Reflexión y análisis comparado de los regímenes de la U.R.S.S., la Italia fascista y el nazismo alemán. (Camilo Reyes)

 

  1. Introducción

 

Para la correcta realización de un análisis comparado de los regímenes económicos y políticos, e inclusive para vislumbrar aspectos culturales e ideológicos, que distinguen a las formas de gobierno del Estado socialista burocrático, del fascismo italiano y el nazismo alemán, que irrumpen y emprenden una nueva relación original con el capitalismo internacional, a la vez que instauran nuevas condiciones para sus economías internas, debemos poner nuestra atención en los elementos que constituyen las formas especificas de sus planes económicos, políticos y sociales, que los distinguen de los otros regímenes a estudiar. Este estudio, en un sentido más profundo, lo emprenderemos con la intención de poder determinar y desarrollar una nueva concepción de totalitarismo.

Sin duda alguna, ya han habido importantes teorizadores de este fenómeno identificado como totalitarismo, siendo una de las interpretaciones más importantes, la desarrollada por la filosofa política alemana Hannah Arendt, quien en el libro Los orígenes del totalitarismo lo define como un nuevo modo de dominación, distinto de las antiguas formas de tiranía y despotismo, pues el totalitarismo moderno, no se limita a destruir las capacidades políticas de los hombres, sino que además, destruye también a los grupos e instituciones que entretejen las relaciones privadas, sociales de producción, enajenando a su población del mundo y de su propia individualidad. Esta obra la emprenden mediante una dinámica combinación de ideología y terror: de un lado, dando una explicación “total” del curso de la historia y del sentido de la vida, por medio de una visión del mundo ficticia pero coherente, de la cual se derivan una “legitimidad” y una lógica interna coactiva en las directivas de acción del régimen, generando un movimiento arbitrario en los procedimientos y en las instituciones sociales. De otro lado, el terror total sirve para la represión de los enemigos objetivos durante la primera etapa de instauración, y también como instrumento en el desarrollo y consolidación del nuevo modo de dominación totalitario, por medio la administración estatal, la organización del partido único (jerárquico y elitista) y la policía secreta como centro de vigilancia del régimen. Arendt describe además un último rasgo importante de los totalitarismos: la personalización del centro de poder bajo la voluntad del dictador, que es el único interprete de la ideología y decide quién es el enemigo objetivo del régimen. Finalmente, de la exposición de los elementos más importantes de estos regímenes totalitarios, concluye Arendt que dentro de los tres estados a analizar, el Estado socialista burocrático, el Estado nazi alemán y el fascista italiano, los dos primeros constituyeron movimientos totalitarios que intentaron aniquilar todas las restricciones al poder del Estado, mientras que el fascismo italiano, solo llego a constituir un gobierno autoritario de corte nacionalista.

De esta amplia definición que enmarca, en gran medida, nuestro estudio de los tres regímenes mencionados, debemos destacar la caracterización algo problemática del régimen italiano como régimen “autoritario” y de la U.R.S.S. y el nazismo como regímenes “totalitarios”. De un lado, nos parece en gran parte pertinente tal distinción, principalmente considerando el tema de “la organización de un partido único con poder político ilimitado”; mientras que de otro lado, se observa una problemática, al tomar esta característica, comparándola con la situación vivida en las dictaduras latinoamericanas. Por ejemplo, las dictaduras latinoamericanas han sido caracterizadas por Guillermo O’Donnell, como Estados burocráticos-autoritarios. Estas dictaduras, si bien derribaron los sistemas de partido y suspendieron los parlamentos temporalmente, no dejaron de incentivar, como por ejemplo en Chile, a ciertos grupos políticos que continuaron su actividad, al punto de tolerar un proceso de constitución de partidos políticos en vistas de la transición a la democracia, por lo cual, cabría preguntarse si existen similitudes en este punto, con respecto al Estado fascista italiano, caracterizado por Arendt como Estado autoritario. Por otra parte, el solo signo de la composición de un Estado con un partido único de poder ilimitado, no sirve de prueba para establecer y definir un concepto de Estado totalitario, pues los gobiernos populistas de Getulio Vargas y el unipartidismo peronista, instauraron una lógica similar, para emprender un proceso bastante político distinto. Además, otro punto que impide la clasificación conjunta del régimen estalinista y el régimen nazi, se muestra de un modo más explicito en la divergencia económica de ambos regímenes pues, mientras el régimen nazi tendió a cambiar las relaciones sociales de producción conservando el modo de producción capitalista (lo que lo equipara en su clasificación con el régimen fascista italiano), el régimen soviético parece haberse caracterizado en gran parte de su desarrollo histórico, como un régimen que no solo cambio las relaciones sociales de producción capitalistas, por relaciones socialistas, sino que también lo hizo bajo un modo de producción no capitalista, que sin embargo, inserto sus planes burocráticos socialistas dentro del plan del capitalismo internacional. Esto nos lleva a suponer la necesidad de una nueva clasificación en otros términos pues, los términos netamente “políticos” utilizados por Hannah Arendt se ven subvertidos por los términos netamente “económicos” que problematizan sus conclusiones.

Un nuevo concepto de totalitarismo mas exacto, debiese brotar a partir de la relación de los factores políticos (presentados por Arendt) y los factores económicos, y quisiera añadir que, a partir de la aceptación de la tesis anarquista -muchas veces oscurecida por las diversas corrientes estatistas dominantes, ya sean capitalistas o autodenominadas socialistas-, que señala que todos los Estados, ya sean capitalistas, socialdemócratas, fascistas y burocrático-socialista, comprenden el mismo modelo de realización del Estado moderno, burocrático y militar, es decir, la aspiración a convertirse en potencia mundial, podremos comprender de mejor modo la esencia del totalitarismo. Es este sentido, el que explica de mejor modo, las similitudes entre los tres Estados a analizar, el carácter de la concepción despótica, la conservación del elemento monárquico persistente en el Estado moderno, así como la tendencia al imperialismo de estas tres potencias mencionadas, es el factor burocrático-militar. Si bien (a) las formaciones sociales del régimen soviético se asemejan a las formaciones del régimen nazi -en la organización de un partido único- a la vez que se distingue del régimen fascista italiano, y (b) en cuanto al modo de producción, el régimen fascista italiano se asemeja al régimen nazi –por el modo de producción capitalista- y se distingue del régimen soviético, (c) en términos burocráticos-militares, tal como lo define el anarquismo, los tres países señalados vivieron procesos similares en cuanto a su conformación como Estados modernos, burocráticos y militares: Alemania e Italia fueron tardíamente unificados, por lo cual tardíamente desarrollaron un poder centralizado de carácter monárquico, así como también, tardíamente en comparación a otras potencias europeas, desarrollaron un impulso imperialista conducido a la búsqueda de la hegemonía europea (predominantemente bajo el impulso nacionalista alemán). Un proceso paralelo es el que vivió la Unión Soviética, en tanto la conformación de su monarquía absoluta también fue tardía (siempre teniendo como punto de comparación a Francia e Inglaterra), y tras la consolidación del estalinismo, se logro imponer una política de carácter imperialista.

Teniendo en consideración estas últimas observaciones, es que me propongo realizar un breve análisis de los elementos fundamentales de estos regímenes totalitarios, para lograr una definición más acaba del concepto y renovar su interpretación.

 

 

 

  1. Análisis comparado de las experiencias históricas de los totalitarismos.

 

Ahora me propongo desarrollar un breve análisis de los distintos planes económicos y políticos, partiendo de la observación de algunas de las características esenciales de los regímenes a estudiar. En primer lugar, encontramos los procesos de destrucción y elaboración de planes dispuestos a reemplazar las viejas condiciones sociales anteriores a la irrupción de los regímenes.

