La CONARA, proyecto y privatización dictatorial (Camilo Reyes)

Tan solo unos meses culminado el golpe militar contra el gobierno de Salvador  Allende y la Unidad Popular, el 17 de diciembre de 1973, la Junta crea la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa, encargada de trazar la nueva división político-administrativa del Estado chileno. Tal reforma abarcaba dos campos principales de acción, con dimensiones políticas, sociales y económicas interrelacionadas: (1) una reforma estructural, y (2) una reforma funcional del Estado (Chile hacia un nuevo destino, 1975). El primer campo se ocupa principalmente, de aspectos de organización y normativos, mientras que el segundo, se aboca al perfeccionamiento de los sistemas y procesos administrativos del Estado. Ambos campos de aplicación de este proyecto, son la expresión de la necesidad del gobierno dictatorial, de desmontar el modelo republicano dominante anterior, y de construir, mediante una reconfiguración de las relaciones espaciales del Estado, las nuevas estructuras legales del naciente  poder autoritario militar.

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Por medio de esta reforma (contra)revolucionaria, el poder dictatorial se aseguraba la consagración de las formas unitarias y legales específicas de su dominio, que barrerían con el orden republicano burgués anterior, por la manipulación del medio (que es un medio subjetivo, social y medio ambiental), para ponerlo a su servicio en todo momento, dividiendo a su modo el espacio social y medio ambiental (tanto en su aspecto de “marco físico”, material, como en el aspecto de “medio agenciador” de lo social –“sobre lo que acontece lo social”-), creando un nuevo mecanismo de articulación social (discursiva y corporal), un nuevo modo de producción general, imponiendo arbitrariamente nuevas formaciones sociales, y por ende produciendo una nueva estructura de poder, es decir, un nuevo sistema y forma de gestión y apropiación del excedente nacional por las cases dominantes. De este modo, el poder logra su afirmación como elemento conformador del espacio, que es su variable supeditada (Sánchez, Poder y espacio).

Debemos reconocer aquí, que el eje principal sobre el cual se mueve esta reformulación de la división territorial-administrativa, es el eje de la regionalización de Chile, y de antemano debemos decir que, tal reconfiguración resulta ser una de las más importantes realizadas, porque bajo esta división social es que subsisten contemporáneamente las clases dominadas, bajo esta institucionalidad dictatorial capitalista imperante, es que aun encaminamos nuestras existencias hacia la liberación social.

 

En la introducción del texto de la CONARA, Chile hacia un nuevo destino, su reforma administrativa integral y el proceso de regionalización (1975), se señala que este documento “servirá de útil guía a los niveles nacionales, regionales, provinciales, comunales para comprender el esfuerzo denodado que realiza nuestro país en esta etapa, iniciando el despegue económico paulatino, después de una dura coyuntura derivada del caos de todo orden que heredamos./ Tenemos fe en el destino de Chile: su juventud, sus hombres, sus mujeres; su inmenso territorio, pleno de riquezas complementarias, muchas aun sin explotar; el mar de Chile con sus insospechadas fuentes de recursos; la Antártida chilena; el Pacifico, océano del futuro; su cultura y su unidad nacional.” Aquí rezan ciertos elementos importantes, como la asociación de lo joven con el destino, de lo joven con lo que se comienza a gestar (la nueva división social). Valores y principios que guían la misión de la dictadura hacia un destino económico profético que, como lo demuestran las agudas crisis económicas del 77’ y 82’, no fueron más que falsas plegarias. Existe el gran componente emocional de la religiosidad y la puesta en función de la creencia en una pre-supuesta unidad nacional abstracta –ocultando y mistificando la división social efectuada por el poder para el beneficio de las clases dominantes. De la frase “del caos de todo orden que heredamos”, podemos interpretar la necesidad de subrayar discursivamente que la nueva institucionalidad viene a restablecer un orden, ausente o perdido en la anterior institucionalidad social pre-dictatorial.[1] ¿Entonces de que tipo de “unidad” se está hablando cuando se vive en un país en ruinas y socialmente dividido? ¿Cuál es ese “nítido perfil que le es propio”, al que se hace mención en la introducción de este documento?[2] En la Declaración de Principios de la Junta, reza una definición bastante errónea sobre la nación, en la cual califica al país como un “todo homogéneo, histórica, étnica y culturalmente no obstante su disímil geografía”, cosa bastante descabellada, considerando que el golpe de Estado había ocurrido recientemente…

 

La CONARA señala en sus documentos, el aspecto geoeconómico de la Reforma Administrativa, insertando el destino del país, dentro del proyecto del continente americano, en especial, en dependencia del destino de Iberoamérica, con esperanzas en la apertura económica a través del pacifico, y en las riquezas del país, para ser aprovechadas integralmente, lo que nos remite nuevamente a la doble faceta del poder, como el establecimiento de un nuevo modo de apropiación y gestión del excedente. Esto ya evidencia la instauración de un sistema de dependencia económica internacional, al trazar silenciosamente el programa de explotación de los recursos naturales, y ningún desarrollo de grandes industrias manufactureras (como parecía anunciar, en cambio, el modelo de la CORFO). En la práctica, este trazado estratégico internacional se efectuó internamente por medio de una política de gobierno consistente en una descentralización y desconcentración de la administración del Estado.

En el aspecto interior, como ya mencionamos, el elemento fundamental de la Reforma Administrativa, fue el proceso de regionalización, aunque no debemos olvidar la necesidad de dar un sentido unitario al poder político, de permitir la plenitud de atributos y funciones a la autoridad política bajo un régimen jurídico integrado, de coordinación y participación de las regiones en función de su integración, de la seguridad, del desarrollo socioeconómico, para la administración nacional. Estos últimos son los caracteres militares y represivos de la reforma. En cuanto a los fundamentos geoeconómicos interiores, podemos mencionar: (1) la necesidad de lograr una integración nacional: (a) por medio del equilibrio en los aprovechamientos de los recursos naturales, (b) poder lograr una participación real de la población, y (c) lograr una igualdad de oportunidades para alcanzar los beneficios producidos en conjunto [todos estos, objetivos defraudados]; (2) la necesidad de vincular los objetivos geoeconómicos con los objetivos  propios de la “seguridad nacional”; (3) lograr una mejor utilización del territorio y sus recursos para la consecución de metas económicas del país; (4) acabar con “la excesiva concentración”, para lograr un crecimiento económico mas acelerado y regionalmente equilibrado. Este último punto, de “la excesiva concentración”, es interpretado y recalcado en el informe de la CONARA, como síntoma de concentración del poder político y económico, como centralización asfixiante de la administración pública. Esto llevaría a las provincias, a una situación de frustración y discriminación con respecto al centralismo de Santiago, que se manifestaba en términos de actividad económica y empleo, remuneraciones y burocracia centralista.

 

Esta reforma estructural y funcional descrita, supuso una violenta readecuación de la estructura superior de la administración, sin transformar sustancialmente el dominio de la clase dominante imperante, de los magnates capitalistas por sobre las clases populares empobrecidas. Se podría decir que, más bien, esta reforma constituyo un ataque directo a las clases proletarias y profesionales radicalizadas, a sus reivindicaciones sociales, para rehabilitar los mecanismos más autoritarios de la división social anterior, que habían sido más o menos demolidos por la lucha popular y proletaria sindical durante la gran parte inicial del siglo XX, hasta el 73’. Lo que se hizo, fue reemplazar la anterior división política y administrativa del país en 25 provincias (desde 1928) y 6 macrorregiones (como en la propuesta de la CORFO), por una distinción geoeconómica de 12 regiones y 1 área metropolitana, un completo reordenamiento jurídico del Estado, con el objetivo de posibilitar la planificación del desarrollo económico dictatorial.

Esta regionalización establece que cada región debe estructurarse considerando: los factores humanos, de seguridad, geográficos, productivos, de infraestructura. Esto con la finalidad de entregar a diferentes zonas, un grado amplio de iniciativa y de razonable autonomía para el desarrollo económico de las regiones. Para establecer un control por parte del poder central sobre las regiones, se designara un intendente regional, con el fin de formular y efectuar las políticas y los planes de desarrollo regional de los organismos del Estado, y para aprobar el presupuesto regional, establecer los programas y proyectos específicos para cautelar el cumplimiento de los fines dispuestos para las empresas en cuestión. En fin, el Intendente es quien dirige y administra la región, junto con la asesoría de un Consejo Regional de Desarrollo, que es el organismo creado, para la participación regional. Junto con el establecimiento de este nuevo control coordinador y centralizador de las actividades de los organismos regional y comunal, se proponen desarrollan otros elementos importantes de mencionar: (1) el primero, es el concerniente al rol de los Ministerios: en tanto tenderán a estructurarse bajo el principio de funcionalidad, bajo la idea de la formación de polos de desarrollo regionales; y (2) el segundo, que tiene que ver con la nueva legislación en torno al rol de las Municipalidades (microregionalidad), que adquieren un papel preponderante en el desarrollo integral regional, tanto a nivel físico como social. El nuevo régimen jurídico funciona generando leyes instrumentales de la acción administrativa, con el fin de que el sistema a desarrollarse, pueda imponer procedimientos eficientes y uniformes, que le permitan una flexibilidad y una operatividad satisfactoria.

Una última observación con respecto al sistema regional, es que estos cambios en la espacialidad y sus instituciones adyacentes, tienen por consecuencia principal, el establecimiento de una nueva relación entre las personas y el espacio (digamos público), pues todo este nuevo sistema ya anuncia un profundo proceso de privatización de ese espacio público y de los recursos geoeconómicos disponibles por región, que es lo que desea el poder central y ordenador jerarquizado de la Junta, organizar las posibilidades de arriba hacia abajo; luego de hacer inventario de los recursos que se pueden extraer por localidad se gestiona de un modo global, según los intereses del poder central para la extracción de lo periférico y regional, que muy por el contrario de haberse descentrado o autonomizado, lo ha hecho económicamente para coordinarse mejor políticamente y administrativamente: de lo nacional –> a lo regional –> lo provincial –> hasta lo comunal.

Bajo la figura del Intendente Regional, además, se realiza una función económica que será acentuada y característica en el proceso de regionalización chilena, pues una de las funciones fundamentales del intendente, es promover la acción del sector privado en su región, pero favorecer su desarrollo de los proyectos en su región. Los ministerios deben operar y hacer lo posible para hacer significar las zonas de algún atractivo para inversionistas, profesionales, y para disponer de mano de obra. El rol del Estado ha quedado reducido al rol de motor del desarrollo económico: se ocupa de impulsar y encauzar el proceso de desarrollo, y solo suplementariamente, en los casos que verdaderamente lo ameriten y justifiquen, debe participar activamente en el mismo proceso de producción como productor de bienes y servicio. Es decir, que el rol productivista del Estado ha quedado reducido a su mínima expresión, cediendo todo su terreno productivo al sector privado extractivo de recursos. Ya mencionábamos anteriormente el ideal del destino de Chile en su integración al panorama occidental, capitalista, iberoamericano, se dibujaba en torno a un proceso de integración en la economía internacional, como país dependiente, y productor de materias primas, mas no de manufacturas.

La razón principal, por la cual se le asigna a los privados el papel reorganizador del sistema productivo, puede entenderse de acuerdo al rol subsidiario del Estado, y su limitado campo de acción con respecto a la actividad. En otro documento de la CONARA, llamado Políticas de la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa, se vuelve a recalcar este rol secundario del Estado con respecto a la actividad productiva: “La función administrativa u operativa consiste en la ejecución de las políticas, la aplicación de las normas e instrucciones y prestaciones de servicios a la comunidad. Esta actividad sólo será asumida por el Estado cuando el sector privado o las organizaciones intermedias entre éste y el individuo, no  pueden cumplirlas eficientemente./ La función administrativa que ejerza directamente el Estado se desconcentrara regionalmente, reservando sólo aquellas actividades que las instancias regionales no pueden cumplir adecuadamente.” (pág. 13). Aquí se ve reflejado el hecho de la destrucción del control administrativo directo que ejercía administrativamente el Estado antes del golpe, y las esperanzas en que el nuevo control regional, subsidiado por las regiones, pase a manos de los sectores privados interesados en explotar recursos naturales. El Estado cesando en su rol de administrador directo y ocupando tan solo el rol de coordinador general, y con ello, los recursos naturales pendientes de la explotación, pasando directamente a control de los inversores capitalistas, para su explotación descentrada.

Las garantías de que esta explotación del medio, permaneciese en manos del Estado, como del sector público, se vieron opacadas por el deficiente desarrollo regional, mientras tal administración directa estuvo en manos del Estado, por lo cual, luego del golpe militar pasamos tristemente de un capitalismo de Estado ineficiente, al polo mas radicalmente capitalista y extractivista, del control del medio por el sector privado. La producción de servicios ha sido radicada al ámbito local y comunal, en beneficio de la iniciativa empresarial privada, y solo ha falta de iniciativa es que el Estado puede llegar a constituir tal entrega de servicios. Bajo esta política, la CONARA busca poder acercar a cada localidad, la entrega de servicios públicos adecuados a las necesidades específicas de cada comunidad o población, esto en cuanto a materias de educación, de salud, de recreación, etc., en problemas que no pudo resolver el antiguo modelo centralista. Esto se ha querido instaurar por medio de la transferencia de la administración del Estado a los Municipios, a través de un proceso de municipalización, para que al depositar la mayor cantidad de operaciones en ellas, se pueda subsidiar a privados que deseen hacerse cargo del desarrollo de estos servicios a nivel comunal.

Lo que debemos entender aquí, es que el país, luego de la promoción y puesta en marcha de las políticas de la CONARA, fue diseñado para ser entregado a los inversores privados, ya sean nacionales o extranjeros. Si bien el modelo anterior pre-dictatorial, del medio como un ente “publico”, dificultosamente logro avances a nivel comunal, a raíz de la mediocridad de un sistema Estatal centralista, del capitalismo de Estado ciego con respecto a las necesidades comunitarias, el nuevo modelo, por promover un desarrollo comunal mas efectivo, lo termino entregando a las aventuras privadas de unos cuantos inversionistas, bajo un modelo desregulado políticamente, pero estrechamente delimitado económicamente. No se concibió, ni de cerca, una tercera vía revolucionaria y federalista que permitiera el desarrollo comunal, desde la propia iniciativa local, ni lograr un sistema de créditos para que las comunidades pudiesen crear y desarrollar sus propias fuerzas productivas, gestionando directamente su propio medio, sino que esta misión le fue entregada a los inversores individuales, que pueden o no actuar de acuerdo a las verdaderas necesidades de las comunidades. Esta forma de desarrollo administrativo económico comunal, al intentar producir un desarrollo de los servicios en las localidades por medio de la iniciativa privada, lejos de acercar estos medios a las propias comunidades, por una ampliación de lo público, abrió la tendencia de alejarla aun mas, inconcebiblemente, que el modelo anterior, pues estos cambios producidos en la espacialidad comunal, tendieron a transformar los precarios medios en que se desarrollaban las personas, dentro de su espacio comunal, en un medio privatizado, que tiende a separar más decididamente a las personas del espacio que habitan. Veamos tan solo dos ejemplos de tal tendencia, en el área salud y educación: en cuanto al área salud. Si bien bajo el modelo del capitalismo de Estado, las comunidades alejadas tenían precarias condiciones de acceso a la salud pública, es decir, a hospitales, tenían ese derecho. Sin embargo, luego de la privatización del medio, las personas se encuentran mediatizadas por el sector empresarial capitalista, y el medio que era público pero precario, ahora se torna en privado y prohibitivo en el acceso para las familias pobres, como en el caso de las instituciones intermediarias como son las ISAPRES. Lo mismo se puede decir en cuanto a la educación, donde los colegios que ofrecen un mayor nivel de educación pertenecen al sector privado, y figuran en el mercado con más altos rentas mensuales, con precios inaccesibles para familias pertenecientes al mundo popular.

Una última palabra con respecto al papel de los privados, en esta reorganización de las actividades económicas que antes pertenecían al Estado raquítico pre-dictatorial, hace relación con la descomposición de este espacio público y estatal, y con el nuevo trazado institucional entregado al sector privado, que se logro instaurar por medios dictatoriales, durante los años 80’, y que puede ilustrar perfectamente este proceso de demolición institucional del sector publico efectuado entre 1985 y 1989. En palabras extraídas desde el libro El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno, de María Olivia Mönckeberg: “el Estado de Chile se deshizo de 30 empresas, lo que le significo una perdida que se estimó en más de mil millones de dólares, es decir, más de 570 mil millones de pesos de hoy (…) entre las treinta que pasaron a manos privadas desde 1985 a marzo de 1990, destacan la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), sus filiales y las compañías de Acero del Pacifico (CAP), la Industria Azucarera Nacional (IANSA), la Línea Aérea Nacional (LAN Chile), la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), Télex Chile, Laboratorios Chile y el Instituto de Seguros del Estado (ISE). (pág. 59)” Estas 30 empresas que pasaron de un control público a uno privado, son el ejemplo más ilustrativo del deseo de entregar el país a las manos de inversores, ya sean extranjeros o internacionales.

