Ensayo sobre las relaciones de poder entre la oligarquía centralista y las oligarquías regionales, durante la primera época del Brasil republicano [1889-1937] (Camilo Reyes)

En este breve ensayo, trata sobre la relación existente entre las diversas oligarquías del Brasil, en plena nueva fase republicana, tras la caída de la monarquía y la institución de la esclavitud. Esta tensión principal al interior de la propia oligarquía brasileña, se dio entre la oligarquía centralista de São Paulo (y también de Minas Gerais), que dominaba (a) el mercado nacional por medio de la producción del café (y más tarde la producción industrial como vanguardia), tanto como (b) el sistema político republicano, a lo menos hasta la crisis del viejo sistema, con la irrupción del populismo tras la crisis económica internacional de 1929, y las oligarquías regionales marginales del Norte y el sur, que deseaban la desconcentración del poder político paulista. Luego de divisar distintos aspectos de esta contradicción interna a los sectores gobernantes, que los llevaron a constantes enfrentamientos políticos, veremos, más brevemente, como el proyecto populista ayudo en parte, a la conciliación de estas clases, por medio de la dotación de un nuevo orden económico, social y político, que permitió un nuevo marco de concordia para las clases dominantes, entre la propia oligarquía y con respecto a las clases bajas.

 

 

 

  1. Panorama del Brasil republicano, ad portas del nuevo marco de los conflictos.

 

   En el marco social de estas oligarquías, el desprestigio de la monarquía brasileña, venia inevitablemente entrelazado con el desprestigio de la esclavitud que sostenía, por lo cual esta nueva era republicana, era comprendida por los sectores ideológicamente influyentes, como una nueva era de despojo creciente de esta tradición colonial, a la vez que como un proceso acorde a la nueva contemporaneidad capitalista que enfrentaba Brasil: intelectuales, periodistas y militares, (…) “esas personas juzgaban que la abolición era parte de un proceso de modernización del Brasil, lo que no se podía hacer sin un cambio de gobierno. Esto ocurrió en noviembre de 1889, cuando los militares, encabezados por el mariscal Deodoro da Fonseca, derribaron a la monarquía con un golpe de Estado sin derramamiento de sangre, proclamando la Republica.”[1] De esto se desprende que por fin, el país mas atrasado en lo que hoy podríamos llamar, derechos humanos, se abre mas decididamente o una nueva forma de esclavitud asalariada. Pero esta unidad de la oligarquía en temas de modernización, disimula la apertura el conflicto entre las diversas elites, por hacerse con el control político de la nación.

Otra característica social que se demarca notoriamente a partir del golpe de Estado contra la monarquía, el momento de la irrupción republicana, es el creciente predominio de los coroneles en el ejercicio de la alta política: “Sin duda la instauración de la republica había significado un aumento de poder del ejercito, protagonista de la revolución triunfante, y su gravitación se hizo sentir durante toda la historia republicana. Pero hasta 1930 ésta se dio en el marco de una política dominada por los sectores influyentes en los distintos estados, que formaban ahora el Partido Republicano, el único con gravitación real en la vida política brasileña.”[2] Esto significo que, si bien estos gobiernos republicanos antes del 30’, estuvieron dominados por la figura de los coroneles en el poder, estos dominaron con un cuerpo representativo compuesto por las oligarquías urbanas que se apoyaban en él, principalmente el Partido Republicano. Esta opinión de Halperin, pone mayor acento en el marco institucional sobre el que se desarrolla el poder militar, en el polo parlamentario del gobierno (poniendo mayor atención mas en el corpus sobre el que se apoyaba para gobernar el poder militar, en el “cuerpo representativo”, cuerpo del Estado, dominado en lo absoluto por el Partido Republicano de influencia oligárquica), en el federalismo como limitante del poder de los coroneles durante esta primera época.

Nos parece consciente realizar un breve paralelismo con la opinión de José del Pozo, que señala, desde una concepción más centralista del poder, o que pone una atención mas seria sobre el poder real: “Esta etapa de la historia de Brasil, conocida como la ‘republica velha’ (vieja), creada en 1889, fue dominada por los militares, que ocuparon varios de los cargos ministeriales y de los puestos de gobernadores de los estados. Los dos primeros presidentes fueron militares: Deodoro da Fonseca y Floriano Peixoto. Más adelante hubo un tercer presidente militar, Hermes da Fonseca, elegido en 1910, y la mitad de los estados fueron gobernados durante largo tiempo por miembros de las fuerzas armadas. Esto demostraba la debilidad del sistema político brasileño, donde además los partidos tenían escaza presencia en todo el país. En los distintos estados, los coronéis continuaban dictando la orientación de la vida política.”[3] De este modo tenemos dos interpretaciones distintas sobre la relación entre dos grupos dominantes, una que pone énfasis en el cuerpo de representatividad, que estaría masivamente dominado por el Partido Republicano (dominado por las oligarquías de las ciudades), como explicación de carácter más político del proceso, y otra interpretación que pone énfasis en el poder real de los militares en la cima del poder, y también como coroneles de diferentes estados. Mas que enfatizar la diferencia entre estas dos interpretaciones, quisiéramos señalar la importancia de poder articular estas dos interpretaciones, en una que pueda contrastar ambas, esto, en función del interés de nuestro ensayo. Por lo cual, quisiéramos dotar de igual importancia en esta primera fase del gobierno republicano brasileño, y la que desemboca en el populismo, a coroneles y oligarcas, pues en la propia disputa inter-oligarca, tanto las oligarquías centralistas de São Paulo, como las regionales, se apoyaron sucesivamente en el poder militar para desarrollar sus proyectos políticos, y luego, en la época populista tras 1830, la búsqueda de concordia oligárquica bajo un nuevo marco político, económico y social.