  1. El primero de estos regímenes en conformarse fue el de la Unión Soviética (1922), que se creó a partir del proceso iniciado revolucionario iniciado por los bolcheviques, proceso mediante el cual desarrollaron nuevas relaciones sociales de producción, así como también se impulso un nuevo modo de producción socialista, ya no fijado sobre la base del capital, sino que más bien sobre el trabajo. Para realizarla efectivamente, el régimen soviético tuvo que combatir mediante la guerra, los intereses privados, el comercio capitalista al interior de Rusia, y a todos los estamentos burgueses que el orden anterior estaba encubando en sí. Esto llevo a que se efectuaran procesos contra ex-funcionarios zaristas, terratenientes, comerciantes, campesinos kulaks, pequeños comerciantes, y la antigua intelectualidad. Estos  sujetos fueron enfrentados durante la guerra en contra de los ejércitos imperialistas y contrarrevolucionarios (1918-1920) que respaldaban a los ejércitos blancos (como el del general Kolchak) en Siberia, las tierras del Báltico, y el sur de Rusia. Sin embargo, en su afán de establecer el poderío del Estado soviético, fueron capaces de emprender en 1921, dos campañas que no ayudaron en nada a la revolución, como fue la represión de la rebelión de Kronstadt, y contra el ejercito negro conducido también en Ucrania por Néstor Majnó, pues las banderas revolucionarias de los campesinos anarquistas, que exigían la instauración del comunismo libertario, se veían a los ojos de los bolcheviques, como sujetos contrarrevolucionarios. Precisamente, a lo menos desde 1919, Lenin había emprendido una economía de guerra (que extraía recursos y hombres para la guerra del campo), a la vez que paralelamente había destrozado la consigna revolucionaria de “todo el poder a los soviets”, reemplazándola por la centralización y la instauración de la burocracia roja del Partido Comunista Ruso. Es importante mencionar aquí, que en 1922 se constituyo la Unión Soviética a partir de la fusión de la Republica Socialista Federativa Soviética de Rusia, la Republica Federal Socialista Soviética de Transcaucasia, la Republica Socialista Soviética de Ucrania y la Republica Socialista Soviética de Bielorrusia: y se constituyo formalmente como un Estado federal marxista-leninista.

En aspectos económicos, si bien la revolución en su comienzo, se impuso la tarea de suprimir el libre comercio en Rusia, según Orlando Figes, tras la adaptación y fracaso interno de la economía de guerra contrarrevolucionaria en 1921 (aunque otras fuentes como la de otro historiador británico, como H. G. Wells, la contradicen señalando que este fracaso de debió en gran parte a una “sequia sin precedentes”), tuvo que, de algún modo, capitular frente a Inglaterra e Italia y sus planes capitalistas para reanudar las relaciones comerciales. Esta sequia sin precedentes (que no impacto a sus países limítrofes como Ucrania, Rumania y Hungría), llevo al gobierno bolchevique a desarrollar una Nueva Política Económica (NPE), y a reemprender el libre comercio, y a promover el estimulo de la pequeña industria, principalmente alimentaria –aunque esto se emprendió con la idea de que se desarrollara tan solo temporalmente. Este plan significo una concesión del gobierno bolchevique hacia los pequeños propietarios rurales, esto con el fin de salvar provisoriamente el curso de la revolución soviética de su fracaso económico. Sin embargo, esta breve pero importante capitulación, tuvo una enérgica respuesta de los bolcheviques, quienes consideraban este nuevo avance de las posturas individualistas, familiares, de intereses privados como un retroceso, o siquiera como un entorpecimiento a la continuación del proceso revolucionario. Por esta razón es que en 1928 (-1932), se emprendió el Primer Plan Quinquenal (planes a realizar en 5 años), que tenía por objetivo impulsar una rápida y efectiva industrialización de la U.R.S.S., para poder elevarla al puesto de superpotencia, lo que en la práctica significaba poder desarrollar la industria pesada rusa sin depender del auxilio de otras potencias capitalistas extranjeras -ya no como fue necesario en 1921, para desarrollar la agricultura y la producción de productos de consumo. Este primer plan se desplego sobre la base de una gran reforma agraria para la colectivización de tierras, esto para la formación de granjas colectivas consideradas como propiedad colectiva de los campesinos. Los kulaks, medianos propietarios de la tierra, se vieron afectados por esta expropiación y fueron condenados a trabajo forzado, por sus crimines cometidos durante la guerra contra los campesinos empobrecidos. A partir de este momento, la agricultura pasa a convertirse en el sector más débil de la economía rusa, en contraste con el sector industrial que despego durante este proceso, como se había previsto en el plan. Así se desarrollo el Segundo Plan Quinquenal (1933-1937), ya se centro mas en mejorar las condiciones de la población, a la vez que oriento la industria pesada hacia la consolidación de su autosuficiencia, necesaria para el desarrollo de la producción bélica en condiciones de potencia militar. En casi 10 años de funcionamiento de la economía planificada, el crecimiento industrial de Rusia favoreció un aumento en la producción de hierro y acero, que aumento 4 veces, así como la producción de carbón lo hizo 3,5 veces. Sin embargo, de igual modo se concede que este amplio desarrollo de la industria pesada, tuvo como contrapeso, el sacrificio de la industria de bienes de consumo, lo que afecto en parte el nivel y calidad de vida de la población.

Entre otros temas tocados en el libro de Figes Los que susurran, discurre también el tema de la guerra contra la religión y la concepción tradicional de la familia, como una guerra contra la cultura burguesa: de 1924 a 1928 se clausuraron iglesias y se desarrollo una persecución política a los sujetos del ámbito eclesiástico. En cuanto a la destrucción de la concepción de la familia tradicional, se obligo a las familias más ricas a compartir sus palacios, con los trabajadores más pobres de la ciudad, bajo una política llamada uplotnenie (condensación). También menciona aspectos estéticos de las formaciones bolcheviques, así como tambien aspectos relacionados con los programas escolares soviéticos, que estaban destinados a entregar los valores comunistas, en completo rechazo de las formas culturales de la familia pequeño-burguesa, como un sistema entregado a “la producción de activistas”, como señala el propio Figes, a la formación del pequeño orador político y panfletario.

En síntesis podemos ver claramente, ciertos elementos descritos anteriormente, como el de la propagación de un pensamiento único que rebasa el orden burgués, en el sentido cultural amplio, de la destrucción de la familia tradicional burguesa, así como también en términos ya no masivamente “privados”, sino que “públicos”, como en la elaboración y despliegue de todo un plan económico y social destinado a la autosuficiencia, al desarrollo del ideal comunista (que fue acompañado por un proceso paralelo de reforma agraria), para la conversión final, ad portas de la nueva guerra mundial, de la U.R.S.S., en una potencia militar, capaz de rivalizar con las otras potencias.

  1. Ahora daremos un breve vistazo al régimen fascista italiano para dar cuenta de los aspectos que constituyen sus formaciones sociales, y para entender en qué medida el régimen fascista sostuvo al capitalismo. La historia se origina cuando, a raíz de la Revolución Rusa, los sectores terratenientes e industriales atemorizados, decidieron financiar y dar apoyo electoral al sector ultranacionalista de derecha encabezado por el ex-socialista Benito Mussolini, expulsado del partido por sus tendencias belicistas al comienzo de la primera guerra mundial. En 1919, Mussolini fundo los Fasci Italiani di Combattimento, que eran los escuadrones paramilitares conocidos como camisas negras, dedicados a reprimir a los sectores obreros organizados. Pese a su fracaso electoral del 19’, el partido fascista fue ganando poco a poco, espacios dentro del escenario político a costa de una escalada de violencia política, hasta el punto de manipular las elecciones de 1921 y alcanzar 35 escaños dentro del parlamento. En 1922, Mussolini emprende su marcha sobre Roma, junto a sus integrantes de los camisas negras, lo que impresiono al rey Víctor Manuel III, quien, presionado por militares, nacionalistas y la burguesía terrateniente e industrial, le entrego el gobierno a Mussolini quien se convierte en Primer Ministro del Reino de Italia, bajo la promesa de reinstaurar el orden nacional. De este modo Mussolini desata una guerra interna contra todos sus opositores, hasta su erradicación. En 1925, Mussolini la dictación de leyes de excepción, además también este año, se proclamo como dictador bajo el titulo de Duce, esto para poder edificar en corto plazo, los pilares principales de la ideología y el Estado fascista.

La base del sistema ideológico fascista, constituyo la subordinación de cualquier libertad, razón o derecho individual a la primacía del Estado Corporativista, bajo la exaltación y el culto a la personalidad del Duce, que proclamo el despliegue de su poder total, del cuerpo del Estado. Un rasgo predominante del Estado fascista fue su intención de desarrollar un expansionismo imperialista, que tenía por finalidad, la constitución de Italia como el gran bastión de la civilización latina en el mediterráneo.

