Reflexión y análisis comparado de los regímenes de la U.R.S.S., la Italia fascista y el nazismo alemán. (Camilo Reyes)

 

  1. Introducción

 

Para la correcta realización de un análisis comparado de los regímenes económicos y políticos, e inclusive para vislumbrar aspectos culturales e ideológicos, que distinguen a las formas de gobierno del Estado socialista burocrático, del fascismo italiano y el nazismo alemán, que irrumpen y emprenden una nueva relación original con el capitalismo internacional, a la vez que instauran nuevas condiciones para sus economías internas, debemos poner nuestra atención en los elementos que constituyen las formas especificas de sus planes económicos, políticos y sociales, que los distinguen de los otros regímenes a estudiar. Este estudio, en un sentido más profundo, lo emprenderemos con la intención de poder determinar y desarrollar una nueva concepción de totalitarismo.

Sin duda alguna, ya han habido importantes teorizadores de este fenómeno identificado como totalitarismo, siendo una de las interpretaciones más importantes, la desarrollada por la filosofa política alemana Hannah Arendt, quien en el libro Los orígenes del totalitarismo lo define como un nuevo modo de dominación, distinto de las antiguas formas de tiranía y despotismo, pues el totalitarismo moderno, no se limita a destruir las capacidades políticas de los hombres, sino que además, destruye también a los grupos e instituciones que entretejen las relaciones privadas, sociales de producción, enajenando a su población del mundo y de su propia individualidad. Esta obra la emprenden mediante una dinámica combinación de ideología y terror: de un lado, dando una explicación “total” del curso de la historia y del sentido de la vida, por medio de una visión del mundo ficticia pero coherente, de la cual se derivan una “legitimidad” y una lógica interna coactiva en las directivas de acción del régimen, generando un movimiento arbitrario en los procedimientos y en las instituciones sociales. De otro lado, el terror total sirve para la represión de los enemigos objetivos durante la primera etapa de instauración, y también como instrumento en el desarrollo y consolidación del nuevo modo de dominación totalitario, por medio la administración estatal, la organización del partido único (jerárquico y elitista) y la policía secreta como centro de vigilancia del régimen. Arendt describe además un último rasgo importante de los totalitarismos: la personalización del centro de poder bajo la voluntad del dictador, que es el único interprete de la ideología y decide quién es el enemigo objetivo del régimen. Finalmente, de la exposición de los elementos más importantes de estos regímenes totalitarios, concluye Arendt que dentro de los tres estados a analizar, el Estado socialista burocrático, el Estado nazi alemán y el fascista italiano, los dos primeros constituyeron movimientos totalitarios que intentaron aniquilar todas las restricciones al poder del Estado, mientras que el fascismo italiano, solo llego a constituir un gobierno autoritario de corte nacionalista.

De esta amplia definición que enmarca, en gran medida, nuestro estudio de los tres regímenes mencionados, debemos destacar la caracterización algo problemática del régimen italiano como régimen “autoritario” y de la U.R.S.S. y el nazismo como regímenes “totalitarios”. De un lado, nos parece en gran parte pertinente tal distinción, principalmente considerando el tema de “la organización de un partido único con poder político ilimitado”; mientras que de otro lado, se observa una problemática, al tomar esta característica, comparándola con la situación vivida en las dictaduras latinoamericanas. Por ejemplo, las dictaduras latinoamericanas han sido caracterizadas por Guillermo O’Donnell, como Estados burocráticos-autoritarios. Estas dictaduras, si bien derribaron los sistemas de partido y suspendieron los parlamentos temporalmente, no dejaron de incentivar, como por ejemplo en Chile, a ciertos grupos políticos que continuaron su actividad, al punto de tolerar un proceso de constitución de partidos políticos en vistas de la transición a la democracia, por lo cual, cabría preguntarse si existen similitudes en este punto, con respecto al Estado fascista italiano, caracterizado por Arendt como Estado autoritario. Por otra parte, el solo signo de la composición de un Estado con un partido único de poder ilimitado, no sirve de prueba para establecer y definir un concepto de Estado totalitario, pues los gobiernos populistas de Getulio Vargas y el unipartidismo peronista, instauraron una lógica similar, para emprender un proceso bastante político distinto. Además, otro punto que impide la clasificación conjunta del régimen estalinista y el régimen nazi, se muestra de un modo más explicito en la divergencia económica de ambos regímenes pues, mientras el régimen nazi tendió a cambiar las relaciones sociales de producción conservando el modo de producción capitalista (lo que lo equipara en su clasificación con el régimen fascista italiano), el régimen soviético parece haberse caracterizado en gran parte de su desarrollo histórico, como un régimen que no solo cambio las relaciones sociales de producción capitalistas, por relaciones socialistas, sino que también lo hizo bajo un modo de producción no capitalista, que sin embargo, inserto sus planes burocráticos socialistas dentro del plan del capitalismo internacional. Esto nos lleva a suponer la necesidad de una nueva clasificación en otros términos pues, los términos netamente “políticos” utilizados por Hannah Arendt se ven subvertidos por los términos netamente “económicos” que problematizan sus conclusiones.

