces a lo largo de nuestra historia colectiva, entre la seguridad
de la estructura y el riesgo de imaginar.
Daniel Barret

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