Más allá de este periodo de instauración del régimen fascista, y a partir de los años 30’, y sobre todo desde la mitad de los 30’, se desarrollo una de las características más destacables del Estado fascista italiano, la exaltación de la juventud, o la llamada socialización fascista –que llego a aglutinar en dos de sus organizaciones, la O.N.B. y su sucesora la G.I.L., a millones de miembros activos-, descrita Edward R. Tannenbaum: durante este periodo, donde destacaban: (1) la importancia de la estructura estética de los mítines, los símbolos y la coreografía política, con insistencia en los aspectos místicos, esto para la captación de nuevos integrantes; (2) militarización de las relaciones y el estilo de hacer política, para alentar un tipo de militancia de masas coherente con las ideas del partido; (3) una evaluación positiva del uso de la violencia política; (4) una extrema insistencia del principio masculino y su dominación, bajo una defensa de una visión orgánica de la sociedad; (5) así como la exaltación de la juventud en perjuicio de otras generaciones, para facilitar los procesos de transformación política. Sin embargo, este deseo de penetración del Partido Fascista en el cuerpo de las organizaciones sociales, especialmente las juveniles, no tuvo el efecto, como podría suponerse de buenas a primeras, de destruir la estructura de clases existentes, como si paso en la U.R.S.S., sino que por el contrario, vino a reforzar las condiciones existentes, y a favorecer a las clases altas terratenientes e industriales.

  1. Por último, tenemos ante nosotros al régimen nazi. Este acontece en medio del contexto de la Republica de Weimar, instaurada en Alemania tras la caída del conflicto mundial, para enfrentar las dificultades impuesta a su economía, a raíz de la obligación de pago de las reparaciones de la guerra. Préstamos de EE.UU., y el Pacto de Locarno, ayudaron a mejorar las relaciones de Alemania con Francia e Inglaterra, pero solo representaron un débil refuerzo a la economía deteriorada desde ya por la crisis económica de 1930. En este contexto es que Adolfo Hitler llega al poder. En 1919, Hitler se había integrado al Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán (NSDAP), participando directamente en la redacción de su programa político, marcadamente anticomunista y contrario al parlamentarismo liberal. De este modo, llego a consagrarse como líder del partido, y llego a encabezar un golpe de Estado fallido, que lo condujo a la cárcel. Es durante su encierro que planifica la creación de las SS, y de las juventudes hitlerianas, además de que durante esta estadia, escribió su libro mas conocido, el Mein Kampf (Mi lucha), donde entrega las bases fundamentales de la doctrina del nazismo. En las elecciones de 1929, el Partido Nazi llego a contar con un 7% de los votos. Sin embargo, tras la crisis económica del 30’, esta situación del apoyo popular fue subvertida radicalmente, cuando en 1932, Hitler llego a obtener cerca de 13 millones de sufragios, siendo aventajado por Paul von Hinderburg, quien quedo como presidente del Reichstag o parlamente, con Franz von Papen como su canciller. Sin embargo, tras una larga serie de intrigas políticas, Hitler llego a convertirse en canciller por decreto del presidente Hinderburg. Es así, como durante los primeros meses como canciller de Hitler, se despliega la persecución policial y de las SS, en contra de las facciones comunistas, con la escusa de reprimir un posible intento de revolución socialista, así como contra ciertos políticos conservadores e industriales adinerados, que llegarían a ser ejecutados. He aquí una primera “pequeña oleada de terrorismo” nazi (como bien lo señala Robert Gellately en su libro No solo Hitler. La Alemania nazi entre la coacción y el consenso) contra comunistas y viejos aliados de Hitler. Así comenzó la nazificación de Alemania. Esta se produjo por etapas, hacia la eliminación progresiva de todas las organizaciones y partidos políticos no nazis. Según nuestro autor,

Hitler nunca se planteo enfrentarse a amplios sectores de su mundo social y someterlos a su voluntad, como hiciera Stalin. Prefirió instaurar un tipo de dictadura único en su especie, y termino realizando lo que el historiador Martin Broszat llama un <<experimento de dictadura plebiscitaria>>. Su objetivo era un sistema autoritario basado en la existencia de un líder que contase con el apoyo popular, y su régimen siempre estuvo obsesionado, cabria decir hasta la paranoia, por la opinión pública y la reacción de los ciudadanos frente a todo tipo de medidas oficiales. Pretendía que los alemanes no solo se adaptasen y acomodasen al nuevo sistema, sino que se sintieran motivados por <<el ideal>>, que ratificaran a los nazis que el Tercer Reich representaba lo <<mejor>> de las tradiciones alemanas, que participaran en las muestras de afecto a Hitler y su visión de la <<comunidad>> y, a nivel práctico, que contribuyeran a hacer realidad el nuevo orden colaborando activamente con la policía y el partido.”

 

El mismo año de ascenso del nazismo comenzaron los campos de concentración para presos políticos y comunistas; el año 1934 se creó el poderoso aparato de propaganda nazi, que se puso a cargo de Joseph Goebbels; el año 1935, empezaron a internar judíos en los campos de concentración; el año 1936 se creó la terrorífica Gestapo, la policía liderada por Heinrich Himmler; el año 1938 comenzó una abierta campaña de persecución y exterminio en contra de los judíos.

También durante este régimen, se desarrollaron ciertos caracteres propios del nacionalismo extremo que también se presentan en la Italia de Mussolini, como por ejemplo, el apoyo entregado por los grandes grupos económicos, ante el temor que les inspiraba el fortalecimiento electoral y sindical del movimiento obrero. Ambos movimientos se abocaron a la creación, la organización de grupos paramilitares y de choque, formados por desempleados, ex-combatientes y delincuentes pagados, ordas fascistas, organizadas para reprimir a los trabajadores organizados y secuestrar a los líderes sindicales. También en Alemania, se desarrollo un culto y exaltación de la personalidad, donde se situaba al líder por sobre las masas para conducirlas. También como ya mencionamos el papel de la propaganda fue determinante en la nazificacion del país, y también llegaron a desarrollar un partido único, con la sola diferencia de que el partido nazi rompió con todas las restricciones al poder del Estado, al igual que la Unión Soviética, mientras que Italia no gozo de un poder tan ilimitado, pues su poder se encontraba demarcado por el rey, y los terratenientes e industriales italianos que temían mas al socialismo. Otra diferencia se da en relación a la forma de xenofobia y racismo, que en Italia la concepción era que la misión de la superior raza latina era la de civilizar al mediterraneo, mientras que la supremacía racial de la raza aria, justifico mas bien el desprecio y el odio contra los extranjeros, la brutalidad criminal del antisemitismo que causo el exterminio de millones de judíos.

 

 

  1. Conclusiones y definición de totalitarismo

Como conclusión, tras analizar distintos caracteres de los regímenes, soviéticos, fascista y nazista, es que el régimen soviético constituye un Estado Federal controlado por un partido único, en condiciones sociales de desarrollo de relaciones sociales de producción y un modo de producción no capitalistas, imponiéndose de este modo al capitalismo con un sistema diferente (imponiendo una relacion de heteromorfía al capitalismo, es decir, al único mercado mundia exterior). En materia política, si bien conservan la misma estructura de un partido único que desea romper con el Estado, al igual que los nazis, la U.R.S.S. lo hace en servicio de una nueva burocracia estatal que pretende conducir un proceso revolucionario anti-capitalista, mientras que los nazis, lo hicieron en servicio de un deseo reaccionario y despótico de corte monárquico y nacionalista. Esta es la razón por la cual los bolcheviques y Stalin decidieron atacar a ciertas clases sociales dominantes, mientras que nazis y fascistas decidieron atacar a las clases dominadas antes que a las dominantes, aunque los nazis poseen este rasgo débilmente. Donde el fascismo arbitra para mantener la estructura de clases, el comunismo soviético plantea la lucha de clases a las clases dominantes para instaurar una nueva clase burocrática. En materia ideológica, se distinguía notoriamente, tanto del fascismo como del nazismo pues, el comunismo arrojaba una propaganda contra las clases dominantes del orden zarista y burgués, bajo el signo y la estrella de la clase trabajadora, mientras que fascistas y nazis, lo hicieron bajo el signo de la superioridad racial por sobre los hostiles y razas consideradas inferiores, todo esto, manteniendo la estructura de clases en Italia, y llevando al Estado a un suicidio en Alemania.

Otra diferencia esencial es que mientras nazis y fascistas desplegaron la violencia como arma principal, como ideologías militares y burocráticas, como objeto primero de sus Estados, donde el pueblo es tomado por “nación” y el brazo militar es el llamado a realizarlo, en el Estado socialista soviético, la violencia y la guerra son solo el producto de una reacción imperialista contra la revolución, pues la revolución no tuvo por objetivo y principio la guerra. No es, si no, hasta 1928 que la Unión Soviética comienza a desarrollar industria pesada y material bélico, y no será hasta el Segundo Plan Quinquenal, que consolidan esta rama productiva, cerca de 20 años después de la revolución de octubre.

