Ensayo sobre la monarquía parlamentaria y la esclavitud en Brasil [1822-1889] (Camilo Reyes Valle)

 

Breve introducción al ensayo

Este ensayo trata sobre las relaciones y tensiones existentes entre las dos instituciones fundamentales que sostuvieron durante la primera etapa de la construcción de Estado en Brasil, a la monarquía parlamentaria. Ambas instituciones bastante disimiles en su composición y función, pueden y deben ser analizadas conjuntamente, como dos caras de la misma moneda: la monarquía y la esclavitud. No suscita ninguna coincidencia, que al finalizar esta primera época de construcción de Estado, ambas instituciones cayeron juntas en el ocaso de lo tradicional, para pasar por fin Brasil, a constituirse como una republica.

En cuanto a nuestros documentos a emplear en la realización de este breve trabajo, figuran como textos básicos, dos textos propuestos por programa del curso y uno tercero propuesto por quien escribe: (1) José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001[1]; (2) Tulio Halperin, Historia contemporánea de América Latina[2]; (3) Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina[3].

Del análisis de estos textos, intentare extraer los elementos fundamentales que constituyen la presuposición reciproca existente entre estas dos instituciones, para contrastar las dos caras de la moneda, la de los de arriba y la de los de abajo, y determinar la forma y operación de la estructura de poder desarrollada durante esta primera fase de la construcción de la republica brasileña.

 

Desarrollo:

  • Espacialidad y temporalidad (1822-1889)

En primer lugar, cabe señalar una breve descripción del espacio donde se desarrollaron estas instituciones que analizaremos: “Con una extensión de más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados, Brasil ocupa cerca de la mitad de Suramérica. El río Amazonas, con sus 6.500 km de longitud, llega a la costa atlántica desde las húmedas selvas del interior. La tierra varía desde el noreste semiárido, asolado por sequías recurrentes, hasta los ricos bosques y las mesetas fértiles del centro y del sur. El país abunda en recursos naturales, incluidos hierro y otros minerales industriales”[4]. Desde el punto de vista geopolítico, de una organización del espacio por el poder, en términos muy generales, se puede decir que Brasil “fue el único país en Latinoamérica donde se mantuvo un régimen monárquico, y pese a la enorme extensión de su territorio, logró mantener su unidad territorial.”[5]

En cuanto a la temporalidad, cabe decir que el desplazamiento institucional general del régimen vario desde una legitimación de la monarquía parlamentaria esclavista, a su cuestionamiento:

(1ro) Periodo de independencia de Brasil de la dominación portuguesa en 1822, donde se instauro la monarquía parlamentaria; (2do) crisis institucional, que encuentra su principal coyuntura en la renuncia de Pedro I en 1830; (3ro) superación de la crisis, bajo la coyuntura del ascenso al poder de Pedro II; (4to) hasta el fin del Imperio y la esclavitud en 1889, cuando se abre el periodo de la republica.

 

  • Las instituciones de la esclavitud y la monarquía en lo particular.
  1. En primer lugar, cabe decir que en el plano político, esta monarquía parlamentaria promovió siempre ideas conservadoras, la idea de un régimen de gobierno centralizado, y centralizador de los poderes locales.[6] Este hecho nos lleva a tener que afrontar primeramente, la institución de la monarquía, su composición gubernamental e institucional política, las funciones implicadas por los actores políticos, y las tensiones y juegos de equilibrios.

El conjunto político que compone a la institución monárquica, se compone de una doble, y hasta triple articulación. Uno deviene dos y dos deviene tres: la monarquía constitucional brasileña es parlamentaria, por lo cual se puede dividir primero en dos partes: el emperador y su poder propiamente tal, y bajo este el parlamento. A su vez el parlamento se divide en dos poderes separados, los diputados en lo mas bajo y los senadores en lo alto del parlamento, esto debido a que los miembros de este, son nombrados directamente por el emperador, por lo cual, naturalmente, su posición los instala más cerca del poder monárquico. De este modo, en síntesis, la configuración del régimen político queda establecido de la siguiente manera: en lo más bajo los diputados, en el centro los senadores y en el ápice el emperador, el conjunto político bajo el ordenamiento constitucional piramidal. Este se compone, de abajo a arriba, de la siguiente manera:

(a) Los diputados, que eran elegidos por voto censitario, los representantes de las aristocracias locales rurales, las clases terratenientes (la azucarera del norte de Brasil, y la ganadera del centro y el sur), y los representantes de las aristocracias urbanas, a favor de un conservadurismo y alianza con los pequeños y medianos comerciantes de los puertos, herederos de la mentalidad del antiguo régimen.[7] De un lado tenemos los intereses liberales de las clases terratenientes rurales, mientras que del otro, los intereses conservadores de los funcionarios de las ciudades.