Un nuevo concepto de totalitarismo mas exacto, debiese brotar a partir de la relación de los factores políticos (presentados por Arendt) y los factores económicos, y quisiera añadir que, a partir de la aceptación de la tesis anarquista -muchas veces oscurecida por las diversas corrientes estatistas dominantes, ya sean capitalistas o autodenominadas socialistas-, que señala que todos los Estados, ya sean capitalistas, socialdemócratas, fascistas y burocrático-socialista, comprenden el mismo modelo de realización del Estado moderno, burocrático y militar, es decir, la aspiración a convertirse en potencia mundial, podremos comprender de mejor modo la esencia del totalitarismo. Es este sentido, el que explica de mejor modo, las similitudes entre los tres Estados a analizar, el carácter de la concepción despótica, la conservación del elemento monárquico persistente en el Estado moderno, así como la tendencia al imperialismo de estas tres potencias mencionadas, es el factor burocrático-militar. Si bien (a) las formaciones sociales del régimen soviético se asemejan a las formaciones del régimen nazi -en la organización de un partido único- a la vez que se distingue del régimen fascista italiano, y (b) en cuanto al modo de producción, el régimen fascista italiano se asemeja al régimen nazi –por el modo de producción capitalista- y se distingue del régimen soviético, (c) en términos burocráticos-militares, tal como lo define el anarquismo, los tres países señalados vivieron procesos similares en cuanto a su conformación como Estados modernos, burocráticos y militares: Alemania e Italia fueron tardíamente unificados, por lo cual tardíamente desarrollaron un poder centralizado de carácter monárquico, así como también, tardíamente en comparación a otras potencias europeas, desarrollaron un impulso imperialista conducido a la búsqueda de la hegemonía europea (predominantemente bajo el impulso nacionalista alemán). Un proceso paralelo es el que vivió la Unión Soviética, en tanto la conformación de su monarquía absoluta también fue tardía (siempre teniendo como punto de comparación a Francia e Inglaterra), y tras la consolidación del estalinismo, se logro imponer una política de carácter imperialista.

Teniendo en consideración estas últimas observaciones, es que me propongo realizar un breve análisis de los elementos fundamentales de estos regímenes totalitarios, para lograr una definición más acaba del concepto y renovar su interpretación.

 

 

 

  1. Análisis comparado de las experiencias históricas de los totalitarismos.

 

Ahora me propongo desarrollar un breve análisis de los distintos planes económicos y políticos, partiendo de la observación de algunas de las características esenciales de los regímenes a estudiar. En primer lugar, encontramos los procesos de destrucción y elaboración de planes dispuestos a reemplazar las viejas condiciones sociales anteriores a la irrupción de los regímenes.