Si como establecí previamente, el totalitarismo constituía un fenómeno de modelación y búsqueda de la búsqueda de la superioridad imperialista de corte nacionalista, así como de control por sobre todo el cuerpo social desplegado, mediante la puesta en movimiento del Estado deshecho por medio de la masas, la realización de un modelo burocrático y militar, debemos señalar que los soviéticos subvirtieron el orden imperialista capitalista tradicional, desarrollando un máximo de Estado para crear una nueva burocracia dominante de corte socialista, cuando el totalitarismo supone realmente la contrario, la conservación del capitalismo, un mínimo de Estado para el desenvolvimiento del mercado y los empresarios, como en el anarcocapitalismo. Bajo esta nueva interpretación  que ofrezco, el Estado totalitario supone la propia destrucción del Estado, es decir, la desprotección social y de los trabajadores y sus derechos. A lo mejor sería más correcto señalar que los soviéticos supusieron lo contrario, la obligación del trabajo.

En relación a esta regla establecida, quizás podamos desarrollar una distinción entre la forma de totalitarismo y la del fascismo, según las directrices establecidas por Paul Virilio. Nuestro autor señala que, en el fascismo, el Estado es mucho mas suicida que totalitario –refiriéndose al régimen nazi. Esto nos lleva a sugerir la tesis de que el totalitarismo es esencialmente conservador, mas como lo fue el propio fascismo italiano, mientras que el Estado fascista de los nazis, que tiene por objeto primero la guerra, y nada más que la guerra para extender el Estado, es un Estado propiamente suicida, un cáncer propio del capitalismo. En este sentido, el Estado fascista italiano fue menos un Estado suicida, y si mas un Estado conservador que se cerró sobre sí mismo, para obstruir otras salidas a la estructura de clases capitalista, conservando de mejor modo el canon capitalista. De algún modo, el propio Hitler llego a subvertir el orden capitalista, pero como ya mencionamos lo hizo sobre el afán de restaurar el principio monárquico sobre el capitalista. Por lo cual, se podría decir que el Estado fascista-nazista se construyo un Estado totalitario, pero no en el sentido de que un ejército se toma el poder, sino que en  cuanto un partido, junto con múltiples organizaciones gremiales y empresariales se apoderan del Estado, pero no para cristalizar la estructura de clases interna, sino que para poner en movimiento a las clases y hacerlas pasar por un flujo de guerra absoluta, conducida determinadamente hacia la guerra.

Por lo cual en síntesis: el Estado socialista soviético se constituye su origen mas como un Estado burocrático que se encuentra en relación de heteromorfia con respecto al plan capitalista, aunque tras la consecución de una industria pesada de guerra pudo haberse orientado más hacia un polo totalitario, en el sentido despótico y político; el Estado fascista italiano, se desarrollo propiamente, como un Estado totalitario, en el sentido de un despliegue propiamente capitalista del corporativismo, bajo la mantención del sistema dominante, con el solo fin de mantener a raya a los socialistas, con el objetivo de convertirse en Estado de centro, dentro del sistema internacional; mientras que, el Estado nazista alemán, fue propiamente un Estado fascista, una mejor realización del fascismo como hijo bastardo del capitalismo, más propiamente fascista y menos integrado al capitalismo mundial, en el sentido de desarrollar una economía de guerra absoluta y total, desde los propios orígenes, lo que lo llevo a una política suicida que decidió su suerte durante la segunda guerra mundial: ganar o morir. El Estado nazista, Estado fascista se apropio y construyo un Estado totalitario, solo para poner su aparato estatal en función de la guerra ilimitada que pretendían desplegar. En síntesis, con ciertos matices, tanto el fascismo alemán como el fascismo italiano dan muestras de constituir gobiernos totalitarios, Estado italiano bajo la forma de un totalitarismo conservador, y el Estado alemán bajo la forma de un totalitarismo suicida.

Para sintetizar, y como bien lo demuestra el historiador anarquista Daniel Guerin, lo que define al totalitarismo no es la importancia del sector (como a lo menos se intento hacer durante los primeros tiempos de la Unión Soviética), puesto que la economía, en la mayoría de los casos, sigue siendo “liberal”, sino que más bien el artificial aislamiento monetario e incluso industrial. Este rasgo es el que mejor determina que el fascismo italiano y el nazismo alemán puedan ser considerados Estados totalitarios.

 

 

El proceso de la República Bolivariana de Venezuela. Diez años de ¿reforma o revolución? (1999-2009) (Camilo Reyes)

  1. Introducción.

   Para comprender más fielmente el proceso de Venezuela, y poder responder posteriormente a la interrogante de si este proceso bolivariano puede ser caracterizado como un proceso de “reforma” o de “revolución”, es necesario considerar, en primer lugar, algunos aspectos previos que definen el panorama del país que recibe Hugo Chávez en 1999, principalmente en sus factores sociales, ideológicos, políticos, y económicos-energéticos: esto a raíz de que partimos de la tesis de que todo proyecto político nuevo, que aspire a transformar radicalmente las condiciones sociales en general (ya sea por medio de una revolución o la implementación de reformas de corte radical), puede verse determinado y limitado por ciertos aspectos concretos que podrían delimitar el desarrollo de un proceso planificado de otro modo, en términos ideales. Con este pequeño juicio, estamos reconociendo un par de sospechas previas, o preceptos subjetivos que guían nuestro análisis: (1) reconocemos, en primer lugar, que de los tres procesos enmarcados en el Mercosur de carácter transformacional del neoliberalismo, el proceso boliviano de la Revolución Plebeya y el proceso ecuatoriano de la Revolución Ciudadana, el proceso venezolano de la Revolución Bolivariana, fue el que más radicalmente rompió con el orden neoliberal oligárquico y sus tendencias; y (2) por otro lado, debemos reconocer que a pesar de nuestra tesis previa, aun no podemos determinar con claridad hasta qué punto la Revolución Bolivariana fue un proyecto que rompió con el neoliberalismo, al punto de definir si nos encontramos frente a una reforma o una revolución. Por lo cual podemos decir que: a pesar de reconocer casi previamente a nuestro estudio, un proceso de transformación con respecto a las condiciones previas existentes en Venezuela, aun no podemos determinar la distancia real existente entre el modelo chavista y el modelo propiamente capitalista, para determinar si nos encontramos frente a un proceso reformista o revolucionario, o alguna posible mixtura de ambas.

En primer lugar, antes de entrar de lleno a un análisis de las condiciones de Venezuela, antes y su transformación en el curso de la Revolución Bolivariana, quizás a favor de la justicia, y poder dirimir de mejor modo la interrogante que nos convoca, debamos establecer nuestra definición de reforma y revolución. Con respecto a la reforma, nos parece que es un concepto ampliamente aplicable a una serie de gobiernos de corte progresistas, que logran establecer reformas de carácter más bien moderado, con la principal característica de que se efectúa o impulsa por vía democrática. Opino que en materia de definiciones, revolución y reforma distan precisamente en cuanto a los medios y los fines. En cuanto a los medios, la revolución se distingue notoriamente de la reforma, en tanto la revolución se efectúa, casi por definición, bajo una vía violenta, no-democrática, pues la revolución toma por asalto lo que la reforma debe hacer pasar por un proceso democrático lentísimo. Ahora, de acuerdo a los fines que pueden proyectar una reforma y una revolución, debemos señalar que la reforma emplea los medios legales para poder conseguir transformaciones dentro del sistema capitalista. Sin embargo, esto no nos dice nada, si lo comparamos con la revolución, pues la finalidad de hacer una revolución, muchas veces puede ser desarrollar reformas de corte más radical, que en condiciones de democracia burguesa serian imposibles de impulsar, sin esperar una contrarrevolución conservadora, como sucedió en el caso de Allende. Por último, también en relación a este tema, debemos señalar que una revolución también puede llegar a distinguirse por el grado de sus propuestas: por ejemplo, una revolución en su polo mas reformista aspirara a convertirse en una revolución política (para instaurar una nueva constitución, nacionalizar recursos, emprender una reforma agraria, etc.), es decir, una revolución democrático-burguesa, mientras que en el polo más propiamente revolucionario, aspira a convertirse en una revolución social, la forma mas perfectible del ideal socialista pues, donde la revolución política es impulsada por una minoría, para ser impuesta a la mayoría, la revolución social es emprendida por amplios sectores del mundo popular y social. En este sentido, esta última expresión de la revolución, aun permanece en el sueño latinoamericano, esperando su manifestación. De todo lo expuesto en torno a los conceptos de “reforma” y “revolución”, podemos concluir determinantemente, que por imposibilidad, estos gobiernos chavistas no han emprendido una revolución social, que fue nuestra definición más extrema y perfecta de una revolución socialista, mientras que de otro lado, si hay que reconocer que esta R. B., ha superado con creces a los meros gobiernos reformistas neoliberales latinoamericanos, por lo cual -según mi tesis-, nuestra interrogante se debiese reducir a saber si la Revolución Bolivariana emprendió un gobierno reformista con ribetes revolucionarios, o más bien constituyo, en el periodo estudiado, un gobierno que se ha propuesto realizar una revolución política. Para determinar esto, lo mediremos por sus principales resultados socioeconómicos.