Consideramos que este proceso fue efectuado por medio de un afán desindustrializador (camino que el Estado venía tomando, aunque tímidamente, desde las primeras décadas del siglo XX, y tras el surgimiento de la CORFO), para frenar los procesos de independencia económica, y poder entregar un país desprotegido ante la inversión de los capitales extranjeros, para performar una economía netamente extractiva. Esto con la finalidad de la fácil penetración de los capitales inversionistas extranjeros, que pudieran reactivar la economía de dependencia puesta en tela de juicio por el gobierno de la Unidad Popular (tras la nacionalización del cobre), y sus importantes procesos sociales adyacentes, para la repartición de las rentas remanentes entre las clases dominantes (ya sea entre los altos funcionarios del Estado o entre los propios Magnates capitalistas). El ejemplo más significativo, quizás sea el de la minería, específicamente, el caso del cobre, que luego de la nacionalización allendista, fue entregado nuevamente a la inversión extranjera norteamericana, entre otras (BHP Billiton, Rio Tinto y Jeco [Minera Escondida Y Cerro Colorado]; Anglo American plc, Xtrata y Mitsui [Collahuasi]; Antofagasta Minerals [Los Pelambres y El Tesoro]; Freeport-McMoRan Copper & Gold, SMMA Candelaria [El Abra y Candelaria]; Barrick Gold [Zaldívar]; CCM Leonor y Marubeni [El Tesoro]; Teck Cominco [Quebrada Blanca]; Xstrata Chile [Lomas Bavas]), a las transnacionales mineras que han aprovechado para sí, privadamente, los beneficios extraídos y entregados por los auges cupríferos de la década de los 90’ en adelante, y que podría simbolizar por sí solo, toda la ambición del modelo administrativo demarcado e instaurado por la institucionalidad dictatorial.

 

[1] “Las fuerzas del caos son, pues, mantenidas en el exterior en la medida de lo posible, y el espacio interior protege las fuerzas germinativas de una tarea a cumplir, de una obra a realizar.”  Deleuze y Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, pág. 318, PRE-TEXTOS, 2002

[2] “Un error de velocidad, de ritmo o de armonía sería catastrófico, puesto que destruiría al creador y a la creación al restablecer las fuerzas del caos.” (Ibíd.)

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Oleadas de modernización oligárquica en la sociedad chilena: Gran Santiago como una Ciudad dividida entre la riqueza y la marginación. (1880-1989) ¿Necesitamos un modelo industrialista desarrollado? Por Camilo Reyes Valle

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Para responder a la pregunta, tan actual en nuestros días, de si realmente necesitamos o es deseable desarrollar un modelo industrialista en la región chilena (en la orientación de lo que ya han emprendido hace tiempo los países desarrollados), debemos tomar en cuenta, las actuales condiciones generales del capitalismo industrial mundial, y también de otro lado, debemos considerar la dimensión ecológica, que es la que toma en cuenta esta pregunta más allá proyecto como tal, sobre la materialidad lo real como la realidad, el medio ambiente más allá del modelo prototípico capitalista, esta consideración ecológica que es lo que realmente delimita las tentativas de crecimiento y continuidad del capitalismo mundial.

Los mismos capitalistas ya han efectuado tal consideración y reconocimiento de los límites del proyecto industrialista del crecimiento económico capitalista. Este cambio <<discursivo>> efectuado por los grupos económicamente dominantes (nacionales e internacionales), se debe principalmente a los resultados arrojados por dos informes encargados por el Club de Roma (en 1975), informes financiados por tres monopolios automovilísticos: la Volkswagen, la Fiat y la Ford Fundation. Uno de estos estudios fue encargado a D. H. Meadows, y el otro a M. D. Mesarovic y E. Pestel. Ambos informes hablan sobre las tendencias tecnológicas, económicas y demográficas en escala mundial, y concluyen en la necesidad de la aplicación de un urgente plan maestro (que implica cambios, tanto tecnológicos como económicos) que evite una posible “catástrofe mundial definitiva”. Otro ejemplo de autocritica capitalista, ya ha sido cristalizada a través del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático (para la reducción de la emisiones de gases contaminantesa nivel internacional), por medio de la CMNUCC (la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Esta tendencia discursivo-catastrófica se ha seguido perpetuando hasta nuestros días (tanto en defensores como críticos del sistema capitalista), lo que nos llevara a reflexionar algunos aspectos contemporáneos de la tensión capitalismo/ecología.

Sin embargo, me parece de vital importancia para comprender esta tensión contemporánea (en tanto nunca antes fue planteada tan profundamente una defensa anti-modernización a partir de un enfoque ecológico), el llegar a desarrollar una crítica histórica del proyecto de modernidad en la región chilena, para visualizar los arcaísmos que arrastra en sí el proyecto de modernidad, con su cumulo de ventajas y desventajas que han conformado tal paradigma a lo largo de su historia en la región chilena. Para esto, analizaremos el proceso de las tres oleadas de modernidad más importantes que se han desarrollado a partir del siglo XX y hasta la actualidad. Debemos señalar que esta tensión contemporánea entre capitalismo y ecología, se corresponde con una tendencia general del régimen contemporáneo, y que en cambio, nuestro análisis histórico de las oleadas de la modernidad, se realizara mas bien, desde la perspectiva de la ciudad y sus transformaciones, para delimitar el campo de nuestro estudio de la instalación de la modernidad en la sociedad chilena, sobre un campo análisis más concreto.

 

 

 

¿Qué implica la instalación del sistema capitalista en la sociedad chilena?

 

Lo que debemos retener previamente, antes de emprender nuestro recorrido a través de las oleadas de la modernidad en la región chilena, es que el espacio donde se ha conformado la sociedad chilena, es un medio geográfico que ha sido manipulado por el poder para ponerlo a su servicio en cada momento histórico; para establecer el marco físico de las relaciones sociales, y también para determinar a los agentes y sujetos fundamentales para la realización de estas relaciones sociales. De este modo, el espacio es organizado en aras del poder capitalista, estableciendo las relaciones entre el conjunto del medio y las personas, constituyendo las divisiones sociales necesarias para su funcionamiento: un sistema que articula una división del trabajo a la vez que una división técnica correspondiente.

De este modo se realizan: (1) una serie de regularidades en la articulación del espacio social; (2) un proceso lógico y planificado del tiempo articulado por el espacio social; y (3) unas leyes especiales correspondientes al conjunto de variables interrelacionadas que hacen relación con el espacio geográfico articulado, tales como factores, causas y efectos funcionalmente establecidos para la organización del espacio social. Estas características se deben a la doble faceta del poder, en tanto este se realiza por medio de: (a) la apropiación del excedente, y (b) la gestión del excedente. Por lo tanto, la articulación del espacio realizada por el poder, se ocupa de la organización de la producción, la distribución y de un consumo social determinado, de la realización de un modo de producción, que en su concreción real establece las formaciones sociales que conforman la estructura de poder requerida por el sistema (las estratificaciones sociales).

Esto lo debíamos recordar previamente, antes de comenzar nuestro estudio, para obtener una mayor comprensión del significado de la instalación de las oleadas de modernización en la sociedad chilena.

 

 

Base fundamental de la articulación del espacio capitalista:

La estructura de poder cristalizada

 

Para comprender las razones que suscitaron el primer hito de la modernización en la región chilena, debemos adentrarnos al fenómeno de la urbanización que se produjo a lo menos desde 1880 a 1930. Durante este periodo se desarrollaron grandes movimientos migratorios desde los campos a las ciudades del centro y sur del país, principalmente, a Santiago, Valparaíso y Concepción. Estos movimientos migratorios estaban inspirados en la expectativa de conseguir mejores oportunidades: trabajos con mejores salarios como los que se ofrecían en las Obras Publicas y en las labores de la instalación de la línea ferroviaria longitudinal. También existió otro polo de atracción para la población rural, el cual fue el que se genero en el Norte Grande, en Iquique y Antofagasta, en los múltiples puertos y oficinas salitreras, que existió hasta el ocaso de la producción salitrera.

La conformación de este nuevo espacio urbano, supuso una articulación tal que fue acompañada por una precaria industrialización y una correspondiente transformación en la estructura urbana: en este periodo mencionado (1880-1930), la población rural se sostuvo en cerca de 1 millón de habitantes, mientras que la población urbana aumento de 400 mil habitantes a 1.330.000. [El índice de urbanización subió del 29% al 56% en este periodo].

Esta transformación demográfica urbana produjo una serie de problemas sociales paralelos que fueron el correlato de este primer proceso de modernización. Estos problemas fueron principalmente el problema de la vivienda y de la provisión de servicios básicos tales como son la salud pública, la colocación de alcantarillados, de energía, de alimentación, entre otros. Estos fenómenos sociales produjeron un proceso de segregación espacial según estratos sociales. En su génesis, estas migraciones fueron un problema importante para la aristocracia criolla, al punto de que autoridades y urbanistas, a lo menos hasta finales del siglo XIX, procuraron distinguir entre la ciudad propiamente tal y los sectores adyacentes, los arrabales o suburbios, cada una con un trato y un procedimiento diferente, y consecuentemente, con un reparto desigual de los beneficios socialmente producidos. Probablemente aquí nos encontramos frente a la estructuración de poder fundamental efectuada sobre la ciudad, sobre la distinción entre la ciudad en sí y la marginal. Según Armando de Ramón en su artículo Santiago de Chile (1850-1900). Limites urbanos y segregación espacial, esta clasificación interna de la Ciudad, fue realizada bajo el espíritu de ordenar, por sobre todo, para cristalizar una segregación que ya existía desde la época colonial. En palabras extraídas por nuestro autor de Vicuña Mackenna, se distinguen claramente estas dos ciudades que demarcan la articulación fundamental: en la Ciudad propiamente tal: “Santiago propio, la ciudad ilustrada, opulencia, cristiana”, (…) “un distrito pacifico y laborioso”. La ciudad segregada: la que albergaba la mano de obra disponible en la zona urbana, tanto trabajadora como cesante, a los mendigos y, muchas veces, a los empleados modestos empobrecidos: “otro (distrito) brutal, desmoralizado y feroz”, (…) “una inmensa cloaca de infección y de vicio, de crimen y de peste, un verdadero potrero de la muerte.”

Este proceso de estructuración de la situación de segregación espacial (que comprende un proceso de cerca de 300 años), se termina de cristalizar hacia el año 1875. Pero esta cristalización de la división social -entre la ciudad y los suburbios-, se vio expuesta a la necesidad de expandirse debido al incremento progresivo de la población urbana en Santiago: 1885 = 189 mil habitantes à 1895 = 256 mil à 1907 = 333 mil à 1920 = 507 mil à 1930 = 696 mil. Esta necesidad general de expansión de la ciudad fue recogida y desarrollada por el Estado bajo distintos planes, uno para la ciudad propia, y otro para los suburbios.

En cuanto a la Ciudad propiamente tal -a partir de una descripción de Recaredo S. Tornero para 1872: desde el Matadero público [Manuel Antonio Matta y Blanco Encalada]  por el Sur, hasta el Cementerio General [Mapocho] por el Norte: 6 kilómetros; y desde la Quinta Normal de Agricultura [Exposición y Matucana] por el Oeste, hasta el Seminario Conciliar [Vicuña Mackenna] por el Este: 5.400 metros. Una circunferencia en los limites urbanos que alcanza a 18.000 metros, que tiene 956 cuadras o sea 144.120 metros longitudinales, esta información es constituyente del plano de Ansart, de 1875-, el fisco ayudo a su expansión adquiriendo terrenos que valorizaron las zonas hacia donde dicha ciudad debía extenderse: (1) durante el último cuarto del siglo XIX, los terrenos comprendidos entre el Parque Cousiño y la Alameda; (2) terrenos hacia el extremo Poniente de la Ciudad; (3) los terrenos que formaron la Quinta Normal de Agricultura, el Internado Nacional, la Escuela Practica de Agricultura, entre otras instituciones, y el Barrio Yungai, barrio compuesto de casas quintas.

En cuanto a los suburbios –los barrios situados hacia el sur del canal de San Miguel formados entre 1850 y 1860 del proceso de división de las antiguas chacras; las chacras dividas en hijuelas, ubicadas entre las calles Nataniel y San Francisco, y entre Cañada de los Monos (Avenida Matta) y el Zanjón de la Aguada, que fueron alquiladas a pobladores pobres-, se produjo un desarrollo, orientado al saneamiento y al mejoramiento de la construcción (principalmente en el área al sur de Av. Matta.). Podemos decir, en términos generales, que se produjo una expansión natural de los suburbios y sus poblaciones hacia los bordes o extremos del radio urbano, así como también, debido al influjo de constante recepción de habitantes venidos desde el campo.

 

 

Primera oleada de modernización de Santiago:

 Las obras del Centenario de la Republica

 

Existe una primera oleada de modernización de la sociedad chilena, que se encuentra caracterizada en las obras del Centenario de Chile, es decir, en las obras arquitectónicas que emprendió la aristocracia santiaguina, como el proyecto de una extensión de la parte de la ciudad que les correspondía a los acomodados, de la Ciudad considerada “decente”, construidas a imagen y semejanza de otras obras europeas, a veces incluso contratando los servicios de arquitectos franceses que fueron traídos para supervisar la construcción de tales obras. Estas obras nos permiten caracterizar esta primera oleada, como una modernidad de inspiración europea-francesa:

-el Palacio de Bellas Artes, que fue un proyecto de Emilio Jécquier (inaugurada el 10 de septiembre de 1910);

-los Tribunales de Justicia, proyecto de Emilio Doyère (cuya primera etapa se inauguro en 1911);

-la Estación del Mercado, hoy Centro Cultural Mapocho, proyecto de Emilio Jécquier (inaugurado en 1912);

-el Parque Forestal, que fue un proyecto de Georges Dubois (inaugurado en 1910).

Otras obras de mayor importancia e impacto social para las poblaciones, realizadas en aras de superar el desastre sanitario en que se encontraba Santiago, son las orientadas a un mejoramiento de los servicios urbanos: regularización y ampliación de las redes de agua potable, la red de alcantarillado y de electricidad. Estas obras publicas fueron de vital importancia, si consideramos las condiciones en que se encontraba la mayoría de la gente que vivía en los suburbios, y de las propias clases dominantes que entraron en contacto y contagio de las enfermedades: en 1909 se calculaba que de las 350.475 personas que habitaban la ciudad, a lo menos 75.000 vivían en condiciones deplorables, repartidas en unos 1.600 conventillos. Los barrios periféricos en general, se encontraban circundados o inmersos entre acequias, pantanos y basurales, entre moscas y ratones, como verdaderos caldos de cultivo para bacilos, estreptococos, estafilococos, neumococos y treponemas. Toda política de clases altas orientadas a la higienización social, estuvo dirigida no tanto por una preocupación o por una buena voluntad a favor de las clases marginadas, sino mas bien porque el impacto de las enfermedades no distinguió clases y deambulo también, golpeando e introduciéndose en las casas de los ilustres ciudadanos.

También hacia 1910, los servicios de movilización colectiva por medio de tranvías eléctricos se habían extendido a toda la ciudad de Santiago y algunas poblaciones cercanas. Por otra parte, en cuanto a la instalación en la región chilena de un sistema de trasporte a gran escala, ya desde 1884, tras la compra del fisco de las empresas encargadas de las obras del tren longitudinal y del trayecto Santiago-Valparaíso, y posteriormente de las líneas ferroviarias de las empresas salitreras en el Norte Grande, se logro extender la red de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, desde Iquique a Puerto Montt y ramales, hacia el año 1913.

Debemos mencionar además la obra constructora del Estado que se emprendió a comienzos del siglo XX, que a través de los consejos de habitación, y estando autorizada por el propio Consejo Superior, promovió la construcción de algunas poblaciones como lo fueron la Población San Eugenio (inaugurada en octubre de 1911) destinada a los obreros de la nueva Maestranza de Ferrocarriles, que conto con un total de 100 casas construidas en 4 tipos distintos y repartidas en 12 manzanas (dotadas con agua potable, corriente eléctrica, alcantarillado y luz de gas acetileno); la Población Huemul (la primera población terminada de esta índole), construida por la Caja de Crédito Hipotecario, situada en las calles Franklin, Placer, Huemul y Lord Cochrane, inaugurada en septiembre de 1911 con setenta casitas, una plaza, el edificio especial de la Caja de Ahorros, con otro edificio que poseía una escuela, dispensario y capilla. Los beneficiados de esta obra constructora fueron los imponentes de las cajas de ahorro, es decir, no cualquier tipo de sujeto social marginal. En 1912, se inauguro la Población Matadero, ubicada en la calle Placer, entre Santa Rosa y San Isidro (con 135 casas edificadas en 3 tipos distintos).

Sin embargo, la labor de estos consejos habitacionales se estanco al punto de que entre 106 y 1925 solo se llegaron a edificar 396 casas. Se dio un proceso paralelo correspondiente al mismo periodo, de demolición de conventillos insalubres que en total llego a sumar 1.626 demoliciones con 16.713 piezas y 46.794 habitantes, a la vez que se pudo reparar 661 conventillos, con 11.334 piezas y 30.556 habitantes. En 1925, se dicto un nuevo decreto de ley (no. 261) que permitió la demolición de otras 30.000 piezas que no fueron reemplazadas por otras [Armando de Ramón, Vivienda].