 

 

 

  1. Predominio de las relaciones conflictivas entre las elites brasileñas.

 

Los diversos gobernantes del Brasil republicano, en esta primera etapa (en principio militares líderes de la revolución de 1889, y luego, actores políticos pertenecientes a las principales ciudades, las oligarquías de São Paulo), se vieron enfrentados a las oligarquías menores de los Estados del norte y el sur, que quisieron rivalizar con este nuevo poder republicano, en el que sentían, quedaron fuera de la participación política del gobierno.

Las huellas de este conflicto entre oligarquías, se pueden encontrar, primero sobre el hecho de que, luego de los dos gobiernos gestionados directamente por los militares, fue elegido el presidente “paulista” Moraes. A continuación, fue reemplazado en 1898, por otro político del mismo estado llamado, Campos Salles. En 1902 sale elegido un tercer político de este estado hegemónico: Rodrigues Alves.[4] A raíz de este centralismo emprendido por la oligarquía paulista, es que se puede entender la reacción de las oligarquías de las regiones y rurales, que acentúan el segundo rasgo que deseamos señalar, el que evidencia las tensiones entre oligarquías centralistas y regionales: “Fue necesaria un coalición de clientelas políticas de los demás estados para poner en el Gobierno Federal, en 1906, a Affonso Penna, oriundo de Minas Geraes.”[5] Luego de esta arremetida regional, y ante el surgimiento del candidato Ruy Barbosa (que poseyó alguna participación popular en su campaña), se presento, apoderándose de la maquinaria electoral, el mariscal del ejercito, participe de la revolución al igual que Barbosa, Hermes da Fonseca. El grupo de Ruy Barbosa, intento acceder al poder, sin éxito durante las próximas elecciones de 1914 y 1918. Cuando nuevamente se encontró en el poder, un presidente del único estado que pudo rivalizar con el poder y la influencia económica y política de la oligarquía paulista, el estado de Minas Gerais, Arthur Bernardes, nuevamente el mariscal Hermes da Fonseca, se las arreglo para decretar un veto militar contra el presidente. De esto se puede deducir, que los gobiernos militares, estuvieron articulados, más o menos regularmente, con la oligarquía paulista. Inclusive, el año 1924, los tenientes, es decir, los jóvenes oficiales se pronunciaron contra este gobierno, aunque lo hicieron en otro sentido, en favor de una ampliación del régimen político.

Nuevamente en 1926, alcanzo la presidencia un político paulista, Washington Luis Pereira de Souza, y más tarde, cuando este intento impulsar para la siguiente elección, la candidatura de otro político paulista, se conformo en su contra, y como reacción de la oligarquía regional contra la paulista, una nueva coalición política que unificaba (1) a la segunda oligarquía más poderosa tras la paulista (la de Minas Gerais), que se encontraba disgustada por la actuación de la oligarquía hegemónica y las fuerzas militares durante sus gobiernos, (2) con las oligarquías de los estados más marginales del norte y del sur: de este modo se fundó la llamada Alianza Liberal.[6] Esta Alianza decidió postular la candidatura de Gertulio Vargas, un político que ya había sido gobernador del estado de Rio Grande do sul. Aquí ya podemos ver expresada con mayor claridad, la oposición entre las distintas oligarquías que se disputaron el poder.

 

 

 

  1. Del drama interno de las oligarquías al nuevo marco del populismo.

 

En esta serie de tensiones internas a la oligarquía brasileña, entre una oligarquía hegemónica, y otras marginadas del poder y del apoyo de las fuerzas armadas, se desarrolla el proceso que desencadena en la construcción de una Alianza Liberal (entre las oligarquías perdedoras que buscaban conseguir una ampliación del sistema político republicano). Esta nueva unidad política, en cierta medida anunciaba el fin del viejo sistema oligárquico que entraba en su crisis mas o menos definitiva, y readaptación del régimen hegemónico hacia 1930, bajo una nueva matriz populista.