 

  1. Panorama del país que recibe el gobierno Bolivariano de Chávez.

Lo primero es señalar las condiciones en que Chávez recibe el país. Esto es, principalmente, en una situación de crisis del modelo económico rentista, en condiciones de dependencia económica con respecto al sector externo. Esta crisis se enmarca, en un nivel internacional, entre la crisis estructural del petróleo de 1973-1974, y la serie de crisis coyunturales de 1978-1980, de 1997-98 y de 2000-2001, detonando en una crisis de estanflación. Otros datos señalan que desde los 70’, se estableció una tendencia decreciente en los ingresos fiscales reales per capita, así como también un descenso del salario real, que cayó más de la mitad de 1978 ($5.200) a 1999 ($2.000). El porcentaje de la deuda externa pública pasó de un 5,2% en 1975 a 38,6% en 1998. En cuanto a la producción de petróleo, podemos decir que si bien no decayó, como las otras cifras expuestas, su aumento de 1976 a 1998 fue de tan solo 1 MMb/d.[1] En palabras de Jorge Pérez, Ex Director de la Escuela de Economia de la Universidad Central de Venezuela: “La crisis se manifiesta en toda su potencialidad a mediados de los 90 ha sido caracterizada como sistémica. Para ese momento la depresión del precio de las materias primas a nivel internacional, la exclusión social, inestabilidad regional, carácter mono productor de nuestra economía, entre otras pintaba un cuadro muy preocupante del futuro del país y comprometía su estabilidad.”[2]

Jorge Pérez en su artículo Desafíos de Venezuela en el siglo XXI -hablando desde muy cerca en lo político-económico-, entrega muy buenos datos duros, tanto con respecto a las condiciones de los factores económicos, sociales, ideológicos, políticos, energéticos –que el autor cataloga la situación de, “panorama…aterrador”; y también con respecto a los logros más resaltantes” emprendidos hasta 2009. Como lo que nos interesa, es resolver la pregunta de si la Revolución Bolivariana fue un proceso de “reforma” o de “revolución”.

 

  1. Panorama del país a partir del gobierno Bolivariano de Chávez hasta el 2009.

Dentro de los logros que Jorge Pérez destaca, durante los 10 primeros años de la Revolución Bolivariana, con respecto al panorama anterior, se encuentran los siguientes: (1) la pobreza extrema disminuyo en 54%: En 1996, el 42% de la población venezolana estaba en situación de pobreza extrema. Al 2007 disminuyo a 9,4% de la población.

(2) Según el Índice Nacional de Desarrollo Humano de Venezuela era de 0,6917 (un nivel de desarrollo medio). El 2006 subió a 0,878 considerado un rango alto).

(3) En 1998 la inversión en educación era de 3,38%. En el 2007 subió a 5,43, sin contar con la inversión de los gobiernos  regionales, locales: la Misión Robinson II, la Misión Ribas, la Misión Sucre, la Misión Che Guevara.

(4) Ampliación del número de usuarios de internet: de 680.000 personas en 1999 a 4 millones de usuarios en el 2006.

(5) Con respecto a las Pensiones, desde 1999 a agosto del 2007, 649.498 venezolanos se integraron como pensionados.

(6) En materia de acceso al agua potable: en 1998 un 80% de la población tenía acceso a ella; en 2007, ha subido a un 92%.

(7) Tras superar el “paro” y el “sabotaje” (en apreciación del propio autor), el 2004 se llego a un crecimiento económico record histórico: un 18,3%.

(8) la deuda pública total, disminuyo de un 78,1% en 1989 a 18,5% en el 2007 con respecto al PIB total.

(9) A partir de mayo del 2007, el salario mínimo se convirtió en el más alto de América Latina. El salario mínimo se ha recuperado en 512% desde 1997.

Todos estos datos aportados son logros en materia socioeconómica, pero ya podemos dar cuenta de que los logros de esta Revolución en materia socioeconómica, a lo menos durante los 10 primeros años fueron extraordinarios.

 

  1. ¿10 años de revolución o reforma? Conclusiones.

De esta breve exposición de los datos duros expuestos por este economista cercano a la oficialidad, podemos dar cuenta que el emprendimiento de las políticas económicas de Venezuela, a todas luces tuvieron efectos positivos en materia socioeconómica, sobre todo en lo relacionado a la eliminación de la pobreza extremas, inversión en educación, aumento del desarrollo humano, ampliación del sistema de agua potable, disminución de la deuda pública total, son signos de que nos encontramos frente a un proceso revolucionario, en subvertir el orden anterior, que tenias rasgos de decadencia social. Esto nos lleva a afirmar nuestro punto anteriormente señalado, de que trátese de una revolución o una reforma, los efectos de los primeros años de la Revolución Bolivariana, fueron radicales, por no decir “revolucionarios”, y confundir con ello los medios que distinguen una revolución de una reforma (el medio de la violencia). Pero en su finalidad consiguió logros que pueden ser catalogados de revolucionarios. Sin embargo, el hecho es que es un rasgo determinante, el que Chávez allá sido escogido democráticamente, en tres periodos. Reformas revolucionarias por la vía reformista, pacifista de la democracia. Esta elección permitió, durante el primer mandato, en 1999, instaurar una nueva constitución, y en 2005 emprender una reforma agraria. De pronto, frente a estos últimos datos expuestos, debemos destacar la figura y recordar los objetivos de las revoluciones democrático-burguesas, pues Chavez emprendió dos elementos fundamentales para la realización de las revoluciones burguesas, crear una nueva constitución, lo que implica reemplazar el viejo aparato institucional político, por una nuevo, mientras que de otro lado, emprender una reforma agraria, expropiando a los terratenientes para dar a los campesino pobres, tambien constituye un elemento importante dentro del programa de toda revolución democrático-burguesa.

A raíz de los últimos elementos incorporados a este breve análisis, he podido concluir que la Revolución Bolivariana, fue durante los primeros 10 años, y continua siendo hoy, un gobierno reformista democrático-burgués, de carácter más nacionalista y proteccionista en cuanto a la política exterior y las políticas sociales. Principalmente, las finalidades entre un reformista radical y un político revolucionario son las mismas, el conseguir instaurar el orden democrático-burgués, a través de la realización de una constitución y la realización de una reforma agraria. Sin embargo, sus armas son distintas, y eso es lo que los separa, el medio de realización. Mas allá de encandilarse con los logros de carácter revolucionario político, con el riesgo de llegar a enceguecerse, debemos reconocer que los medios del proyecto Bolivariano, son finalmente los medios democráticos, por lo cual su proceso no puede llegar a ser catalogado de revolucionario, aunque sí podría catalogarse de democrático-revolucionario.

 

 

 

 

 

[1] Jorge Pérez Mancebo, Desafíos de Venezuela en el siglo XXI, en DEP: Diplomacia, Estrategia y Política/Proyecto Raúl Prebisch n.10, octubre/diciembre, 2009, pp. 279-280

[2] Ibíd. Pp. 280

Tres líneas interpretativas del Imperialismo: Económica, político-militar e ideológica. (Camilo Reyes)

Introducción

 

El objetivo del presente trabajo es desentrañar las características principales del Imperialismo. Este proceso ha sido caracterizado y delimitado por Hobsbawm como la era del Imperialismo y abarca el periodo comprendido entre 1880 y 1914. Sin embargo, al estudiar el proceso, nos damos cuenta inmediatamente que sus orígenes se remontan cuando  menos a la primera siglo XIX, periodo de un nuevo impulso al colonialismo, en el cual se produce simultáneamente, de un lado, la desintegración de los viejos imperios coloniales de América (España y Portugal –también Holanda aunque aún no se derrumbaba) en las primeras décadas de 1800, mientras que de otro, se desarrolla un nuevo periodo de expansión colonial ultramarina europea (el primer proceso había sucedido entre los siglos XVI y XVII), durante el cual otras potencias europeas que no incidieron mayormente en el primer periodo de colonialismo, las potencias lideradas por Inglaterra que relevaba en lo hegemónico a Holanda en 1850, Francia y Rusia, ocupando múltiples territorios en África, Asia y el Pacifico.