(b) Los senadores, eran los funcionarios reales del emperador, designados por él en forma vitalicia.

(c) El emperador, representante y poseedor del poder supremo y “moderador”: “facultad que le permitía disolver el parlamento en cualquier ocasión para llamar a nuevas elecciones.”[8] He aquí el problema de los juegos de equilibrio que el monarca debía resolver, conciliar las luchas entre los partidarios del liberalismo y la independencia, dirigidos por José Bonifacio (latifundista de Sao Paulo), y los partidarios conservadores, que en principio se habían opuesto a la independencia y querían volver a subordinar Rio de Janeiro a Lisboa.[9] En palabras de Tulio Halperin en la pág. 151: “la misión de la Corona era asegurar con su influjo algún poder al sector conservador, y a la vez arbitrar entre ambos. Para ello contaba con el apoyo del ejército, solo lentamente nacionalizado y mezclado –no por casualidad- de cuerpos mercenarios europeos.” He aquí un elemento fundamental del sostenimiento de la monarquía parlamentaria del Brasil, el componente bélico, belicista, militar de su gobierno, que en palabras de este autor reflejan una Corona, “apoyada en el ejército y mal arraigada en el país”, lo que denota aun los vestigios del absolutismo monárquico que solo había cambiado su sede de Lisboa a Rio. Por contraste al influjo de la Corona brasileña, de asegurar algún poder a las aristocracia urbana, a los funcionarios portugueses, quienes mejor acudieron al llamado militar fueron los liberales terratenientes, quizás debido a su capacidad de acaudillar soldados para la guerra, de convertir y militarizar su propia mano de obra. (Esto compete al aspecto militar del poder real, no la política o la organización política como “arte de vivir juntos”, sino que a lo político como disputa belicista y hostil por conseguir un objetivo en disputa; como lo fue la guerra contra Uruguay. No desarrollaremos más profundamente este tema en este trabajo, porque nos desvía de nuestro asunto, que se enfoca más en la organización política de la institución monárquica).

En esta disputa entre fuerzas conservadoras y liberales, podemos decir que se termino por imponer los intereses liberales. El fracaso de la guerra por la Banda Oriental de Rio de la Plata (1828), a pesar de haber resultado un sabor amargo en boca de estos terratenientes liberales que participaron en la empresa, significo un golpe más rotundo para la administración de Pedro I. Durante el conflicto, los liberales lograron disponer y desplegar el uso del instrumento financiero del papel moneda, al servicio del liberalismo económico, por lo cual se terminaron imponiendo, paulatinamente, los intereses rurales por sobre los urbanos. Esto significo una victoria, tanto para los terratenientes del norte como los del sur frente a las fuerzas conservadoras portuguesas permanecientes.[10] Pedro I, había dispuesto sin mucho tapujo cierto favoritismo hacia los comerciantes y funcionarios portugueses, por lo cual debió renunciar en 1830 (el 7 de abril de 1831 entrego el poder a su hijo de 7 años). Esta crisis de la monarquía brasileña suscito el avance del parlamento frente al poder monárquico (“reducido pero mantenido”), pero por sobre todo provoco el avance de las provincias frente al poder unitario. También provoco el retroceso de los comerciantes de las ciudades, y según Halperin, sobre todo de los trabajadores asalariados de la ciudad.

