Breve ensayo sobre una síntesis del socialismo revolucionario: reflexiones epistemologicas

Por Camilo Reyes

El socialismo revolucionario posee vertientes teóricas que en la actualidad, y por más de 150 años han dividió al movimiento obrero revolucionario en todo el mundo, bajo posturas ideológicas, en nuestra opinión, mas aparente que realmente opuestas (como son las que referiremos en este ensayo, sobre el anarquismo y el marxismo). El socialismo revolucionario en su sentido mas amplio, y en todas sus etapas de desarrollo teórico y práctico, se ha caracterizado por tener la intención de poseer y desarrollar cierta “ciencia” con respecto a sus practicas revolucionarias. Esta actitud e intencionalidad de todo socialista con respecto a la naturaleza y la ciencia, y la división ideológica reinante en el movimiento revolucionario, nos sugiere la necesidad de una epistemología que permita unificar y sintetizar las posturas particulares en posturas mas generales del movimiento proletario, principios teorico-practicos tan diversos como lo puede ser el estatismo marxista y el federalismo anarquista. Por lo tanto la tesis principal de este ensayo experimental es que podríamos lograr una unidad paradigmática de los socialismos revolucionarios, principalmente entre las posturas revolucionarias del marxismo y el anarquismo, las posturas más influyentes que se han desarrollado en el ceno del movimiento obrero. Para este ejercicio teórico de conformar un programa articulado y unificado, obviamente tendremos que enfrentar, tanto problemas de índole teórico como practico, superando la concepción fatalista que divide a la clase proletaria en ideologías contrapuestas.

En primer lugar, debiésemos considerar dos condiciones reales y contemporáneas de los movimientos revolucionarios: (1) el hecho de que tanto los teóricos como los adeptos del anarquismo como el marxismo, han considerado siempre más importantes la praxis o practica revolucionaria, que el aspecto teórico de sus ideologías, y (2) que tanto las practicas organizativas del anarquismo como las del marxismo han tendido a confundirse y a fundirse una en otra a través de la misma practica. Esto nos lleva irremediablemente a formular la idea de que, lamentablemente, y a pesar del discurso revolucionario que ambas posturas expresado, de que siempre dan prioridad a los asuntos prácticos por sobre los teóricos, por el contrario no han sido capaces de mirar las propias divisiones prácticas como una división establecida subjetivamente, digamos bajo la primacía de la ideología. A partir de este punto intentaremos operar (siguiendo a Kuhn bajo su noción de paradigma), el agrupamiento de un conjunto de prácticas que podrían definir, mas alla de la distinción superficial entre marxismos y anarquismos una disciplina científico-revolucionaria, para este periodo determinado y especifico.

Pero antes de proceder a ciertas operaciones de limpieza, y para comprender más profundamente la división ideológica que se establece en la actualidad entre grupos marxistas y anarquistas, y poder superar un mero “análisis directo” de la situación, que nos podría llevar a formular superficialmente, en “clave vulgar” esta división -como señala Blanché-, y para introducir más efectivamente un adecuado “lenguaje logístico” que nos pueda servir de utilidad en nuestras operaciones constitutivas del paradigma, se vuelve de vital importancia el realizar un breve “análisis histórico-critico” de tal división, pues suponemos que la historia demostrara las características del establecimiento de la separación ideológica.

El primer gran hito que constituyo la división del socialismo revolucionario en el ceno de la clase proletaria, es el debate entre Marx y Bakunin con sus correspondientes partidarios, en la llamada Primera Internacional de Trabajadores (desde la perspectiva marxista), la Asociación Internacional de Trabajadores (OIT), que agrupo en Londres (1864) a sindicalistas ingleses (trade-unionistas britanicos), anarquistas y socialistas franceses (proudhonianos), republicanos italianos (mazzinistas) y marxistas y lasallianos alemanes. En su época de apogeo (entre 1868-1870), se logro difundir por Gran Bretaña, Francia, Belgica, Suiza y también en Italia, España y los Estados Unidos.