  1. El primero de estos regímenes en conformarse fue el de la Unión Soviética (1922), que se creó a partir del proceso iniciado revolucionario iniciado por los bolcheviques, proceso mediante el cual desarrollaron nuevas relaciones sociales de producción, así como también se impulso un nuevo modo de producción socialista, ya no fijado sobre la base del capital, sino que más bien sobre el trabajo. Para realizarla efectivamente, el régimen soviético tuvo que combatir mediante la guerra, los intereses privados, el comercio capitalista al interior de Rusia, y a todos los estamentos burgueses que el orden anterior estaba encubando en sí. Esto llevo a que se efectuaran procesos contra ex-funcionarios zaristas, terratenientes, comerciantes, campesinos kulaks, pequeños comerciantes, y la antigua intelectualidad. Estos  sujetos fueron enfrentados durante la guerra en contra de los ejércitos imperialistas y contrarrevolucionarios (1918-1920) que respaldaban a los ejércitos blancos (como el del general Kolchak) en Siberia, las tierras del Báltico, y el sur de Rusia. Sin embargo, en su afán de establecer el poderío del Estado soviético, fueron capaces de emprender en 1921, dos campañas que no ayudaron en nada a la revolución, como fue la represión de la rebelión de Kronstadt, y contra el ejercito negro conducido también en Ucrania por Néstor Majnó, pues las banderas revolucionarias de los campesinos anarquistas, que exigían la instauración del comunismo libertario, se veían a los ojos de los bolcheviques, como sujetos contrarrevolucionarios. Precisamente, a lo menos desde 1919, Lenin había emprendido una economía de guerra (que extraía recursos y hombres para la guerra del campo), a la vez que paralelamente había destrozado la consigna revolucionaria de “todo el poder a los soviets”, reemplazándola por la centralización y la instauración de la burocracia roja del Partido Comunista Ruso. Es importante mencionar aquí, que en 1922 se constituyo la Unión Soviética a partir de la fusión de la Republica Socialista Federativa Soviética de Rusia, la Republica Federal Socialista Soviética de Transcaucasia, la Republica Socialista Soviética de Ucrania y la Republica Socialista Soviética de Bielorrusia: y se constituyo formalmente como un Estado federal marxista-leninista.

En aspectos económicos, si bien la revolución en su comienzo, se impuso la tarea de suprimir el libre comercio en Rusia, según Orlando Figes, tras la adaptación y fracaso interno de la economía de guerra contrarrevolucionaria en 1921 (aunque otras fuentes como la de otro historiador británico, como H. G. Wells, la contradicen señalando que este fracaso de debió en gran parte a una “sequia sin precedentes”), tuvo que, de algún modo, capitular frente a Inglaterra e Italia y sus planes capitalistas para reanudar las relaciones comerciales. Esta sequia sin precedentes (que no impacto a sus países limítrofes como Ucrania, Rumania y Hungría), llevo al gobierno bolchevique a desarrollar una Nueva Política Económica (NPE), y a reemprender el libre comercio, y a promover el estimulo de la pequeña industria, principalmente alimentaria –aunque esto se emprendió con la idea de que se desarrollara tan solo temporalmente. Este plan significo una concesión del gobierno bolchevique hacia los pequeños propietarios rurales, esto con el fin de salvar provisoriamente el curso de la revolución soviética de su fracaso económico. Sin embargo, esta breve pero importante capitulación, tuvo una enérgica respuesta de los bolcheviques, quienes consideraban este nuevo avance de las posturas individualistas, familiares, de intereses privados como un retroceso, o siquiera como un entorpecimiento a la continuación del proceso revolucionario. Por esta razón es que en 1928 (-1932), se emprendió el Primer Plan Quinquenal (planes a realizar en 5 años), que tenía por objetivo impulsar una rápida y efectiva industrialización de la U.R.S.S., para poder elevarla al puesto de superpotencia, lo que en la práctica significaba poder desarrollar la industria pesada rusa sin depender del auxilio de otras potencias capitalistas extranjeras -ya no como fue necesario en 1921, para desarrollar la agricultura y la producción de productos de consumo. Este primer plan se desplego sobre la base de una gran reforma agraria para la colectivización de tierras, esto para la formación de granjas colectivas consideradas como propiedad colectiva de los campesinos. Los kulaks, medianos propietarios de la tierra, se vieron afectados por esta expropiación y fueron condenados a trabajo forzado, por sus crimines cometidos durante la guerra contra los campesinos empobrecidos. A partir de este momento, la agricultura pasa a convertirse en el sector más débil de la economía rusa, en contraste con el sector industrial que despego durante este proceso, como se había previsto en el plan. Así se desarrollo el Segundo Plan Quinquenal (1933-1937), ya se centro mas en mejorar las condiciones de la población, a la vez que oriento la industria pesada hacia la consolidación de su autosuficiencia, necesaria para el desarrollo de la producción bélica en condiciones de potencia militar. En casi 10 años de funcionamiento de la economía planificada, el crecimiento industrial de Rusia favoreció un aumento en la producción de hierro y acero, que aumento 4 veces, así como la producción de carbón lo hizo 3,5 veces. Sin embargo, de igual modo se concede que este amplio desarrollo de la industria pesada, tuvo como contrapeso, el sacrificio de la industria de bienes de consumo, lo que afecto en parte el nivel y calidad de vida de la población.