De este breve análisis de las obras emprendidas por el Estado durante esta primera oleada de modernización podemos concluir que la ciudadanía acomodada, la aristocracia santiaguina, trazo para sí misma, como modelo correcto e ideal de sociedad chilena, a la sociedad francesa con su arte, su arquitectura, su literatura y su música. En palabras de René Martínez Lemoine en su artículo Santiago en 1910, París en América. Notas a propósito del primer centenario, demostrando su progresiva desilusión en el curso de su investigación, en aras de entender la asimilación cultural entre la sociedad chilena y la cultura francesa señala que “no era asimilación cultural sino pura y simple imitación y, en cierta forma, pose ‘pour épater le bourgeois’ (‘para impresionar a los burgueses’)./ Lo que finalmente me sorprendió, desconcertó y deprimió, fue el descubrimiento de ese otro siglo XX, el siglo XX a la chilena. El contraste entre la opulencia y pobreza, entre cultura e ignorancia, entre el champagne de la Veuve Clicquot y el agua de las acequias, entre el palacio y el tugurio, entre el Chile sin problemas y el Chile sin esperanzas.”

Creo que esta observación representa el fiel indicio de que la inspiración aristocrática y oligárquica chilena, en esta primera oleada de modernidad, carecía de creatividad e identidad en cuanto a su propio proyecto, hasta el punto de la abstracción, la imitación y la brutalidad. Y en cambio, esta organización de inspiración neoclásica de la ciudad, desconectada de lo natural, carente de un concepto de lo real como realidad (tomando en cambio, a lo ideal como lo real), organiza de otro lado y ocultamente, la miseria y la pobreza de las clases dominadas bajo la estructura de poder cristalizada que debe ser reproducida, correspondiente con las necesidades del modo de producción capitalista de dependencia económica, que sumerge a las clases desposeídas en una aguda precariedad y marginalidad, para perpetuar las formas funcionales de la sociedad, las formaciones sociales estratificadas que articulan a la aristocracia, las clases medias profesionales y técnicas, y a las clases segregadas bajo el mismo sistema de propiedad. El rol principal de tales obras afrancesadas consistió en cultivar, cuidar y representar la fe de la propia legitimidad abstracta oligárquica (su interés particular de grupo y clase dominante representado como interés general), a la vez que ocultar la miseria y la pobreza generada por el propio sistema para gran parte de la población.

 

 

Segunda oleada de modernización de Santiago:

El modelo ISI, de Industrialización por sustitución de importaciones.

 

A partir del año 1929, año del crack bursátil de la Bolsa en Estados Unidos, surgió en algunos políticos radicales, la necesidad de una planificación económica, de una política económica orientada hacia la búsqueda de la industrialización de la región chilena. Por esto se creo el 29 de abril de 1939, tras una década de debates y proyectos políticos truncados -tales como el Consejo de Economía Nacional-, la Corporación de Fomento de la Producción (la CORFO), que constituyo todo un hito dentro de la instauración del modelo ISI en la región chilena. Esta institución se planteo las siguientes tareas en sus primeros años: (1) el reclutamiento de profesionales de primera línea, ingenieros y economistas, para evaluar y hacer catastro de los recursos de los que la región dispone y estudiar la mejor forma de explotarlos. (2) El Plan de Electrificación, y la creación de ENDESA (proyecto); (3) la realización de planes sectoriales tales como el de la acería de Huachipato y sus industrias anexas; (4) la exploración, explotación y refinación del petróleo; y (5) las fabricas de azúcar unidas a las siembras de remolacha, etc.

La CORFO realizo también, en sus primeros años, investigaciones relacionadas con los recursos agropecuarios, forestales, hidroeléctricos, aguas subterráneas, marinos, minerales, carboníferos y petrolíferos. Tanto ENDESA como ENAP, se encargaron de realizar estudios sobre los recursos hidroeléctricos y petrolíferos. También realizo las primeras investigaciones detalladas sobre los recursos forestales del país, sobre la protección de bosques, los sistemas de explotación así como del transporte de la producción.

En el curso de su funcionamiento, la CORFO tuvo una fuerte política de fomento industrial, tanto en industrias metalúrgicas, como en industrias eléctricas, química y farmacéutica, entre otras industrias varias. Las industrias metalúrgicas: la corporación contemplo ayuda financiera y técnica para fundiciones, talleres mecánicos, maestranzas y manufacturas de metales reunidas en las Industrias Metalúrgicas Mecánicas Reunidas (IMMAR) –obtuvo ayuda hasta que liquido en 1950-; Maestranzas y Fundición Weber; la Fundición Carrera;  la Maestranza Gernoch de Puerto Montt; los Astilleros Behrens y Cóndor; a Mecánica Industrial –ayuda desde 1944-; a MADECO (a la que la CORFO aporto 42 millones de pesos de la época para su creación EN 1944); a MADEMSA –desde 1940 recibió apoyo de la CORFO -; y a SIAM DI TELLA.

Las industrias eléctricas: ayuda financiera para Electromat, S. A. (en 1941); a la Corporación de Radio Chile, S. A. (desde 1941);  a Siam di Tella (durante la década de los 40’).

Las industrias químicas y farmacéuticas: esta ayuda fue destinada a las industrias ya establecidas, para que pudiesen renovar y ampliar sus instalaciones para satisfacer las necesidades de consumo del país. Además de las industrias químicas que representan la ENAP, IANSA, CAP, del salitre, de abonos y de celulosa, existen otras empresas que fueron impulsadas por la CORFO, tales como Laboratorio Chile (en 1940-1941), el Instituto Bacteriológico de Chile S. A. (en 1939), la Farmo Química del Pacifico, S. A. (ayudo en 1942), la Empresa Bayer y Merck, S. A. (apoyo de la CORFO hasta 1954), y la Fabrica de Acido Sulfúrico, S. A.

La CORFO se desarrollo en torno al debate sobre la articulación de un modelo de desarrollo nacional que involucraba a todos los sectores productivos (desde la producción primaria, como la agricultura y la minería), y todos los sectores políticos nacionales (tanto a conservadores y como a comunistas). La anterior crisis de 1929 había dejado, a la región chilena, privada de los capitales norteamericanos, lo que repercutió en que tal país dejo de comprar las mercancías chilenas, mientras que por otra parte, a partir de la irrupción del salitre sintético, la industria salitrera avanzo sobre una decadencia cada vez mas aguda. De este modo se evidenciaba la debilidad de un modelo nacional basado en la industria extractiva sin reserva de establecer una industria poderosa y una política de desarrollo industrial. Nuevamente se copiaba para la región, para el país, un modelo de modernización, que esta vez se caracterizaría por su tendencia industrialista-nacionalista, modelo que ya se encontraba operando en Europa y Estados Unidos, en las regiones más desarrolladas del mundo. Nuevamente una propuesta de modernización de la sociedad chilena, ponía a la región ad portas de un modelo inspirado fuera de sí, sin autenticidad ni identidad real. Aunque este modelo suponía la realización de un catastro de todos los recursos materiales de la región chilena para su mayor y mas eficiente explotación, lo hacía bajo una mirada desarrollista, que lo introducía de un modo diferente, aunque no antagónico, en el mismo modelo económico capitalista mundial, modelo que, como ya mencionamos en un principio, comenzaría a mostrar sus falencias y entrar en crisis (a evidenciar sus límites de crecimiento) tan solo 3 décadas después de la creación de la CORFO.

En 1938 fue implementado otro sistema de trasporte a gran escala, el Departamento Marítimo (FERROMAR), como un ala de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, encargada del trasporte marítimo entre Puerto Montt y Punta Arenas. Posteriormente se crearía la Empresa Marítima del Estado en 1953.

En cuanto a los impactos de esta modernización en la ciudad podemos decir que a lo menos hasta el séptimo plano de transformación de 1928, cualquier diagnostico arquitectónico de la ciudad, como el de Carlos Pinto Duran en su folleto, Proyecto de Transformación definitiva de Santiago, la ciudad se encontraba en una “situación caótica” y “descontrolada”: “El anhelo de mejorar Santiago se ha condensado hasta ahora en forma desordenada, en obras imperfectas, rudimentarias, muchas veces grotescas y ridículas.” Por lo cual determino que la Asamblea de Vecinos de la ciudad de Santiago se debía abocar al estudio de los siguientes temas trascendentales para el mejoramiento de la ciudad: una Gran Avenida de circunvalación; bosques municipales; red de avenidas longitudinales y transversales; ferrocarril subterráneo; red de tranvías; creación de una nueva Empresa de Energía Eléctrica; plazas y jardines; transformación de la Plaza de La Moneda; formación de un Barrio industrial y obrero; Plan de construcciones fiscales y municipales; reglamentación de la edificación particular; monumentos; Aseo, alcantarillado y agua potable; financiamiento.

De esto que se volviera patente la necesidad fiscal de construcción y ordenamiento espacial urbano, tanto para prevenir los desastres, como para guiar la reconstrucción de las ciudades en este país evidentemente sísmico. De esto que se publicara la primera ley sobre urbanismo y construcción que tuviera Chile, bajo el gobierno de Carlos Ibañez del Campo, que tuviera como meta la metropolización de la ciudad de Santiago, que para 1928 ya poseía cerca de medio millón de habitantes.

La obra del ingeniero urbanista austriaco Karl Brunner, quien vivió en Chile durante el periodo de 1929 a 1934, contribuyo a la urbanización de Santiago a través de un Plan Intercomunal, cuya regulación urbana se convirtió en un modelo de desarrollo para Chile. Su plan para la ciudad de Santiago busco privilegiar la unidad estética colectiva para zonificar el desarrollo urbano, buscando el más armónico y racional emplazamiento para barrios cívicos, comerciales, residenciales e industriales. Aunque tales planes no pudieron desarrollarse satisfactoriamente, este urbanista aporto a la percepción y concepción de Santiago como un espacio intercomunal integrado, el llamado Gran Santiago, a la vez que advirtió acerca de los peligros de expandir sin límites el área urbana de la Capital.

Estos problemas de la expansión de la ciudad, se volvieron evidentes hacia la década del 50, debido al fuerte crecimiento demográfico que se produjo para la ciudad de Santiago: si para 1930 la población era de 696.231 habitantes, para 1951, y a raíz de las sucesivas corrientes migratorias, la cantidad se elevo a 1.384.285, lo que provoco un predominio de las actividades secundarias y terciarias en la ciudad, siendo que más del 60% de la actividad industrial del país se localizaba en Santiago. En este contexto surgieron las poblaciones callampa, que constituyeron un nuevo foco de precariedades sociales para sus habitantes, que intentaron solucionar el problema de la vivienda, tan solo para encontrarse con otra nueva serie de problemas: mucho barro, hacinamiento, frio, falta de agua, luz, alcantarillado, equipamiento comercial, educacional, de salud y recreación. Aunque en 1954 la Corporación de la Vivienda (CORVI), logro realizar algunas operaciones constructivas importantes como son (1) la construcción de la Población San Gregorio en La Granja, y (2) la Población Jose Maria Caro en San Miguel, estas obras no bastaron para contener tal crecimiento demográfico que se produjo en Santiago.

En 1957 se realizo la ocupación de la chacra La Feria, por parte de las familias que vivían en las poblaciones asentadas en las orillas del Zanjon de la Aguada (en una franja de 5 kilómetros de largo por 125 de ancho, en las cuales habitaban cerca de 35.000 personas que formaban 10 poblaciones), tras gigantescos incendios que se produjeron el mismo año, conformando la emblemática Población La Victoria. Más tarde, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), se intento aplicar la denominada “operación sitio”, mediante la cual los pobladores de poblaciones callampa, podían tomar créditos para adquirir terrenos dotados de una urbanización básica (con letrinas, calles ripiadas, soleras, pilones de agua potable y tendido eléctrico). Sin embargo, la lentitud en la aplicación de este plan no pudo detener la proliferación de estas poblaciones.

Tras el fracaso de las políticas sociales, movimientos mejor articulados como el MIR, organizaron tomas de terreno como la toma de la Herminda de la Victoria en 1967. Para 1968 las tomas aumentaron a 35, y en 1971 a 172, concretizando en el lapso de 4 años cerca de 416 tomas, aunque no todas regaron a concretizarse y perdurar en el tiempo, debido a la represión policial.

Por lo tanto, podemos concluir que esta segunda oleada de modernización de la sociedad chilena (desde el punto de vista de la ciudad), volvió a reproducir la lógica de la estructura de poder de los grupos y clases dominantes, de la oligarquía, pues nuevamente la articulación del espacio promovió la segregación y la marginación social, en un fenómeno que no pudo o no deseo llegar a contener, pues no comprometió grandes recursos ni esfuerzos políticos por dar una solución real al problema de la vivienda, problema que se venía arrastrando hace ya bastante tiempo, desde antes de la primera oleada de modernización descrita anteriormente. Podemos llegar a percibir, en el fenómeno de las tomas de terreno, un avance en la búsqueda de los marginales por solucionar su propio problema de acceso a la vivienda por sus propios y precarios medios. He aquí un atisbo de cierta relación de doble poder en la relación grupos dominantes/grupos marginales.

A medida que el país emprendía un crecimiento en relación a la primera oleada, mas se acrecentaba la brecha entre un grupos dominantes y un grupo dominado, en tanto cristalizaba bajo nuevas características la división social entre las zonas que concentran las riquezas y la cultura, y las zonas marginales que concentraban gran cantidad de población a la vez que provocaban la extensión del área metropolitana. De este modo se continuaba cultivando y alimentando el sueño de Vicuña Mackenna y las clases dominantes de establecer una estricta división urbana de las clases sociales que habitan la Ciudad propiamente tal, de los obreros calificados y de los habitantes de los suburbios marginales.

 

 

Tercera oleada de modernización de Santiago:

La instalación de la modernización neoliberal

 

La última oleada de modernización, la efectuada a través de la ideología del neoliberalismo, aun se extiende hasta nuestros días, y se construyo sobre la base del Golpe Militar de 1973. Esta trasformación y desmontaje de las precarias estructuras del pobre Estado de bienestar que se insinuó a partir de la segunda oleada, fue desarrollada a través del Programa de recuperación económica nacional de 1975 que se planteaba los objetivos centrales de: liberalizar el mercado, permitir el libre comercio en general, desarrollar una estricta reducción del gasto público, promover la intervención del Estado a favor del sector privado para que se desempeñe en las labores que tradicionalmente son asumidas por él. En 1979, se agregaran a tal programa, las siguientes reformas estructurales: 1) la reforma del conjunto de los servicios sociales (salud, educación, previsión social) y su privatización total, o bien su carácter de ámbito parcialmente subsidiario; 2) la reforma al sistema judicial y al aparato burocrático-administrativo (bajo el slogan de la “regionalización”); y 3) la desregulación del trabajo y la modificación de sus formas organizativas.

De este modo se emprendió la transformación radical y la liberalización de las instituciones sociales populares desarrolladas durante la primera mitad del siglo XX hasta la dictadura; así como se opero un cambio en la espacialidad, es decir, una modificación profunda en la forma de la relación de las personas con el espacio público. Hasta antes de esta tercera oleada, el incipiente desarrollo industrial había promovido una institucionalidad tal que dejaba cabida a las clases populares en el terreno del espacio público, a través de la estructura laboral desarrollada en torno a las diversas ramas de las industrias metalúrgicas, eléctricas y químicas farmacéuticas entre otras, que estaban siendo promovidas por el fisco (aunque débilmente), marginando tan solo al conjunto social desempleado o que presentaba altas tasas de cesantía y alto nivel de marginalidad, como son los habitantes de los suburbios. Lo que quiero decir, es que siempre existió en la sociedad chilena, antes y después de la cristalización de la división social entre la ciudad y los suburbios, una discriminación a un conjunto considerado como marginal, pero que en cambio y a duras penas, tras las luchas del movimiento obrero, a lo menos, el sector popular de las clases trabajadoras, había podido encontrar su propio espacio dentro de la estructura laboral, para poder organizarse en torno a instituciones que podían representar sus intereses de clase. Sin embargo, esta construcción social fue arrasada completamente tras la irrupción de la dictadura militar.

Un ejemplo significativo, son los llamados cordones industriales que generaron algunos sectores de la clase obrera a partir de 1970, en pleno proceso del poder popular: estos cordones eran órganos colectivistas de democracia obrera, organizados como una actividad independiente del proletariado con respecto a la burguesía nacional y sus burocracias (del sindicato oficial de la CUT; del Estado, como el parlamento y el congreso; y del oficialismo, los partidos de la coalición de la Unidad Popular: PCCh, PS, etc.). Estos consistían en un grupo de compañías y fabricas que coordinaban el trabajo de los obreros en una misma zona. Al momento del Golpe Militar se habían conformado 31 cordones industriales, de los cuales, 8 se encontraban en la región metropolitana. Estas organizaciones habían establecido una nueva articulación del espacio que se orientaba a la participación directa de los sujetos sobre el propio espacio público, por medio de una relación de gestión directa de las fábricas y compañías. Esta forma de organización superaba cualquier división social establecida a través de los regímenes de propiedad, volviendo directa tal relación entre personas e instituciones, sin mediaciones jurídicas de propietarios capitalistas, según los propios intereses colectivos de los trabajadores que las emprendían. El control obrero sobre la producción, representa un acto revolucionario y un problema para el poder, pues subvierte su estructura, a la vez que supone en sí misma una reorganización completa de la vida social, bajo el principio de satisfacer los propios intereses de las clases trabajadoras sin necesidad de que las empresas sean organizadas por las clases patronales.