Esta organización deseaba, según sus estatutos: “ser un centro de cooperación y comunicación entre los obreros de diferentes países”. Pero a esta organización se planteo un objetivo que no pudo ser realizado: las diferencias ideológica con respecto al Estado, su tarea y su destrucción, pusieron un obstáculo problemático a la idea de constituir la organización política del proletariado en Europa y el resto del mundo. De este modo se manifestó la oposición programática entre marxistas y anarquistas: (a) de un lado, Marx y los partidarios del llamado Socialismo Científico se mostraban a favor de la formación de partidos obreros fuertemente centralizados, con un programa de mínimos (basado en la lucha por conquistas sociales y laborales concretas) y un programa de máximos (basado en la lucha por la revolución social a través de la conquista del poder del Estado); (b) de otro lado, los partidarios del anarquismo colectivista se mostraron a favor de un modelo revolucionario basado en la organización asociativa-cooperativa, el federalismo social (federaciones constituidas con asociaciones libres, agrícolas e industriales), que presenta en su crítica al poder, un rechazo tanto del poder centralizado como de la organización de un monopolio de la violencia.

En el año 1868 en Ginebra (Suiza), Bakunin junto con otros exiliados rusos, polacos, franceses, italianos, fundaron la Alianza Internacional de la Democracia Socialista (organización que contaba con el respaldo de la Federación del Jura), con el objetivo de desarrollar un nuevo núcleo dirigente, ya que el Consejo General era en su mayoría de carácter marxista. De esto la alianza hizo dos intentos por establecerse dentro de la Internacional: (1) el primer intento fue de carácter formal, en cuanto pidieron ingresar al Consejo, que rechazo tal posibilidad, pues los estatus no permitían entrar a una organización internacional sino solo organizaciones de carácter nacional, y (2) un segundo intento informal a través del Congreso de Barcelona (1870), congreso tal que serviría de base para la creación de la Federación Regional Española de la Primera Internacional (FRE-AIT). Con esto se sentaban las bases para las acusaciones del Consejo contra los anarquistas.

Esta división política provocó la salida de los anarquistas de la Internacional a partir del V Congreso, y la táctica de Consejo de trasladar en 1872 al propio Consejo General de la AIT desde Londres a New York, disolviéndose oficialmente tal organización en 1876. Más decididamente, bajo la postura de formar partidos obreros, el ala marxista realizo la 2da Internacional de Trabajadores (1889-1916), una internacional decididamente socialdemócrata, mientras que de otro lado, en 1922, los anarcosindicalistas que recogieron el legado del ala libertaria de la Primera Internacional, recrearon la Asociación Internacional de Trabajadores. Esta primera división del socialismo revolucionario en el movimiento obrero, nos servirá como punto de partida al entendimiento de esta discordia en este, pues de por sí nos ofrece un pequeño cuadro de problemas que nos permitirán posteriormente, articular fenómenos y teorías en un paradigma. Incluso a través de la revisión histórica de algunos casos, podremos clasificar e ilustrar mejor los problemas que ya se pueden divisar a partir de esta primera división histórica del movimiento.

1. Primeramente, en este hecho primordial encontramos la clase de hecho revelador de la naturaleza de tal división en el socialismo revolucionario: el marxismo representa la tradición estatista dentro del movimiento y el federalismo la tradición verdaderamente naturalista, anarquista y humanista (la idea del ser humano liberado por oposición a la idea marxista del hombre alienado), y esto quiere decir, que existe una posición romántica, dentro del marxismo, con respecto al poder monárquico estatista que se había comenzado a ver disminuido tras la irrupción del sistema capitalista internacional [lo que en palabras de Braudel, seria el surgimiento de una “economía mundial” por oposición a las economías monárquicas estatales, las “economías-mundo”], capitalismo que se encontraba en una etapa de juventud para la época de Marx, pues este sistema ya había desarrollado sus elementos constitutivos unos siglos antes (ya se habían realizado las colonizaciones del mundo en prácticamente la totalidad del planeta, los grandes mercaderes ya habían abierto el comercio mas allá de las fronteras estatales, ya se había desarrollado un mercantilismo, ya se había sufrido el impacto de este hecho en la economía a través de las relaciones internacionales, ya se habían conformado y establecido el sistema de crédito y las Bolsas de comercio, recorrido las más lejanas rutas comerciales, etc.). Esta postura fue adoptada, probablemente, por una razón estratégica militar, que tenia por base el hecho de que con el desarrollo del capitalismo, no habían desaparecido los ejércitos militares nacionales, sino que por el contrario se habían profesionalizado técnicamente y radicalizado en su defensa de los Estados nación. Bakunin por otra parte, no despreciando nunca ni subestimando el poder militar, sino que por el contrario, teniendo conciencia de que el Estado moderno, en un proceso que es potenciado por el capitalismo, llega a constituir el Estado más poderoso de la historia, burocratizado y militar, la organización de la violencia a nivel internacional, de un poder que se muestra como el más despótico y potente sobre otros países que apenas se constituyen como jefaturas del mas fuerte, pues en la situación de Europa, en el mismo contexto de auge del movimiento obrero donde se producía la ruptura de la Primera Internacional, se perdía la hegemonía estatal francesa en territorio continental, por un poder militar superior, una nueva forma de poder que constituyo el Imperio Alemán (1871).

