Resumen sobre ¿Qué le deben los historiadores a Karl Marx? de Eric Hobsbawm (Camilo Reyes)

El resumen que a continuación se presenta, corresponde al texto escrito en mayo de 1968 por Eric Hobsbawm, titulado, ¿Qué le deben los historiadores a Karl Marx? Este capítulo publicado en el libro Sobre la historia, originalmente había sido escrito por nuestro autor, para un simposio llamado, “El papel de Karl Marx en la evolución del pensamiento científico contemporáneo”, motivo y orientación que nos permite comprender mejor su “intento de valorar el efecto Marx, en los historiadores contemporáneos”, haciéndose cargo Hobsbawm de la relación entre Marx y la historia. Por lo cual, siguiendo a nuestro autor, primero veremos el estado disciplinar “atrasado” de la ciencia histórica durante el siglo XIX, con su característico sesgo institucional y positivista, sus metodologías empleadas, para luego adentrarnos en las grandes transformaciones de la historia, a partir de la gran influencia que tuvo el marxismo en las ciencias sociales y en la historia. Veremos los dos tipos de influencia marxista, el marxismo llamado “vulgar” (que constituyo la aportación del marxismo a las ciencias sociales, como análisis de la sociedad en general) y los análisis de los procesos históricos de cambio (que constituyo para Hobsbawm, el verdadero y principal valor de Marx, para los historiadores).

 

  1. El estado de la disciplina académica de la historia, en la primera mitad del siglo XIX.

   Según la apreciación de Hobsbawm, en plena época de grandes logros intelectuales de vital importancia para la civilización burguesa, el estado de la disciplina histórica era bastante atrasado. El punto más alto de este paradigma consistía en la adopción de técnicas de investigación, que ni siquiera eran extraídas del análisis histórico genuino, sino que tomaban prestados sus métodos de análisis, de las ciencias físicas y biológicas. Sin embargo, en su debilidad, que valía más que su fortaleza se escribieron una serie de ensayos mal documentados, especulativos y demasiado generales para poder explicar un proceso histórico complejo. El más avanzado de su generación, para Hobsbawm, fue Leopold von Ranke, que si bien hizo lo correcto al oponerse a la generalización analítica “fácil”, apoyada en medios insuficientes, y al aportar una serie de criterios empíricos para valorar documentos, y técnicas auxiliares para ese mismo fin, sin embargo, ayudo a la rehabilitación de la tendencia oficialista de la historia, un fermento de poder con claro sesgo institucional, que reduce considerablemente la metodología del ámbito de los fenómenos históricos, a los que era posible aplicarles la categoría de documento y los procedimientos analíticos ya mencionados (estos eran, los registros manuscritos de acontecimientos en los que intervinieron conscientemente individuos influyentes). El estado de la ciencia histórica, en lo más elevado de su concepción, cometía dos reduccionismos y generalizaciones que mantenían estancada la disciplina histórica: el  método positivista, (1) se presta demasiado fácilmente a la clásica narración cronológica –lo que no constituye ninguna innovación-, y, (2) se centra absolutamente en las historias de la política, la guerra y la diplomacia -poniendo especial atención en sus narraciones a “los reyes”, “las batallas” y “los tratados”-, descuidando aun, las dimensiones sociales y económicas de la historia.

Si bien el positivismo fue la principal corriente científica, en que se apoyaron grandes progresos para la humanidad y el conocimiento científico, el estado de la disciplina histórica era bastante atrasado para la época, con respecto a los avances en otros campos investigativos: las aportaciones a la comprensión humana de la sociedad, pasada y presente, eran insignificantes. Hobsbawm señala en este sentido que “para comprender la sociedad se requiere comprender la historia, (por lo cual) era inevitable que tarde o temprano se encontraran formas más fructíferas de explorar el pasado humano” (pag.149). Las principales debilidades de la disciplina histórica en pleno siglo XIX, que alentaron su transformación durante la segunda mitad del siglo XIX y siglo XX, según Arnoldo Momigliano son: (1) la historia religiosa y política había decaído en forma brusca, donde las historias nacionales se muestran como anticuadas; (2) ya no era habitual utilizar ideas para explicar la historia; (3) las explicaciones predominantes se daban ahora en términos de fuerzas sociales; y (4) con el auge de las guerras mundiales –en la actualidad de Momigliano-, resultaba irrisorio poder hablar de progreso y evolución con sentido, en términos histórico-positivista.