Lo que hizo el Golpe Militar fue dar la oportunidad para el desmontaje de tal articulación revolucionaria de la espacialidad, por la vía de las armas, la represión policiaca, la guerra contra una clase social popular instituida, carente de armas y por sobre todo a través del shock económico neoliberal.

A partir del Golpe, el movimiento migratorio del campo a la ciudad disminuyo su incansable avance. En cambio, desde ahora, los movimientos migratorios no vendrían dados desde el campo a la ciudad de Santiago, sino que mas bien constituirían movimientos legalizados y controlados dentro de la región metropolitana, efectuados por el gobierno dictatorial, a través del decreto N°2.552 de febrero de 1979, denominado Programa de viviendas básicas de erradicación de campamentos, que entre 1979 y 1985 erradico y traslado dentro de la ciudad a 28.703 familias: el 77.3% de estas familias fueron desplazadas a solo 5 comunas del área sur de Santiago, esto es a La Pintana, Puente Alto, La Granja, San Bernardo y Peñalolén, provocando un nuevo influjo de segregación espacial, por lo cual las familias desplazadas sufrieron un triste desarraigo de su entorno natural y familiar. Por otro lado, las comunas receptoras eran comunas pobres en infraestructuras y equipamientos, por lo cual se desarrollaron nuevos focos de pobreza y marginalidad social, en lugar de prestar una solución concreta al problema de la marginación. Las comunas que cedieron a los pobladores se sirvieron de la revaloración de sus tierras, producto de una verdadera operación de limpieza social efectuada en la ciudad de Santiago. Esto significo una nueva división social, una reactualización del proyecto segregador de la antigua aristocracia santiaguina que aspiraba a la división tajante entre la Ciudad decente y la indecente, pues esta nueva política de desplazamientos permitió una mayor homogeneidad social de las comunas implicadas. Esto quiere decir que unas comunas se volvieron homogéneamente ricas y otras homogéneamente pobres.

También la CORFO sufriría las consecuencias del giro neoliberal del modelo capitalista, pues esta institución inicio un proceso de privatización (de 1973-1989) que culmino con el traspaso al sector privado de importantes empresas públicas. Este tema de las privatizaciones es fundamental para comprender la institucionalidad autoritaria, de tradición portaliana, donde toda la iniciativa pública se encuentra traspasada al sector privado, como en la génesis del Estado nacional. El conjunto de instituciones del proceso de privatización de empresas públicas, efectuado entre 1985 y 1989: “el Estado de Chile se deshizo de 30 empresas, lo que le significo una perdida que se estimó en más de mil millones de dólares, es decir, más de 570 mil millones de pesos de hoy”, denuncia Maria Olivia Mönckeberg; “entre las treinta que pasaron a manos privadas desde 1985 a marzo de 1990, destacan la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), sus filiales y las compañías de Acero del Pacifico (CAP), la Industria Azucarera Nacional (IANSA), la Línea Aérea Nacional (LAN Chile), la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC) en la actualidad perteneciente a Telefónica, la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), Télex Chile, Laboratorios Chile y el Instituto de Seguros del Estado (ISE).”  Y no hemos considerado la privatización parcial de gran parte de la ENAP (Empresa Nacional del Petróleo), por medio de un conjunto de empresas filiales como PETROX y RPC, ni tampoco la de CODELCO (Corporación del Cobre), cuya privatización creciente ha sido fomentada y alentada en plena democracia. Todas estas empresas públicas, además de las privatizaciones de los sistemas de educación (consagrada en la Ley Orgánica Constitucional de Educación) y del sistema de salud bajo el sistema de ISAPRES.

Los neoliberales, además, tuvieron la oportunidad de privatizar el sistema público de pensiones, de la mano de la reforma previsional que incluyo la creación de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) en 1980. Como este negocio no se mostraba atractivo, ni viable (en un principio) para los sectores privados, luego de la crisis del 82’, se propuso como requerimiento que las AFP “pudieran invertir parte de sus fondos en las Empresas Publicas. Por eso, hasta el día de hoy, en muchas de ellas, están en las listas de sus principales accionistas.

 

 

Privatización del espacio público vs ecología social;

Antinomia contemporánea de la modernidad

 

En resumidas cuentas, hasta aquí hemos determinado (desde el punto de vista de la ciudad como materialidad, como hecho geográfico-físico que comprende una organización y articulación de la espacialidad), que el Gran Santiago ha sido contantemente dividida, en todas las oleadas de modernización bajo el modelo de una estructura de poder según los intereses de los grupos dominantes: división entre una ciudad en sí y una ciudad sub-urbana, marginal. En lo económico: la primera oleada era de carácter liberal, la segunda de carácter corporativo y la última de carácter neoliberal. La primera ni se preocupo de emprender un crecimiento económico hacia adentro del país, sino de solo entregar los recursos del país a los capitales extranjeros (Inglaterra, EE.UU), la segunda lo hizo tímidamente, bajo la necesidad de renovar su estructura a partir de una modernización atrasada y tardía, para integrarse a la división internacional del capitalismo, de una forma menos raquítica, aunque manteniendo la estructura de clases, mientras que la tercera, aun vigente, provoco el desmontaje del modelo industrialista y la territorializacion del sector publico en el sector privado.

Nuestra propuesta de la ecología social como pensamiento revolucionario, comprende la visión mas amplia de su significado, porque incluye tanto una ecología mental (que es la desterritorialización del pensamiento capitalista hacia un lenguaje y arte incodificable –transformación del sistema de valores, de las costumbres, etc.), una ecología social en sí (que hace relación con la instauración de instituciones sociales que establezcan relaciones no autoritarias entre las personas, relación directas con las organizaciones, en que las personas se encuentren ocupando, creando y distribuyendo el espacio público de manera igualitaria, desprivatizándolo lo apropiado indebidamente, los medios de producción y los recursos naturales), y una ecología medio-ambiental (que implica una higiene social y una perspectiva que intenta conciliar la visión organizadora de los espacios con la propia naturaleza, en vez de la tendencia a la explotación indiscriminada de la tierra, el agua y el aire, para articular armónicamente a las personas con su entorno ecológico).

Una forma comprensible de entender estas dos grandes tendencias que se disputan la espacialidad contemporánea pueden ser visualizadas a través de la distinción entre las economías capitalistas y las economías naturales realizadas por Rosa Luxemburgo: la economía natural es la que posee todo pueblo en condiciones naturales, es decir, que poseen una economía basada en la reciprocidad, donde se encuentra prohibida la propiedad privada tanto de la tierra como de los instrumentos del trabajo, y de cualquier poder en general [He aquí los cuatro objetivos que el capitalismo persigue de toda economía natural: (1) Apoderarse de las principales fuentes de las fuerzas productivas como son el suelo y la tierra, bosques, minerales, metales preciosos, productos exóticos, etc.; (2) “liberar” la fuerza de trabajo a fin d encausarla en un sentido capitalista; (3) introducir las economías mercantiles; y (4) Separar la agricultura de la industria].

Por otro lado, la economía capitalista es de tendencia imperialista, y se instala sobre las economías naturales para poder organizar, distribuir y ordenar el consumo según los intereses de una clase dominante. Pues bueno, mi opinión es que el Estado capitalista no puede llegar a totalizar su dominio sobre la tierra, ni sobre una sociedad determinada, y en cambio, se encuentra constantemente amenazada por las fuerzas revolucionarias que tienden a reorganizar colectivamente el proyecto de la naturaleza, tras el intercambio capitalista el intercambio reciproco, tras la privatización del sector público y su materialidad, el sentido de propiedad colectiva del espacio público, de los instrumentos y los recursos que ha sido ocultado y mitificado.

En este sentido, debemos considerar que la organización de la espacialidad según las coordenadas neoliberales que aun padecemos, siempre obedecen a una organización de las fuerzas productivas que mediatizan las relaciones de los individuos con el espacio público que transitan, mediatización emprendida por el sector privado que establece los ordenamientos jurídicos-normativos y los ordenamientos corporales, de un lado organizando un régimen del lenguaje, y de otro un régimen de cuerpos, un orden del discurso, tanto como un orden de los cuerpos que actúan en las instituciones. Por lo tanto toda realización de la ecología social (mental, social y medioambiental) implica la reorganización del espacio en todos sus grados, que en condiciones capitalistas, supone una postura de resistencia y de contra-poder a los ojos del Estado capitalista y sus grupos dominantes, tanto contra las formas de vida social instauradas por Altos Funcionario del Estado y Magnates Capitalistas. Esto puede ser ilustrado de una manera más entendible a través del enfrentamiento entre el Estado chileno y las confederaciones mapuche, los butalmapu. Al observar podemos dar cuenta de las distintas naturalezas de estar formas de articular el espacio. Bueno, mi opinión es que estas formas ecológicas de articulación del espacio persisten en cada población que se pone en situación de contrapoder, cuando tiene que contestar a la violencia del Estado capitalista, cuando este requiere apropiarse de sus recursos naturales, contaminar el agua, construir plantas hidroeléctricas, desforestar, apropiarse de los mares. El caso de los pescadores artesanales también es ejemplar, en tanto, la propia instalación de los barcos industriales en las costas de un pueblo, supone la radicación y eliminación de la forma de pesca artesanal, de la fuente de trabajo, la desestructuración de la fuerza de trabajo naturalmente dispuesta, la pérdida del sujeto aplastado por el sector privado, y en suma, de toda una comunidad entorno a la pesca, y lo contrario, es decir, la lucha y resistencia de los pescadores contra la dominación del sistema privado, la forma genuina de existir y reencontrarse con la naturaleza ecológica.

El proceso de desarrollo material del capitalismo (Camilo Reyes Valle)

  1. elitealasanjabarbariealpoder.blogspotDesigualdadyCapitalismoIrrupción del capitalismo como elemento material que articula al mundo contemporáneo. El capitalismo como concepto histórico.

El elemento material que articula al “mundo” como concepto histórico general es el capitalismo mundial que ha hecho su irrupción en el mundo moderno a partir ya del siglo XVIII, con todos sus elementos conformadores, aunque en estado germinal, a partir de la abierta tendencia a la mundialización de los mercados, y de su influencia económica por sobre las economías de intercambio y producción tradicionales –todo esto marcado por la cesura de los monopolios económicos, y por la irrupción del capitalismo industrial. No debemos entender al capitalismo en un sentido abstracto o como un elemento que surge de un momento para otro, ni de una vez por todas. El solo quedarnos con el concepto abstracto, eidético del capitalismo, como ideología, no explica nada de su proceso concreto, que es lo que interesa a la historia y la memoria, y vuelve necesaria una reconstrucción más detallada de lo que comprende como concepto material, es decir, de su desarrollo histórico.

En primer lugar, debemos afirmar que tal irrupción de un mercado mundial comprende dos dimensiones cotidianas que le dan sustento al nivel superior capitalista del sistema económico mundial contemporáneo. En la base misma de este capitalismo, encontramos de un lado, la conceptualizada “vida material cotidiana” de las personas que ponen en funcionamiento a la sociedad, y por otro, la base germinal de la economía capitalista, la llamada economía de mercado o economía de intercambio. Sobre la base de estos dos pilares fundamentales es que se encumbra la economía mundial capitalista que domina grandes zonas del globo terrestre. Pero esto aun no nos deja claro en que consiste este elemento material articulador que supone el capitalismo.

Para comprender profundamente el significado de este concepto articulador y su irrupción, debemos entender en qué consiste fundamentalmente la economía de mercado que impulso las condiciones de la irrupción de la economía capitalista, pues esta será la clave de una buena comprensión conceptual del capitalismo. Tres razones explicativas se desdibujan y descomponen para ser analizadas: (1) la distinción en la propia economía de intercambio que distingue entre economías de carácter superior e inferior. Las segundas economías, implican las formas del comercio local y público, que se dan en y entre los pueblos de las diferentes regiones, formas autárquicas de economía sin una conectividad central exterior de un mercado dominante, economías naturales en que la forma dominante de intercambio es el trueque, los traficos locales a corta distancia (de comercios regalmentados) y las formas de salario se pegan en especie (las formas económicas de los mercados, tiendas y buhoneros); mientras que las primeras ya propiamente orientadoras del capitalismo implican formas de comercio y trafico internacional y privado, en el que las economías y mercados de diversas regiones se encuentran interconectados por cadenas (largas y complejas) de producción y consumo, situación en la cual los grandes mercaderes y negociantes logran establecer una hegemonía en la base misma de las economías de intercambios, sorteando las formas económicas tradicionales y oficiales que sujetan los Estados, estableciendo predominantemente un sostenimiento de las cadenas por medio de una economía monetaria y una economía de créditos (auge de las ferias y las bolsas). Lo esencial de este proceso de evolución de las economías de occidente (durante los siglos XV-XVIII), es que este ritmo impulso un resurgimiento importante de las ciudades comerciales (en desmedro de los pueblos), gracias principalmente a la subida de los precios industriales, que por el contrario, en el campo, provocaron una disminución de los precios agrícolas que ahora se encontraban mas o menos pendientes de las circulaciones en escala internacional. Algunas ciudades y habitantes privilegiados en este proceso, cobraron gran importancia, como bien se señala en el texto de Braudel, como es en el caso de los banqueros genoveses, y el nuevo papel hegemónico cobrado por la ciudad de Amsterdam en el plano de los negocios. Por ende de lo anterior, podemos sintetizar dos formas de intercambio: una que es elemental y competitiva (economía de intercambio propiamente tal), y otra que es superior, sofisticada y dominante (como lo es ya propiamente la economía capitalista).

Todo este proceso provoco una cierta ordenación jerárquica por parte de los capitalistas del plano economico internacional. En un nivel superior: encontramos en Europa el poder económico de ciertas ciudades dedicadas al comercio de las Bolsas y las formas de crédito internacional, así como fuera de esta, se encuentran los mercados de Japon, Insulindia, los países islámicos, y la India, regiones que también habían establecido una red de créditos a nivel internacional; en un nivel inferior: el caso ejemplar de China, que con su oposición y desconfianza estatal a la iniciativa privada coartaba todo impulso capitalista en su región; y en lo mas bajo, desde el punto de vista capital, en un nivel marginal: las miles de economías aun primitivas que conviven en el globo.

Para terminar este punto, aquí se vuelve necesario destacar la creciente importancia de la figura y transición del mercader al gran mercader y su importancia fundamental en este proceso: (1) en primer lugar, el mercader es quien ha roto las relaciones tradicionales entre el productor y el destinatario final común de las mercancías (por ejemplo entre productores y consumidores de un pueblo o entre pueblos) y por el contrario, dispone del dinero necesario para instaurar largas cadenas mercantiles eficaces, para el abastecimiento de las ciudades dominantes. Debemos entender que en cuanto más alargaron estas cadenas de intermediarios entre productores y consumidores, más se subvirtió el orden y control tradicional y mas se potencio el proceso capitalista. (2) Este tipo de procedimiento genero que algunos mercaderes gozaran de grandes beneficios para sus propias arcas privadas, al punto de enriquecerse más allá de un punto razonable: de este modo, los mercaderes que acumularon considerables sumas de capital, en proporción “anormal”, se convirtieron en grandes mercaderes que monopolizaron los medios y los mercados (pudiendo anular de la competencia a mas del 90% de los otros mercaderes). Por lo tanto, podemos decir que el comercio a larga distancia repartió grandes beneficios entre muy pocas manos, situando al comercio de las especias dentro de todo un sistema de economía monetaria de primer nivel basado en las monedas de oro y plata, economía dominante que solo los grandes comerciantes practicaron al concentrar el monopolio de su actividad.

   (2) En un segundo sentido debemos contraponer junto con Braudel, lo que es una economía mundial, como la que pretende instaurar el modo capitalista, y las economías-mundo. Aquí la distinción hace referencia a que la economía mundial capitalista ha sido impulsada a través de un proceso de constantes renovaciones en el plano de las economías-mundo que dominaron ciertas regiones del planeta. Las economías-mundo poseen tres condiciones de desarrollo: el hecho de que ocupan un lugar geográfico determinado (es decir, que poseen limites), el hecho de que en ellas existe un polo o centro representativo, como lo es una ciudad central dominante (o dos…), y el hecho de que tal economía-mundo con sus centros dominantes tiende a dividir a las regiones sobre las que extiende su influencia económica en zonas céntricas y periféricas (subordinadas y dependientes). Un ejemplo grafico de ello es el sistema-mundo jerarquizado que existía, por ejemplo, en Europa a mediados del siglo XVII: el centro del mundo era Amsterdam; las zonas intermedias secundarias eran el resto de Europa, los países del Baltico, Inglaterra, Alemania, Francia, Portugal, España y el norte de Italia; mientras que las zonas marginales estaban representadas por Escocia, Irlanda, Escandinavia, Europa del este, el sur de Italia y por supuesto, América.