Otro hecho que implica la distintiva naturaleza ideológica entre ambas posturas, del problema a partir del estatistismo y la anarquía, debemos comprenderlo observando las condiciones de la Europa occidental, que se hallaba en una fase de transformación focalizada de sus fuerzas productivas: tensión entre (a) la superioridad numérica de la pequeña industria y artesana, y (b) los progresos tímidos pero tendenciales de la gran industria moderna: En Gran Bretaña había triunfado la modernización provocada por la industria, Francia, Bélgica y Alemania le seguían por una distancia de a lo menos medio siglo, mientras que de otro lado Italia y España apenas habían comenzado tal proceso de modernización. Por lo cual los marxistas buscaron encontrar mayor adhesión en los países modernizados, y los anarquistas en los países en vías de ser modernizados: los marxistas buscarían mayor apoyo en el mundo obrero popular, en el cual la figura del proletario industrial cobraba un brillo excepcional por sobre los demás sujetos sociales, mientras que el anarquismo, en el mundo obrero marginal, en ese mundo itinerante despreciado por Marx, mundo con espíritu de potencia anárquica e indómita de los proletarios y campesinos más empobrecidos, los lumpen-proletariados. Sin embargo, esta distinción debe ser considerada aun bastante estrecha como para ser tomada por absoluta, pues el proletariado laboral se ha desenvuelto históricamente dentro del propio proletariado marginalizado, y en sí, sus identidades han sido constantemente confundidas en su desarrollo histórico, en una rapsodia constante de entrecruzamientos significancias, porque los proletarios estamos constantemente sometidos a ciclos de cesantía y ocupación laboral. Todos los obreros estamos sometidos por este influjo social forjado en la propiedad privada: como desposeídos, condenados a vivir de periodos laborales en periodos marginales, obligados en una constante rueda de la vida obrera.

Creo que hasta este punto hemos revelado efectivamente, aspectos históricos fundamentales de la contemporánea división ideológica. A lo menos, a través de esta divergencia genética, histórica del movimiento obrero, hemos llegado al establecimiento del principio de que, entre la diversidad que puede presentar el mundo propietario, como mundo popular y mundo marginal en su relación con el mundo del trabajo, se podría llegar a presentar un punto de articulación de estos mundos, sobre la base de que existe una unidad en la diferencia de composición de esta: la contemporánea disminución y cese de crecimiento de la población obrera industrial (a partir de la segunda mitad del siglo XX), pueden llegar a superar las tendencias separatistas dentro del movimiento obrero, sobre la base del encuentro de los principios generales que rigieron el interés de la creación de la internacional por parte de distintos actores de las clases trabajadoras. Para esto importante la noción y condición de ser pobre. Esta puede ser la piedra angular de unidad, tanto de los trabajadores asalariados como de marginados sociales, cesantes, etnias, estudiantes, etc.

2. La siguiente tarea de limpieza, es la más importante de todas. Implica la reunión de hechos que constituirían el paradigma revolucionario, la articulación y determinación de las constantes que permitirían tal unidad paradigmática. Y bueno para esto me apoyare en dos pruebas que me parecen suficientes para demostrar este punto de unidad general. Una es el libro de Max Beer, llamado Historia General del Socialismo y de las Luchas Sociales. En este libro se plantea la tesis general de que, desde los tiempos lejanos de los profetas judíos que luchaban contra la dominación en la región de Palestina, hasta la Revolución Rusa, los ideales que impulsaron a todos los movimiento del socialismo y las luchas sociales han sido los objetivos de la eliminación de la propiedad privada y la realización de una nueva repartición de las tierras. Coincidentemente nuestra segunda prueba la constituye los principios de la Central Única de Trabajadores en la región chilena (de 1953), en la cual se declara la lucha contra el régimen capitalista que debe ser sustituido por un régimen socialista en el cual se halla liquidado la propiedad privada. Podría citar múltiples fuentes más para demostrar que estos son los principios regidores del ideal socialista, y de todos los socialistas auténticos del mundo. El establecimiento del régimen socialista es igual a la eliminación de la propiedad privada y la nueva repartición de las tierras, visto de otro modo, el socialismo es la organización de la sociedad bajo la propiedad colectiva de los recursos, de los medios e instrumentos de producción, así como el régimen jurídico que se sustenta sobre la prohibición y la condena de la propiedad privada, la apropiación indebida de recursos y de poderes sociales, la eliminación de los privilegios sociales, etc. Ningún socialista podría negar estas proposiciones generales.