 

  1. Transformación de la disciplina histórica, en la segunda mitad del siglo XIX

   A mediados del siglo XIX, se comienzan a desarrollar intentos de sustituir el marco idealista, sobre el que se había cultivado la historia y la erudición, por otro de carácter materialista, lo que provoca el declive de la historia política y un auge de la historia económica y sociológica: esto se produce a raíz del creciente problema social que surgía a partir del padecimiento de las clases explotadas y proletarias que comenzaban a organizarse contra el poder, en sociedades dominadas por los grandes mercaderes capitalistas y las elites sociales. En este contexto de reflujo de la historia política, surgieron dos corrientes que pretendieron adentrarse en el problema de la comprensión humana de la sociedad: el marxismo y la sociología positivista.

El positivismo de los sociólogos Comte y Spencer, que influenció a cierta corriente de historiadores, en lo metodológico no significo un avance mayor para la disciplina histórica, pues, introducía los conceptos, los métodos y los modelos de las ciencias naturales en la investigación social, y lo hacía aplicando los nuevos descubrimientos de la física (Comte) y la biología (Spencer), que les pareciesen adecuados. Por esta razón, es que lo más cercano a un modelo de cambio histórico en estas teorías sociológicas, es la teoría de la evolución, cuyo modelo se tomaba prestado de la biología y la geología. Además esta corriente, desde 1859, bebió de las aguas darwinismo social, tomando como guía esquemática los postulados de la lucha de las especies, por la lucha en la existencia social, y la supervivencia de los más aptos por la supremacía de las clases dominantes (pág. 150). Sin embargo, al tomar prestados sus conceptos esquemáticos de las ciencias naturales, y al no extraerlos de un análisis propiamente social, la sociología tenia aun poco que decir acerca de los fenómenos que caracterizan a la sociedad humana, y caía fácilmente en opiniones demasiado especulativas (cuando no eran opiniones extraídas de un análisis material de la historia, y solo eran tomadas a partir de modelos), y demasiado metafísicas (cuando lo social era explicado a partir de principios a priori, es decir, previamente establecidos al análisis).

Todos estos elementos coagulantes del positivismo sociológico, no alentaron a una superación de la disciplina histórica, sino que de un lado, fomentaron su estancamiento, mientras que de otro, provocaron la reacción y respuesta de las ciencias sociales con orientación histórica, bajo la influencia creciente del marxismo, que vino a transformar de una vez por todas, las formas del análisis histórico: reorientación de los historiadores hacia las dimensiones de análisis económico y social, una identificación y reconocimiento del mundo popular en la historia.

 

  1. Marxismo vulgar y análisis histórico marxista

La influencia del marxismo en las ciencias sociales e históricas, es dividida por Hobsbawm en dos corrientes principales, el marxismo vulgar y el análisis histórico marxista propiamente tal. La primera corriente, la del marxismo vulgar consiste en la identificación de los cientistas sociales y los historiadores con algunas ideas-fuerza que han sido asociadas a Marx, pero que necesariamente no representan el pensamiento maduro de este (pág. 152). Estas ideas son las siguientes: (1) la interpretación económica de la historia, que es la creencia de que “el factor económico es el factor fundamental del cual dependen los demás” (R. Stammler); (2) el modelo de base y superestructura, que ha sido tomado como una relación de dominio y dependencia entre una base económica y la superestructura ideologica y jurídica; (3) el interés de clases y la lucha de clases, como mediación entre la relación de dominio entre la base económica y la superestructura; (4) las leyes históricas y la inevitabilidad histórica, que ha sido malinterpretada como una regularidad rígida e impuesta, como una sucesión de formaciones socioeconómicas, cayendo en los mas burdos determinismos mecanicos, que no dejan mas cabida a las diferentes alternativas históricas; (5) temas específicos de la investigación de Marx como son el interés por la historia del desarrollo capitalista y la industrialización; (6) temas específicos que se derivan de los movimientos asociados con la teoría de Marx, como el interés por la agitación de las clases oprimidas; y, (7) observaciones sobre la naturaleza y los limites de la historiografía, que derivan del modelo de base y superestructura, que sirvieron para explicar los motivos y métodos de los historiadores.