Lo que sucito en parte la salida de Pedro I, fue el hecho de que desde 1830, se comenzaron a producir una serie de rebeliones en las provincias (1830-1850), lo que demuestra el elemento característico de este periodo de crisis institucional, y el reclamo de la provincias por una monarquía federal. Esto se expreso en importantes movimientos y rebeliones. “Entre las mas importantes figuraron la “Cabanagem”, en Pará, en 1831, y la “Farroupilha”, en Rio Grande del sur, entre 1836 y 1844. (…) La primera tuvo un claro sentido social, ya que en ella, la lucha se dio de parte de los desposeídos del campo contra los grandes propietarios de fazendas; en la segunda, pese al nombre popular de los combatientes, los farrapos, se trataba mas bien de una protesta de los notables locales contra la capital.”[11] Estas luchas encontraron su expresión y codificación en la reforma de la carta constitucional efectuada en 1832, que otorgaba mayores autonomías a las provincias, y más poder al partido liberal opositor que al propio juego partidista inherente al sistema parlamentario.

En 1840, tras una convulsionada década, cuando se produce la subida al poder de Pedro II, se consagra de algún modo, tanto el papel revolucionario como constitucional del liberalismo político, de doble articulación de ruptura y unidad, al coronarse este movimiento con la Corona de Pedro II. “El acceso al trono de Dom Pedro II en 1840 unifico a la elite dividida. Brasil había sobrevivido a los desafíos separatistas y parado la inercia hacia la revolución social.”[12] Sin embargo, no se alcanzaría un verdadero desarrollo desencadenado del liberalismo pues, prontamente, Pedro hijo, se encaminaría tras los pasos de su padre, retomando las practicas y el papel de árbitro en el ritmo de la alternancia de los partidos en el poder, alcanzando cierta estabilidad institucional hasta la caída del Imperio casi 50 años después, periodo en el que permaneció en el poder esta monarca y todo su aparto institucional.

En términos generales, se puede decir que el sistema monárquico-parlamentario se mantuvo, durante sus últimos años de la mano de su nuevo monarca, con un funcionamiento estable, con liberales y conservadores alternándose en la dirección del gobierno, solo creando las turbulencias que desencadenarían su crisis definitiva en torno a los debates encendidos entre los partidarios de la institución de la esclavitud y sus opositores, dentro de los cuales, ya no solo se encontraban los liberales, sino que también estamentos militares, que arrogaban por poder llenar las filas de su escaso ejercito con esclavos liberados.

 

  1. Por fin podemos destacar la institución económica y social de la esclavitud, que es la mayor institución económica que sostuvo el régimen y los poderes económicos y sociales locales en todo Brasil. La influencia y apoyo ingles había jugado un papel determinante en la independencia de 1822, al punto de que había podido instalar sus intereses económicos en Brasil. Para asegurar su dominación e influencia sobre Río, ayudo a facilitar las relaciones diplomáticas de Brasil ante el mundo, y ante Portugal. Durante la composición de este nuevo entramado, en 1826, “Gran Bretaña consiguió de Brasil el compromiso mediante tratado de concluir el comercio de esclavos antes de 1830. (…) los británicos temían que el azúcar producido con mano de obra esclava de Brasil resultaría más barato en el mercado mundial que el azúcar de las Indias Occidentales, donde se acababa de abolir la esclavitud.”[13] Aunque Brasil acepto la demanda de Inglaterra, lo hizo sin un compromiso autentico de abolir la esclavitud en la práctica. De hecho, “fue el Estado que abolió mas tardíamente la esclavitud en toda Latinoamérica. Este hecho es notable, ya que los partidarios de la esclavitud consiguieron resistir a las presiones militares de Inglaterra, cuya marina de guerra invadió aguas territoriales brasileñas para impedir el tráfico de esclavos”[14].

Ya he descrito en un trabajo anterior[15] el flujo de la circulación de esclavos durante el siglo XVIII, que durante la segunda mitad de siglo importo desde Guinea y principalmente Angola a casi un millón de esclavos africanos. Para comienzos del siglo XIX esta cifra siguió en el aumento, hasta encontrarse de plano con la condición inglesa impuesta, lo que bien puede haber significado una disminución en la importación de esclavos, no necesariamente significo necesariamente una interrupción definitiva de la institución de la esclavitud y su utilización en las plantaciones de azúcar (la empresa más peligrosa, mas mortal), y esta ruptura solo puede llegar a divisarse más claramente alrededor de 1870, cuando “la industria azucarera se modernizo considerablemente con la creación de los grandes molinos centrales”.[16]