Esta comprensión de los sistemas-mundo, implica la comprensión de una dinámica de transformación constante y de resistencias al proceso globalizador del capital. Debemos entender que, grosso modo, siempre persiste de alguna forma una tensión entre el Estado y el capitalismo, en que ciertos Estados limitan o maximizan, en pos de su propio equilibrio (y otras veces contra él), la libre acción privada de los grandes mercaderes, aunque debemos subrayar que la tendencia general de la economía mundial indica un triunfo del capitalismo, que ha podido identificarse con el Estado y provocar la aceptación voluntaria de la servidumbre por las masas. Las viejas estructuras jerárquicas arcaicas no han sido sustituidas, sino mas bien suplantadas, permitiendo en todo el mundo occidental una creciente instalación de las nuevas elites comerciantes. Durante de este periodo señalado (S. XV-XVIII), es que la burguesía negociante poco a poco ha podido penetrar en los gobiernos de estos países constituidos. La larga historia de la gestación de las fortunas familiares explica tal fusionamiento de las clases burguesas con las estructuras jerarquizadas tradicionales, y explica un carácter propiamente identificable de los diversos países europeos y occidentales, en su disposición a los mercados internacionales a gran escala.

Este proceso lento que caracteriza la dinámica del capitalismo, se desarrolla por medio de múltiples luchas internas y fuertes crisis económicas que fueron azotando constantemente a la región europea. Proceso de centramiento, descentramiento y recentramiento: un centro fue cediendo su puesto a otra ciudad central, y así sucesivamente. Así, por ejemplo, anterior a la hegemonía de Amsterdam, tenemos en Europa, a partir de 1570 la caída del mundo mediterráneo que fue hostigado, atropellado y saqueado por navíos y mercaderes nórdicos. Aquí, simplemente, por medio de la dinámica capitalista (del poder superior y la influencia de los mercados internacionales, las Bolsas y Ferias las ferias bajo el impulso de los créditos bancarios) es que se produjo el descentramiento del poder y la influencia mediterránea, y el recentramiento y hegemonía triunfante de Amsterdam casi medio siglo después. De este modo la nueva hegemonía  holandesa, ya constituía una hegemonía capitalista (de la economía superior que ya hemos mencionado), por sobre otras sociedades yuxtapuestas que coexisten con ella, como otras sociedad serviles y esclavistas que aun no alcanzan el modo de producción del capitalismo. Y ya en el siglo XVIII, podemos hablar de una autentica aparición de la economía mundial: Asia ya a organizado por su parte una economía-mundo para ser explotada (China, Japón, el bloque Insulindia-India y los países islámicos). Entonces ya se puede dar una economía mundial entre bloques de economía-mundo, intercambios por ejemplo, entre este bloque asiático y el bloque capitalista europeo que tiende a ser más dominante por su carácter contraeconomico que ya impulsa a la elite del dinero.

(3) Además es importante señalar un último elemento trascendental: la irrupción de la Revolucion Industrial en Inglaterra (que ya se venía preparando desde hace mucho tiempo). Este punto es importantísimo pues tal revolución significo una aceleración significativa de la producción, enormes capitales que se invirtieron en otras regiones y también la proliferación de nuevos medios de transporte como el ferrocarril y el barco a vapor. Para la economía inglesa, este hecho significo una apertura irremediable de su economía tradicional, al mundo internacional (los mercados exteriores se abrieron en cadena), proceso que fue acompañado, más o menos simultáneamente, por el proceso paralelo de la Revolución francesa y las guerras napoleónicas que azotaron Europa. De aquí en adelante se manifiesta la irrupción del capitalismo industrial y su tendiente influencia que preparara las condiciones sociales del siglo XIX, y posteriormente el XX. Una economía derivada de las actividades económicas realizadas en la cumbre social, que siempre tienden a sí mismas para aportar los beneficios necesarios a las nuevas clases dominantes empresariales (enormes firmas comerciales, transnacionales, etc.). Por ende, el carácter actual del capitalismo concierne a la explotación y producción acelerada de capitales, por medio de desarrollos tecnológicos cada vez más revolucionarios, mientras que por otra parte importantísima, también subsiste principalmente por medio de la organización de los monopolios económicos, que no permiten y más bien niegan la libre competencia de la cual se jactan tantos liberales en la actualidad.

Estos monopolios desencadenan violencias inusitadas en países en situación de dependencia, lo que impide en estos países el libre desarrollo del mercado de intercambio y la libre competencia, más bien sujetándolos a una estructura jerarquizada a nivel internacional, de una división internacional entre centro y periferia, del trabajo, división planificada desde los países centrales por grandes empresarios que invierten capital en esos países dependientes para dominar sus economías, que no necesariamente deben ser capitalistas ni aprovecharse de los desarrollos que implica la implantación del libre mercado. El capitalismo se desarrolla en los países centrales como un Estado moderno propiamente tal, es decir, como un Estado burocrático-militar (basta el ejemplo contemporáneo de EE.UU.), mientras que los países dependientes apenas se constituyen como meras jefaturas de estos países dominantes, donde reina la riqueza extraída a estos países dependientes, mientras que estos últimos viven en la pobreza, a pesar de ser países muy ricos en estancias ecológicas-económicas y recursos naturales.

Un mayor nivel y constante desarrollo de tecnología industrial, significo -y prueba de ello es todo el siglo XX-, un superior desarrollo de la maquinaria de guerra y tecnología militar, que nos permite apreciar y volver evidente el hecho de que el capitalismo implica en sus lógicas, una serie de violencias desencadenadas, incluso en contra suya pues claro es que podemos poner en duda la sola primacía del principio económico capitalista. La visión del anarquismo y de la experiencia histórica del movimiento obrero, desde la mitad del siglo XIX hasta nuestros días, nos deja la terrible enseñanza de que en sí, el capitalismo no es un modelo sostenible, y que solo perdura por medio de la organización monopólica, no solo de los mercados, sino que también de la violencia en contra de la sociedad civil. Para el siglo XIX, Bakunin, en su libro Estatismo y anarquía, preveía que la derrota de la Comuna de Paris y del movimiento proletario internacional, sumado a la caída de la hegemonía militar de Francia y el ascenso del Imperio Alemán, arrojaría terribles consecuencias sobre las clases más empobrecidas de Europa, y un régimen y un poder despótico más terrible y maligno, que mas tarde fue encarnado en la primera guerra mundial y superado en ambición por el régimen nazi. Este punto es interesantísimo si consideramos que lo señalado por Braudel, en cuanto a la dinámica del capitalismo, de las transformaciones de centramiento, descentramiento y recentramiento de las economías-mundo, obedece desde una óptica anarquista al creciente poder e influencia del estatismo por aquella época: la caída de la hegemonía militar de Francia, significo el ascenso de la hegemonía europea del ejército alemán, que parecía representar, incluso, una amenaza de poder opresivo más peligrosa para el bienestar de las clases trabajadoras de toda Europa. El resultado de este pronóstico, lamentablemente, fueron millones y millones de proletarios muertos en las guerras mundiales. Es decir, que la progresiva irrupción del Estado moderno también nos serviría de clave para interpretar la articulación del “mundo” como concepto histórico: la historia de un poder dinámico y despótico del Estado moderno (que no son todos los Estados, y del cual los Estados débiles representan solo jefaturas de los Estados potencias), en un espiral de violencia constante, tendiente hacia la encarnación de nuevas hegemonías por los Estados en potencia que deseen disputar tal dominio mundial en el sentido moderno de la palabra. Múltiples Estados disputándose por encarnar al propio Estado moderno en sí, burocratizado y militar.

Para concluir esta respuesta quisiera sintetizar y mencionar el hecho de que el capitalismo constituye una doble articulación de elementos que promueven -paradójicamente-, tanto la “unidad” como la “multiplicidad”: de un lado, (1) una uniformidad de funcionamiento, por la mundialización del sistema de valor (de cambio) capitalista, en que todos los valores de uso creados en múltiples regiones, más o menos independientes de una pauta general de valor, son estandarizados por los valores del capital tomando al dinero como la cantidad abstracta por excelencia [ejemplo tomado del Manifiesto Comunista: todos las profesiones y oficios tradicionales, bajo el sistema capitalista, se vuelven asalariadas]; y por otro lado, (2) presenta una multiplicidad de funciones distribuidas en diversas formas, modelos y especificidades regionales, que atienden a la división internacional del trabajo instaurada por los países y monopolios dominantes: de este modo algunos países quedan organizados en situación de dominantes y otros en situación de explotación. Chile por ejemplo, se encuentra, y siempre se ha encontrado durante toda su historia, en situación semicolonialidad y dependencia: primero, bajo la economía del salitre bajo la dependencia del capital ingles, y luego bajo la economía del cobre bajo la dependencia de EE.UU. De este modo los países que han dominado la economía y la política de un país como Chile, han destinado como modelo de realización para la región chilena, el modelo extractivo de materias primas y consecución de mano de obra barata: he aquí reflejada la doble articulación de los monopolios del capitalismo y de los Estados potencias, uniformidad de funcionamiento internacional y multiplicidad de las funciones, unas para los países dominantes y otras para los países dominados.

 

 

 

  1. Análisis de las categorías de tiempo y espacio en el desarrollo del capitalismo mundial.

 

Estas categorías de tiempo y espacio son fundamentales para la construcción y reconstrucción de una realidad histórica cualquiera, y sin embargo, la categoría de espacio ha sido brutalmente relegada a las sombras por la categoría del “tiempo” a lo menos en el ámbito de la disciplina histórica. Estamos acostumbrados y asumimos de común que la historia se dispone en periodos de tiempo determinados, pero sin embargo, el concepto análogo y complementario de espacio no posee ni siquiera una teoría bien desarrollada para apoyar y fundamentar la explicación histórica. En el libro de Juan Eugenio Sanchez, Poder y espacio, nuestro autor intenta la reivindicación del elemento del espacio para la realización del correcto análisis histórico, debido a que al contrastar la reconstrucción histórica con un analisis de los espacios implicados podemos dar cuenta de formulaciones incorrectas a causa del aislamiento de la historia con respecto a la geografía.

El “espacio” es la llave que nos permite buscar las relaciones existentes en un área determinada de la realidad. Por ejemplo, pensemos en el tiempo histórico de la guerra de Arauco, ¿acaso no podemos comprender mejor y de un modo más preciso, la magnitud y las causas de la duración de la guerra de Arauco, por medio de un análisis geográfico (topográfico y topológico) de las zonas de conflicto? O por ejemplo, ¿entender el porqué los españoles se instauraron donde lo hicieron por medio del descubrimiento del espacio que habitaron? En el caso de la última pregunta, comprendiendo la dimensión de espacio se entenderá mejor los conquistadores hayan optado ocupar y realizar fortalezas en zonas cercanas a las ciudades fundadas con la finalidad de obtener recursos naturales y económicos, y para poder resguardarse de posibles ataques a las ciudades. En este sentido, el espacio ecológico y económico de estos asentamientos, consiste en ciertas regularidades y variables que se prestaban a la conveniencia de los huestes españolas: condiciones geofísicas para su actuación social, y los medios para su modificación y utilización en beneficio de realizar ciertas relaciones de las huestes hacia las condiciones específicas de ese espacio natural provechoso.

La categoría de tiempo, estimo, no merece ser tratada tan profundamente, pues como ya se ha mencionado, siempre ha sufrido un trato condescendiente, por lo cual me abocare a explicación de la categoría marginada, por la siguiente razón. Si el estudio histórico es un estudio propiamente temporal donde se descubren transformaciones e irrupciones de nuevas estructuras e instituciones que abarcan periodos, y lo que no ha sido desarrollado ni explicado hasta el momento es la importancia del espacio pues es en definitiva en este lugar donde se desarrollan tales transformaciones, debemos abocarnos a la reconstrucción y entendimiento de esta categoría.

En torno al espacio diremos lo siguiente, considerando las transformaciones que le son inherentes: el espacio es el medio que es manipulado por el poder para ponerlo a su servicio en cada momento. En la respuesta 1 ya hemos descrito las transformaciones del espacio económico europeo y oriental, desde la óptica de que el poder monopólico de los grandes comerciantes instauro grandes cadenas de comercio, a la vez que constituyo economías-mundo en bastas regiones de Europa. Bueno, pues estas transformaciones se reflejan concretamente en: (1) transformaciones del marco físico de las relaciones sociales (de relaciones señoriales y de esclavitud a relaciones capitalistas), como agentes de poder para las nuevas relaciones sociales capitalistas. Frente a este conjunto del medio relacionado con las personas que lo habitan, ordenan y modifican, podemos extraer que es sobre el cuerpo de la tierra, el espacio, el medio sobre el cual se registran las divisiones del trabajo ya mencionadas y también las divisiones técnicas. Nos encontramos frente a toda una división espacial.

Es importante recalcar que tal transformación descrita, importantísima para el desarrollo progresivo del capitalismo [como la división en zonas superiores, inferiores y marginadas, así como entre zonas dominantes y otras zonas explotadas implican toda una existencia de una serie de regularidades en la articulación de los espacios, de las zonas divididas], implica unos procesos lógicos en el desarrollo temporal de esa articulación promovida. En toda división espacial y estructuración del espacio producida por un poder establecido o privado, nos encontramos frente a una instauración de leyes especiales, de todo un conjunto de variables interrelacionadas de factores, que terminan convirtiendo un espacio geográfico natural en un estructurado espacio social. En esta ciencia humana inherente de descubrir y estructurar el espacio según un poder, preexiste el desarrollo especial del ser humano de poder manipular la realidad, con sus factores geofísicos: el espacio y el tiempo.

Esta facultad del poder se desarrolla de acuerdo a la doble variante del poder, como capacidad de una clase, de apropiarse del excedente natural, sumado a la capacidad de gestionar aquel excedente para toda la sociedad. En definitiva creando los mecanismos de coordinación y articulación social, los modos de producción que regirán en su concreción real, a las formaciones sociales en su conjunto, desde arriba y para sí misma, creando y poniendo en funcionamiento una estructura de poder determinada, que proporcione los medios para la imposición y el ejercicio de la obediencia social. Esta clase instaura tal sistema y división social, por medio de esos mecanismos descritos que no son otros que las instituciones de orden jurídico y político que sirven a su poder, o mejor dicho a la legitimación social de su poder: en la presentación de su interés particular como un poder político que encarna un interés social general. Es decir que tal organización del espacio por el poder económico y político, tiende a desarrollarse de un modo positivo, ejerciéndose por medio de unos centros de poder, que en mi respuesta 1, se ve constituida en la perdida de hegemonía de los pueblos en pos de la hegemonía de las ciudades, o en otro sentido, desde la perdida de hegemonía de las formas tradicionales a las formas capitalistas, o también en el sentido de la pérdida de poder encerrado en pequeños circuitos y mercados, y el ascenso del sentido privado del mercado que conecta grandes cadenas de comercio a nivel internacional.

Toda concreción de divisiones territoriales por zonas, implica una organización de los espacios de acuerdo a un modo y proceso de producción: división del trabajo, movilidad de los factores,  fuerza de trabajo existente (demografía), y sistema de salarios o de ligazones de las personas a sus puestos de trabajo, para evitar violentas desterritorializaciones demográficas. El espacio es polarizado entre un espacio dominante y un espacio dominado. Basta con mirar la división social instaurada por medio del filtro de los salarios para dar cuenta de la estructuración del espacio según las coordenadas de poder, y entender la organización de cuerpos y discursos que funciona en cada zona especifica. Cabe destacar aquí que toda existencia y división de un espacio territorial por el poder incluye la observación de los factores móviles e inmóviles que caracterizan un espacio.

Para terminar quisiera mencionar, con un ejemplo, el hecho de que toda organización económica de los espacios depende siempre de una lógica comparativa, que se ve claramente reflejada en la razón capitalista: ¿cómo se entiende el valor de la tierra de un territorio, es decir, como se comprende el valor de una renta de la tierra? Pues bueno, a través del cálculo de las rentas diferenciables, y estas se calculan por medio de la comparación de tierras, el ejercicio típico del poder que entrega valor a los elementos divididos.

Prólogo de una geografía anarquista para la liberación

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por Camilo Reyes

introducción

Para estudiar y saber lo que es la geografía anarquista, es decir, intentar comprender los elementos constitutivos de lo que podríamos agrupar como una escuela o corriente anarquista del pensamiento dentro de la geografía [o del pensamiento geográfico dentro del anarquismo], indagaremos brevemente en el pensamiento de algunos de los principales impulsores del anarquismo internacional y de la idea, como son P. J. Proudhon, Mijaíl Bakunin, Piotr Kropotkin, Errico Malatesta, Elisée Reclus, Murray Bookchin, para explicar sus aportaciones particulares al desarrollo critico del pensamiento geográfico. Sin embargo, como el objetivo principal de este trabajo es investigar sobre las contemporáneas posibilidades de realización de esta perspectiva anarquista en la geografía, como de aportes a la disciplina geográfica. No debemos olvidar que el federalismo anarquista se reafirma sobre algunos conceptos que son claves para la geografía, lo que permite una articulación de contenidos: los conceptos de “localidad”, “región” y “comunidad”.