Entre otros temas tocados en el libro de Figes Los que susurran, discurre también el tema de la guerra contra la religión y la concepción tradicional de la familia, como una guerra contra la cultura burguesa: de 1924 a 1928 se clausuraron iglesias y se desarrollo una persecución política a los sujetos del ámbito eclesiástico. En cuanto a la destrucción de la concepción de la familia tradicional, se obligo a las familias más ricas a compartir sus palacios, con los trabajadores más pobres de la ciudad, bajo una política llamada uplotnenie (condensación). También menciona aspectos estéticos de las formaciones bolcheviques, así como tambien aspectos relacionados con los programas escolares soviéticos, que estaban destinados a entregar los valores comunistas, en completo rechazo de las formas culturales de la familia pequeño-burguesa, como un sistema entregado a “la producción de activistas”, como señala el propio Figes, a la formación del pequeño orador político y panfletario.

En síntesis podemos ver claramente, ciertos elementos descritos anteriormente, como el de la propagación de un pensamiento único que rebasa el orden burgués, en el sentido cultural amplio, de la destrucción de la familia tradicional burguesa, así como también en términos ya no masivamente “privados”, sino que “públicos”, como en la elaboración y despliegue de todo un plan económico y social destinado a la autosuficiencia, al desarrollo del ideal comunista (que fue acompañado por un proceso paralelo de reforma agraria), para la conversión final, ad portas de la nueva guerra mundial, de la U.R.S.S., en una potencia militar, capaz de rivalizar con las otras potencias.

  1. Ahora daremos un breve vistazo al régimen fascista italiano para dar cuenta de los aspectos que constituyen sus formaciones sociales, y para entender en qué medida el régimen fascista sostuvo al capitalismo. La historia se origina cuando, a raíz de la Revolución Rusa, los sectores terratenientes e industriales atemorizados, decidieron financiar y dar apoyo electoral al sector ultranacionalista de derecha encabezado por el ex-socialista Benito Mussolini, expulsado del partido por sus tendencias belicistas al comienzo de la primera guerra mundial. En 1919, Mussolini fundo los Fasci Italiani di Combattimento, que eran los escuadrones paramilitares conocidos como camisas negras, dedicados a reprimir a los sectores obreros organizados. Pese a su fracaso electoral del 19’, el partido fascista fue ganando poco a poco, espacios dentro del escenario político a costa de una escalada de violencia política, hasta el punto de manipular las elecciones de 1921 y alcanzar 35 escaños dentro del parlamento. En 1922, Mussolini emprende su marcha sobre Roma, junto a sus integrantes de los camisas negras, lo que impresiono al rey Víctor Manuel III, quien, presionado por militares, nacionalistas y la burguesía terrateniente e industrial, le entrego el gobierno a Mussolini quien se convierte en Primer Ministro del Reino de Italia, bajo la promesa de reinstaurar el orden nacional. De este modo Mussolini desata una guerra interna contra todos sus opositores, hasta su erradicación. En 1925, Mussolini la dictación de leyes de excepción, además también este año, se proclamo como dictador bajo el titulo de Duce, esto para poder edificar en corto plazo, los pilares principales de la ideología y el Estado fascista.

La base del sistema ideológico fascista, constituyo la subordinación de cualquier libertad, razón o derecho individual a la primacía del Estado Corporativista, bajo la exaltación y el culto a la personalidad del Duce, que proclamo el despliegue de su poder total, del cuerpo del Estado. Un rasgo predominante del Estado fascista fue su intención de desarrollar un expansionismo imperialista, que tenía por finalidad, la constitución de Italia como el gran bastión de la civilización latina en el mediterráneo.