Este primer establecimiento de principios generales, aunque suponía en apariencia una difícil solución, no suponía una dificultad teórica difícil de establecer, a lo menos no tanto como lo representa y supone su contraparte, a partir de la reunión de las diversas problemáticas teóricas particulares, sus diferencias relativas. Todos los socialistas parecen estar de acuerdo en estos principios generales. La verdadera dificultad se presenta ahora cuando tengamos que esbozar los problemas propios de la contemporaneidad socialista.

3. Desde este punto llevare esta problemática a una situación concreta, pues pienso que de este modo podremos avanzar hacia un mejor despeje epistemológico de los mecanismos ideológicos que mantienen divididos a los movimientos proletarios entre anarquistas y marxistas.

Pensemos como socialistas, preguntémonos y reflexionemos, ¿cómo mas de 17.000.000 de personas aquí, en la región chilena, se organizaran entorno a un sistema verdaderamente socialista, en donde las grandes propiedades privadas han sido devueltas al pueblo, colectivizadas en un fondo común regional? ¿Cómo se podrán juntar y organizar como comunidad regional, si las múltiples comunidades e individualidades revolucionarias que componen por ejemplo, a una comunidad pequeña como lo es la comunidad de la Universidad ARCIS (que fueron a penas 3.357en el 2014, y que para este año serán un poco mas de 800), ni siquiera pueda organizarse así misma, si ni siquiera se pueden juntar en torno a las ideas socialistas que profesan para superar sus diferencias….? ¿Cómo van a realizar sus ideas para toda una región si ni siquiera la pueden llegar a realizar en una comunidad tan pequeña, y tan -supuestamente- en consenso con la idea del general socialismo? Debemos reflexionar profundamente este punto, pues la división ha sido la peor enemiga del pueblo desde el regreso de la democracia republicana bajo los nuevos ropajes del neoliberalismo.

Como bien lo destaca el profesor Carlos Pérez Soto, la izquierda revolucionaria ya se ha llevado peleando entre sí, en todo el mundo, más de 150 años. Y aun aquí, en torno a un espacio tan pequeño de la sociedad como es la universidad ARCIS, espacio mínimo pero fundamental, no nos podemos poner de acuerdo, a lo menos en un plano general de acción con las distintas facciones pertenecientes al movimiento revolucionario. Y considerando estos aspectos críticos de la organización de nuestra comunidad, es que se vuelve evidente a los ojos de cualquiera, el hecho de que hasta el momento muchos de nosotros hemos sobrevalorado la crítica destructiva por sobre la constructiva, entre las distintas facciones de la comunidad critica, entre nosotros mismos. Hemos privilegiado el arte de la destrucción mutua antes que el arte de la articulación revolucionaria. Este es un claro signo, no solo de la comunidad ARCIS, sino de todo nuestro tiempo, en cuanto a que se ha privilegiado constantemente las diferencias ideológicas por sobre las unidades practicas.

Siempre se han criticado unos a otros bajo los estereotipos de los prejuicios históricos establecidos y reproducidos desde esa caricatura de la primera internacional hasta nuestros días: los marxistas leninistas criticando a los anarquistas de desorganizados, y los anarquistas criticando a los marxistas leninistas de vanguardistas autoritarios. Con respecto a los marxismos debemos admitir que: 1) los marxistas se encuentran tan escindidos en facciones como los anarquistas, o más…; se encuentran divididos en leninistas, estalinistas, trotskistas, maoístas, etc., tanto como los anarquistas se encuentran divididos en individualistas, colectivistas, comunistas, ecologistas, feministas, con la diferencia de que los ácratas confluyen todos bajo la llama del calor del anarquismo y solo se distinguen por sus prácticas, mas nunca ideológicamente. 2) Entre las facciones del marxismo las disputas ideológicas son o se muestran más encarnizadas, pues los distintos métodos políticos que elaboran parten de diferentes tesis de los autores, y los llegan a distinguir notoriamente de otras facciones marxistas, más incluso que entre las distintas facciones del anarquismo, que por lo general tienden a reunirse solidariamente bajo la idea ácrata en general. Bajo la bandera del anarquismo, a penas se pueden distinguir en la actualidad a dos grupos grandes de organizaciones que tienden a establecer de igual modo, una interacción: los llamados plataformistas y los grupos que luchan por causas particulares. Pero en general los anarquistas tienden a unirse más y a respetar mas las diversas formas de lucha.