Pero este desarrollo nos llevara, inevitablemente, a confrontar una contradicción o antinomia encerrada en el concepto de la “geografía anarquista”, puesto que se nos plantea la cuestión de si esta puede ser comprendida como un subcampo disciplinar de la geografía, cuando sabemos que la idea anarquista y el objetivo dominante entre los anarquistas -del movimiento anarquista internacional a lo menos durante la segunda mitad del Siglo XIX y primera del XX-, fue la de lograr una transformación radical de la sociedad por medio de una revolución social o una rebelión popular que tuviera por base la organizaciones de los trabajadores y los campesinos. Y en este sentido, no se planteo nunca, evidentemente, el hecho de conformar una escuela geográfica de pensamiento: como tampoco lo fue una idea de conformar una escuela filosófica, ni científica, ni política, ni económica, ni antropológica, ni sociológica, ni psicológica, sino que quizás tomando fragmentos o elementos de todas ellas, los escritores anarquistas se abocaron a la construcción de un lenguaje científico más bien inmanente, como idea de totalidad, pues su modalidad consistió en lograr una organización de la sociedad que implicaría, necesariamente, un desarrollo y un avance en todos los campos espaciales y de investigación del ser humano, con sus relaciones en y con la naturaleza, en la superación de todos los elementos  burgueses del pensamiento científico, en un sentido esencialmente revolucionario y nuevo. También recordaremos aquí con necesaria justicia la existencia de toda una escuela anarquista que buscaba esa transformación por vía de la educación [a lo menos desde la creación del comité pro-enseñanza libertaria en 1898], en la que por ejemplo se cuentan personajes como Kropotkin, Reclus, Francisco Ferrer i Guardia, Ricardo Mella, entre otros, que realizaron aportes en variadas áreas dentro del campo humanista pedagógico, que implicaba grandes dominios científicos, y entre ellos, los del pensamiento geográfico.

Estos son los ejes que abordare para intentar clarificar esta problemática de la geografía anarquista: (1) contexto de las ideas geográficas dominantes; (2) autores del anarquismo y sus aportes a la geografía revolucionaria; y (3) posibilidades de realización de la perspectiva anarquista en la geografía contemporánea. Al final de esta investigación, espero poder concluir esta interrogante que he planteado, con alguna solución o construcción propositiva a la contradicción anteriormente explicitada. Sin más que decir, a modo de introducción, a continuación los dejo con el desarrollo de mi breve investigación preliminar para una geografía de la liberación.

Desarrollo 

Para desarrollar las problemáticas relacionadas con la geografía anarquista, necesariamente debemos contextualizar el plano dominante del campo disciplinar en que surge la critica anarquista. Lo primero es recordar que la geografía anarquista se desarrollo paralelamente a la consolidación de dos necesidades propias de la institucionalización de la disciplina geográfica durante la segunda mitad del Siglo XIX: (1) a partir del acercamiento de las Sociedades Geográficas europeas con respecto a los estamentos de poder estatal, para poner al servicio de estos últimos todo el conocimiento recabado en expediciones y exploraciones de América, África y Asia, de los inventarios sobre las regiones y paisajes conquistados, sobre la botánica y la zoología, la mineralogía, la climatología, la meteorología del lugar, etc., todo puesto al servicio del proyecto imperialista europeo; y (2) a partir del triunfo del positivismo [y del evolucionismo] como concepción filosófica del mundo y de la ciencia, su triunfo como el método científico: de razonamiento inductivo, de observación, de clasificaciones y comparaciones, para de estos datos sacar las conclusiones generales que permitirían descubrir las Leyes de la naturaleza, etc., como método esencial en las investigaciones geográficas.[1] Lo primero queda plenamente explicitado en una observación de Ratzel con referencia a la utilidad de la ciencia geográfica, en lo que denomina como una “acción sobre los pueblos”: “todo el que actúa sobre los pueblos debe sufrir también la acción de estos pueblos. Y estas relaciones comienzan ya en la misma preparación necesaria a tal fin, ya que para poder actuar sobre los pueblos se precisa antes conocerlos. Se necesita, por lo menos aprender su lengua y con la lengua su modo de pensar; pero además de ello es necesario adquirir el conocimiento de la situación geográfica y del clima, de las costumbres y de los usos de un pueblo con el que se quiere entrar en relación de intercambio. No estamos ya en los tiempos en que el mercader comerciaba por medio del intérprete (…). Sin dejarse desviar por las teorías, los comerciantes alemanes han comenzado, desde hace ya tiempo, lo que les dictaba el buen sentido: han comenzado a estudiar países y pueblos, y a aprender su lengua.”[2] En esta frase queda evidentemente reflejado, por un lado, el interés por los estudios geográficos por parte de los países colonizadores [siempre en función de intercambios comerciales, de la difusión de la producción industrial y cultural europea], y por otro, el carácter asumido por geógrafos con respecto a esta necesidad estatal, lo que nos lleva a considerar porque el método positivista era el que mejor se acoplaba a estas necesidades estamentales de poder. Estos rasgos nos permiten conocer, más o menos en general, lo que fue la postura “oficial” dentro de la disciplina geográfica por aquella época del Siglo XIX.

De estas orientaciones oficiales dentro de la geografía, que se corresponden con las posturas del estatismo europeo en general, se derivan las consecuencias del proyecto imperialista europeo en el mundo colonizado: del crecimiento capitalista y la expansión imperialista sobre los pueblos naturales podemos comprender la radical transformación territorial que implico el arrase material y cultural de los pueblos conquistados; desigualdad social, guerra, tenciones internacionales entre las potencias colonizadoras, precarias condiciones de vida del proletariado industrial en aumento, dentro de las centros urbanos [desmoralización, alcoholismo, enfermedades, hacinamiento, violencia, prostitución, desempleo, hambre y miseria], entre otros holocaustos. Por lo tanto me parece correcto situar el surgimiento del anarquismo y de la geografía anarquista, como una respuesta a este movimiento originado y potenciado a través de la expansión del sistema capitalista. Sin embargo, para poder desarrollar los elementos principales de la geografía oficial, a los cuales se oponía el movimiento anarquista, lo retratare por medio de uno de sus investigadores más importantes de la época, por medio de Friedrich Ratzel, para así ilustrar las consecuencias más radicales del pensamiento geográfico oficial despreciado por los anarquistas, y desnudar las implicaciones y justificaciones mas toxicas de estas teorías dominantes.

Ratzel; los orígenes de la guerra capitalista sobre el cuerpo de la tierra

Para explicar la oposición del anarquismo con respecto a la geografía oficial, quisiera apoyarme sobre una breve crítica del pensamiento de Ratzel [más específicamente con respecto a su Teoría de la concepción orgánica de la tierra], fiel representante del pensamiento oficial dentro de la disciplina geográfica, lo que nos permitirá comprender a grandes rasgos la oposición entre los enfoques de la geografía burguesa y la geografía anarquista.

Primero que todo, para comprender esta posición paradigmática de ciencia oficial geográfica, veremos el concepto de “concepción orgánica de la tierra” para luego plantear nuestras conjeturas a la concepción elevada por Ratzel, y nuestras razones para oponernos a tales teorías. Ratzel explicó su concepción de la siguiente forma: “La concepción de la Tierra que considera el elemento solido, liquido y aéreo, al igual que toda forma de vida que de ellos emane y en ellos florezca, como un todo inseparable, unido con la historia y por acciones reciprocas ininterrumpidas, yo la llamo una concepción orgánica de la Tierra y la contrapongo a la que separa  estas partes del globo terrestre, como si se encontraran accidentalmente reunidas y cree poder comprender la una sin las otras.”[3] La concepción de Ratzel implica la idea de totalidad, una idea nueva para la tradición geográfica que tendía a dividir los aspectos de la vida sobre la Tierra en diversos aspectos científicamente separados: lo solido separado de lo líquido y lo aéreo, y también separado de lo líquido separado de lo aéreo, etc. También esto implicaba la concepción de condiciones de vida generales que valían igualmente para los hombres, los animales y para las plantas. Aquí vemos claramente la influencia de la tradición evolucionista dentro de la disciplina geográfica avanzada por Ratzel. Recordemos que “el evolucionismo se convirtió en una síntesis explicativa de toda la realidad, una síntesis que permitía enlazar los conocimientos científicos particulares adquiridos inductivamente en las diferentes ciencias.”[4] Esto nos lleva evidentemente a una concepción ecológica de la realidad[5], que incluye al hombre en la evolución y en el mundo viviente de la naturaleza, convirtiendo a la geografía en una verdadera ciencia de las relaciones con el medio natural.

De la anterior influencia del evolucionismo es que surge la idea de una organización ecológica de la totalidad de la Tierra, y la preocupación de Ratzel por el estudio de las relaciones entre los organismos y el medio ambiente. Sin embargo, esta perspectiva ecológica, saludable a simple vista, implica el concepto de espacio vital o lebensraum, que establece una relación determinada entre espacio y población, los límites de la vida y las regiones de difusión de la vida. Esta idea quiere decir, y dice en sus consecuencias políticas, en la puesta en la práctica, que un Estado [como una población dispuesta en un espacio o región], solo puede asegurar su existencia y garantizarla cuando dispone de un espacio suficiente para atender a las necesidades de sí mismo y de su población. Debemos recordar aquí, que nos encontramos frente a un panorama de reconfiguración del mapa geopolítico europeo, tras la caída de la hegemonía francesa sobre Europa y el surgimiento del nuevo Estado Imperial Alemán (1871). Esto se explicaría dentro de la disciplina geográfica, por medio de Ratzel, en relación con la capacidad de acción de los hombres con respecto a la transformación de los espacios terrestres: “Las plantas han influido sobre las plantas, los animales sobre los animales, y ambos entre sí recíprocamente, pero ningún otro ser ha actuado en tal medida y tan constantemente y sobre tantos otros seres como el hombre, el cual por ello ha transformado profundamente la faz de la Tierra”.[6]

Y he aquí el meollo de nuestra crítica, el hecho de que esta concepción ratzeliana ha sido usada con fines imperialistas como justificación biologizante de la vida, dirigida a la toma de espacios necesarios por parte de los estados militares capitalistas. Estamos frente a una concepción orgánica o biogeografica, ya no solo de la Tierra, sino también de las regiones y las poblaciones. Por esta razón sus preocupaciones estuvieron asociadas a los problemas de la difusión cultural y las migraciones. Pero debemos evidenciar que esta postura esconde un interés de clase, y justificamos nuestras palabras en el hecho de que estas preocupaciones, también fueron trascendentales para toda la burguesía alemana: “Punto esencial de sus concepciones geopolíticas es la teoría del espacio vital, en el que Ratzel usa decididamente de sus conocimientos biológicos, y en concreto de la biología darwiniana y de la ecología de Haeckel. Ratzel desarrollo esta teoría desde 1897, exponiéndola ampliamente en su Politischen Geogrephie (1903), y en Der Lebensraum. Eine biogeographische Studie (1901), así como, de una manera incidental, en las grandes obras del final de su vida como la segunda edición de la Anthropogeographie y Die Erde und das Leben. En el espacio vital ratzeliano encuentra también un eco <<cientifico>> el nacionalismo alemán, triunfante y expansivo a partir de 1870 por la política de Bismarck. (…) El concepto de espacio vital debe situarse en el pensamiento científico de Ratzel dentro de su concepción más general de la biogeografía, de la que ya hemos hablado. (…) En su estudio de la distribución espacial de los seres vivos Ratzel observa que <<entre el movimiento de la vida, que nunca reposa, y el espacio de la Tierra, cuyo tamaño no crece, existe un claro contraste: de este contraste se origina la lucha por el espacio>>.”[7]

He aquí por fin nuestra critica -desde el anarquismo-, que está compuesta de dos partes: (1) no es correcto realizar la analogía biologizante de que la tierra se puede concebir como un organismo; y (2) no es correcto realizar analogías biologizantes de las poblaciones o pueblos como organismos. Lo primero, no es correcto, pues la noción de organismo, si bien implica la identificación con un ser vivo, en el que se dan relaciones internas y externas, con intercambios de materia y energía de una forma más o menos ordenada, en el cual se desarrollan las funciones básicas de la vida, como la nutrición, la relación y la reproducción de sí, en el cual existe una relación estructural que perdura hasta la muerte del ser vivo, y esta definición puede ser aplica a la Tierra, manifestamos un profundo rechazo anarquista a la concepción de organismo pues esta tiende a expresar un sistema jerarquizado de órganos y funciones determinadas, de divisiones especiales con funciones determinadas, y la Tierra no puede ser concebida de esta forma, más que de un modo dogmatico y político que implica consideraciones analógicas tales como: “esta región es el corazón del mundo” [como en el caso de Mackinder y su Heartland, refiriéndose a Eurasia].[8] Esta idea implica una división del trabajo a nivel internacional [países centrales y países periféricos; economías dominantes y economías dependientes; etc.]. A todas luces es una idea injusta de la Tierra y de su cuerpo, pues cada parte o región de esta no merece un tratamiento especial por sobre las demás regiones, y la división del trabajo no debiese ser en beneficio de una región en desmedro de la miseria de otra región del cuerpo de la Tierra. Cuando un ser vivo se alimenta, no lo hace para alimentar solo su cerebro o su corazón y pudrir la mano o el ano. Lo hace en un sentido inmanente que reparte la energía necesaria a las partes del cuerpo que lo necesiten: si los músculos de las manos y los brazos se encuentran fatigadas por el arduo trabajo, el cuerpo distribuye la energía a la recuperación de estos, si la energía psíquica de la mente fue gastada en la consecución de una investigación el cuerpo distribuirá la energía necesaria para la recuperación del cerebro, etc. Pero aquí no se trata de establecer una nueva analogía biologizante, sino por el contrario, de comprender que la Tierra es más bien un cuerpo sin órganos jerarquizados, asi como tampoco lo es el cuerpo humano.

En segundo lugar, tampoco podemos considerar correcta la analogía biologizante de los pueblos y poblaciones. Ya Humberto Maturana ha dicho algo al respecto [en el Prefacio a la segunda edición del libro De maquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo], al considerar que Luhmann, el último sociólogo biologizante de las sociedades, que ocupo el concepto de autopoiesis para explicar los sistemas sociales, había mal utilizado su concepto biológico: los organismos autopoieticos, las células, órganos y organismos son sistemas cuya organización se definen en la dinámica de la realización de su organización por medio de una estructura molecular, mientras que en los sistemas sociales esta realización de las dinámicas estaría determinada,  no por una estructura molecular, sino mas bien por comunicaciones. Y el lenguaje es un sistema abierto a una variación continua de sus componentes y no constituye un sistema cerrado o clausurado estructuralmente, como lo conciben implícitamente las nociones biologizantes.[9] Los estados son más bien, el resultado de la aplicación de una axiomática general por sobre un conjunto de pueblos, diversos en muchos casos, que si pueden implicar por ejemplo, un metalenguaje o lengua dominante. Sin embargo, el lenguaje puede ser subvertido desde abajo, en los barrios y los pueblos. De hecho la experiencia nos señala que mas bien ocurre el proceso contrario al descrito por la normatividad del lenguaje: siempre se habla un lenguaje diferente en los barrios, distinto del formal, lo que nos lleva a sujetar la hipótesis de que los metalenguajes se encuentran en constante crisis y solo se mantienen por medio de la sujeción de su poder, es decir, por medios irracionales y distintos del propio dominio del lenguaje, por medio de poderes políticos.

De estas conclusiones preliminares, con respecto a la geografía burguesa, ya podemos comenzar con nuestro análisis de las ideas de la geografía anarquista.

 La geografía anarquista y sus exponentes clasicos

Básicamente, en mi interpretación, una geografía anarquista debiera corresponderse con una inversión radical de los postulados políticos tradicionales implícitos en la geografía. Lo esencial de la geografía burguesa es concebir un ordenamiento jerárquico de la naturaleza, de la superficie de la Tierra, de los pueblos en sus relaciones entre sí. Por lo tanto, lo esencial de una geografía anarquista debiese ser el concebir un ordenamiento no jerárquico de los elementos ya mencionadas para poder establecer una organización libre y espontanea de la naturaleza, de los pueblos sin necesidad de recurrir a estructuraciones jerárquicas de los territorios y de las gentes. En la geografía anarquista, todo dependería del ordenamiento más natural y espontaneo posible, de cooperación y la ayuda mutua, mientras que en el pensamiento de Ratzel, de acuerdo con la distribución espacial de los seres vivos, incluyendo los seres humanos, en el movimiento de la vida, se genera mas bien la lucha por el espacio. Para el anarquismo, el sistema capitalista es simplemente, la fiel repetición de lo mismo. No es el movimiento de la vida lo que genera la lucha por el espacio, sino por el contrario, la quietud, la esclavitud, la dominación y todo carácter estático de la vida. El movimiento por el contrario empujaría a la evolución y revolución de las condiciones sociales, como escribió Elisée Reclus: “la evolución es el movimiento infinito de cuanto existe, la transformación incesante del universo y de todas sus partes desde los orígenes eternos y durante el infinito del tiempo.” Sería mas bien la cristalización del Estado, con sus nuevos ídolos humanos y su derecho, la repetición humana más humana (pero no por eso menos opresiva) de la vieja expresión divina y despótica de Dios, lo que no permitiría el desarrollo, la evolución y revolución progresiva de la naturaleza. El Estado burgués no sería mas que el impulso de una revolución regresiva, la nueva forma jurídica que no permite el libre desenvolvimiento de la naturaleza sin las trabas de la autoridad. En este sentido el régimen moderno de la burguesía, no es mas que la rehabilitación del viejo régimen despótico por medio de nuevas condiciones de sedición. Por esto la mayoría de los escritores anarquistas siempre recalcaron la importancia de generar modelos alternativos al capitalismo para poder afrontar esta nueva forma opresiva superior que represento el surgimiento del capitalismo como fenómeno universal y mundial.