Más allá de este periodo de instauración del régimen fascista, y a partir de los años 30’, y sobre todo desde la mitad de los 30’, se desarrollo una de las características más destacables del Estado fascista italiano, la exaltación de la juventud, o la llamada socialización fascista –que llego a aglutinar en dos de sus organizaciones, la O.N.B. y su sucesora la G.I.L., a millones de miembros activos-, descrita Edward R. Tannenbaum: durante este periodo, donde destacaban: (1) la importancia de la estructura estética de los mítines, los símbolos y la coreografía política, con insistencia en los aspectos místicos, esto para la captación de nuevos integrantes; (2) militarización de las relaciones y el estilo de hacer política, para alentar un tipo de militancia de masas coherente con las ideas del partido; (3) una evaluación positiva del uso de la violencia política; (4) una extrema insistencia del principio masculino y su dominación, bajo una defensa de una visión orgánica de la sociedad; (5) así como la exaltación de la juventud en perjuicio de otras generaciones, para facilitar los procesos de transformación política. Sin embargo, este deseo de penetración del Partido Fascista en el cuerpo de las organizaciones sociales, especialmente las juveniles, no tuvo el efecto, como podría suponerse de buenas a primeras, de destruir la estructura de clases existentes, como si paso en la U.R.S.S., sino que por el contrario, vino a reforzar las condiciones existentes, y a favorecer a las clases altas terratenientes e industriales.

  1. Por último, tenemos ante nosotros al régimen nazi. Este acontece en medio del contexto de la Republica de Weimar, instaurada en Alemania tras la caída del conflicto mundial, para enfrentar las dificultades impuesta a su economía, a raíz de la obligación de pago de las reparaciones de la guerra. Préstamos de EE.UU., y el Pacto de Locarno, ayudaron a mejorar las relaciones de Alemania con Francia e Inglaterra, pero solo representaron un débil refuerzo a la economía deteriorada desde ya por la crisis económica de 1930. En este contexto es que Adolfo Hitler llega al poder. En 1919, Hitler se había integrado al Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán (NSDAP), participando directamente en la redacción de su programa político, marcadamente anticomunista y contrario al parlamentarismo liberal. De este modo, llego a consagrarse como líder del partido, y llego a encabezar un golpe de Estado fallido, que lo condujo a la cárcel. Es durante su encierro que planifica la creación de las SS, y de las juventudes hitlerianas, además de que durante esta estadia, escribió su libro mas conocido, el Mein Kampf (Mi lucha), donde entrega las bases fundamentales de la doctrina del nazismo. En las elecciones de 1929, el Partido Nazi llego a contar con un 7% de los votos. Sin embargo, tras la crisis económica del 30’, esta situación del apoyo popular fue subvertida radicalmente, cuando en 1932, Hitler llego a obtener cerca de 13 millones de sufragios, siendo aventajado por Paul von Hinderburg, quien quedo como presidente del Reichstag o parlamente, con Franz von Papen como su canciller. Sin embargo, tras una larga serie de intrigas políticas, Hitler llego a convertirse en canciller por decreto del presidente Hinderburg. Es así, como durante los primeros meses como canciller de Hitler, se despliega la persecución policial y de las SS, en contra de las facciones comunistas, con la escusa de reprimir un posible intento de revolución socialista, así como contra ciertos políticos conservadores e industriales adinerados, que llegarían a ser ejecutados. He aquí una primera “pequeña oleada de terrorismo” nazi (como bien lo señala Robert Gellately en su libro No solo Hitler. La Alemania nazi entre la coacción y el consenso) contra comunistas y viejos aliados de Hitler. Así comenzó la nazificación de Alemania. Esta se produjo por etapas, hacia la eliminación progresiva de todas las organizaciones y partidos políticos no nazis. Según nuestro autor,

Hitler nunca se planteo enfrentarse a amplios sectores de su mundo social y someterlos a su voluntad, como hiciera Stalin. Prefirió instaurar un tipo de dictadura único en su especie, y termino realizando lo que el historiador Martin Broszat llama un <<experimento de dictadura plebiscitaria>>. Su objetivo era un sistema autoritario basado en la existencia de un líder que contase con el apoyo popular, y su régimen siempre estuvo obsesionado, cabria decir hasta la paranoia, por la opinión pública y la reacción de los ciudadanos frente a todo tipo de medidas oficiales. Pretendía que los alemanes no solo se adaptasen y acomodasen al nuevo sistema, sino que se sintieran motivados por <<el ideal>>, que ratificaran a los nazis que el Tercer Reich representaba lo <<mejor>> de las tradiciones alemanas, que participaran en las muestras de afecto a Hitler y su visión de la <<comunidad>> y, a nivel práctico, que contribuyeran a hacer realidad el nuevo orden colaborando activamente con la policía y el partido.”