Pero del punto de vista de las víctimas de este régimen institucional, de los propios esclavos no hubo una actitud del todo pasiva, y de igual modo existen casos de rebeliones, movimientos de esclavos y acontecimientos fortuitos de resistencia, durante este primer periodo de construcción de Estado en Brasil, como por ejemplo lo es, en 1823 un motín de esclavos en un barco que se dirigía a Bahía, o uno de los movimientos más furiosos, la llamada Revuelta de los Males, movimiento surgido también en Bahía, en la ciudad de San Salvador, entre el 25 y el 27 de enero de 1835, donde un grupo de negros libres de origen islámico que se dedicaba a los oficios de la artesanía y la carpintería, y del comercio en general, decidió iniciar una revuelta a raíz de la constante discriminación por ser negros, movimiento que consiguió un apoyo de unas 1500 personas que se encontraban bastante descontentos con la situación de los negros esclavos. El plan consistía en  juntarse con otros males de otras ciudades, con el objetivo invadir las plantaciones de azúcar y lograr la liberación de los esclavos. Sin embargo este movimiento fue frustrado por la develación del plan a un juez local. Como era de esperarse, algunos miembros pertenecientes al movimiento terminaron muertos, otros capturados y llevados a juicio para luego ser ejecutados.[17]

El fin no superficial y legal de la esclavitud, es decir, el termino en la práctica de la esclavitud, solo comienza a dar los más grandes pasos a partir de los movimientos abolicionistas, que comenzaron a demandar con más fuerza a partir de la década de 1880, el fin de la esclavitud a través de una organización creada en Rio de Janeiro por lideres masones, la llamada La sociedad brasileña contra la esclavitud. “En estos esfuerzos, la masonería brasileña jugó un papel importante, pues sus líderes principales eran masones. Entre ellos se mencionan a José Bonifacio, Eusébio de Queiros, quien abolió el tráfico de esclavos, el Visconde do Rio Branco, quien promulgó la ley del vientre libre, y otros tales como Luis Gama, Joaquim Nabuco y Rui Barbosa. En Recife, algunos alumnos de la facultad de Derecho crearon una asociación abolicionista. En Sao Paulo, el ex esclavo y abogado Luis Gama, quien fue considerado uno de los mayores  héroes de la causa abolicionista, liberó a mas de 1000 esclavos cautivos. También, muchos esclavos liderados por el mulato Antonio Bento, lograron escapar de las haciendas y se instalaron en el Quilombo de Jabaquara, en Santos. En 1884, los territorios de Ceará y Amazonas abolieron la esclavitud. Para ese entonces, la campaña abolicionista se mezcló con la campaña republicana, y ganó un apoyo importante por parte del ejército brasileño, el cual expresó públicamente que no querían ser utilizados para capturar esclavos fugitivos. El movimiento se centró en una campaña donde no se diera indemnización a los hacendarios dueños de esclavos, y fue fuertemente promovida por periodistas y algunos políticos y profesionales liberales. Por parte del exterior, en especial desde Europa, se recibían cada vez mayores presiones para eliminar la esclavitud.”[18]

 

 

Conclusiones:

 La función conjunta y articulación de las instituciones de la esclavitud y la monarquía.

De todo nuestro anterior análisis podemos dar cuenta de las siguientes relaciones entre la institución de la monarquía y la esclavitud:

1) Al no existir una ruptura radical, sino más bien bastante leve, entre el viejo orden y el nuevo constitucional (1822), lo que sucede, es que no se produce una ruptura real entre el nuevo orden y el anterior. Tanto la monarquía como la esclavitud, persisten en América como elementos coloniales: debemos considerar que Brasil fue el único país en convertirse en Imperio tras su independencia, y el último país en abolir en la práctica la esclavitud.

2) Este proceso de unidad institucional superior entre estas dos instituciones, se produce gracias a la clausura económica de los modos de producción señoriales que aun persistía hasta mas alla del compromiso firmado en 1826, y este proceso de reproducción y clausura permanente solo vio una luz de progresión cuando se volvió más industrial el modo de producción azucarero, con la introducción de nuevas tecnologías. En este sentido, ya no cabía la esclavitud, y prueba de que este movimiento de liberación no estuvo propiamente influenciado por ideas sociales, es que al mismo tiempo que se abolía la esclavitud, se abría una época de carestía para las clases populares, de cesantía en un proceso de asalariamiento de las masas sociales.