He aquí algunas de las aportaciones a la geografía según los modelos propuestos por los anarquistas clásicos: Proudhon, Bakunin y Kropotkin.

P. J. Proudhon y el federalismo mutualista

Proudhon planteaba como base del anarquismo que todo gobierno tendía hacia la centralización y la subyugación de los individuos y de los grupos. Como fundador de la corriente moderna del anarquismo, creyó que todo Estado siempre hace leyes para ejercer la autoridad, y de este modo incorporar a los <<grupos naturales>> de personas en <<unidades antinaturales>>, por esta razón propone su sistema, en aras de eliminar el uso arbitrario del poder y sustituirlo por una organización más sensible a las necesidades elementales de los grupos naturales. De esto que considerara, entre las formas de organización humana, como la más importante, a las de carácter económico, que podríamos interpretar como naturales de la sociedad como de la comunidad: tanto el trabajo como el intercambio de bienes y servicios, fueron considerados por Proudhon como el verdadero núcleo de la existencia individual y colectiva[10] (y no por menos, consideró a la propiedad como el principio de la esclavitud, que afecta despóticamente como ley por sobre la organización natural del trabajo, avasallándolo con el patronaje, esclavizando el pensamiento, y con las relaciones de propiedad legal, determinar las formas de los intercambios de los productos producidos, así como también determinar lo producido, la distribución de la ganancia, y con ello las formas de consumo).

Proudhon propone que “la comunidad no se desarrolla a partir de estructuras políticas, sino a partir de vínculos sociales y económicos que la gente establece voluntariamente para los fines de la producción y del intercambio.”[11] La alternativa propuesta por Proudhon al sistema capitalista, es la de una nueva forma de organización económica que sirviera a los intereses sociales comunes. De este modo proponía que las comunidades se transformaran en asociaciones económicas, que establecerían acuerdos recíprocos para la provisión y el intercambio de las mercancías y los servicios esenciales, es decir, la forma económica y social del mutualismo.

Estos son los caracteres esenciales del mutualismo[12]:

(1) Autogestión obrera: existe el derecho de los individuos a disfrutar de la totalidad del valor resultante de su propio trabajo. El trabajo es algo creativo cuando surge a partir de las ideas de los trabajadores. Por lo tanto, el control obrero es necesario desde los niveles mas altos de la produccion, para asegurar una participación en los beneficios tangibles tanto como los intangibles y educativos desarrollados en el trabajo. Toda decisión con respecto a la asignación de las tareas laborales, la coordinación de las funciones y la distribución de la producción debían estar en manos de trabajadores elegidos no permanentes y sin una compensación especial. Proudhon fue el primer socialista en plantear un modelo serio y practico de organización obrera.

(2) Federaciones funcionales: para facilitar el intercambio de productos y de ideas Proudhon sugirió la necesidad de una federación funcional con respecto a las comunidades de intereses similares. De un lado esto significaba, federar en forma vertical toda la industria, y de otro, formar asociaciones de trabajadores con ocupaciones similares pero dentro de industrias y regiones diferentes con el fin de intercambiar nuevas ideas y talentos. Los servicios públicos no podían ser dirigidos por las asociaciones de trabajadores, sin embargo, otros servicios como el ferrocarril, la construcción y los suministros de agua debían estar planificados y realizados por estas asociaciones obreras y por los consejos municipales y de distritos.

(3) Federación geográfica: como complemento a las federaciones basadas en funciones económicas, tendría que crearse una federación geográfica de regiones. De este modo, la primera unidad geográfica seria la comunidad natural organizada en consejos comunales (formada por grupos de individuos que buscaran satisfacer necesidades locales comunes y dotarse de los servicios locales necesarios); luego las unidades locales se federarían desde la comunidad al cantón, a los niveles regional y nacional, con elecciones para contar con las personas encargadas de administrar cosas como la moneda y las medidas de intercambio. Cada gobierno local debería, de este modo, poder mantener su autonomía soberana y solo se federaría con otros gobiernos para la necesaria planificación conjunta, y esta asociación no constituiría ninguna forma de autoridad permanente.

Esta observación realizada por Myrna Breibart es de gran importancia para la geografia: “La confederación tendría menos funciones y menos poder a medida que las unidades se incrementaran en tamaño y en envergadura. Más aún, cada actividad en común implicaría la combinación únicamente de las comunidades y de la superficie mínimas requeridas para realizar la tarea.”[13] He aquí la mayor expresión de la diferencia entre la concepción burguesa de la geografía y la concepción libertaria: mientras la geografía burguesa hace recaer el poder en las organizaciones más grandes y generales de Estado, la anarquista lo hace en el extremo opuesto, en las organizaciones locales; mientras la geografía burguesa hace de las poblaciones y los pueblos ejércitos enemigos en lucha por la conquista de un espacio vital, la idea anarquista sugiere la combinación de las comunidades, en la ayuda mutua de los pueblos; y por último, mientras la geografía burguesa exige la transformación de los territorios para realizar las más grandes obras capitalistas e instaurar una división del trabajo a nivel internacional, que implican la destrucción de grandes territorios naturales, devastando a la naturaleza y a las masas avasalladlas para realizar la producción, la geografía anarquista propone la combinación necesaria y articulación de los territorios para realizar las tareas requeridas por las comunidades implicadas.

A continuación veremos esta antinomia entre geografía burguesa y anarquista, de la lucha de los pueblos o la solidaridad internacional, por medio de la concepción del anarquista Bakunin.

Mijaíl Bakunin, estatismo o anarquía

Para comprender la oposición del anarquismo al fascismo implícito en el concepto de Lebensraum [concepto que ha sido enaltecido y venerado por los más altos estadistas como Hitler, que en Mi lucha señala: “los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población”, o en la análoga doctrina del destino manifiesto que señala que Estados Unidos es una nación destinada a expandirse desde las costas del atlántico hasta el pacifico, pero que además ha sido utilizada como justificación para conquistas y adquisiciones territoriales, o la teoría de Heartland del geógrafo británico Sir Halford John Mackinder], estudiaremos brevemente una obra de Bakunin llamada Estatismo y anarquía[14], pues en mi opinión, esta obra ayuda comprender el rechazo del anarquismo de estas concepciones geopolíticas.

El libro trata principalmente, como bien lo señala su titulo, del dilema de la organización internacional de la anarquía versus la organización internacional del estatismo.   El tiempo histórico sobre el que se despliega este libro, comprende los 9 años siguientes a la creación de la AIT, desde 1864 hasta 1873, año en que fue escrito. Es importante destacar que Bakunin se centra en los siguientes tiempos históricos: (1) ya lo mencionamos y corresponde al tiempo histórico asociado al desarrollo de la AIT, aunque su decadencia empezó en 1872 [luego del V Congreso se produjo la fractura entre marxistas y bakunistas], su disolución formal no se oficializo hasta 1876. (2) La Guerra franco-prusiana [del 19 de junio de 1870 al 10 de mayo de 1871], con la consecuente constitución del Imperio Alemán [el 18 de enero de 1971]. Dentro de este tiempo histórico, en París Francia, se da también (3) el tiempo histórico de la Comuna de Paris [18 de marzo al 28 de mayo], la primera toma de poder de las clases proletarias en Europa [cuya realización se asocia a la influencia determinante de la AIT sobre la clase obrera francesa].

El espacio “histórico” en que se desarrolla principalmente el libro, es el de Paris y otras ciudades de Francia: “Los acontecimientos de 1870-71 lo han demostrado de maravilla. Es en todas las ciudades de Francia en las que el proletariado exigió el armamento de toda la población y la milicia para todos contra los alemanes; no hay ninguna duda de que habría realizado esa intención si no hubiese sido paralizado por una parte por el miedo vil y por la traición en masa de la mayoría de la clase burguesa que prefería mil veces la sumisión a los prusianos antes que dar armas al proletariado, y por otra, por la resistencia reaccionaria sistemática del “gobierno de la defensa nacional” en Paris y su provincia, una oposición de un dictador tan antinacional, del patriota Gambetta.” (…) “La insurrección de la Comuna de Paris contra la asamblea nacional de Versalles y contra el salvador de la patria -Thiers-, consumada por los obreros parisenses en presencia de las tropas alemanas que cercaban aun Paris, indica y, explica enteramente esa pasión única que agita hoy al proletariado francés para quien no existe ni debe existir en lo sucesivo otra causa y otra guerra que la causa y la guerra revolucionaria y social.” (pág. 25)

Los hechos que Bakunin señala son los ya mencionados y relacionados con el aplastamiento de la Comuna de Paris por el ejército prusiano-alemán convertido en Imperio, con la complicidad de la burguesía francesa: “Entre los miembros del gobierno llamado de Defensa Nacional estaba, sin duda, uno de los que más contribuyeron al desarme de las defensa nacional y a la capitulación notoriamente pérfida de Paris, en manos del vencedor arrogante, insolente y despiadado. El príncipe de Bismarck se burlo de él y lo insulto ante el mundo. Y he ahí que ese Jules Favre, como enorgullecido de esa doble infamia –la suya y la de Francia traicionada, y quizá vendida por él-, movido al mismo tiempo por el deseo de entrar en la buena consideración del humillador, el gran canciller del victorioso imperio germánico, y por su odio profundo al proletariado, en general, y sobre todo al obrero parisense, helo ahí haciendo su aparición con una denuncia formal contra la Internacional. Los miembros de ésta que, en Francia, se encontraban a la cabeza de las masas obreras, intentaron suscitar una sublevación popular contra los explotadores, los gobernantes y los traidores del interior. Crimen terrible por el cual la Francia oficial o burguesa castigara con una severidad ejemplar a la Francia popular. (…) Por eso la primera palabra pronunciada por el gobierno francés al día siguiente de la derrota horrible y vergonzosa, ha sido la de la reacción mas abominable.” (pág. 8) He aquí que Bakunin destaca la “circular de Favre”, en la cual expresa el deseo de la burguesía nacional y la “civilización burguesa” de “prolongar su existencia malhechora apelando a todos los ídolos del pasado, destronados ya en otro tiempo por ella misma: Dios y la iglesia, el Papa y el derecho patriarcal, y, sobre todo, como mejor medio de salvación, el apoyo de la policía y la dictadura militar, aunque fuese prusiana, siempre que salve los hombres honestos de la terrible tempestad de la revolución social.” (págs. 8-9)

La burguesía internacional y anti-proletaria, comenzó a manifestar su agrado hacia la nueva hegemonía europea: “El señor Sagasta, el ministro de una hora, del rey de España de una hora, Amadeo, quiso, a su vez, agrandar al príncipe Bismarck e inmortalizo su nombre. También promovió una cruzada contra la Internacional.” (Pág. 9) Tres tipos de persecuciones contra la Internacional en Italia: (1) “como había de esperarlo, el Papa mismo pronuncio su condena. Lo hizo del modo mas original, mezclando en un mismo anatema a todos los miembros de la Internacional, los francmasones, los jacobinos, los racionalistas, los deístas y los católicos liberales. Según la definición del Papa, pertenecen a esa asociación reprobada todo el que no se someta ciegamente a su charlatanería inspirada por Dios. (2) El célebre revolucionario Giuseppe Mazzini “considero útil y necesario, en 1871, al día siguiente de la derrota de la Comuna de Paris, cuando los ejecutores feroces de los decretos feroces de Versalles fusilaban por millares a los comunistas desarmados, unir al anatema de la Iglesia católica y a las persecuciones policiales del Estado, su anatema propio, llamado patriótico y revolucionario, pero en el fondo absolutamente burgués y al mismo tiempo teológico. Creía  que su palabra bastaría para matar en Italia la menor simpatía hacia la Comuna de Paris y estrangular en germen las secciones internacionales que acababan de florecer.” (pag.10) Tuvo el efecto contrario. (3) “El gobierno italiano, por su parte, enemigo del Papa, pero mas aun de Mazzini, no durmió tampoco. (…) “Llego pronto a la conclusión que la propaganda de los principios de la revolución social en medio de una población excitada, llevada por el mismo a un grado extremo de pobreza y de opresión, se volvía todavía mas peligrosa que todas las agitaciones y empresas políticas de Mazzini.

En este libro aparece como un hecho, el inminente florecimiento de la revolución social en Italia. El hecho aquí se reduce a la composición del proletariado extremadamente pobre en Italia: “En ninguna parte es tan inminente la revolución social como en Italia, en ninguna otra parte, si exceptuar siquiera España a pesar de la existencia en ese país de una revolución oficial, mientras que en Italia parece todo tranquilo. Todo el populacho espera en Italia una transformación social y aspira hacia ella conscientemente. (…) En Italia predomina el proletariado extremadamente pobre, ese Lumpenproletariat de que los señores Marx y Engels y en consecuencia toda la escuela socialdemócrata de Alemania, hablan con un desprecio profundo; pero muy injustamente, porque en él, y en él solamente, y ciertamente no en el estrato burgués de la masa obrera de que acabamos de hablar, es donde esta cristalizada toda la inteligencia y toda la fuerza de la futura revolución social.” (Págs. 11-12)

Otro hecho fundamental que cabe en la lectura de este libro, es la lectura de Bakunin de la “unificación de Alemania”: “La Alemania tal como es ahora, unida por el fraude general y patriótico del príncipe de Bismarck, y reposando por una parte en la organización y la disciplina ejemplares de su ejército que está dispuesto a estrangular y a masacrarlo todo en el mundo y a perpetrar toda suerte de crímenes en el interior del país lo mismo que en el extranjero a la primera señal de su emperador-rey, y por otra parte en el patriotismo feudal, en la ambición nacional ilimitada y en el culto divino del poder que caracteriza hasta hoy a la aristocracia alemana, a toda la corporación de sabios alemanes y al pueblo alemán mismo; Alemania, digo, enorgullecida por el poder constitucional despótico de su autócrata y potentado, representa y reúne en si enteramente uno de los dos polos del movimiento político social contemporáneo, principalmente el polo del estatismo, del Estado, de la reacción.” (Págs. 13-14) El hecho aquí se reconstruye de manera más apropiada entorno a la constitución de la nueva hegemonía europea, que en palabras de Bakunin representa propiamente al concepto burgués del Estado moderno: “El Estado moderno es necesariamente, por su esencia y su objetivo, un Estado militar; por su parte, el Estado militar se convierte también, necesariamente, en un Estado conquistador; porque si no conquista él, será conquistado, por la simple razón que donde reina la fuerza no puede pasarse sin que esa fuerza obre y se muestre. Por consiguiente el Estado moderno debe ser absolutamente un Estado enorme y poderoso: es la condición fundamental de su existencia.” (…) “La hegemonía es simplemente la manifestación modesta y practica de esa aspiración irrealizable inherente a todo Estado; la primera condición de la hegemonía de Francia, encontró expansión en la impotencia estatal de España, de Italia y de Alemania; y hasta hoy los hombres del Estado francés –y entre ellos Thiers, el primero- no pueden perdonar a Napoleon III el haber permitido a Italia y a Alemania unirse y conjugar sus fuerzas. (…) Francia cedió ahora el puesto al Estado germanico que, según nosotros, es el único Estado verdadero de Europa.” He aquí la referencia de Bakunin con respecto a los Estados modernos propiamente tales: la hegemonía de un Estado frente a otros, lo convierte en un estado propiamente tal, en un sentido moderno, militar y burocratico, y los otros Estados, frente al predominio de Alemania, no se muestran como Estados reales, sino mas bien como jefaturas y modelos de realización de la hegemonía alemana en otros países, por su capacidad militar y su influencia. En términos económicos, el Estado moderno aspira “por temor a una bancarrota, a ampliar sin cesar sus limites en detrimento de las especulaciones y producciones menos grandes, a las que engloban y aspiran a universalizarse; lo mismo el Estado moderno, militar por necesidad, lleva en sí la aspiración inevitable a convertirse en un Estado universal, pero un Estado universal es, claro está, irrealizable, en todo caso solo habría podido existir un solo Estado semejante; dos Estados, uno al lado del otro, son decididamente imposibles.” (Pág. 19)

Es importante señalar este aspecto esencial de la concepción del pensamiento en el pensamiento de Bakunin: la conformación del Estado moderno propiamente tal, implica la idea de que un Estado se alza como hegemónico frente a los demás, sometiéndolos por medio de un poder militar y burocrático. Por esto, la perdida de la hegemonía de Francia en el continente europeo explica en parte la consiguiente nueva hegemonía europea de Alemania, y por esta misma razón explica la importancia de la traición del ejercito de defensa nacional francés contra la Comuna de Paris, pues esta representaba el gobierno del pueblo por las clases trabajadoras y las esperanzas del movimiento proletario internacional. Esta oportunidad represento la mayor esperanza de la clase obrera, tanto para los anarquistas como para los socialistas marxistas. Bakunin deposito su esperanza en la anarquía porque veía que el influjo del estatismo, solo empujaría al movimiento europeo hacia un nuevo proceso de territorialización estatal, como una reconfiguración del mapa geopolítico europeo, pero sin alguna modificación elemental para la clase trabajadora internacional. Como sabemos la Comuna fue aplastada por la reorganización de la burguesía francesa en alianza con la alemana de la mano del ejército de Versalles, que prefirió la desaparición de la Comuna antes que el brote revolucionario dirigido hacia la abolición de sus intereses económicos. La Francia oficial [luego de vergonzosa derrota ante las tropas del canciller Bismarck], opto por el aniquilamiento de la Francia popular. Y el sueño se trunco, y con ello vino el advenimiento del estatismo.