 

El mismo año de ascenso del nazismo comenzaron los campos de concentración para presos políticos y comunistas; el año 1934 se creó el poderoso aparato de propaganda nazi, que se puso a cargo de Joseph Goebbels; el año 1935, empezaron a internar judíos en los campos de concentración; el año 1936 se creó la terrorífica Gestapo, la policía liderada por Heinrich Himmler; el año 1938 comenzó una abierta campaña de persecución y exterminio en contra de los judíos.

También durante este régimen, se desarrollaron ciertos caracteres propios del nacionalismo extremo que también se presentan en la Italia de Mussolini, como por ejemplo, el apoyo entregado por los grandes grupos económicos, ante el temor que les inspiraba el fortalecimiento electoral y sindical del movimiento obrero. Ambos movimientos se abocaron a la creación, la organización de grupos paramilitares y de choque, formados por desempleados, ex-combatientes y delincuentes pagados, ordas fascistas, organizadas para reprimir a los trabajadores organizados y secuestrar a los líderes sindicales. También en Alemania, se desarrollo un culto y exaltación de la personalidad, donde se situaba al líder por sobre las masas para conducirlas. También como ya mencionamos el papel de la propaganda fue determinante en la nazificacion del país, y también llegaron a desarrollar un partido único, con la sola diferencia de que el partido nazi rompió con todas las restricciones al poder del Estado, al igual que la Unión Soviética, mientras que Italia no gozo de un poder tan ilimitado, pues su poder se encontraba demarcado por el rey, y los terratenientes e industriales italianos que temían mas al socialismo. Otra diferencia se da en relación a la forma de xenofobia y racismo, que en Italia la concepción era que la misión de la superior raza latina era la de civilizar al mediterraneo, mientras que la supremacía racial de la raza aria, justifico mas bien el desprecio y el odio contra los extranjeros, la brutalidad criminal del antisemitismo que causo el exterminio de millones de judíos.

 

 

  1. Conclusiones y definición de totalitarismo

Como conclusión, tras analizar distintos caracteres de los regímenes, soviéticos, fascista y nazista, es que el régimen soviético constituye un Estado Federal controlado por un partido único, en condiciones sociales de desarrollo de relaciones sociales de producción y un modo de producción no capitalistas, imponiéndose de este modo al capitalismo con un sistema diferente (imponiendo una relacion de heteromorfía al capitalismo, es decir, al único mercado mundia exterior). En materia política, si bien conservan la misma estructura de un partido único que desea romper con el Estado, al igual que los nazis, la U.R.S.S. lo hace en servicio de una nueva burocracia estatal que pretende conducir un proceso revolucionario anti-capitalista, mientras que los nazis, lo hicieron en servicio de un deseo reaccionario y despótico de corte monárquico y nacionalista. Esta es la razón por la cual los bolcheviques y Stalin decidieron atacar a ciertas clases sociales dominantes, mientras que nazis y fascistas decidieron atacar a las clases dominadas antes que a las dominantes, aunque los nazis poseen este rasgo débilmente. Donde el fascismo arbitra para mantener la estructura de clases, el comunismo soviético plantea la lucha de clases a las clases dominantes para instaurar una nueva clase burocrática. En materia ideológica, se distinguía notoriamente, tanto del fascismo como del nazismo pues, el comunismo arrojaba una propaganda contra las clases dominantes del orden zarista y burgués, bajo el signo y la estrella de la clase trabajadora, mientras que fascistas y nazis, lo hicieron bajo el signo de la superioridad racial por sobre los hostiles y razas consideradas inferiores, todo esto, manteniendo la estructura de clases en Italia, y llevando al Estado a un suicidio en Alemania.

Otra diferencia esencial es que mientras nazis y fascistas desplegaron la violencia como arma principal, como ideologías militares y burocráticas, como objeto primero de sus Estados, donde el pueblo es tomado por “nación” y el brazo militar es el llamado a realizarlo, en el Estado socialista soviético, la violencia y la guerra son solo el producto de una reacción imperialista contra la revolución, pues la revolución no tuvo por objetivo y principio la guerra. No es, si no, hasta 1928 que la Unión Soviética comienza a desarrollar industria pesada y material bélico, y no será hasta el Segundo Plan Quinquenal, que consolidan esta rama productiva, cerca de 20 años después de la revolución de octubre.