En vista del periodo colonialista previo al imperialismo, creo que la forma más satisfactoria de abordar y entender este complejo proceso, es desde la contrastación de tres planos que permitirán una comprensión satisfactoria del imperialismo. Comprender el proceso de transformación efectuado a partir de 1870-80 -periodo en que surge tanto el Imperio Alemán como potencia militar, así como también, se abren las puertas a la era del imperialismo-, en los tres ejes: económico, político-militar, así como también en el eje ideológico.

Algunos de los elementos presentados en los tres ejes propuestos, se encuentran evidentemente entremezclados, yuxtapuestos o bastante relacionados, pero el enfoque de análisis particular de cada plano, permitirá visibilizar desde ángulos distintos los mismos problemas interrelacionados. Por ejemplo, es evidente que el ángulo económico del imperialismo, se encuentra completamente desligado de la política estatal en Inglaterra, sin embargo, en Alemania los hechos parecen evidenciar lo contrario, una fuerte política estatal que domina la economía. Por otra parte, esta fuerte política estatal alemana, se encuentra evidentemente impulsada por factores ideológicos y por los mismos modelos industriales y colonialistas de Inglaterra, su principal rival hegemónico, aunque sea una influencia en el sentido negativo, como modelo económico de libre comercio. A su vez, factores económicos, parecen arrastrar a los factores ideológicos, en tanto que el fracaso de los postulados esenciales de la ideología liberal durante el siglo XIX, en su intento de combatir el despotismo, arrastra al surgimiento y regeneración del pensamiento nacionalista, como un retorno a los gobiernos monárquicos. Elementos de un conjunto se encuentran estrechamente relacionados con los de otro eje, por lo cual al hablar desde un ángulo sobre una materia de conocimiento, en otro ángulo se puede presentar una nueva interpretación que redefina a las anteriores interpretaciones. Existe una diferencia real en el análisis de cada plano, pero se encuentran en relación de presuposición reciproca unos con otros.

Hacia el final aventurare algunas conclusiones y realizare un repaso entorno a las principales relaciones entre los elementos contrastados.

 

 

  1. El eje económico del Imperialismo

 

Para esta interpretación económica, debemos considerar como una de las observaciones generales en torno a esta nueva colonización que produce al imperialismo, el que esta implico en sí, la inversión de capital en gran escala, extraordinarias cantidades de capitales disponibles para ser usados. Las nuevas colonias incorporadas durante el siglo XIX, constituyeron fuente de atracción a la inversión colonial, que puso en movimiento grandes capitales de otros sectores de la actividad económica hacia ella, y esto prácticamente se mantuvo del periodo anterior a 1870, al posterior. Siendo justos con nuestra observación económica, debemos admitir desde ya, que en este periodo, el solo eje económico no podría explicar el imperialismo como proceso, sin embargo, puede dar indicio de las estructuras militares, de los complejos industriales militares, que constituyeron focos económicos, estructuras que chocaron y se destruyeron a nivel internacional, durante las guerras mundiales. Entonces esta observación económica general por sí sola, no nos permitiría trazar una marcada línea entre los periodos antes y después de 1880. Sin embargo, si prestamos atención en la dinámica del colonialismo, y en el agotamiento de esta dinámica, sobre todo en el choque de las estructuras económicas, podremos dar cuenta de un cambio de actitud de los Imperios, a partir de 1870-80, y de la creciente belicosidad y celo producido entre la hegemonía Inglesa y la nueva potencia militar del Imperio Alemán. Si en la primera etapa del colonialismo, y posteriormente en el imperialismo propiamente tal, lo que alentaron los países europeos, fue la expansión económica sin precedentes, desde 1870-80 se produce una progresiva orientación económica hacia la guerra y en esta época es que se conforman los complejos militares industriales que amenazaron y amenazan hoy la seguridad mundial. Esta época post-80’ se caracteriza en lo económico, por el consolidación y posterior choque de los grandes monopolios comerciales, los cartels y los trusts. En Alemania, al igual que fue en Inglaterra anteriormente, se impulso una economía nacional, sustentada en grandes monopolios comerciales, con la intención de competir agresivamente la hegemonía europea. De algún modo, la disputa política y militar que se desarrollo entre estas dos potencias, fue la de una economía capitalista de libre comercio, como la inglesa, que había liquidado su propia economía interna, que no fuese la industrial, y el de una economía alemana naciente, proteccionista, que conducía la economía por medio del Estado, aunque igual lo hiciese movido por fines económicos privados.

Algunos factores económicos que impulsaron el surgimiento del imperialismo, fueron el carácter cambiante de las economías europeas en aquella época, que viene directamente relacionada con la expansión y globalización de la industrialización desde 1850. Algunas teorías de las expuestas en el libro de D. K. Fieldhouse, Economía e Imperio. La expansión de Europa (1830-1914), señalan que para Europa, fue necesario anexionarse áreas coloniales ultramarinas, para extender el comercio metropolitano y la producción, abriendo nuevos y seguros mercados que proporcionen materias primas necesarias a la industria y el consumo. Esta es la llamada tesis del Imperialismo comercial. Otra de las tesis económicas señala que las nuevas colonias, representaron campos de inversión de capital, como ya habíamos mencionado anteriormente. Algunos productos europeos se encontraban en condiciones de subconsumo o monopolizados por algunos capitalistas, lo cual impulso a nuevos inversores a controlar los mercados coloniales y abaratarlos de sus productos.

En el libro de George Lichtheim, El Imperialismo, se propone una interpretación paralela, donde la finalidad “comercial” no representaría una característica del proceso del imperialismo, y mas bien, el adjetivo “comercial” sería aplicable a la etapa anterior a 1850. La línea divisora fundamental la constituiría la globalización de la revolución industrial, que llevaría a la producción de nuevas fabricas donde trabajan maquinas y mano de obra libre, mientras que antes el capitalismo comercial lo hacía con mano de obra esclava. Esta interpretación liberal se ajusta de mejor forma a los hechos acontecidos en Inglaterra, y su modelo económico. Sin embargo, para el modelo alemán, efectuado decididamente a partir de 1870-80, era posible desarrollar, a la par del proceso de industrialización, una política económica de carácter nacionalista, única, perfectamente racional que rechazaba el laissez-faire. Inclusive en Inglaterra, a partir del surgimiento de la potencia alemana, en 1870, derribo su anterior pensamiento hegemónico favorable al libre comercio (emprendido desde 1846 con la abolición de las leyes de los cereales), trastocándolo lentamente a partir de 1875, y hacia el final de siglo, con el debilitamiento de su posición global, volviéndolo susceptible del nacionalismo económico. Inclusive, a partir de 1875, la política de dominación militar británica en la India, comenzó a ser alimentada por la animosidad y la discriminación racial hacia los asiáticos, hasta arraigar y hacer proliferar esta mentalidad en los oficiales profesionales del ejército.

Debemos señalar como ultimo hecho importante a destacar en el aspecto económico, el hecho de que durante la década de 1880, se desarrollo la carrera por la conquista África, y Gran Bretaña la efectuó apoyándose en su Imperio formal, en Egipto, Africa y sobre todo en la India, razón por la cual, su imperialismo adquirió las formas descritas para la acumulación original en América y África por Marx, y posteriormente por Rosa Luxemburgo: la expansión colonial implico la destrucción de las industrias textiles locales a favor de las industrias textiles británicas.