De esto se desprende el reconocimiento de que el grueso de la influencia marxista en la historiografía ha sido de carácter marxista vulgar. El efecto principal que ha tenido Marx en la historia y en las ciencias sociales en general, es la teoría de la base y la superestructura, que ha sido tomado como un modelo de sociedad compuesta de diferentes niveles en una jerarquía y modo de interacción (pág. 154). Por el contrario, en opinión de Hobsbawm, el principal valor de Marx para los historiadores de hoy, reside en sus afirmaciones sobre la historia, y no en sus afirmaciones sobre la sociedad en general. A pesar de esto, resulta obvio que Marx creó una teoría estructural-funcionalista, que reconoce a las sociedades como sistemas de relaciones entre seres humanos, que se establecen, voluntaria o involuntariamente, para fines de producción y reproducción social, y en este sentido, el marxismo constituye un análisis de la estructura y del funcionamiento de los sistemas. Sin embargo, la parte mas importante para la historia y el análisis histórico, no reside en esta teoría estructural-funcionalista, sino que mas bien, se corresponde o encuentra en conexión con la idea de una dinámica social, con la idea de historicidad de las estructuras sociales, concepto que lo opone diametralmente con las demás teorías estructural-funcionalistas, que se constituyen como ahistóricas o anti-históricas, al despreciar el análisis de las dinámicas de cambio social, y reducirlo a un simple evolucionismo abstracto. El marxismo, en su crítica del estructural-funcionalismo, señala que no se puede separar “la estática social” de “la dinámica social”, pues estos desarrollos se presuponen reciprocamente: (a) del descubrimiento de un mecanismo para la diferenciación de varios grupos sociales humanos, (b) surge el propio mecanismo para la transformación de una sociedad en otra, y estos mecanismos de evolución social no son los mismos que los de la evolución biológica, como pretende el positivismo sociológico. Por lo cual, podemos reconocer que el marxismo supera los análisis estructural-funcionalistas históricos al reconocer: (1) la existencia de una jerarquía de fenómenos social, que se despliega desde la base a la superestructura; y (2) que en toda la sociedad existen tensiones internas (contradicciones), que contrarrestan la tendencia del sistema a mantenerse como empresa en marcha (pág. 155).

Para concluir este breve resumen, quisiera terminar señalando que, al confrontar los argumentos puramente ahistóricos de la sociología estructural funcionalista, debemos percatarnos de que este pensamiento se agota en la estática social, y en la negación del cambio evolutivo de las sociedades, que queda reducido a primera vista, a un simple juego de combinaciones y recombinaciones de los elementos sociales existentes, lo que no supondría ninguna orientación histórica posible para el análisis del cambio. Sin embargo, el mismo modelo de la jerarquía de niveles, los modelos de las relaciones sociales de producción, y la persistente existencia de contradicciones internas en las sociedades, permite determinar que la historia posee una dirección, como un mecanismo de cambio, y este es quizás el gran merito de Marx, y el mayor objeto de debate de sus ideas para los historiadores: el que la creciente emancipación del hombre con respecto a la naturaleza, y su creciente capacidad de controlarla por medio de la técnica y su desarrollo, otorga a la historia la orientación e irreversabilidad, que puede plantear una idea de evolución social, que va desde las sociedades precapitalistas a las capitalistas, permitiendo a los historiadores visualizar el sentido de cambio histórico moderno.

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