Si como establecí previamente, el totalitarismo constituía un fenómeno de modelación y búsqueda de la búsqueda de la superioridad imperialista de corte nacionalista, así como de control por sobre todo el cuerpo social desplegado, mediante la puesta en movimiento del Estado deshecho por medio de la masas, la realización de un modelo burocrático y militar, debemos señalar que los soviéticos subvirtieron el orden imperialista capitalista tradicional, desarrollando un máximo de Estado para crear una nueva burocracia dominante de corte socialista, cuando el totalitarismo supone realmente la contrario, la conservación del capitalismo, un mínimo de Estado para el desenvolvimiento del mercado y los empresarios, como en el anarcocapitalismo. Bajo esta nueva interpretación  que ofrezco, el Estado totalitario supone la propia destrucción del Estado, es decir, la desprotección social y de los trabajadores y sus derechos. A lo mejor sería más correcto señalar que los soviéticos supusieron lo contrario, la obligación del trabajo.

En relación a esta regla establecida, quizás podamos desarrollar una distinción entre la forma de totalitarismo y la del fascismo, según las directrices establecidas por Paul Virilio. Nuestro autor señala que, en el fascismo, el Estado es mucho mas suicida que totalitario –refiriéndose al régimen nazi. Esto nos lleva a sugerir la tesis de que el totalitarismo es esencialmente conservador, mas como lo fue el propio fascismo italiano, mientras que el Estado fascista de los nazis, que tiene por objeto primero la guerra, y nada más que la guerra para extender el Estado, es un Estado propiamente suicida, un cáncer propio del capitalismo. En este sentido, el Estado fascista italiano fue menos un Estado suicida, y si mas un Estado conservador que se cerró sobre sí mismo, para obstruir otras salidas a la estructura de clases capitalista, conservando de mejor modo el canon capitalista. De algún modo, el propio Hitler llego a subvertir el orden capitalista, pero como ya mencionamos lo hizo sobre el afán de restaurar el principio monárquico sobre el capitalista. Por lo cual, se podría decir que el Estado fascista-nazista se construyo un Estado totalitario, pero no en el sentido de que un ejército se toma el poder, sino que en  cuanto un partido, junto con múltiples organizaciones gremiales y empresariales se apoderan del Estado, pero no para cristalizar la estructura de clases interna, sino que para poner en movimiento a las clases y hacerlas pasar por un flujo de guerra absoluta, conducida determinadamente hacia la guerra.

Por lo cual en síntesis: el Estado socialista soviético se constituye su origen mas como un Estado burocrático que se encuentra en relación de heteromorfia con respecto al plan capitalista, aunque tras la consecución de una industria pesada de guerra pudo haberse orientado más hacia un polo totalitario, en el sentido despótico y político; el Estado fascista italiano, se desarrollo propiamente, como un Estado totalitario, en el sentido de un despliegue propiamente capitalista del corporativismo, bajo la mantención del sistema dominante, con el solo fin de mantener a raya a los socialistas, con el objetivo de convertirse en Estado de centro, dentro del sistema internacional; mientras que, el Estado nazista alemán, fue propiamente un Estado fascista, una mejor realización del fascismo como hijo bastardo del capitalismo, más propiamente fascista y menos integrado al capitalismo mundial, en el sentido de desarrollar una economía de guerra absoluta y total, desde los propios orígenes, lo que lo llevo a una política suicida que decidió su suerte durante la segunda guerra mundial: ganar o morir. El Estado nazista, Estado fascista se apropio y construyo un Estado totalitario, solo para poner su aparato estatal en función de la guerra ilimitada que pretendían desplegar. En síntesis, con ciertos matices, tanto el fascismo alemán como el fascismo italiano dan muestras de constituir gobiernos totalitarios, Estado italiano bajo la forma de un totalitarismo conservador, y el Estado alemán bajo la forma de un totalitarismo suicida.

Para sintetizar, y como bien lo demuestra el historiador anarquista Daniel Guerin, lo que define al totalitarismo no es la importancia del sector (como a lo menos se intento hacer durante los primeros tiempos de la Unión Soviética), puesto que la economía, en la mayoría de los casos, sigue siendo “liberal”, sino que más bien el artificial aislamiento monetario e incluso industrial. Este rasgo es el que mejor determina que el fascismo italiano y el nazismo alemán puedan ser considerados Estados totalitarios.

 

 

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