Para terminar quisiera señalar que Bakunin realizo algunas observaciones importantes, casi de carácter profético: si el Imperio Alemán llegaba a lograr una unificación total de los territorios y pueblos por medio de un Estado panprusiano o panalemán podría llegar a convertirse en una potencia mundial que amenazaría los intereses del movimiento internacional de la clase trabajadora. Así mismo, por otra parte, deposito sus mayores esperanzas en la solución anarquista de los pueblos eslavos, pues en su opinión, esas clases trabajadoras estaban más dispuestas a la anarquía [por la mayor presencia de proletariados pobres de la ciudad y el campo], al igual que en Italia y España.

De esto vemos claramente el rechazo del anarquismo por la vía geopolítica de la toma del espacio vital y la lucha de los pueblos, y la clara simpatía del anarquismo por la solidaridad de todas las clases trabajadoras internacionales en su lucha contra el estatismo. Bakunin vio en el estatismo el mayor de los peligros contra las clases trabajadoras, la guerra, la opresión y el encuadramiento de las masas por los intereses de las clases burguesas nacionales, que siempre preferirán en situación de guerra de clase, someterse a las clases burguesas de los estados potencias-hegemónicos, antes que dejar triunfar la revolución social en sus propios países.

 Piotr Kropotkin su concepto y propuesta geográfica del federalismo

Siguiendo ahora al geógrafo anarquista Kropotkin, a partir de un texto Lo que debe ser la geografía, intentare esbozar los elementos principales de la su concepción geográfica. Este texto es una verdadera aportación a la pedagogía en general y a la disciplina geografía como campo educativo. Un aporte verdaderamente revolucionario en el plano de las ideas.

Kropotkin destaca el valor de la disciplina geográfica en materia educativa y propone los elementos fundamentales, los deberes de la geografía para el desarrollo general de lo humano, su reforma de la educación de la geografía, como una necesidad tan clara como la de realizar una reforma general de la educación científica escolar. Por esto adscribe unas tareas a realizar:

(1) Primero destaca que, “sin duda, raramente puede existir otra ciencia que pueda hacerse tan atractiva para el niño como la geografía, ni un instrumento tan poderosos para el desarrollo general de la mente, para familiarizar al escolar con el autentico método de razonamiento científico, y para despertar la afición hacia todas las ciencias naturales.”[15]

(2) “La geografía debe rendir, además, otro servicio mucho más importante. Debe enseñarnos, desde nuestra más tierna infancia que todos somos hermanos, sea cual sea nuestra nacionalidad”[16] Este elemento es trascendental, considerando que la utilidad primera de la geografía, dada por las Sociedades Geográficas y los estamentos de poder europeos tuvo por base al nacionalismo, es decir, las guerras, de autopresunción nacional, de celos y odios nacionales hábilmente alimentados por gente que persigue sus propios intereses de clase, egoístas o personales: “Debe mostrar que el desarrollo de cada nacionalidad fue consecuencia de varias grandes leyes naturales, impuestas por los caracteres físicos y étnicos de la región que habitara; que los esfuerzos hechos por otras nacionalidades para frenar su desarrollo natural habían sido meros errores; que las fronteras políticas son reliquias de un bárbaro pasado; y que el trato entre los distintos países, sus relaciones y su influencia mutua, están sometidos a unas leyes tan poco dependientes de la voluntad de separar a los hombres como las leyes que rigen el movimiento de los planetas.”[17]

(3) “Esta segunda tarea es todavía mayor; pero existe una tercera, quizás todavía mayor: la de acabar con los prejuicios sobre los que nos erigimos con respecto a las llamadas <<razas inferiores>> -y esto precisamente en una época en que todo hace prever que pronto entraremos en un contacto con ellos mucho mas intimo que nunca-.”[18] Esto para combatir todos los prejuicios lanzados por las razas civilizadas en contra de las razas colonizadas (americanas, africanas, asiáticas, etc.). Kropotkin critica el hecho de que a los niños comúnmente se les enseña a despreciar a los salvajes y a considerar las verdaderes virtudes de los paganos –no civilizados- como un crimen disfrazado, así como a mirar a las “razas inferiores” como un mero estorbo para el desarrollo de la civilización moderna en el mundo. “Hasta ahora los europeos han <<civilizado a los salvajes>> con whisky, tabaco y el secuestro; les han  inoculado nuestros propios vicios; les han esclavizado. Pero está llegando el momento en que consideraremos que tenemos que darles algo mejor –esto es, el conocimiento de las fuerzas de la naturaleza, las formas de utilizarlas, y las formas superiores de vida social-. Todo esto, y muchas otras cosas, debe enseñarlas la geografía si intenta realmente convertirse en un medio de educación.”[19]

De aquí se desprender los tres objetivos que Kropotkin asigna a la geografía: “despertar en nuestros niños la afición por todas las ciencias naturales; enseñarles que todos los hombres son hermanos, sea cual sea su nacionalidad; y enseñarles a respetar a las <<razas inferiores>>. Así entendida, la reforma de la educación geográfica es inmensa: es nada menos que una reforma de todo el sistema de enseñanza seguido en nuestras escuelas.”[20]

De esto se desprender ciertas consideraciones realizadas por Kropotkin en contra de la totalidad del sistema de enesañanza, que tiene relación con un debate entre dos sistemas educativos: el de los defensores de los estudios clásicos y el de los estudios de las ciencias naturales. Para sortear esta problemática y poder realizar la reforma necesaria, tanto la geografía como propiamente el naturalismo deben poder subvertir sus métodos clásicos de enseñanza, para convertir sus metodos en una poderosa arma para el autoestudio, por parte de los alumnos, para que estos puedan llevar a cabo la autointerrogación, el autorazonamiento y la autoreflexion. Por otra parte, es necesario que los alumnos, mediante sus estudios puedan realizar los sentimientos humanitarios: “en una educación como esa, la geografía tendría su lugar correcto. Manteniendose como ciencia natural, asumiría, junto con la historia (tanto la historia del arte como la de las instituciones políticas), la inmensa tarea de preocuparse por el lado humanitario de nuestra educación –en la medida en que la escuela es capaz de desarrollarlo”, y estos sentimientos humanitarios “no pueden desarrollarse a partir de libros –como proponen los defensores de los estudios clásicos– si toda la vida exterior a la escuela actúa en una dirección opuesta. Para ser reales y para convertirse en cualidades activas, los sentimientos humanitarios deben surgir de la práctica diaria del niño. (…) Introducir en la educación de las ciencias naturales el elemento humanitario es necesario.”[21]

Por lo tanto, sorteando estos dos ejes de consideraciones [el primero sobre la educación geográfica proporcionada a los niños, y el segundo de las oposición entre los dos sistemas educativos], por fin podemos señalar más claramente los elementos que deberían constituir la geografía desde la perspectiva anarquista de Kropotkin:

(i) “La geografía debe ser, en primer lugar, un estudio de las leyes a que están sometidas las modificaciones de la superficie terrestre: las leyes –porque esas leyes existen, por imperfecto que sea nuestro actual conocimiento de ellas- que determinan el crecimiento y la desaparición de los continentes; sus configuraciones presentes y pasadas; las dirección de los distintos levantamientos de la corteza terrestre –todos ellos sometidos a algunas leyes telúricas, como la distribución de los planetas y de los sistemas solares que están sometidos a leyes cósmicas.”[22]

(ii) “En segundo lugar, la geografía tiene que estudiar las consecuencias sobre el clima de la distribución de continentes y océanos, de altitudes y depresiones, de cortaduras y grandes masas de agua.”[23] De los avances de la meteorología debería poder emerger una parte de la geografía, la climatología, con la finalidad de determinar la influencia sobre el clima de las causas topográficas locales.

(iii) “Una tercera rama inmensa, que también requiere sus propios especialistas, es la de la zoo y fitogeografía. Mientras la botánica y la zoología eran consideradas como ciencias meramente descriptivas, podían tocar accidentalmente el tema de la distribución de plantas y animales sobre la superficie terrestre. Pero se han abierto nuevos campos de investigación.”[24] Nuevos campos de investigación como el origen de las especies, las adaptaciones de las especies, sus modificaciones, su interdependencia, la aparición de nuevas especies, etc.

(iv) “Y queda ahora la cuarta gran rama del conocimiento geográfica, aquella que aborda las distintas familias humanas existentes sobre la superficie de la tierra. La distribución de las familias humanas; sus características distintivas y las modificaciones experimentadas por esas características en climas diversos; la distribución geográfica de la raza, creencias, costumbres, y formas de propiedad, y su estrecha dependencia de las condiciones geográficas; la adaptación del hombre a la naturaleza que le rodea, y la mutua dependencia entre ambos; las corrientes migratorias, en la medida en que dependen de causas geológicas; las aspiraciones y sueños de las distintas razas, en la medida en que son influenciadas por los fenómenos de la naturaleza; las leyes de distribución de los poblamientos humanos de cada país, que se manifiestan en la persistencia de poblamientos en los mismos lugares desde la Edad de Piedra hasta nuestros días; el surgimiento de las ciudades y las condiciones de su desarrollo; la subdivisión geográfica de territorios en <<cuencas>> fabriles naturales, que no resisten los obstáculos planteados por las fronteras políticas: todo esto constituye una amplia serie de problemas que recientemente han crecido ante nosotros.”[25]

Es decir, que toda esta idea de lograr una geografía anarquista va asociada con la idea de autogestión anarquista. Esa es la clave para realizar la lectura del paisaje geográfico que describe Kropotkin. La tradicion antimilitar contra la guerra, contra la idea geografía de Ratzel, su lebenrsraum, que implica la decisión de optar por la lucha por espacio vital en vez de realizar la solidaridad universal de la naturaleza, el verdadero postulado verdaderamente ecológico, sin analogías biologizantes, sino mas bien con por medio del reconocimiento de los diversos aspectos del ser humano, la razón, los sentimientos humanos y su capacidad de romper con el determinismo de la materia por el trabajo y su desarrollo intelectual.

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Conclusiones preliminares

Mi conclusión preliminar es bastante simple. La geografía burguesa basa todo su concepto supeditado a las necesidades de los estamentos de poder a nivel internacional, es decir, las estructuras de poder burocrático desde los países hegemónicos, o como los llamo Bakunin potencias, a los países que solo construyen su economía a partir de modelos de realización determinados por los países dominantes; así como dentro de los países el país oficial vuelve esclavo a la parte mayoritaria del país en un sentido popular. Esto queda clarísimo en la repartición geográfica de las colonias por los países europeos, de las colonias de África, América y Asia, y de las relaciones internas que se instauraron sobre estos países colonizados. Por esta necesidad, este fin maligno y egoísta del capitalismo y todas las corrientes liberales republicanas, se organizaron comunidades de científicos a nivel internacional, a modo reflejo de lo que hicieron las comunidades burguesas políticas y capitalistas. Obviamente se tenía que producir una reacción importante contra el movimiento verdaderamente teológico del positivismo, cuya esencia recidia en el origen divino y supremo del ser, del evolucionismo biologizante de toda la vida en lo Unitario por sobre lo particular, lo Único [como recalca Max Stirner], y del romanticismo, es decir, movimiento del historicismo en la geografía. Esa reacción devino en pensamiento anarquista y socialista principalmente. Sus más claros exponentes plantearon formulas alternativas revolucionarias a los modos y procesos de producción enmarcados en el acoplamiento a gran escala de las estructuras de poder, que significo el triunfo del estatismo, simbólicamente marcado a partir de la pérdida en la Comuna de Paris en 1871.

Las aplicaciones contemporáneas de estos modelos son actuales porque son permanentemente realizadas en la vida cotidiana a pequeña o gran escala, quiérase o no se quiera, pues las comunidades naturales son siempre anteriores a la creación e implantación de las estructuras políticas. El mutualismo de Proudhon, el colectivismo de Bakunin y el anarcocomunismo de Kropotkin pueden ser válidamente empleados para reemplazar estructuras de poder. A gran escala, en tiempo real, se puede aplicar accesoriamente las formas requeridas para realizar tareas que pueden ir desde el trabajo y la investigación a el disfrute humano de su libertad engrandesida por el afecto de crear y ser dueños de su propio trabajo. Felizmente el anarquismo no se define por escuelas ideológicas a la par de un autor determinado, sino más bien por sus prácticas y modelos prácticos como herramientas dispuestas. No se trata de teorías sino más bien de modelos de realización alternativos a los del capitalismo que están ahí, en la naturaleza de la solidaridad, en el desprecio por la guerra.

Bien muestra Lewis Mumford que la megamáquina que es el capitalismo [un conjunto de acoplamientos de maquinas a nivel mundial, de estructuras económicas], basa todo su poderío y mayores ganancias en el poder de la guerra, y de poder realizar la guerra por parte de los Estados potencias, que son las economías más poderosas en la actualidad, pues la guerra es la más grande economía del capitalismo. El antimilitarismo del anarquismo es la pieza fundamental de la geografía anarquista. Por lo tanto podríamos concluir por un lado, que frente a la problemática de la identidad del anarquismo con la geografía, no existe contradicción, a pesar del origen malicioso de la geografía como herramienta de poder. Quizás podamos enunciar en el anarquismo, el paso de la geografía militar a la geografía ecológica, verdaderamente ecológico, es decir, basada en la solidaridad de todos los pueblos.

[1] Ver Horacio Capel, Filosofía y ciencia en la Geografía contemporánea. Una introducción a la geografía, cap. VII: “Sociedades geográficas, geografía e imperialismo”, y  Cap. X: “el positivismo y la geografía”., Barcanova, 1988

[2] Ibíd., pág. 173-4

[3] Ibíd., pág. 282

[4] Ibíd., pág. 277

[5] El concepto de ecología fue popularizado por el evolucionista alemán Ernst Haeckel en Morfología general de los organismos (1866)

[6] Horacio Capel, Filosofía y ciencia en la Geografía contemporánea. Una introducción a la geografía, pág. 285

[7] Ibíd., pág. 290

[8] También rechazamos este tipo de analogías con respecto al organismo, porque en un sentido contemporáneo, se podría pensar y justificar que las diferentes regiones del mundo deban poseer una estructura jerarquizada de los órganos: (por ejemplo) toda la chatarra tecnológica del mundo (celulares, computadores, etc.) es arrojada sobre las costas de África. Ciertas consideraciones neocoloniales analógicas, nos podrían lleven a pensar y afirmar que esta zona es el “aparato digestivo o excretor” del mundo, y finalmente a considerar la concepción del organismo como una brutalidad necesaria para su ordenamiento. Otro ejemplo, seria considerar a las potencias económicas y regiones como “el cerebro” de la Tierra, y a los países atrasados, en vías de desarrollo o dependientes económicamente [conformadas como economías meramente extractivas de materias minerales o donde los países hegemónicos pueden conseguir mano de obra barata] como “las manos”, etc.

[9] Humberto Maturana y Francisco Varela, De maquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo, pág. 19-20, Editorial Universitaria, 5ta Edición, Chile, 1998

[10] Myrna Breitbart, Impresiones de un paisaje anarquista, aparecido en Anarquismo y geografía, pág. 33, Oikos-tau, s. a., España, 1989

[11] Ibíd.

[12] También estos aspectos están extraídos del texto citado anteriormente.

[13] Ibíd., pag.36

[14] Mijaíl Bakunin, Estatismo y anarquía, Santiago de Chile, Reediciones Sarri Sarri Editorial, Otoño 2011

[15] Piotr Kropotkin, Lo que debe ser la geografía, aparecido en Anarquismo y geografía, pág. 52, Oikos-tau, s. a., España, 1989

[16] Ibíd., pág. 54

[17] Ibíd., pág. 55

[18] Ibíd.

[19] Ibíd., pág. 56

[20] Ibíd.

[21] Ibíd., págs. 60-1

[22] Ibíd., pág. 62

[23] Ibíd., pág. 63

[24] Ibíd., págs. 63-4

[25] Ibíd., pág. 65