En cuanto a los anarquismos podemos decir: 1) que ya es vano acusar a los marxistas organizados en grupos, de autoritarios y burocráticos, pues sus formas organizativas y las de muchas células, ya se organizan de un modo horizontal no-jerárquico, y en cambio, muchas formas organizativas de las células anarquistas, al estar completamente desplegadas de los movimientos sociales, tienden a conformar vanguardias iluminadas que actúan por cuenta propia llegando al aislacionismo. 2) Otro punto es que el afanoso antiautoritarismo de algunos anarquistas los lleva fácilmente a la ausencia de organización. Aquí debemos poder realizar una autocrítica y avanzar para construir las formas del anarquismo real, no-utópico, de la federación anarquista, que es la propuesta de la organización regional, económica y social, para la realización de la idea.

De estas dos líneas criticas que citamos como ejemplo, pues de hecho existen muchas más, debemos poder superar los estereotipos y caricaturas que ensalzan y potencian la crítica destructiva entre todos nosotros, miembros de la comunidad, pertenecientes a las diferentes escuelas de pensamiento, para poder liberarnos de la necesidad de una eterna disputa eterna e infértil entre ideologías, tal como ha sido codificado y predestinado bajo el sistema capitalista que establezcamos comunicación, nosotros, los que creemos luchar a nuestra manera y como grupos por un mundo mejor, de justicia social y económica.

4. Lamentablemente, este breve estudio no constituye la posibilidad de lograr un cierre definitivo al paradigma revolucionario, y esta unidad, si es que se quiere y desea, debe ser construida sobre nuevas ópticas epistemológicas que superen tanto las debilidad de un enfoque como del otro. Si bien no puedo proponer esa unidad en un cuerpo determinado, puedo plantear un camino de despeje epistemológico, un plan de debate que pueda dar solución a tanta división ideológica que ha gobernado nuestros pasos. Ya reflexionaría bajo los siguientes ejes, precediendo sobre las siguientes preguntas:

(I) ¿Puede haber una idea general del socialismo basada en los conceptos claves de “eliminación de la propiedad privada” y “una nueva repartición de las tierras” (bajo la óptica de respetar la autonomía territorial de las comunidades y repartir en cambio las grandes propiedades privadas)?

(II) Táctica y estrategia revolucionaria: ¿Distinción táctica de medios y fines, o todos los actos -incluso los que se suponen medios- son fines en sí mismos? Enfoque constructivo: ¿Cómo se expresan ambos enfoques en la vida cotidiana? Análisis y reflexión.

(III) Conservadores, reformistas y revolucionarios; ¿Unidad o separación de la comunidad? Enfoque constructivo: ¿Es posible conformar una organización única que implique tanto unidad como separación autónoma?

(IV) Táctica y estrategia revolucionarias: ¿Convivencia de muchas practicas dentro de un paradigma revolucionario o unidimensionalidad de las prácticas bajo un partido? ¿Cooperación o disputa? Enfoque constructivo: La práctica de cada grupo, ¿puede ser respetada como otro medio de realización de las ideas del socialismo? ¿Bajo qué parámetros una práctica puede ser considerada respetable y despreciable?

(V) Panorama general de la región chilena; objetivos de la revolución social: ¿Estado socialista Chileno o Federación Regional Chilena? Enfoque constructivo: a pesar de los puntos de partida que derivan en estos modelos marxistas y anarquistas, ¿podrían concebir en la práctica una misma cosa, aunque sabemos que parten desde diferentes puntos de vista? ¿En qué medida es cierto que ambos enfoques proponen una eliminación de la propiedad privada y una nueva repartición de las tierras?

(VI) Articulación revolucionaria: ¿Coordinación o “cada uno dispara por su propio lado”? Enfoque constructivo: ¿Es posible conformar instancias de coordinación para dirigir la crítica destructiva y constructiva?

*                   *                   *

Anuncios