3) De lo anterior se desprende que, este despegue de la forma de esclavitud, en la forma de la construcción del Estado republicano del Brasil, solo se dio en la medida y necesidad de los intereses de las clases dominantes, y solo cuando estas pudieron apropiarse de una forma de producción más tecnológica, de acuerdo a los nuevos tiempos. La masonería liberal de Rio, a pesar de haber impulsado con energías la abolición definitiva de la esclavitud en Brasil, tardo más de medio siglo en sujetar con fuerza esta bandera abolicionista, y mientras tanto participo, como aristocracia, como clase dominante en la reproducción de la dominación esclavista, pues como modo de producción.

4) También podríamos dar cuenta del proceso de la abolición de la esclavitud en términos graduales: (a) monarquía parlamentaria con predominancia del poder monárquico en lo político y con predominancia de la esclavitud como modo de producción azucarero y minero, por los grandes terratenientes rurales que se decían liberales en cuanto al eje dependencia de Portugal o independencia; (b) tras la caída de Pedro I, se instalo toda una crisis política, que detono en las luchas liberales por conseguir su dominio sobre las ciudades monárquicas (luchas entre centralismo unitario y federalismo localista). Con la victoria de las provincias rurales, se reafirma, en consecuencia, el compromiso con el poder económico emanado desde la esclavitud efectuado por los terratenientes; (c) tras la superación de la crisis política, tras la llegada al poder de Pedro II, y la victoria parcial del liberalismo sobre el poder unitario, se vuelve a estabilizar el sistema de la esclavitud; (d) y no sería hasta 1880 que se forma un movimiento abolicionista serió, una década después de la introducción tecnológica de los molinos de azúcar, que por fin venían a reemplazar el modo de producción esclavista por el capitalista industrial, lo que traería como consecuencia, el rechazo de las modos tradicionales de producción, mientras que, de otro lado, estos nuevos modos de producción industrial colaboraban con los intereses republicanos militares de la aristocracia liberal, de los terratenientes rurales y de los masones de la capital, pues ahora podrían gozar de una nueva forma de esclavitud legalizada, el trabajo asalariado, que les permitiría sujetas a las masas indómitas, disciplinarlas mejor para el trabajo, y por otra parte, formar cuadros con ellas para el ejercito, para las nuevas necesidades bélicas de la republica, que ahora podría reclutar para la guerra a los viejos esclavos.

 

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Bibliografía

– Galeano, La venas abiertas de América Latina, Siglo XXI Editores, septuagésima octava edición, 2007

 

-José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001, LOM Ediciones, primera edición agosto del 2002, Santiago.

 

-Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, Critica Grijalbo Mondadori, Barcelona, cuarta edición 1996.

-Tulio Halperin, Historia contemporánea de América Latina, Alianza Editorial, Madrid/Buenos Aires, año ¿?

Web

-http://www.cdocostarica.com/ct-menu-item-25/ct-menu-item-41

 

 

 

 

 

[1] LOM Ediciones, primera edición agosto del 2002, Santiago.

[2] Alianza Editorial, Madrid/Buenos Aires, año ¿?

[3] Critica Grijalbo Mondadori, Barcelona, cuarta edición 1996.

[4] Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, pag.161

[5] José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001, pág. 51

[6] Ibíd., pág. 52

[7] Tulio Halperin, Historia contemporánea de América Latina, pág. 151

[8] José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001, pág. 52

[9] Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, pag.162

[10] Tulio Halperin, Historia contemporánea de América Latina, pág. 152

[11] José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001, pág. 52

[12] Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, pág. 165

[13] Ibíd., pag.164

[14] José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001, pág. 51

[15] https://antiguaherejia.wordpress.com/2016/02/18/el-proceso-de-independencia-de-brasil-descomposicion-del-virreinato-y-origen-de-la-republica-brasilena-camilo-reyes/

[16] Eduardo Galeano, La venas abiertas de América Latina, pág. 89, Siglo XXI Editores, septuagésima octava edición, 2007

[17] http://www.cdocostarica.com/ct-menu-item-25/ct-menu-item-41

[18] Ibíd.

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