En síntesis, debemos señalar que en la era propiamente del imperialismo, de 1880-1914, se produjo un incremento global del comercio y la producción en dos etapas, según Hobsbawm: (1°) de 1880 a 1990, una etapa de contención y eliminación de la competencia, una tendencia al monopolio y oligopolio industrial por los principales estados productores industriales (la hegemonía del capitalismo monopolista, que es la expresión de la cooperación entre varios capitalistas para crear una empresa mayor); y (2°) de 1900 a 1914, una etapa de concentración que avanza por medio de la competencia, y que ayuda a la consolidación de los monopolios, las corporaciones, los realización de grandes negocios y de grandes empresas a nueva escala. Las países potencia hicieron monopolios y oligopolios de las industrias pesadas, que de este modo se constituyeron como empresas dependientes del gobierno, esto, en el sector armamentístico, de industrias de energía, petróleo y electricidad, de transporte, de los mercados del jabón y el tabaco, por ejemplo, en EE.UU. Es importante señalar que para 1914, esta forma de capitalismo corporativo se encontraba bastante consolidada, al punto de que hasta un reducido número de Grandes Bancos y sociedades anónimas con redes de agencias nacionales, llegaron a sustituir a los numerosos bancos privados que los antecedieron.

 

 

  1. El eje político-militar del Imperialismo

 

De este eje político militar ya hemos mencionado algunos elementos previos, al señalar el trascendental rol que cumplió la política económica en el contexto del imperialismo. Esta política nacionalista fue la que alentó a los alemanes a volverse colonialistas, a retomar las formas despreciadas por el liberalismo, pero que nunca fueron usadas por Alemania anteriormente, es decir, la utilización y valoración del mercantilismo económico, misma postura nacionalista que de alguna forma rehabilitaría Inglaterra, a partir de su decadencia liberal, en vista de la necesidad de conservar su hegemonía en el mercado mundial -aunque lo hiciesen o considerasen como un mero instrumento de lucro, y no como un fin en si mismo.

Un elemento importante del eje político-militar, contenido en el libro ya mencionado de D. K. Fiedhouse, que consolido la serie de tensiones en las relaciones internacionales, y que llevo a incrementar los armamentos (entre 1890-1900), fue el nacionalismo exaltado que se comenzó a manifestar en movimientos populares nacionalistas, dentro de los países potencia, alentado por la elite nacional y su brutal competencia económica y militar emprendida entre las potencias. La discontinuidad en materia política, acontecida desde 1870-80, que marco el inicio del imperialismo, produjo paralelamente, un aumento de las actividades diplomáticas surgidas a partir de las disputas coloniales. El fracaso de estas actividades políticas, se comenzó a hacer más evidente para 1900, y este fracaso de la cooperación tenía a las potencias al borde de la guerra. El cambio más representativo post-70’, consistió en que las colonias que antes eran exigidas para expandir los mercados, ahora eran utilizadas para ponerlas al servicio del poder imperial. Basta con observar la utilización de Inglaterra de la comunidad de los sijs en la India, que posteriormente, en la primera guerra mundial participarían en número de más de 100.000 soldados, representando al 20% de los soldados ingleses. Esta teoría política señalada por este autor, consiste en que el imperialismo fue el producto en gran parte, de iniciativas y decisiones tomadas por gobernantes, políticos y funcionarios superiores de Europa, pues en el contexto del nuevo sistema de poder surgido con el imperialismo, los estadistas jugaron un rol fundamental en el impulso de adquirir posesiones ultramarinas. El rol que jugaron estos líderes políticos en la consolidación de estrategias geopolíticas para negar a los rivales extranjeros las áreas geográficas de mayor importancia.

Las más importantes características enunciadas por George Lichtheim, para el caso de las potencias que se disputaban la hegemonía europea son:

(a) Para Inglaterra, la política y por ende la economía del país, quedo dirigida, a lo menos desde 1850, época del auge de la revolución industrial en Europa, por los empresarios industriales, y por la tendencia política del liberalismo económico, que había sepultado ya las esperanzas proteccionistas y los agricultores, destino que ya se había encausado con la abolición de las leyes de los cereales en 1846. Sin embargo, a partir de la década de los 70’, esta hegemonía liberal fue alterada por la irrupción del poder industrial alemán, y la nueva hegemonía y unificación conseguida con la derrota de los ejércitos franceses, bajo sus pies. La coyuntura económica señalada anteriormente, del carácter general de la expansión económico, vino a ser reforzada en el sistema internacional por medio de la acción primordial de los Estados, como naciones imperiales más que republicanas, con la excepción de Francia.

El eje económico que no es primordial en la acción de los Estados, que es mas bien de carácter político, que cruza el contexto de todos estos países con sus particularidades es, como señala Hobsbawm,  la transformación de la estructura de las grandes empresas, producida entre 1880 y la primera guerra mundial.  Esta transformación implico la caída del liberalismo, señalada también por nuestros otros autores señalados, entre 1870-80, como característico del imperialismo. Este fenómeno se manifestó de diversa forma en las dos potencias hegemónicas más importantes del momento. En Inglaterra se produjo esta transformación a raíz de la entrada de este país en la carrera por el África de la década de los 80’, y también por el progresivo debilitamiento de la posición capitalista de Inglaterra en la esfera global, amenazado principalmente por Alemania y su industrialización creciente. De este modo, es que arrojado a la competencia por la repartición de África, afianzo aun más sus lazos coloniales con Egipto, África y sobre todo la India.

(b) En Alemania, a la mano invisible -el gobierno de los grandes empresarios capitalistas, se le impuso la organización y dirección de los ingenieros, ejecutivos y contadores, los nuevos administradores. Mientras que en Inglaterra esta transformación de la estructura laboral y la racionalización en términos de Max Weber, ocurría en el supuesto beneficio de aumentar la riqueza nacional, en Alemania ocurrió bajo el pretexto del autoengrandecimiento de la nación. Al individualismo del libre comercio, se le opuso la colectividad de la corporación, y la revalorización de los técnicos en una sociedad tecnologizada por la industrialización. Desde ahora en las empresas, el hombre de negocios servirá como un ejecutivo asalariado para una institución. Y estas instituciones, las Konzerns, están completamente ligadas a la dirección del propio gobierno nacional, como lo hemos señalado anteriormente. Todos los procesos económicos y laborales son comandados por la acción del Estado, como método para lograr un aumento del poderío del Estado. En este contexto cultural es que resurge el nacionalismo económico de Inglaterra, quizás como respuesta a su propio fracaso y a la irrupción de la industria alemana.

El elemento político más importante de la política alemana, desde el punto de vista del imperialismo, es que el Reich de Bismarck, se encontraba extendido y limitado a los antiguos territorios del Sacro Imperio Romano, esto en plano Europa central. Por lo cual sus ambiciones de grandeza, para un país que nunca vivió un periodo Imperial, fuertemente monárquico, y que tampoco produjo un periodo colonial de carácter imperial, fueron de expandirse hacia Austria-Hungría y Turquía. Esta posición anhelada por Alemania, ponían en jaque las aspiraciones hegemónicas en Europa, tanto por Inglaterra en el Occidente, como por la Rusia zarista, desde el Oriente. Esta política agresiva hacia su rival Inglaterra, le llevo a emprender la colonización en el África, y a iniciar su carrera de armamentos navales. Por otra parte, contra los Rusos, y en general los pueblos eslavos, lanzo una política pangermanista de carácter racista, esto quizás a raíz de una supuesta rivalidad nacionalista entre germanos y eslavos. Las ambiciones del zar no eran menores que las ambiciones del reich por tierras coloniales, pues paralelamente es sabido que Rusia deseaba adquirir Constantinopla, al igual que Alemania.

En síntesis, el objetivo primordial de la política exterior alemana, durante el gobierno de Guillermo, a partir de 1890, ya no fue África, sino que Europa central, y a más largo plazo, Turquía, que era una puerta de entrada estratégica hacia medio oriente.