Continuando con los acontecimientos: Gertulio Vergas, candidato de la Alianza Liberal, fue derrotado por Prestes, y la respuesta de la Alianza fue una revolución, que luego de 15 días, termino con la salida Prestes y la llegada al poder de Vargas, como presidente provisional. Para Marcello Carmagnani: “La llamada <<revolución de 1930>> cambió el curso de la historia de Brasil. Dirigida por Getulio Vargas, desbarató el orden político anterior, basado en el predominio de la oligarquía de São Paulo; el cambio pareció muy profundo durante los primeros cuatro años (1930-1934), correspondientes a la presidencia provisional de Vargas, por cuanto permitía una ampliación de la base política similar a la que había tenido lugar en Argentina a partir de 1912, y a la que conocieron otros países latinoamericanos en la década de 1920, y porque tendía a eliminar el clientelismo rural.”[7]

Quizás este movimiento liberal, fue el primero en conseguir un apoyo real en la base del ejército, y en apoyarse mejor en las oligarquías rurales, y de hecho estos fueron los dos grandes pilares por medio de los cuales Vargas, consiguió el apoyo suficiente para ser elegido presidente en 1934, con el apoyo de las fuerzas armadas y las oligarquías regionales menos potentes (“a cuyos problemas se había mostrado sensible al satisfacer sus peticiones de mayores fondos”[8]). La recesión económica del café en Brasil (un Brasil prácticamente mono-productor), a raíz de la crisis internacional del 29, había servido para neutralizar provisionalmente a la oligarquía paulista. No es extraño que en 1932 se produjera la sublevación de São Paulo. Al parecer las enemistades entre centralistas y regionalistas no habían sido saldadas del todo en la revolución del 30. Quizás fue esta sublevación de la oligarquía paulista, la que alentó al giro político de Vargas hacia el proyecto populista, como nuevo marco y matriz política para la vieja clase dominante. Aunque entre 1934 y 1937, la oligarquía paulista rehusó reconciliarse con el gobierno de Vargas, e hizo lo imposible para terminar con este gobierno, incluso privando de parte del ejercito al gobierno, y apoyando al “movimiento integrista” de corte fascista (organizado como fuerza paramilitar), el proyecto populista logro imponerse por la fuerza en 1937, de la mano del mismo Vargas que llevo a cabo un nuevo golpe de Estado. De este modo se inicio la fase propiamente populista que duro 8 años, y que promovió un movimiento centralista, por medio de la creación de una “nueva constitución que aumentaba los poderes presidenciales, reducía los del parlamento y recortaba la autonomía de los estados.”[9] Pero al haber traicionado antes los preceptos de su programa reformista y democratizador original, los gobiernos de Getulio Vargas, simplemente se pusieron al servicio de la oligarquía hegemónica, en un contexto económico, político y social diferente, del cual el populismo serviría como la matriz que permitiría nuevamente posicionarse, a la oligarquía paulista (controladora ahora, del proceso de industrialización y modernización).

 

 

 

Conclusiones

 

De todo este recorrido, podemos concluir que fueron dos los procesos importantes que cruzan las relaciones entre las oligarquías centralistas y las regionales, que se efectúan entre el periodo de 1889-1930: (1) la tendencia de los conflictos entre las oligarquías centralistas y regionales, tendió progresivamente hacia la destrucción del viejo marco político y la instalación de un nuevo marco populista; y, (2) estas relaciones conflictivas estuvieron mediadas por el apoyo u oposición de las fuerzas militares a determinado grupo: primero, el apoyo hacia la oligarquía de São Paulo, y luego, el apoyo de la Alianza Liberal, que representaba a todas las provincias regionales unidas contra el monopolio paulista.

 

 

 

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Bibliografía

 

– José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, LOM Ediciones, Segunda edición corregida y aumentada

– Marcello Carmagnani, Estado y sociedad en América Latina, 1850-1930, Editorial Critica, Grupo editorial Grijalbo, Barcelona.

– Tulio Halperin Donghi, Historia contemporánea de América Latina, Alianza Editorial, Madrid/ Buenos Aires.

 

 

[1] José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, pág. 127, LOM Ediciones, Segunda edición corregida y aumentada. Desde ahora ser citado como “Texto A”.

[2] Tulio Halperin Donghi, Historia contemporánea de América Latina, págs. 315-16, Alianza Editorial, Madrid/ Buenos Aires. Desde ahora será citado como “Texto B”.

[3] Texto A, pág. 127

[4] Texto B, pág. 316

[5] Ibíd.

[6] Ibíd., pág. 317

[7] Marcello Carmagnani, Estado y sociedad en América Latina, 1850-1930, pág. 248, Editorial Critica, Grupo editorial Grijalbo, Barcelona.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd., pág. 249

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