 

 

  1. El eje ideológico del Imperialismo

 

Sin duda ya se han mencionado ciertos elementos ideológicos de vital importancia, por ejemplo, en el hecho de que en el plano ideológico, a lo menos durante la primera mitad del siglo XIX, el liberalismo económico y el libro comercio (defendido por teóricos como Adam Smith y David Ricardo, entre otros), predomino en los países hegemónicos como Holanda, y posteriormente Inglaterra, pero que, a partir de la industrialización global iniciada en 1850, en las últimas décadas de este siglo, con el desarrollo del imperialismo de hecho, surgió fuertemente, y se consolido hacia 1914, el nacionalismo económico tanto en Inglaterra como en Alemania, aunque el sentido otorgado por Inglaterra a su transformación estructural fue de maximizar sus riquezas y afianzar su dominio económico, es distinto al otorgado por los alemanes, que desearon posicionarse como imperio en Europa central, amenazando los intereses de Inglaterra. He aquí la importancia de la tradición mercantilista para Alemania, un país que nunca efectuó esta economía, pues los teóricos del capitalismo de la mano invisible, ya veían como una etapa superada, esto que los alemanes vieron como la posibilidad de autoengrandecerse y conquistar la hegemonía europea, que ya habían conseguido parcialmente con la derrota de Francia. La ideología contrapuesta, utilizada por Alemania fue el nacionalismo económico apoyado en una revolución industrial. Su ideología era subversiva a los ojos de los pensadores liberales pues, los señalado por los mas aventurados autores conservadores alemanes, era que el gobierno democrático en Alemania estaba condenado a desaparecer, pues la propia forma imperial de Alemania, impedía la realización de la forma democrática, pues la una desprecia a la otra. De la Escuela histórica Alemana, es que surgen dos personajes importantes de la corriente del nacionalismo económico: Friedrich List (1789-1846) y su sucesor y más influyente teórico, Gustav von Schmoller (1838-1917). El segundo señalaba que el modo de aumentar el poder de la nación, con el fin de engrandecerla, consistía en que el proceso económico fuese guiado por el Estado y que la vida económica en general, debía depender de la formulación de decisiones políticas, tradición que retomaran los nazis posteriormente, bajo la figura de su teórico político Carl Schmitt. Este autor, se apropio del mercantilismo, pues tanto Alemania como Italia, nunca habían participado de la esfera mercantil, a lo menos, hasta principios del siglo XIX. Por esto constituía una misión nacional, el buscar la grandeza imperial que otros ya habían codiciado, disputado y rozado con los dedos. El objetivo de esta política es ampliar el poder del Estado, mediante un proceso de industrialización, mediante una política económica exterior de carácter proteccionista, de los intereses de los grandes terratenientes alemanes, y mediante el rechazo del libre comercio.

Alemania refleja claramente la vinculación entre el antiguo mercantilismo y el nuevo imperialismo, que Inglaterra parece no ser tan visible, a raíz del librecambismo, en la ilusión de su bonanza capitalista que vivió de 1850 a 1875-80. Alemania tardíamente había conformado la estructura imperial, siendo que por ejemplo, Francia e Inglaterra, ya incorporaban procesos conducentes a las revoluciones burguesas, que en Alemania y Rusia se encontraban atrasadas. La etapa que experimento Alemania, fue una en que coincidió la grandeza de la hegemonía militar continental de un lado, con la grandeza de la hegemonía económica industrial de otro, momento propicio, a ojos de los altos funcionarios de los Estados Mayores, de acrecentar el poderío del Estado, también sobre su rival capitalista, Inglaterra.

Más allá de esta disputa entre el pensamiento liberal (que con la arremetida del nacionalismo, quedo reducida a simple y despreciable “utilitarismo”), y el pensamiento nacionalista económico, queda por ver un elemento señalado en El Imperialismo de George Lichtheim, sobre la constitución del pensamiento imperialista, que llevo a la creación de movimientos populares para la defensa del pueblo-nación, que ya mencionamos para el racismo ingles anti-indio, pero que tuvo sus manifestaciones en Alemania con el volkstum anti-eslavo, y en Rusia con el narodnost. Principalmente, el autor plantea que en un primer nivel ideológico, se encuentra el patriotismo de los campesinos, que manifiestan su amor y defensa por la tierra que los vio nacer y crecer, por su campo, parcela o aldea. En segundo lugar, se encuentra el nacionalismo propiamente tal, que se distingue ya del patriotismo por su naturaleza, como diría el anarquista Bakunin: el patriotismo depende de un hecho y circunstancia natural y geográfica, mientras que el nacionalismo depende de una abstracción impuesta desde arriba por una clase dominante, y su concepto refleja unos límites jurídicos e imaginarios, determinados por un gobierno determinado. El nacionalismo es propiamente una doctrina urbana predicada por los profesores en las escuelas y por los periodistas a las clases medias, en palabras de Lichtheim. Luego continua señalando que, en tercer lugar se encuentra el pensamiento imperialista, que es una ideología que desborda la nacionalista, en tanto constituye una fe esotérica mantenido por una minoría gobernante, que es difundida entre los intelectuales y los oficiales del ejército, que consiste en la idea de engrandecer a la nación para convertirla en potencia de potencias, y conquistar la hegemonía, en el desprecio del proyecto de grandeza emprendido por otras naciones.

Bajo esta concepción nacionalista se desarrollo en Inglaterra el imperialismo, bajo la bota de la dominación británica en la India; en Alemania bajo el propio impulso del estado y los teóricos conservadores, proteccionistas y alta oficialidad; en Francia bajo el impulso de la democracia burguesa, sobre bases republicanas, que implemento el servicio militar universal.

 

 

Conclusiones generales en torno al periodo del imperialismo.

 

De todo el análisis efectuado, podemos concluir en materia económica, durante todo el siglo XIX, y hasta 1914, se vivió una época de expansión del capitalismo, sin precedentes en la historia, sobre todo a raíz de que en 1850, se emprendiera la industrialización global en Europa. A partir de 1870-80 se experimento el imperialismo propiamente tal, cuyas consecuencias asociadas a la política nacionalista económica, se vieron reflejadas en una conformación de los monopolios nacionales, carteles y trusts, y su consolidación por medio de la eliminación y apropiación de la competencia, consolidación que llevo al inevitable choque de estructuras económicas internacionales. Desde un punto de vista político-militar, se aprecia una clara sustitución del modelo de expansión colonial de coexistencia, al modelo de expansión imperialista de carácter belicista, a partir de 1880, punto de inflexión para la política económica que se vuelca hacia el nacionalismo y la competencia descarnada entre potencias por la hegemonía territorial europea y colonial. En el plano ideológico, pudimos notar la clara inclinación hacia la ideología nacionalista que acompaña, hacia finales del siglo XIX, a todas las grandes potencias europeas, con la diferencia de que la manifestación en los países capitalistas liberales, fue la orientación a la consecución de mayores ganancias y riquezas, mientras que en Alemania fue la orientación al objetivo de engrandecer a la nación emergente. Podemos notar una relativa sincronía de los tres planos analizados, en tanto en los tres podemos apreciar las transformaciones ocurridas en los distintos planos, durante la década 1870-80. Podemos concluir una importante predominancia y protagonismo del Estado durante este periodo, lo que derriba ciertas teorías marxistas vulgares, como las llamo Hobsbawm, de que siempre tienen mayor preponderancia las estructuras económicas en los procesos sociales. La sola existencia del Imperio Alemán, y la observación de sus objetivos derriban la tesis de que las estructuras económicas predominaron durante este periodo, pues si tuvieron protagonismo, lo tuvieron al servicio del Estado, como bien lo refleja la decepción liberal ante la vuelta al mercantilismo y las formas del imperialismo en Inglaterra, desde 1890. La razón está dada en gran parte, a anarquistas como Bakunin, que señalaron correctamente el peligro del estatismo, como un regreso a las formas despóticas y monárquicas, que solo podía ser zanjado por una revolución social. Tras la derrota de Francia y la conformación del Imperio Alemán, que marco simbólicamente el fin de la hegemonía militar francesa en la Europa continental, el Imperio Alemán se convirtió en un peligro amenazante para la paz internacional. A su vez, la derrota de la clase obrera en la Comuna de Paris de 1871, significo la derrota de la libertad frente al despotismo, que encontraría una mayor fuerza y grandeza en las arcas del Imperio Alemán, tal como lo fue progresivamente desde 1880 y decididamente desde 1890 contra las demás potencias. Estos elementos fueron los que terminaron impulsando el surgimiento de la primera guerra mundial, tras el desequilibrio de poder a nivel internacional, provocado por el asesinato del archiduque del Imperio Austro-Hungaro, Francisco Fernando, a manos de un integrante de un grupo de liberación nacionalista eslavo, llamado Mano Negra. Este hecho por sí solo no hubiese bastado para el emprendimiento de la guerra mundial, pues si bien Rusia realizo una alianza preventiva con Francia, no fue hasta que se conformo el antagonismo entre Inglaterra y Alemania, el único país que en teoría podía rivalizar con el Imperio Alemán en términos de hegemonía económica y militar. A raíz de la arremetida japonesa contra Gran Bretaña y EE.UU, y de la alianza japonesa-alemana, es que Inglaterra entra en el conflicto, y desde ese momento la guerra adquiere una dimensión que podría ser catalogada de guerra mundial, que dio inicio a este nefasto periodo de la historia, de las guerras de alta intensidad.

 

 

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